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Alternativas a la crisis
Estrategia de los movimientos y proyecto de emancipación
02/03/2016 | Gustave Massiah

Estamos en un periodo de grandes cambios e importantes incertidumbres. Probablemente, vivimos un cambio de periodo en el que se diluyen las antiguas tendencias y se inician otras nuevas. La cita de Gramsci “el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en este claroscuro surgen los monstruos” resulta de gran actualidad. Hay que luchar contra los monstruos y construir un nuevo mundo. No hay nada decidido en el éxito ni en el fracaso.

La situación mundial parece desesperante

De 2008 a 2015 se abre una nueva etapa en el largo historial de la situación mundial. Desde 2011, movimientos masivos, casi insurreccionales, atestiguan la exasperación de los pueblos. Las revueltas de los pueblos responden a la crisis estructural oficialmente admitida a partir de 2008. Confirman el agotamiento de esta fase de la globalización capitalista. Las desigualdades sociales, el paro, la precarización provocaron un descenso del consumo popular y abrieron una crisis de “superproducción”. El recurso al sobreendeudamiento encontró sus límites por la extensión de los mercados financieros de derivados que contaminó todo el mercado de valores. La explosión de las “subprimes” marcó el paso de la deuda de las familias a las deudas de las entidades bancarias. El rescate de los bancos por parte de los estados abrió la crisis de las deudas públicas. La reducción de los déficits mediante los planes de austeridad se suposo que permitiría una salida de la crisis que salvaguardaría los ingresos y mantendría la preeminencia del mercado mundial de capitales y los privilegios de los accionistas.

A partir de 2013, parece que la situación ha dado un giro. Las políticas dominantes, de austeridad y ajuste estructural, se han confirmado. La arrogancia neoliberal se recupera. La desestabilización, las guerras, la represión violenta y la instrumentalización del terrorismo se imponen en todas las regiones. Corrientes ideológicas reaccionarias y populismos de extrema derecha son cada vez más activos. Toman formas específicas como el neoliberalismo libertario en Estados Unidos, la extrema derecha y diversas formas de nacionalsocialismo en Europa, extremismo yihadista armado, las dictaduras y las monarquías petroleras, el hinduismo extremo, etc. Pero a medio plazo nada está decidido.

Las principales contradicciones siguen siendo determinantes

La situación no se reduce al ascenso de las posiciones de la derecha; está marcada por la permanencia de las contradicciones. Lo que se ha acordado denominar la profundización de la crisis. La dimensión financiera, la más visible, es una consecuencia que se traduce en las crisis alimentarias, energéticas, climáticas, monetarias, etc. La crisis estructural articula cinco contradicciones mayores: económicas y sociales, con desigualdades sociales y discriminaciones; ecológicas, con el riesgo del ecosistema planetario; geopolítica, con el fin de la hegemonía de Estados Unidos, la crisis de Japón y de Europa y el ascenso de nuevas potencias; ideológicas, con la interpelación a la democracia, el aumento de la xenofobia y el racismo; políticas, con la fusión de lo político y lo financiero que alimenta la desconfianza en relación a lo político y anula su autonomía.

Sobre el futuro, se enfrentan tres concepciones: el refuerzo del neoliberalismo por la financiarización de la naturaleza; una recomposición de capitalismo, el Green New Deal, basado en una regularización pública y una modernización social; una ruptura que abra la transición ecológica, social y democrática.

La primera concepción es la de la financiarización de la naturaleza. En esta visión, la salida de la crisis pasa por la búsqueda de un “mercado ilimitado” necesario para el crecimiento. Se basa en la ampliación del mercado mundial, calificado como mercado verde, en la financiarización de la naturaleza, la mercantilización de la vida y la generalización de las privatizaciones. Propone mercantilizar y privatizar los servicios producidos por la naturaleza y confiarlos a las grandes empresas multinacionales. Se trata de restringir las referencias a los derechos fundamentales que podrían debilitar la preeminencia de los mercados y de subordinar el derecho internacional al derecho mercantil.

