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Argelia
La influencia de la Cabilia (notas sobre La génesis de la Cabilia de Yassine Temlal)
26/02/2016 | Nadir Djermoune

El libro de Yassine Temlali, La génesis de la Cabilia. Los orígenes de la afirmación bereber en Argelia (1830-1962)/1 nos da a conocer “la Cabilia, el Orés, la bereberidad”, señala Gilbert Meymer en su prólogo. A través de la Cabilia, nos enseña también Argelia entera, la Argelia de hoy, como el resultado de un largo proceso de construcción, donde el azar de los acontecimientos y las luchas de los habitantes se combinan con datos sociales, económicos, culturales o religiosos, en un marco territorial bastante rudo y diferenciado. Esta es una de la tesis, quizás la principal de esta obra que aborda los debates, con frecuencia polémicos, sobre la “cuestión bereber”.

Ya conocemos los arrebatos chovinistas y ahistóricos de los medios neocoloniales, de los que se hace portavoz el periodista francés Eric Zemmour: en su opinión, Argelia nunca existió y sólo debe su existencia a Francia. Sería por tanto una creación artificial. Los autonomistas cabileños, siguiendo a Ferhat M’henni, tienen la misma lógica: para ellos Argelia nunca ha existido, mientras que la Cabilia ha existido desde siempre.

El discurso de la Argelia oficial responde a esta problemática con el mismo registro esencialista. Argelia, con sus actuales contornos, ha existido desde siempre, se puede leer en los libros escolares, y por definición ¡sería árabe y musulmana!. Y si esto no pudo afirmarse es porque, a lo largo de toda su historia, habría sufrido agresiones exteriores, una especie de “mano extranjera” que todavía hoy día continúa desquiciándonos. El presidente Chadli se vio obligado a revisar esta tesis, por la presión de la protesta democrática y popular de abril de 1980: en su opinión, seríamos los bereberes arabizados por el Islam. “No del todo”, le dijimos, porque hasta hoy mismo sigue habiendo sectores enteros de la población que no están arabizados, aún siendo musulmanes, y algunos no quieren y no se sienten obligados a ser musulmanes, como decía con toda razón Matoub Lounes (poeta y cantante que reivindicó su identidad bereber y se enfrentó al integrismo religioso; sufrió numerosos atentados y fue asesinado en 1988 cuando tenía 32 años. ndr).

La obra de Yassine Temlali ofrece ante esta cuestión una clarificación plena de matices, más dinámica y más dialéctica. La Argelia actual se formó como Estado-nación en la resistencia contra la explotación colonial. Obedece a una ley universal, la dialéctica de la historia, que ha conocido la formación de otros Estado-nación en el mundo.

Los Estados Unidos de América se formaron en la guerra contra la Corona inglesa y, después, en su propia Guerra de Secesión, que terminó con la unificación de los Estados que hoy día forman ese país. La Francia actual es también la obra de su revolución, denominada “democrática y burguesa”; Juana de Arco tal vez sea la antepasada lejana de esta formación, con una significación a posteriori, pero no es en absoluto su determinante exclusivo. La actual Alemania fue modelada desde arriba por Bismark, sobre las ruinas del imperio austro-prusiano, frente a una burguesía incapaz de hacer su revolución como su vecina francesa. Gramsci señala que la unidad nacional italiana cavó una persistente grieta entre el sentimiento nacional de las élites intelectuales y la vivencia popular, muy vinculada a las raíces regionales/2: ésta es la matriz de la Italia de hoy.

