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Legislativas en Irlanda
Elecciones cargadas de cambio, a medio plazo
04/03/2016 | Ingrid Hayes

Para comenzar, un pequeño repaso histórico: Irlanda fue una colonia británica hasta 1922. Todo el mundo lo sabe, vale, pero la tendencia natural es
representarse la colonización como un fenómeno extraeuropeo. Sin embargo, en Irlanda como en otras partes, tuvo evidentemente pesadas consecuencias. Entre
ellas, la de que el movimiento obrero irlandés se constituyera a la sombra del gran vecino, pero también un campo político estructurado por el nacionalismo
y la guerra de independencia.

Así, los dos partidos que han dominado la vida política irlandesa desde hace casi un siglo, Fianna Fáil y Fine Gael, son producto directo de las divisiones
originadas en el combate por la independencia y luego la guerra civil, representando Fianna Fáil a la fracción opuesta al compromiso que permitió a los
británicos conservar el Ulster y Fine Gael quienes pensaban que era preferible contentarse con él. En términos de base social, remite a una división de la
burguesía irlandesa entre aquellos cuyos intereses residían en el mantenimiento de los lazos económicos privilegiados con Gran Bretaña y quienes pensaban
que era posible construir una burguesía con intereses nacionales. Estas contradicciones, reales en su origen, están hoy totalmente superadas, y las dos
formaciones se sitúan en la derecha del tablero político.

Tras el curso de historia, un recordatorio del contexto de las elecciones. Irlanda fue uno de los países europeos más violentamente afectados por la crisis
de 2008, con el rescate directo de los bancos (incluso los más irresponsables y que fueron vistos como tales), recortes enormes en los presupuestos
sociales (ya no muy abundantes) y reducción masiva de los salarios en la función pública.

Las precedentes elecciones legislativas habían desautorizado la gestión del partido entonces en el poder (Fianna Fáil) y confiado a Fine Gael la tarea de
renegociar las condiciones fijadas por la UE. La negociación fue breve y no tuvo resultados. El país ha salido parcialmente de la crisis pero no de la
austeridad.

Dos elementos importantes han aparecido el último año. Hubo por una parte un poderoso movimiento contra las tasas al agua (gratuita hasta entonces), que se
agotó y no ha logrado tener traducción directa en las citas electorales, pero ha marcado las conciencias. Los pequeños grupos de extrema izquierda
estuvieron muy activos en él, en particular el SWP irlandés, con la apelación “People before profit”. Sinn Féin (movimiento político durante mucho tiempo
solidario con el combate del IRA en Irlanda del norte, ocupada por los ingleses), en cambio, tardó en comprender la amplitud del movimiento y se sumó a él
tardíamente. Segundo elemento, el referéndum sobre el “matrimonio para todos y todas”, con una amplia victoria del sí, mayoritario en todas las regiones,
incluso las más rurales, salvo una. El “sí”, recordemos, estaba apoyado por todos los partidos políticos, contra la Iglesia Católica.

Estos dos acontecimientos han mostrado una forma de politización, y, en el segundo de ellos, transformaciones muy profundas en el seno de la sociedad.
Queda, en este terreno, la cuestión del aborto: por el momento, una enmienda a la constitución continúa poniendo en igualdad el derecho a la vida de las
mujeres y el de los fetos, lo que prohíbe todo aborto incluso en caso de violación…

Este es el contexto en el que han tenido lugar las elecciones legislativas. Fine Gael, en el poder, ha hecho campaña con la idea de la estabilidad
necesaria para proseguir la “convalecencia” del país y Fianna Fáil ha hecho una campaña de oposición total, sin que se comprenda bien lo que proponía. Sinn
Féin tomó hace un año la decisión de rechazar toda coalición con cualquiera de las dos formaciones. Fue una decisión importante y nueva, que le anclaba en
la izquierda. Los sondeos le predecían resultados muy elevados, cercanos a los de los dos partidos dominantes. Igualmente predecían, más en general, una
situación sin mayoría para constituir un gobierno.

Este elemento ha sido confirmado por los resultados. Fine Gael y Fianna Fáil están prácticamente igualados por debajo del 25%, con un ligero avance del
Fine Gael (una subida del 7,2% para Fianna Fáil y una bajada del 10,3% del Fine Gael), Sinn Féin alcanza el 14% (una subida neta del 3,9%, pero mucho menor
que la prevista), los Laboristas, que estaban en el gobierno, pagan la cuenta y son casi borrados del mapa (6,6% con una bajada del 12,7%). El resto se
reparte entre “independientes”, es decir electos apoyados por su acción o su reputación local (16,6%) y pequeñas formaciones, algunas de ellas nuevas.
Entre éstas se encuentra “People before profit”, que obtiene cerca del 4% de los sufragios. El sistema electoral irlandés es muy democrático, lo que
debería permitir a la extrema izquierda obtener 6 o 7 diputados (a los que se añadirán “independientes” de izquierdas) y al Sinn Féin tener 22. Los
“independientes”, con una veintena de electos, tendrán un papel decisivo en la futura asamblea para hacer y deshacer mayorías.

Estos resultados son ricos en enseñanzas. La principal, sin duda, es que los irlandeses no quieren ya la alternancia sin cambio que estructuraba el paisaje
político desde el nacimiento de la República. La suma de los dos partidos dominantes no alcanza el 50% por primera vez, aunque la tendencia esté en marcha
desde hace tiempo. La lógica sería por otra parte que las dos fuerzas se alíen para formar un gobierno, lo que por el momento no contemplan. La segunda
enseñanza, es que esta recomposición del campo político salido de la guerra civil podría provocar su reestructuración según un eje izquierda-derecha, cosa
que el reciente reposicionamiento del Sinn Féin permite contemplar.

Hay que señalar que su éxito no está ligado a una subida del nacionalismo republicano sino a la capacidad del partido de Gerry Adams para encarnar un
comienzo de alternativa. Hasta comienzos de los años 2000, el voto por el Sinn Féin era residual, mostrando la existencia mantenida de una corriente
nacionalista, pero hoy se trata de algo diferente. Subrayemos de todas maneras que en materia de radicalidad política, hay aún mucho margen para progresar…
Además, la cuestión de la relación con el IRA no está saldada. Si Gerry Adams ha tenido un papel esencial en el proceso de paz y el desarme del IRA (al
precio de una colaboración muy pronunciada con las instituciones políticas y policiales en Ulster), aparece como ligado al pasado, y en particular a la
violencia de los años 1970 y 1980. Su partida está inscrita en las coordenadas de la situación pero, también, no está abiertamente contemplada.

Una recomposición política está por tanto innegablemente en curso, y sin duda se trata de unas elecciones de transición, pero los ritmos son muy inciertos.
La izquierda en evolución aparece aún muy dispersa, y la discusión no está muy centrada en los proyectos políticos en presencia, y esto tanto menos en la
medida que el futuro aparece aún encorsetado por los acuerdos con la Unión Europea.

3/03/2016


https://www.ensemble-fdg.org/content/legislatives-en-irlande-des-elections-porteuses-de-changement-terme

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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