La segunda concepción es la del Green New Deal, defendida por eminentes economistas del establishment como Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Thomas Piketti y Amartya Sen a menudo calificados de neokeynesianos. Se basa en la “economía verde”. La propuesta es una reordenación en profundidad del capitalismo a partir de una regulación pública y una redistribución de los ingresos. Actualmente aún tiene poca audiencia, pues implica un enfrentamiento con la lógica dominante, la del mercado mundial de capitales que rechaza las referencias keynesianas y que no está dispuesto a aceptar que cualquier inflación venga a disminuir los beneficios. Hay que recordar que el New Deal adoptado en 1933 solo se aplicó con éxito en 1945, después de la Segunda Guerra Mundial.

La tercera concepción es la de los movimientos sociales y ciudadanos que fue explicitada en los foros sociales mundiales. Preconizan una ruptura, la de la transición social, ecológica y democrática. Subrayan nuevas concepciones, nuevas maneras de producir y de consumir. Por ejemplo: los bienes comunes y las nuevas formas de propiedad, la lucha contra el patriarcado, el control de las finanzas, la salida del sistema de la deuda, el buen vivir y la prosperidad sin crecimiento, las relocalizaciones, la justicia climática, el rechazo al extractivismo, la reinvención de la democracia, las responsabilidades comunes y diferenciadas, los servicios públicos basados en los derechos y la gratuidad. Se trata de basar la organización de las sociedades y del mundo en el acceso a los derechos para todos y en la igualdad de derechos.

La estrategia de los movimientos define las alianzas en relación al futuro posible. Lo urgente es reunir a quienes rechazan la primera opción, la de la financiarización de la naturaleza, porque la imposición del sistema dominante a pesar del agotamiento del neoliberalismo supone el riesgo de un neocorservadurismo de guerra. Mas adelante, si el peligro del neocorservadurismo de guerra puede ser evitado, la confrontación positiva opondrá a los defensores del Green New Deal y a los de la superación del capitalismo. Las alianzas concretas dependerán de las situaciones de cada país y de cada región.

La ofensiva por la hegemonía cultural neoliberal

En muchas sociedades y en el mundo, pero no en todo el mundo, las ideas de derecha, conservadoras, reaccionarias, crecen. En cada sociedad están presentes las ideas dominantes mundiales, la realidad de la economía y la política mundial y el relato del mundo, transmitidos por una aplastante acción de todos los medios de comunicación, como el relato del único mundo posible.

Este ascenso de la derecha y de la extrema derecha es el resultado de una ofensiva sistemática dirigida en distintas direcciones. Comenzó por una ofensiva ideológica desarrollada con constancia desde hace 40 años que preparó el giro neoliberal. Esta batalla por la hegemonía cultural ha afectado en principio a tres cuestiones: contra los derechos, especialmente contra la igualdad, las desigualdades se justifican porque son naturales; contra la solidaridad, el racismo y la xenofobia se imponen; contra la inseguridad, la ideología securitaria sería la única respuesta posible. La segunda ofensiva es militar y policial; ha tomado la forma de la desestabilización de los territorios rebeldes, de la multiplicación de las guerras, de la instrumentalización del terrorismo. La tercera ofensiva afecta al trabajo, con el cuestionamiento de la seguridad en el empleo y la precarización generalizada, por la subordinación de la ciencia y la tecnología, especialmente de lo digital, a la lógica de la financiarización. La cuarta ofensiva se ha llevado a cabo contra el estado social por la financiarización, la mercantilización y la privatización; ha tomado la forma de la corrupción generalizada de la clase política. La quinta ofensiva, como consecuencia de la caída del Muro de Berlín en 1989, ha sido un intento de descalificación de los proyectos progresistas, socialistas o comunistas.

Las contratendecias siguen vivas

La ofensiva de la oligarquía dominante marcó algunos tantos pero no se ha impuesto. Los puntos de vista que proponen la emancipación siguen siendo fuertes e incluso existen nuevas contratendencias. Los movimientos que comenzaron en 2011 en Túnez siguen vivos y se renuevan. Las demandas son claras; se trata del rechazo de la miseria social y de las desigualdades, del respeto a las libertades, a la dignidad, del rechazo a las formas de dominación, de la conexión entre urgencia ecológica y urgencia social. De un movimiento a otro, ha habido un avance sobre la denuncia de la corrupción; sobre la reivindicación de una “democracia real”; sobre las obligaciones ecológicas, el acaparamiento de tierras y el control de las materias primas.

