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Japón
Crisis de la democracia y situación de los movimientos sociales
22/02/2016 | Shujiro Yazawa

¿Qué sabes de Japón? Las respuestas a esta pregunta varían, pero puedo juzgar el grado de familiaridad de alguien con Japón prestando atención a las palabras japonesas que emplea. Estoy seguro de que conoces las siguientes palabras: sukiyaki, tofu, tempura, sushi (alimentos); karaoke, bonsai, manga, otaku (términos culturales); kaizen, kanban, karoshi (términos empresariales) y otras más como tsunami, kamikaze e hikikomori. Las delicias de la gastronomía de Japón, su interesante cultura, su gestión empresarial, el trabajo duro y a veces incluso sus catástrofes y sus discordias son los principales componentes de su imagen en otros países. Lamentablemente, la democracia y los movimientos sociales en Japón apenas son objeto de una observación minuciosa en el extranjero. Ahora tenemos el tiempo y una indispensable oportunidad para hacerlo, porque Japón está actualmente a punto de transformarse de un Estado pacifista en otro dispuesto a ir a la guerra si es preciso.

El gobierno de Shinzo Abe, del Partido Liberal Democrático (PLD), y sus aliados mantienen estrechas e íntimas relaciones con movimientos y organizaciones nacionalistas de derechas, como la Conferencia Japonesa (Nihonkaigi) y la Asociación Shinto de Liderazgo Espiritual (Shinto Seiji Renmei). Consideran que para revitalizar Japón es preciso que sea percibido como un país hermoso, no solo en el sentido natural y geográfico, sino también desde el punto de vista social, cultural e histórico. Para ellos, las “características genuinas y originales” de Japón, como la monarquía, son hermosas. No desean que se hable de cuestiones peliagudas relacionadas con la segunda guerra mundial, como la de las “mujeres de solaz” o la masacre de Nanking, y no quieren aceptar la derrota en la guerra del Pacífico; prefieren ver en Japón el país que ha liberado a Asia del imperialismo occidental. Consideran que la educación no debería transmitir nociones importadas como los derechos humanos occidentales, sino destacar en su lugar los deberes del pueblo japonés para con el Estado y el emperador.

Los cinco contextos subyacentes a los movimientos sociales

1. Cambios de hegemonía y poder

El poder y la hegemonía de EE UU están en declive, mientras que los de China ascienden; por eso EE UU necesita toda clase de ayuda de sus aliados. Especialmente en Asia Oriental, para EE UU es crucial reforzar sus vínculos con Japón y recibir su ayuda, no solo política y militar, sino también económica e ideológica. El gobierno se apresura ahora a trasladar la base militar estadounidense de Futenma a Henoko, en la ciudad de Nago, en contra de la voluntad de la mayoría de los habitantes de la isla de Okinawa. La opinión de estos últimos es clara: quieren que la base de Futenma se traslade a algún lugar fuera de la prefectura de Okinawa, y mejor todavía fuera de Japón. Sin embargo, el gobierno de Abe ha acelerado los preparativos para construir una nueva base en Henoko. Muchos habitantes de Okinawa se oponen a estas actividades de preparación del traslado organizando sentadas en el lugar de las obras.

2. Leyes de seguridad

El objetivo inmediato del gobierno actual es crear un “país normal”. Como tal entiende un país capaz de librar una guerra. Ha promulgado una Ley de secretos de Estado que impone multas por divulgar información clasificada susceptible de poner en peligro la seguridad nacional, y permite exportar armas. El gobierno de coalición del conservador PLD y del Partido Limpio trata de promulgar leyes de seguridad que permitan al ejército japonés combatir en el extranjero por primera vez desde la segunda guerra mundial. Se trata de un cambio radical de la política de seguridad. El pasado mes de julio, el gabinete del primer ministro ya adoptó una resolución por la que reinterpreta la Constitución pacifista con el fin de anular la prohibición autoimpuesta de ejercer el derecho de autodefensa colectiva y de prestar apoyo militar a un país amigo que sea atacado.

El gobierno y el parlamento han cambiado la interpretación de las disposiciones constitucionales –su significado y su contenido– sin pasar por el procedimiento formal de enmendarla, con el propósito de permitir que las Fuerzas de Autodefensa japonesas participen en actividades militares en el extranjero. Las leyes de seguridad permiten a estas fuerzas ejercer el derecho de autodefensa colectiva, lo que viola claramente la Constitución. Unos 200 académicos constitucionalistas han declarado que estas leyes son inconstitucionales, y los medios calculan que únicamente 10 constitucionalistas apoyan la afirmación de que dichas leyes son constitucionales. No obstante, el gobierno trata de convencer al parlamento de que apruebe las leyes.

