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Libia, entrevista con Virginie Collombier
En la euforia de la revolución, se han subestimado las heridas libias
26/02/2016 | Cécile Hennion

Investigadora en el Instituto Universitario Europeo de Florencia desde septiembre de 2013, Virginie Collombier estudia los cambios sociales y políticos del post-Gadafi en Libia, en asociación con el Noref; Norsk Ressurssenter for Fredsbygging (Centro de Recursos Noruego para la Consolidación de la Paz). Efectúa regularmente sus investigaciones de campo en el oeste libio.

¿Es el sistema tribal, a menudo evocado cuando se trata de Libia, un marco de análisis pertinente para comprender las disensiones políticas actuales?

La tribu como modo de organización social ha estructurado en gran parte a la sociedad libia. Si la hermandad Senoussi pudo echar raíces en el este de Libia en la época del imperio otomano, por ejemplo, y luego jugar un papel muy importante en la resistencia a la colonización italiana, es porque ha sido capaz de insertarse en la red tribal existente.

En Occidente, cuando se habla del carácter “tradicional” de la tribu, se imagina una estructura arcaica, incluso retrógrada. Y también una estructura inmutable en la que la jerarquía estaría fijada de una vez para siempre. La tribu es, ciertamente, un grupo de familias y de individuos unidos por la pertenencia a un antepasado común. Pero el reparto de los poderes en su seno cambia según las diferencias internas en función del contexto político y de las manipulaciones ejercidas por elementos externos. Las tribus fueron un vector esencial del poder de Gadafi, que jugaba con las divisiones internas para promover a algunos clanes o personalidades, a veces inferiores en términos de rango, pero que, así, han tomado ascendiente.

La tribu Warfallah, una de las más numerosas (se evoca la cifra de hasta un millón de miembros, de una población libia total estimada en seis millones), tiene por cuna la ciudad de Beni Oualid, uno de los feudos de Gadafi. Pero también tiene miembros en el este y en el sur. Sin embargo, en 2011, no actuó como un actor unificado. Mientras que Beni Oualid resistió hasta el fin de la revolución, la mayoría de los Warfallah del este apoyaron la revolución desde el comienzo. Respecto a la cuestión del acuerdo supervisado por las Naciones Unidas, la situación actual es comparable, con divisiones profundas en el seno de la tribu Awagir, de la que salió Aguila Salah Issa, el presidente del Parlamento de Tobruk (reconocido por la comunidad internacional). La tribu no debe por tanto ser vista como un actor unificado, como un sistema de organización fijo.

¿Ha evolucionado este sistema de organización social desde la “revolución del 17 de febrero/1”?

Desde 2011, cuando los libios hablan de tribalismo, evocan ciertamente la tribu como forma de organización social, sobre todo fuerte en el este del país, pero se refieren más ampliamente a la forma en que la gente concibe su pertenencia identitaria. En el contexto político post-2011, hemos así oído hablar de “la tribu de Misrata”. Es interesante, pues no hay, en sí misma, ninguna “tribu de Misrata”. Misrata es ante todo una ciudad comerciante, con élites en gran medida heredadas del imperio otomano. Las tribus juegan en ella un papel marginal. Referirse a la “tribu de Misrata” no tiene por consiguiente ningún sentido, salvo en términos de pertenencia a una comunidad particular.

Más en general, cuando los libios hablan de la importancia de la qabaliya (“tribalismo”) en la sociedad y las luchas políticas, hablan de una comunidad originaria que funda la pertenencia y la identidad. Es a veces una tribu en sentido estricto (Warfallah), a veces una ciudad (Misrata), a veces una región (el este del país). En la situación de bloqueo actual, tiene un toque a menudo negativo, para decir que los políticos piensan ante todo en los intereses de su comunidad.

¿Puede esta red tribal servir de vector de paz en las negociaciones actuales?

La tribu ha jugado un papel positivo en 2011 y después. Ha servido de base de repliegue, organizando las redes de solidaridad y asegurando la protección de la gente cuando las estructuras de gobernanza del antiguo régimen se hundieron.

Más recientemente, cuando el país se ha encontrado dividido en dos, los diálogos llevados a cabo bajo la égida de las Naciones Unidas han limitado su participación a los principales actores políticos o militares, a quienes tenían una capacidad de destrucción sobre el terreno, para evitar que la situación degenerase. Durante ese tiempo, los libios han debido hacer frente a situaciones conflictivas, a veces violentas. Ahí se ha visto a tribus y otros tipos de estructuras sociales tomar el relevo y jugar un papel importante en la resolución de los conflictos locales.

A comienzos de 2015, y durante ocho meses, el macizo de Nefoussa (macizo montañoso del oeste, dominado por los bereberes) ha sido así teatro de enfrentamientos entre grupos armados de Zinten, aliados al general Haftar y milicias de varias ciudades vecinas, aliadas a Fajr Libya y al gobierno de Trípoli. Se han cortado las carreteras y se ha interrumpido el aprovisionamiento en carburante y medicamentos. Las estructuras sociales locales -en particular los consejos de ancianos, que no tienen forzosamente fundamento tribal- han jugado entonces un importante papel de mediación entre los beligerantes y han permitido la apertura de carreteras, intercambios de prisioneros y la realización de altos del fuego.