La Argelia actual obedece a la misma regla. Mantiene, seguramente, un lazo místico con los lejanos Massinissa y El Kahina, pero éstos no fueron sus fundadores directos ni fueron conscientes de su obra, como lo serán Ramdane Abbane o Mohamed Boudiaf. No es muy diferente a lo que Fernand Braudel /3 designaba como “historia consciente e historia inconsciente”, la de corta duración y la de larga duración. Los compañeros de Ramdane Abbane y de Larbi Ben Mhidi construyeron Argelia de una manera consciente y directa. Massinissa, Jughurtha o incluso Ibn-Toumeret lo hacían de una manera inconsciente. Argelia no es la prolongación directa y lineal de lo que pasó en la antigüedad o en la edad media. Por lo demás, tanto Túnez como el Marruecos actual puede reivindicar también estos lejanos personajes, pues Cirta, por ejemplo, el antepasado del actual Constantine, fue la capital de Numidia, que englobaba también a una parte del actual territorio tunecino. Y Kairuan no fue considerado “tunecino” en el momento de su edificación.

En esta dinámica -y en una dialéctica entre los imperativos globales y locales en los azares de las luchas políticas- nació Argelia y con ella la Cabilia. Lo explica Yassine Temlali: “Después de la ‘pacificación colonial’, se estabilizó el movedizo significado del término Cabilia, traducción francesa del sintagma cabileño ‘thamurth n’leqbâyel’ (el país de los cabilios). Ya no designará al conjunto de regiones montañosas berberófonas de Argelia (incluso de todo el Magreb), sino sólo una de ellas, limitada al norte por el Mediterráneo, al sur por las llanuras y mesetas de Buira, Bordj Bou Arreridij y Sétif, al este por las montañas arabófonas de Jijel y al oeste por las llanuras orientales de la región de Argel, muy arabizadas. Esta ‘construcción de la Cabilia’ aparece como la manifestación, a escala local, de un proceso unificador más general, puesto en marcha en toda la colonia argelina y que, pacientemente, al hilo de las luchas y resistencias, reforzará la homogeneidad de este país que se llamaba ‘la Regencia de Argel’ y hará de sus habitantes una nación moderna, la nación argelina/4.

Unificación del territorio y persistencia de las raíces regionales

La segunda tesis sobre la que está construída la reflexión de Yassine Temlali es el marco territorial, con su condicionamiento geográfico que ha moldeado la cultura bereber en la historia, en su unidad y sus diferencias, tanto en el plano social y económico como en el plano lingüístico. Según el autor, no hay que exagerar el impacto de las migraciones de los Banu Hilal afirmando que la arabización de los bereberes es el fruto de la irrupción en el Magreb de esas tribus procedentes de Egipto, en el siglo X, y que son la causa de la ruina y de la crisis bereberes en la edad media.

La influencia real de los hilalianos se entiende por su movimiento en un territorio con una morfología y una geografía que han sufrido los sobresaltos de la historia. En las estepas predesérticas, en las altas planicies, las regiones donde los hilalianos se instalaron de forma estable, el árabe se convirtió progresivamente en lengua autóctona, escribe Yassine Temlali /5. El Magreb “pre-hilaliano”, según la tesis de Ibn Jaldun que expone el autor, estaba moldeado por una “oposición intra-bereber entre ‘Branes’ y ‘Botr’, una oposición sociológica entre sedentarios/semi-nómadas”. Si consideramos válida esta división, “la arabización habría afectado sobre todo a los ‘Botr’, que se desplazaban por todo el Magreb como lo demuestra la movilidad de los territorios de sus tribus…/6. Esta tesis jalduniana se opone a la tesis simplista de que los habitantes de las montañas berberófonas se instalaron ahí para huir de la invasión hilaliana.

Maltratado por estos conflictos sociológicos, el territorio se fragilizará aún más con “el auge de Europa occidental en el Mediterráneo después de las cruzadas, que desviaron las principales vías comerciales hacia el oeste/7, haciendo de sus escasas rentas otro objeto de conflicto entre los nómadas bereberes –en pleno proceso de arabización lingüística– y los habitantes urbanos empobrecidos que se van a arabizar aún más con la llegada de los moros que huían de Andalucía después de la Reconquista.