3. Una estrategia para revitalizar Japón

El gobierno japonés, el partido gobernante y los dirigentes de las grandes empresas creen que la implementación de políticas neoliberales e innovaciones basadas en el modelo de Silicon Valley es la manera de escapar del estancamiento económico, que ya dura dos décadas, y revitalizar Japón. Antes de la cuestión de la autodefensa colectiva, hubo debates acalorados y movilizaciones de protesta en relación con la Asociación Transpacífica (TPP) promovida por el gobierno de EE UU. Se calcula que el TPP generaría 5 000 millones de dólares estadounidenses de beneficios económicos para EE UU en 2015 y 14 000 millones en 2025, pero el tratado se negoció en secreto. El movimiento obrero organizado, campesinos, profesionales, activistas, ecologistas, intelectuales y cargos electos han criticado y se han opuesto al tratado. Como advirtió Noam Chomsky, el TPP está “concebido para sacar adelante el proyecto neoliberal de maximizar el beneficio y la dominación” de las grandes empresas.

En Japón, mucha gente teme que las grandes multinacionales de EE UU puedan explotar los nuevos mercados japoneses, y en particular su agricultura se vería perjudicada por las gigantescas agroindustrias estadounidenses. Sin embargo, el PLD trata de reformar la Federación Nacional de Asociaciones Cooperativas Agrícolas para convertirla en una organización nueva que se dedique a aumentar la productividad agraria y mejorar la competitividad internacional del agro japonés. Tal vez algunas personas crean que la política de revitalización de Japón que aplica Abe es nueva y que resolverá algunos de los problemas del país. Sin embargo, en realidad esta política no incluye una perspectiva de género, sino todo lo contrario, utiliza arbitrariamente a las mujeres en vez de aspirar a una sociedad igualitaria. El informe global de desigualdad de género de 2014, publicado por del Foro Económico Mundial, clasificó a Japón en el puesto 104 de un total de 142 países en materia de igualdad de género. Desde la década de 1980 han surgido persistentes movimientos de liberación de las mujeres en el empleo, la familia, la comunidad local y la política. La baja clasificación de Japón se debe principalmente a los escasos logros en materia de empoderamiento político de las mujeres y su participación y oportunidades económicas.

En julio de 2014, el gobierno de Abe anunció su “estrategia de revitalización de Japón”, que incluye la creación de un marco legal que permita alcanzar el objetivo de que en 2020 el 30 % de las posiciones de liderazgo sean ocupadas por mujeres. Partiendo de este ambicioso designio, el gobierno de Abe lanzó una serie de políticas de promoción de las mujeres. Sin embargo, estas políticas se centran en la mejora de la economía nacional y en la adopción de medidas encaminadas a revertir el declive de la tasa de natalidad; en la práctica, no se ocupa de la cuestión de la desigualdad de género. Puede que ayuden a las mujeres de la élite, pero no está claro cómo permitirán mejorar los problemas del empleo discontinuo. Los trabajadores discontinuos (con un contrato de tres años como máximo) y los temporales (con un contrato de menos de un año) aumentan rápidamente desde la década de 1990. Muchas trabajadoras forman parte de las categorías discontinua y temporal. La Ley de trabajadores subcontratados, que ha sido revisada y está siendo tramitada en el Senado, probablemente empeorará las condiciones laborales de estos trabajadores.

4. Recuperación de la catástrofe

Han pasado cuatro años desde que un fuerte terremoto y un tsunami golpearon, el 11 de marzo de 2011, la costa norte de Honshu. Debido a la combinación de la catástrofe natural y del accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi, Japón sufrió daños sin precedentes. Pese a la promesa de Abe de hacer todo lo posible por asegurar una recuperación rápida y completa del desastre, todavía se cuentan 2 576 desaparecidos y más de 2 100 000 personas están desplazadas. Tras el accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi se desconectaron todas las demás centrales nucleares y algunas de las más antiguas fueron desmanteladas, pero el accidente nuclear como tal no se logró controlar. Pese a todo, la actitud del PDL con respecto a las centrales nucleares ha cambiado de oposición a apoyo, diciendo que la energía nuclear es barata y que no se ha encontrado ninguna alternativa a la misma, capaz de nutrir la revitalización de Japón.

Ya se han presentado diversas propuestas de reapertura de centrales nucleares. La solicitud de la compañía eléctrica Kushu de reabrir la central nuclear de Sendai ha sido informada favorablemente sin tomar en cuenta las lecciones de la catástrofe, y la central volverá a funcionar a partir de este verano. Desde luego que existen muchos movimientos antinucleares fuertes y tenaces, pero el problema es que las comunidades locales que albergan centrales nucleares reciben tanto dinero de las compañías eléctricas que ahora les resulta difícil vivir sin ese dinero. Los movimientos ecologistas antinucleares lo tienen muy difícil para romper esta estructura de poder local. La Comisión de Seguridad de la Energía Nuclear, el gobierno nacional e importantes gobiernos locales y provinciales tienen la potestad de aprobar las peticiones de la compañía de reabrir una central nuclear.