En algunos de estos movimientos, la izquierda clásica ha sido derrotada y corrientes de derecha logran algunas veces encabezar la contestación al orden dominante.

La violencia de la ofensiva neoliberal y reaccionaria muestra la amplitud de las resistencias. A veces se oye hablar de una derechización de las sociedades. Pero no hay que confundir el ascenso de las ideas de extrema derecha con la derechización de las sociedades. Las sociedades resisten y permanecen profundamente contradictorias, las ideas progresistas permanecen vivas y afectan las luchas de los movimientos. Incluso se puede considerar que la violencia de los movimientos reaccionarios y conservadores surge porque sienten que las sociedades se les escapan. Pongamos un ejemplo. La revolución más amplia y profunda que vivimos es la de los derechos de las mujeres, que cambia radicalmente relaciones milenarias. Sentir escapárseles esa parte esencial de las sociedades, los vuelve locos y se traduce en una violencia inimaginable de los estados y de los sectores retrógrados. Todas las ideas nuevas se viven como mazazos contra el antiguo régimen: los derechos de las mujeres, la profundización de la igualdad, la libertad de circulación, las identidades múltiples, la ecología y la naturaleza, ...

Lo vemos también con la emergencia de pensamientos radicales que rompen con los compromisos de la izquierda social liberal y que vuelven a encontrar carta de ciudadanía. Pensemos en el reciente ejemplo de la campaña de Bernie Sanders que le pisa los talones a Hillary Clinton en las primarias del partido demócrata de Estados Unidos. Se proclama abiertamente como socialista, critica las multinacionales y rechaza su financiación. La misma evolución se ha notado con Jeremy Corbyn del Partido Laborista de Gran Bretaña. Así mismo, hay que destacar el aumento de poder de organizaciones políticas que toman como referencia a los nuevos movimientos de los que, en parte, han salido. Por ejemplo, Podemos en España o el Partido de la Gente Común, el Aam Admi, en Nueva Delhi. Todavía no son nuevas formas de organización política pero aceptan que los partidos deben asumir su parte en la reinvención de la política.

Las nuevas formas de compromiso diseñan el futuro

El elemento más determinante es la emergencia de nuevas formas de compromiso de las nuevas generaciones. El cambio de relación entre lo individual y lo colectivo está en el corazón de este cambio. Una nueva generación se impone en el espacio público desde los movimientos de los foros sociales mundiales y la renovación que significaron los movimientos a partir de 2011: el derrocamiento de dictaduras, los indignados, los ocuppy, los chapas rojas (indignados de Quebec NdT), los Taksims, etc.

No se trata tanto de la juventud definida como un tramo de edad sino de una generación cultural que se inscribe en una situación y la transforma. Esta generación se inserta más directamente en el espacio del mundo. Pone en evidencia las transformaciones sociales profundas ligadas a la escolarización de las sociedades que se traduce, por un lado, en el éxodo de cerebros, y por otra, en los parados titulados. Las migraciones ligan esta generación al mundo y a sus contradicciones en términos de consumo, cultura, valores. Reducen el aislamiento y el enclaustramiento de la juventud.

Esta nueva generación crea una nueva cultura política mediante sus exigencias y su inventiva. Enriquece la manera de conectar los determinantes de las estructuras sociales: las clases y las capas sociales, las religiones, las referencias nacionales y culturales, la pertenencia de género y edad, las migraciones y las diásporas, los territorios. Experimenta nuevas formas de organización a través del dominio de las redes digitales y sociales, la afirmación de la autoorganización y la horizontalidad. Intenta redefinir, en las distintas situaciones, formas de autonomía entre los movimientos y las instancias políticas. Busca formas de relacionar lo individual y lo colectivo. Quizás es en este nivel en el que las diferentes redes sociales aportan nuevas culturas, como los colectivos de softwarelibre capaces de llevar colectivamente luchas ofensivas salvaguardando celosamente la independencia de las individualidades. La reapropiación del espacio público es una reivindicación de soberanía popular. Las plazas renuevan las ágoras. Se ocupa, se intercambia, pero no mediante el voto, siempre importante pero no suficiente. No es un cambio en relación con lo político sino un proceso de redefinición de lo político.