Esta enraizamiento territorial y su equivalente, la situación social, están en el origen de la fragmentación cultural y lingüística del territorio de la actual Argelia y explican el nacimiento de la Cabilia contemporánea, con una expresión política diferente, por ejemplo, del Orés, poblado por los chaouis que sin embargo se mantuvieron profundamente bereberes, lo mismo que en el valle del Mzab. Bajo administración otomana y en víspera de la colonización francesa, “existía en el Orés una afirmación etnolingüística chaoui, testimoniada al menos por el uso, en sus habitats, del etnómino “chaouis” para designarse a sí mismos”. Pero “eso no se corresponde con una autonomía comparable a la de las montañas de Cabilia. El dominio de las tribus montañesas chaouis era más extenso, más diversificado y más compartimentado, en valles y crestas paralelos, que el de las tribus montañesas cabileñas, lo que les hacía más sensibles a la amenaza militar turca /8.

Este enraizamiento en un territorio empobrecido y miserable constituye también el sustrato o la matriz material de este bereberismo cabileño tan radical y nacionalista, que se afirmará aún más en el seno del movimiento nacional por la independencia del país. Este bereberismo no tiene nada de étnico. El testimonio de uno de los militantes cabileños del movimiento nacional, Massaoud Oulamara, en un encuentro entre tres militantes /9 de la federación del PPA-MTLD en la Gran Cabilia y representantes de la dirección de este partido resulta ilustrativo, porque subraya el corte entre la base militante de esta región, arraigada en un territorio rural montañoso, y la dirección, urbana: “Nosotros tres éramos simples campesinos, fellahs o pequeños comerciantes. El día de la reunión en Argel nos dimos cuenta de nuestra diferencia con quienes nos habíamos reunido en la sede del MTLD. Había, por un lado, una fila de hombres de traje, camisas blancas, y por el otro, tres campesinos con chilabas raídas y calzados con alpargatas (…). Nuestra conversación con el comité central del MTLD me convenció de una cosa: nunca me fiaré de los que visten trajes y turbantes turcos para asustar a los colonos, la liberación del país no vendrá de su lado /10.

La práctica jacobina con que se dirigió la Guerra de Liberación (1954-1962), último cuarto de hora del movimiento de resistencia nacional, es la tercera tesis fundamental de la obra. La instauración del orden jacobino del FLN entre 1954 y 1962 fue una empresa ardua, lo que se explica, según el autor, por el desarrollo desigual de la economía colonial. Ésta “no actuó en todas partes con la misma fuerza, y aunque contribuyó a reforzar el sentimiento de pertenecer al mismo país, no lo hizo con la misma intensidad en todas partes. El resultado es que en 1954 el país estaba cultural y sociológicamente fragmentado, a pesar de tres décadas de acción nacionalista. La conciencia supra-comunitaria estaba, naturalmente, menos desarrollada en el campo que en las ciudades/11. En estas condiciones, “El jacobinismo aparecía como un tranquilizador salvavidas en medio de un océano agitado por las fidelidades infranacionales, regionalistas, que se mantenían vivas en el país rural y entre los habitantes urbanos de origen campesino/12.

Del jacobinismo al bonapartismo

Cuando los congresistas de la Soummam (Larbi Ben Mhidi, Ramdane Abbane, Belkacem Krim, Amar Ouamrane, Youssef Zighoud, Lakhdar Bentobal) decidieron, en agosto de 1956, recurrir a la liquidación física si era necesario, de todos los que, en su opinión, hacían un trabajo “contra-revolucionario”, a saber, los messalistas, los bereberistas, y en cierta manera los comunistas, no apuntaban con esta liquidación ni a la Cabilia ni aún menos a los cabilios, sino a los supuestos adversarios a la política del FLN en su lógica jacobina. Desde ese punto de vista se comprenderá mejor el jacobinismo del MALG y el de Houari Bumediene en 1965. Houari Boumediene sólo era el hijo del jacobinismo encarnado en el FLN bajo el liderazgo de Ramdane Abene.