5. El proceso político en Japón

El origen de la situación política actual se halla en el fracaso del gobierno del Partido Democrático (PD) en el trienio de 2009 a 2012. Desde la década de 1990, la gente se mostró cada vez más descontenta con la política tradicional del PDL y sus gobiernos, que se basaba en la burocracia estatal tradicional, se regía por intereses particulares y estaba controlado por ciertas fracciones internas del partido. El electorado japonés eligió al PD como partido gobernante en las elecciones generales de 2009. Fue la primera vez que el PDL quedó apartado del gobierno desde el final de la segunda guerra mundial, pero la gente se dio cuenta pronto de que el PD no era capaz de impulsar nuevos procesos políticos para resolver tantos problemas pendientes. El partido estaba formado por elementos cuyos antecedentes políticos e ideológicos eran tan diversos –había desde conservadores hasta socialdemócratas– que resultaba difícil llegar a un consenso siquiera en cuestiones políticas básicas.

El PD no tenía una política específica ni los medios para poner en práctica sus promesas electorales. No se ocupó de cuestiones internacionales, en particular de los conflictos con China, ni supo gestionar la gran catástrofe del terremoto y el tsunami en el este de Japón. El PDL logró así arrasar en las siguientes elecciones, en 2012. El péndulo fue demasiado lejos en la dirección contraria, de manera que el parlamento está dominado ahora por los miembros del partido gobernante; la oposición cuenta con alrededor de un tercio de la cámara. Esta estructura política ha permitido al partido gobernante y a sus aliados iniciar un procedimiento de enmienda de la Constitución. Muchos nuevos diputados del PDL son muy conservadores, incluso reaccionarios.

Shinzo Abe se alzó con la presidencia del gobierno impulsado por la fuerza de su promesa de revitalizar Japón mediante un liderazgo fuerte y adoptando decisiones políticas con rapidez. Sus políticas han creado un falso auge económico que está lejos de reflejar la situación económica real, generando grandes beneficios para las empresas multinacionales sobre la base de un yen más débil y gracias a la política monetaria del Banco Central de Japón. La “abenomics” se ampara en la teoría neoliberal que dice que “el beneficio económico concedido a la gran empresa se trasladará a las pequeñas empresas y a los consumidores”, por mucho que hasta el Banco Mundial se niegue a endosarla. La política económica de Abe se ajusta a esta teoría y al mismo tiempo recorta el gasto social, los servicios de bienestar y la inversión en cultura y educación.

La situación actual de los movimientos sociales

Desde que se presentaron las leyes de seguridad en el parlamento, se han formado muchos grupos y organizaciones. Casi a diario se producen manifestaciones o concentraciones en protesta contra las mismas. El Comité Antiguerra 1000 ha organizado mítines y manifestaciones y recogido 1 650 000 firmas en contra de dicha legislación. La Asociación de Académicos Opuestos a las Leyes de Seguridad ha abierto una página web y recogido más de 10 000 firmas en poco tiempo. Diversos movimientos y organizaciones feministas han celebrado mítines y se han manifestado en contra de las leyes.

La Acción de Emergencia Estudiantil por la Democracia Liberal (SEALD) organiza concentraciones y manifestaciones todos los viernes y sábados delante del edificio del parlamento, a las que asisten cada vez más personas. Se trata de una iniciativa muy importante. El movimiento estudiantil fue una de las cabezas visibles del movimiento democrático hasta finales de la década de 1960, pero desde entonces fue perdiendo popularidad. Mucha gente aprecia el movimiento actual por su abertura, su frescor, su neutralidad ideológica y sus muestras de una cultura juvenil sofisticada. El objetivo del movimiento es mostrar que “así es como funciona la democracia”. Lo que significa para ellos la democracia es participación política y determinación del propio futuro mediante la incorporación de la opinión de los estudiantes en el proceso político. Siempre pide la participación de las familias y los amigos.

El movimiento de liberación de la mujer organiza mítines y manifestaciones sobre cuestiones específicas, al mismo tiempo que protestan también contra las leyes de seguridad, al igual que el movimiento contra la base militar de EE UU en Okinawa. Al término de la segunda guerra mundial, Okinawa pasó a ser el único campo de batalla en Japón. Muchos habitantes de la isla murieron y la infraestructura social quedó completamente destruida. La isla quedó sometida al mando militar estadounidense, cuyos intereses primaron sobre la libertad de la población. El movimiento por la devolución de Okinawa a la soberanía japonesa fue cobrando fuerza y logró su objetivo en 1972. Sin embargo, las bases militares de EE UU permanecieron en la isla y el gobierno japonés sigue dando prioridad a los militares estadounidenses por encima de la población autóctona. En el caso del traslado de la base de Futenma, el gobierno continúa ninguneando la opinión popular, con lo cual está creciendo el número de personas que reclaman la independencia de Okinawa. De ahí que sea fundamental comprender la relación que existe entre los movimientos de Okinawa y los de oposición a las leyes de seguridad.

