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¿Un plan B para Europa?
Pensamiento binario o cómo permanecer estáticos (respuesta a Cédric Durand /1)
03/03/2016 | Michel Husson

Se multiplican las iniciativas alrededor de un proyecto de plan B. Recientemente se han producido en París, Berlin y Madrid. Si se examinan las intervenciones, es forzoso constatar que todo avance está bloqueado por la oposición entre dos posiciones que Cédric Durand presentaba así en Madrid:

- “La primera posibilidad consiste en colocar en primer plano el objetivo de cambiar la Unión Europea (UE) y, más precisamente, las reglas del euro. La idea consiste en luchar directamente a escala del continente a fin de crear un espacio favorable al cambio. Esta opción es la más ambiciosa. El horizonte de su realización es bastante largo y la posibilidad de su puesta en práctica efectiva muy débil.(…).

- La segunda opción equivale a utilizar las posibilidades que existen a nivel nacional para poner fin a la austeridad, a la dictadura de la deuda así como a las reformas estructurales neoliberales”.

El razonamiento es luego el siguiente: la primera opción es decididamente la mejor, pero está fuera del alcance debido a la esencia misma de la Unión Europea, de ahí las reservas o las críticas al Diem25, la iniciativa de Varoufakis /2. La única opción, como demuestra, a contrario, la experiencia de Syriza, es por tanto una verdadera ruptura, que conduce de facto a la salida del euro.

En definitiva, esta oposición radical parece irreductible. Constituye un obstáculo mayor para la coordinación paneuropea de las luchas contra la austeridad. Algunos, como Cédric Durand (en Paris), evocan una vía intermedia: “Una izquierda victoriosa en uno de los países del centro debería proponer un desmantelamiento solidario del euro y poner en marcha (…) la creación de una moneda europea común/3. Pero esta propuesta no es coherente pues un país, incluso un país del centro, no podría él solo “ poner en marcha” una moneda común: necesitaría el asentimiento de los demás países y, aquí también, “el horizonte de su realización es bastante largo y la posibilidad de su puesta en práctica efectiva muy débil”.

En términos concretos, se está rápidamente reducido a esta alternativa: salida o no del euro. Ahora bien, el hecho de plantear así la pregunta es discutible desde varios puntos de vista, siendo el más importante de ellos que esta pregunta induce, se quiera o no, a una polarización entre intereses nacionales más que entre intereses sociales y que escapa inexorablemente a un sólido anclaje en la izquierda.

Salir del pensamiento binario supone pasar a un pensamiento estratégico con algunos puntos de referencia. Si, evidentemente, no se puede contar con un “motín” (“émeute”- es el término utilizado por Durand) coordinado y simultáneo por todo Europa; la hipótesis estratégica es la de la llegada de un gobierno de izquierdas en un país. Y si es cierto que la correlación de fuerzas inicial sería diferente según el tamaño del país, esto no quiere decir que la ruptura sería -o estaría- fuera de alcance, incluso produciéndose en un “pequeño” país como Grecia.

Una estrategia de ruptura debía por tanto combinar estas dos dimensiones: una ruptura a nivel nacional, acompañada por una política que tenga por objetivo apoyarse en esta ruptura nacional a nivel europeo. Se trata en definitiva de articular y no de oponer dos orientaciones:

- La afirmación del derecho a la desobediencia y al rechazo a las reglas europeas, apoyándose en medidas de salvaguarda de una experiencia alternativa: suspensión de pagos de la deuda, control de los capitales, etc., pudiendo llegar esto hasta la salida del euro.

- La afirmación de que esta ruptura se hace en nombre de una refundación de Europa.

Hay que ser pragmáticos, nos dice Durand, pero es para añadir inmediatamente que hay “dos opciones progresistas entre las que hay que elegir”. Dicho de otra forma, habría que elegir entre la desobediencia a nivel nacional y un proyecto de refundación a nivel europeo.

Planteando el problema de esta forma, se corre un riesgo enorme de atascar la dinámica social en un debate estéril y de bloquear duraderamente la convergencia y la coordinación de las fuerzas antiausteridad en Europa. Es bastante lamentable.

¿Es verdaderamente imposible andar con las dos piernas: afinar las modalidades del proceso de ruptura nacional (control de los capitales, anulación de la deuda, moneda paralela, etc.) dicho de otra forma, reflexionar sobre las palancas de un plan B, a la vez que se profundiza un proyecto por una Europa diferente? /4.

23/02/2016

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article37271#nb1

Notas

1/ Cédric Durand [Madrid, 20 février 2016], ver: https://www.vientosur.info/spip.php?article11030

2/ Thomas Fazi : « A Critique Of Yanis Varoufakis’ DiEM25 », Social Europe Journal, 9 février 2016 : http://gesd.free.fr/fazi216b.pdf

3/ Cédric Durand [Paris, 23 janvier 2016], , voir sur ESSF (article 37269), Un Plan B pour l’Europe ? La gauche et la monnaie européenne : face A, face B. http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article37269

4/ Para una argumentación más detallada, ver Michel Husson, Euro, Salir o no http://cdn.vientosur.info/VScompletos/VS118_Husson_Salir_o_no_salir_.pdf



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