No hay que sorprenderse de que el jacobinismo versión Ahmed Ben Bella – Houari Boumediene triunfase después de la independencia. Las tendencias y personalidades del movimiento de liberación nacional eran tan jacobinas las unas como las otras. Citando a Mohammed Harbi, Yassine Temlali subraya este aspecto en el ascenso y después el aislamiento hasta el fracaso de Krim Belkacem: “Con el apoyo de Bentobal y Boussouf (…), Krim consiguió meter en cintura a los líderes definidos por una configuración clánica”, lo que “abría de hecho la vía de una transición de los despotismos descentralizados al centralismo autoritario (quitando así) todo margen de maniobra a las fuerzas tentadas por la disidencia y (canalizando) sus reivindicaciones al interior de un Estado mínimo”. Este “Estado mínimo” se distingue, escribe el autor, “del que defendía Abane Ramdane en cuanto al armazón militar. En cambio, era muy poco diferente del que intentaba edificar por su parte Houari Boumediene, jefe del EMG/13. Krim Belkacem, en concierto con este último, se dedicó a construir una maquinaria estatal cuyo motor era el ejército. El Estado jacobino versión Belkacem Krim y más tarde Boumediene, el de los coroneles, prevaleció sobre el Estado jacobino versión Abane – Ben M’hidi, más político.

El hecho de que el bereberismo haya sido minoritario entre 1954 y 1962 no significa que el papel de los dirigentes cabileños durante la Guerra de Liberación llevada a cabo por el FLN y el peso de la Cabilia en el seno de la dirección que la condujo, no fueran significativos. Todo lo contrario: “El peso político de la Cabilia dentro de las instancias del FLN-ALN no guardaba proporción con su peso demográfico (18% de la población autóctona)/14. La presencia de dirigentes originarios de Cabilia a todos los niveles de las estructuras del FLN-ALN era lo suficientemente importante como para alimentar, todavía hoy en la Cabilia, el orgullo de haber contribuido de forma destacada al triunfo final de los argelinos sobre la ocupación. Este orgullo, se puede concluir, está en el origen de esta conciencia y de este particularismo cabileño /15 que adopta “los contornos de un neo-bereberismo-nacionalista hostil al centralismo autoritario/16.

Y para eliminar cualquier falsa confusión por parte de los adversarios de la llamada oposición cabileña “bereberista”, entre el bereberismo pro-colonial y el bereber-nacionalista, el autor concluye,: “A pesar de la gran representatividad de esta región en los PPA-MTLD, el bereber-nacionalismo sólo de forma indirecta es la expresión política de un particularismo cabileño. En forma estricta, su discurso puede ser descrito como un intento de integrar en una concepción abierta de la nación importantes hechos etnológicos que hasta entonces habían sido monopolio del bereberismo pro-colonial, como producto desafortunado de la antropología colonialista/17.

La lectura de La génesis de la Cabilia de Yassine Temlali sugiere que si el jacobinismo de ayer y la violencia que le acompañaba fueron justificados por la necesidad de unión en la guerra implacable contra uno de los más bárbaros enemigos coloniales que haya conocido la humanidad contemporánea, la batalla de hoy día debe conjugarse con la más amplia y más abierta democracia. Esto quiere decir que el bereberismo o los bereberismos de cualquier obediencia /18, son realidades ideológicas insoslayables en este combate democrático. Se codean en la lucha política con otras ideologías, el arabismo, el árabo-islamismo o tal vez el argelianismo o incluso nuevas posturas ideológicas centradas en el futuro.