¿Pueden estas estructuras locales interactuar y venir a completar los procesos políticos a nivel nacional?

En el macizo de Nefoussa, los consejos de ancianos han podido jugar un papel porque las dinámicas nacionales han evolucionado. Misrata, aislada, ha retirado sus fuerzas de la región. Zinten, en situación de inferioridad militar, ha debido negociar con sus vecinos. Cuando el marco general es propicio, las estructuras locales pueden trabajar por la estabilidad. Pero hay que considerar otro aspecto. Debido a las divisiones y a la competencia inherentes a las tribus, su participación puede ser factor de tensiones. Es el caso de Bengasi y del este del país en general, donde las crecientes divisiones en el seno de los Awagir podrían degenerar en enfrentamientos armados. Atención por tanto a no ver la tribu como un instrumento ideal que permitiría regular la sociedad y el juego político de forma natural, casi perfecta.

Una parte de las tribus pro-Gadafi constituye hoy un elemento de desestabilización. En algunos casos, se han adherido a la organización Estado Islámico (EI)…

Sin embargo, en Beni Oualid, corazón del gadafismo, la dirección tribal aceptó el proceso electoral en 2012. Los candidatos apoyados por el consejo tribal de los Warfallah ganaron, para luego ser destituidos con el pretexto de que no cumplían con los criterios de la comisión de integridad. El impacto fue muy importante: el proceso político quedó desacreditado, así como las instituciones centrales y nacionales. La gente de Beni Oualid ha intentado, luego, hacer emerger una alternativa política: ni Karama ni Fajr Libya. Han fracaso y están aún más marginados en la medida en que no tienen ninguna capacidad militar. ¡Y en la escena política libia, desde 2013-2014, no eres gran cosa si no tienes armas!

Estas desigualdades hacen que exista el riesgo de que los más jóvenes y más marginados se sumen al EI. La situación en Syrte lo ilustra claramente. Si han podido imponerse combatientes extranjeros es, sobre todo, porque la seguridad en la ciudad, después de 2011, fue confiada a grupos armados que encarnaban, a los ojos de los habitantes, la destrucción de su ciudad. Era inaceptable. Han considerado que el EI podía ser el instrumento de la reconquista de un estatus social, un modo de entrada en el campo político y militar. Es desgraciadamente el mismo proceso que hemos visto que se realizaba en Irak.

Otro riesgo viene de los actores exteriores, como Egipto, que intenta instrumentalizar a los miembros de las tribus pro-Gadafi presentes en su territorio.

¿Hay que invitar a esas tribus parias a la mesa de negociaciones?

Uno de los más importantes fracasos de la transición libia es haber fundado el proceso de transición en la organización de elecciones rápidas, privilegiando así la legitimidad electoral a la reconciliación. Esta dinámica ha ocultado la importancia de la división entre vencedores y vencidos de la guerra civil. Pero también de las divisiones heredadas del antiguo régimen, en el que Gadafi dividió para mejor reinar, enfrentando a unas tribus contra otras.

En la euforia de la revolución, se han subestimado estas heridas. Se han impulsado fuerzas políticas inmaduras sin que hubiera instituciones sólidas ni marco legal para canalizarlas. El resultado ha sido una militarización de la competencia política y el hundimiento de la transición. No ha habido un esfuerzo real para restablecer un diálogo entre las diferentes comunidades y favorecer formas de consenso.

Cuanto más pase el tiempo, el proceso de reconciliación será más difícil. Este trabajo es sin embargo necesario, y tiene necesidad de una vertiente de “justicia”, para tomar en cuenta los crímenes cometidos antes y durante la revolución. No se trata de arreglar todo, nadie es tan ingenuo, sino de restablecer un vínculo.

Las comunidades excluidas lo han sido en particular en la Libia central, en el eje Syrte-Beni Oualid-Sbha. Muchos han tenido que abandonar el país en 2011. Algunos porque habían participado en la represión. Las figuras que encarnaban el antiguo régimen y que tienen sangre en las manos son inaceptables en la Libia actual, pero no se puede excluir a las comunidades que les están unidas y viven en Egipto, Túnez, Jordania o en otras partes. Hay una necesidad de reintegrar a esta parte de la comunidad nacional, restaurando la confianza entre “vencedores” y “vencidos” de la revolución. Sin esto, será imposible crear instituciones legítimas. El ejemplo iraquí muestra que las consecuencias de una exclusión así pueden tener resultados dramáticos.

(Publicado en Le Monde de 21-22 febrero 2016, p. 13).

Notas:

1/ El 17 de febrero de 2011 se produjeron masivas manifestaciones contra el régimen de Muamar el Gadafi. En Bengasi llegaron a controlar la ciudad (ndr).

http://alencontre.org/moyenorient/libye/dans-leuphorie-de-la-revolution-les-blessures-libyennes-ont-ete-sous-estimees.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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