La opción que se ha impuesto es la de los movimientos sociales y ciudadanos. Es la forma de concretar las diferentes nociones en discusión: las asociaciones, la sociedad civil, la afirmación de lo no lucrativo y de lo no gubernamental, la economía social, solidaria y participativa. Los movimientos introducen la noción de una evolución dinámica, de una acción política y de una continuidad histórica. Cada movimiento combina afirmación programática, bases sociales y acciones sobre el terreno, movilización y lucha, elaboración y propuestas.

El compromiso en un movimiento conecta las prácticas y las teorías, y redefine lo colectivo. Las relaciones entre los movimientos se basan en la igualdad y en el respeto a la diversidad.

En cualquier compromiso, hay una búsqueda de superación. Superación de sí y del mundo. El compromiso conduce de forma natural a una reflexión sobre la radicalidad. Algunos movimientos son portadores de nuevas formas de radicalidad, a nivel de los temas que destacan, consignas, formas de lucha, de comunicación. Por ejemplo, en el nuevo periodo, se puede citar a los indignados, los ocuppy, los movimientos por la urgencia climática, los movimientos contra el fracking, los segadores de OGM (Organismo Genéticamente Modificados), los segadores de sillas de los bancos (Contra la evasión fiscal.NdT), los ZAD (Zone à Défendre), contra el acaparamiento de tierras, el extractivismo, etc. Algunos movimientos hacen de enlace entre las nuevas formas de radicalidad y los movimientos que componen los foros sociales. Por ejemplo, Vía campesina, No Vox, Migreeurop, los Foros contra las grandes obras inútiles impuestas, los movimientos contra el urbanismo de los grandes acontecimientos, etc.

Todos estos movimientos tienen en común, en su concepción de la radicalidad, el recurso a formas de desobediencia individual y colectiva, así como a métodos de no-violencia activa. Una de las imágenes del compromiso radical que liga las nuevas relaciones entre lo individual y colectivo es la del lanzador de alertas. Por ejemplo, Snowden, quien se comprometió radicalmente en una perspectiva colectiva. Lo colectivo se nutre del compromiso individual.

Un enfoque estratégico anclado en un proyecto de emancipación

Se impone una pregunta: ¿Qué hacer? La respuesta implica situarse en una perspectiva estratégica. En este enfoque conviene articular el corto y el largo plazo; responder a lo urgente y situar la respuesta a lo urgente en una perspectiva a largo plazo.

Lo urgente es resistir. Resistir a los valores mortíferos, a la xenofobia, a las discriminaciones y al racismo; resistir a las pérdidas sociales y a las desigualdades; resistir a la guerra, a los terrorismos y a la instrumentalización de los terrorismos; resistir al desastre ecológico. Pero resistir no es suficiente. Se necesitan perspectivas a largo plazo e implica rupturas, de entrada, ruptura con un modelo inaceptable. Se impone una toma de conciencia; es indispensable un proyecto: un proyecto de sociedad, un proyecto de emancipación. Incluso para resistir, es necesario un proyecto alternativo y creíble.

Un proyecto de emancipación no se prepara a puerta cerrada. Lo preparan los movimientos que lo sostienen. Es el resultado de una maduración de ideas y de una larga elaboración que descubre nuevos valores. Un proyecto social alternativo surge de varios imperativos ligados dialécticamente. Proponemos seleccionar cuatro: un programa de medidas que definan políticas alternativas; una dinámica social desarrollada por los movimientos sociales y ciudadanos que constituyen la base social y determinan las alianzas; el compromiso de una batalla ideológica a largo plazo y de compromiso inmediato sobre los valores fundacionales de una nueva hegemonía cultural; una reflexión sobre las lecciones históricas de los proyectos alternativos.

De forma paradójica, el programa alternativo está bastante definido. Este programa implica una serie de medidas reconocidas como indispensables y maduras en los foros sociales mundiales. El control de las finanzas y la socialización de los bancos, la tasa a las transacciones financieras, el cuestionamiento de la deriva del libre cambio, y del dumping social, fiscal, medioambiental y monetario, la supresión de los paraísos fiscales y jurídicos, etc. Estas medidas están ampliamente reconocidas pero chocan con el veto de los dirigentes del capital financiero y sus acólitos políticos. Este programa propone a continuación, un proceso a largo plazo, el de la transición ecológica, social, democrática y geopolítica. Se apoya en nuevos conceptos (el bien común, el buen vivir, la prosperidad sin crecimiento, la justicia climática, la relocalización, la democratización radical de la democracia,…). Enunciar este programa, precisarlo, compartirlo, no es suficiente pero resulta necesario.