La consecuencia lógica de este jacobinismo ha sido, después de la independencia, el bonapartismo. En efecto, el modelo de gestión del poder en Argelia es el alineamiento tras un hombre fuerte y, episódicamente, en momentos de crisis, tras una colegialidad transitoria. Fue el caso de Messali Hadj antes de los “6” del FLN. Fue también el caso de Houari Boumediene, y después se produjo el mismo escenario con Chadli Bendjedid, aunque más débil. Este sistema argelino ha encontrado su Bonaparte en Abdelaziz Bouteflika, después de una guerra civil que obligó a las diferentes facciones a una laboriosa colegialidad. ¿Hay que buscar su explicación en los avatares culturales y antropológicos de la sociedad patriarcal del campo o en algún atavismo bereber? ¿O es simplemente una lucha de clases embrionaria, balbuceante, en la cual el Bonaparte aparece “como el bienhechor patriarcal de todas las clases de la sociedad/19?

Hoy día, el poder presidencial está debilitado y el bonapartismo está en crisis. Por paradójico que pueda parecer, se mantienen las mismas lógicas, tanto al nivel de las facciones en el poder como a nivel popular. El desarrollo reside en la ausencia de carisma entre los personajes candidatos, o considerados tales, para el puesto de un nuevo Bonaparte.

Pero hoy día, esta lucha necesaria se inscribe en un universo económico y social que, ciertamente, ha superado las contradicciones de ayer, ligadas al hecho colonial, pero conserva otras contradicciones que estructuran y reestructuran la sociedad argelina desde 1830, vinculadas al capitalismo nacional y mundial. Nuevas categorías culturales e identitarias, colectivas e individuales, nuevas categorías sociales, emergen y reivindican su emancipación. Esta emancipación no puede abstraerse de esta realidad capitalista donde el tamazight y el árabe, identidades o lenguas, están llamadas a afrontar los nuevos desafíos durante una larga existencia.

15/02/2016

https://npa2009.org/idees/international/lalgerie-avec-le-poids-de-la-kabylie-notes-autour-de-la-genese-de-la-kabylie-de

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/ Yassine Temlali, La genèse de la Kabylie. Aux origines de l’affirmation berbère en Algérie (1830-1962), Argel, Barzakh, 2015.

2/ Recogido por Daniel Bensaid, La discordance des temps. Essai sur les crises, les classes, l’histoire. París, Editions de la Passion, 1995, p. 154. Ver también, sobre esta cuestión, Benedetto Croce, Histoire de l’Europe du XIXº siècle, Paris, Gallimard, col. Folio, 1994.

3/ Fernand Braudel, Ecrits sur l’histoire, Paris, Flammarion, 1989, p.62.

4/ Yassine Temlali, op.cit., p.100.

5/ Ibid, p.58.

6/ Ibid. Esta oposición coincide, para Ibn Jaldun, con la existente entre “al ouram al hadari” y “al oumrane al Badaoui”, términos que podrían encontrar sus equivalentes en la terminología moderna de urbanismo o de gestión del territorio. Habría por tanto un urbanismo beduino, en conflicto con el urbanismo ciudadano, pero ambos son bereberes. Ver también sobre la situación del territorio argelino en la Edad Media: Gilbert Meynier, L’Algérie, coeur du Mahgreb classique, de l’ouverture islamo-arabe au repli (698-1518), Argel, Barzakh, 2011; y Smaïl Goumeziane: Ibn Khaldoun, un génie maghrébin, Argel, EDDIF, 2000.

7/ Yassine Temlali, op.cit. p. 56

8/ Ibid, p.71.

9/ Estos tres militantes son: Messoud Oulamara, Laifa Air Ouâban y Salem Ait Mohand, ibid. P. 179.

10/ Ibid, p.180.

11/ Ibid, p.203.

12/ Ibid, p.181.

13/ Ibid, p.244.

14/ Yassine Temlali, op.cit. p. 249.

15/ Ibid, p.253.

16/ Ibid, p.256.

17/ Ibid, p.180-181.

18/ El autor del libro subraya con toda razón que la Cabilia de hoy día, cuyo campo político es relativamente autónomo respecto al campo político argelino, no forma sin embargo un conjunto homogéneo.

19/ La fórmula es de K. Marx, Cf. El 18 Brumario de Luis Bonaparte.



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