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publico.es | Reflexiones desde el feminismo
Cuidados y derechos
08/03/2016 | Justa Montero

Una tercera parte de las personas reconocidas como dependientes, según los criterios que establece la ley, no recibe ningún tipo de ayuda del sistema público. Es un dato del Observatorio de la dependencia que tiene su corolario: todas estas personas, a las que hay que sumar las que no están consideradas “dependientes” oficialmente, o bien tienen que comprar en el mercado los servicios de cuidados que necesitan, o bien requieren del trabajo de cuidados de sus familiares para ir sobreviviendo en situaciones en ocasiones muy límites.

Esos familiares no son seres abstractos, en casi el 90% de los casos son las mujeres de la familia. Unas mujeres que ya venían trabajando como cuidadoras con dedicación exclusiva o, si trabajaban asalariadamente, han tenido que dejar el empleo o solicitar la reducción de jornada para poder cuidar. De este modo, entran en la espiral de discriminación presente y futura que el sistema les ofrece: con un efecto inmediato sobre su salario (si lo perciben) y otro a más largo plazo sobre la jubilación dada la reducida o nula cotización a la Seguridad Social que conlleva su situación.

Ante la gravedad de esta situación, la salida que se está imponiendo responde a la lógica neoliberal, por la que los gobiernos se desresponsabilizan de satisfacer las necesidades de las mujeres, hombres y personas con identidades no normativas. Y si algo dejan claro las políticas que se aplican es la brutalidad del sistema ¿o cómo calificar el hecho de que 125 000 personas murieran en estos últimos cuatro años mientras esperaban recibir una prestación a la que tenían derecho?

Es la misma lógica que, por patriarcal y racista, lejos de garantizar la corresponsabilidad social del trabajo de cuidados profundiza su feminización y precarización, agrava las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres y entre las propias mujeres según su estatus migratorio o de clase. Feminización porque la falta de reconocimiento del valor económico y social del trabajo de cuidados se acompaña de una vuelta de tuerca en su adjudicación, práctica y simbólica, como algo propio de las mujeres. Se convierte en una obligación solo para las mujeres que, si no atienden a este mandato de género al pie de la letra, encuentran la reprobación social y se ven sometidas a sentimientos muy contradictorios.

Precarizado porque al situar la atención a las personas dependientes como una necesidad del espacio privado se disocia de los derechos. Para las mujeres que lo realizan en el entorno familiar no existe ni el tiempo, ni descanso ni ocio; para las que realizan el trabajo de cuidados para personas dependientes (en el sentido del término limitado a personas declaradas como tales) de forma asalariada sus las condiciones de precariedad laboral se extiende al salario, jornada y trabajos a realizar, a la ayuda a domicilio, a los centros asistenciales, y a las empleadas de hogar.

Esta no es ninguna solución, al contrario agrava la crisis de reproducción social que vivimos. Cómo hacer posible una organización de los cuidados lleva a pensar en cómo satisfacer las necesidades de las personas, las de la alimentación, vivienda, salud, pero también las que no se consideran necesidades materiales como el afecto, el placer, el ocio, la seguridad, la participación o la identidad, imprescindibles para tener una vida digna; pensar en cómo organizar nuestra convivencia y hacer efectiva la responsabilidad compartida en las familias entre mujeres y hombres; cómo conseguir políticas públicas basadas en la equidad que garanticen el derecho de todas las personas a un sistema público de atención, sostenible social y ecológicamente.

El feminismo ha señalado el valor de los cuidados para constituirnos como personas y para el funcionamiento de la sociedad. Las economistas feministas apuntan a considerar el trabajo de cuidados como parte de la economía y acabar con la falsa dicotomía entre la producción y la reproducción; hay quienes están poniendo en práctica experiencias concretas de redes de apoyo y cuidados que alumbran otros cambios posibles, y desde otros colectivos y movimientos también hay muchas propuestas que van más allá y apuntan a transformar la realidad que reflejan los datos antes mencionados.

08/03/2016

Justa Montero es activista de la Asamblea Feminista de Madrid

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/6087/cuidados-y-derechos/



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