Y sin embargo, este programa no parece creíble a la sociedad en su conjunto e incluso a quienes deberían defenderlo. La cuestión esencial es la dinámica social capaz de precisarlo y llevarlo a cabo. La base social de este proyecto está compuesta de movimientos que se comprometen en una orientación estratégica, la de los derechos para todos y la de la igualdad de derechos. La base social del proyecto se construye también a partir del proyecto. Reagrupa los movimientos, o en cada movimiento, la de quienes comparten las orientaciones estratégicas. La base más amplia está formada actualmernte por la convergencia de los movimientos que forman los procesos de los foros sociales mundiales, ampliada a todos los nuevos movimientos. Estos movimientos comparten una nueva cultura política, nuevas formas de compromiso, la exigencia de una nueva relación con lo político.

La cuestión de las alianzas se plantea en las diferentes situaciones y periodos. Se trata de alianzas sociales con las personas precarizadas y proletarizadas, alianzas ideológicas sobre las libertades, alianzas políticas con, por ejemplo, los neokeynesianos.

¿Cómo se forman las evidencias que hacen posibles y necesarios los cambios? La emergencia de nuevos valores necesita un plazo largo. Pero hay periodos de rupturas durante los cuales se rasgan los velos. Esta batalla por la hegemonía cultural se desarrolla en la cultura, en el arte, en los medios de comunicación. Moviliza las prácticas alternativas y el trabajo intelectual. Al mismo tiempo, las nuevas ideas, los nuevos valores, son sostenidos por las luchas y las resistencias. En esta batalla, la cuestión de la igualdad y el rechazo a las discriminaciones, combinada con la conquista de las libertades, es central.

Un proyecto alternativo no cae del cielo. No es suficiente quererlo, incluso si la urgencia justifica la impaciencia. Un proyecto se inserta en el tiempo histórico que combina el largo plazo y las rupturas, entre la larga maduración de las ideas y la aceleración de los periodos revolucionarios. La revolución de 1789 fue precedida por el siglo de las Luces, las revoluciones nacionalistas de 1848 fueron precedidas por los movimientos por la autodeterminación de los pueblos, el Manifiesto Comunista por la emergencia del proletariado y las luchas contra la explotación, las independencias por las luchas por la descolonización, la igualdad de los géneros por la igualdad de los derechos.

No siempre es fácil ver en perspectiva la hegemonía del neoliberalismo zarandeado pero siempre dominante. El largo plazo de los movimientos da la perspectiva necesaria. El movimiento obrero se constituyó a partir de mediados del siglo XIX. Conoció un periodo de avances de 1905 a 1970. A pesar de las guerras y los fascismos, triunfaron las revoluciones en Rusia, en China y en varios países del mundo; a través de su alianza con los movimientos de liberación nacional, casi acorraló a las potencias coloniales e imperialistas; impuso compromisos sociales y un “Estado del bienestar” en los países del centro capitalista. Desde 1970, se ha abierto un periodo de cuarenta años de derrotas y retrocesos del movimiento social en los países descolonizados, en los países que habían conocido revoluciones y en los países industrializados. Los cambios y la crisis podrían caracterizar el fin de este largo periodo de retrocesos sin que se pueda definir exactamente qué va a ocurrir. El futuro está abierto. Habrá otras batallas. Habrá posiblemente y probablemente otras derrotas. Pero a partir de las lecciones extraídas de las derrotas, habrá también resistencias, avances y victorias.

01/2016

https://entreleslignesentrelesmots.wordpress.com/2016/02/17/strategie-des-mouvements-et-projet-demancipation/

Gustave Massiah (1941), economista, urbanista y analista político francès, es uno de los fundadores de la sección francesa de Attac, de la cual fue vicepresidente hasta 2006

Traducción: VIENTO SUR



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