Habrá lectores que se interesen por el papel del movimiento obrero en Japón. Por desgracia, la fuerza de los sindicatos y del movimiento obrero está en declive. La Confederación de Sindicatos (Rengo, próxima al PD) y la Confederación Nacional de Sindicatos (Zenroren, próxima al Partido Comunista) todavía pueden movilizar a sus miembros, pero han perdido la capacidad de actuar como organismos de coordinación de los movimientos en respuesta a importantes cuestiones políticas. Por eso, uno de los principales problemas que es preciso resolver ahora radica en la manera de hacer confluir los movimientos de protesta. La victoria del movimiento contra las leyes de seguridad parece depender de la caída drástica de la popularidad del gobierno de Abe, que ahora ronda el 38 %.

Las leyes de seguridad son inconstitucionales y el procedimiento seguido para su tramitación y promulgación ha sido antidemocrático y constituye asimismo una violación de la Constitución. Diversos movimientos democráticos critican la iniciativa del gobierno de Abe, y la opinión pública está virando rápidamente en contra. Si el parlamento aprueba las leyes, Japón habrá dado un gran paso hacia la transformación en un Estado totalitario. A pesar de ello, cerca del 40 % de la población todavía apoya al gobierno de Abe, si bien alrededor del 60 % se oponen a las leyes de seguridad. Las amenazas del exterior y el auge económico artificial son dos factores que explican el grado de apoyo relativamente alto de que goza el gobierno. También se dice que el pueblo japonés no se interesa por la política: a la gente no le gusta discutir de política o religión en las reuniones sociales. Sin embargo, más que esto, lo que ocurre es que el gobierno y el partido gobernante utilizan la publicidad para crear una buena imagen del sistema. Es más, presionan a los medios (TV, periódicos, revistas y páginas web) para que no digan o escriban cosas desfavorables para el gobierno. Es muy difícil encontrar análisis críticos de la actividad gubernamental en los medios japoneses. Únicamente la prensa local, los tabloides, los semanarios y las redes sociales divulgan noticias y comentarios negativos sobre el gobierno de Abe. La radiotelevisión japonesa (NHK), similar a la BBC británica, apenas ha publicado algún informe crítico sobre el gobierno desde que nombraron presidente a un amigo de Abe.

Desde la Restauración Meiji/1, el gobierno japonés se dedica a reforzar la identidad nacional del país a través de la educación. Desde el final de la segunda guerra mundial hasta finales de la década de 1970, el movimiento por la democratización fue muy fuerte, hasta el punto de contrarrestar en cierto modo la introducción por el gobierno del concepto de identidad nacional; sin embargo, la influencia del movimiento en la educación empezó a menguar en la década de 1980, prevaleciendo los esfuerzos del gobierno por reforzar la identidad nacional. A raíz del fuerte crecimiento económico ha surgido la ideología de gran potencia, favorable exclusivamente al pueblo japonés. Han aparecido muchos productos culturales que refuerzan y apoyan el nacionalismo japonés en los mercados de consumo, las industrias culturales y el turismo. Todas estas tendencias destacan el carácter único de Japón y la identidad nacional.

Una democracia abierta

Podemos plantear dos cuestiones importantes con el fin de desarrollar una democracia abierta en Japón. En primer lugar, los movimientos por la democratización han de comprender y presentar la democracia sobre la base de la historia, las pasiones, las emociones y los sentimientos de la población con el fin de salvar la distancia entre el nacionalismo y la democracia. La democracia es un espíritu universal de sociedad mundial. En segundo lugar, los japoneses hemos de renunciar a la actitud de “dejar Asia para unirse a Europa” que prevalece desde la Restauración Meiji y resituar a Japón de nuevo como una parte de Asia. También tenemos que cambiar radicalmente nuestra mentalidad colonial.

Si conseguimos resolver el problema de la dicotomía o contradicción entre nacionalismo y democracia, este y oeste, Japón dejará de ser un país misterioso y la gente podrá entender la relación que existe entre manga, omotenashi, kawaii y el movimiento democrático social. Omotenashi, manga y la cultura japonesa están profundamente arraigadas en las vidas y mentes del pueblo japonés. Pero las vidas y mentes del pueblo japonés han de desarrollarse social y políticamente mediante la cooperación con otros. A partir de este laborioso proceso pueden construirse sujetos e identidades democráticas. Ahora está claro que el papel de los movimientos sociales ha adquirido mucha más importancia que nunca antes en esta era de globalización e individualización.

16/6/2015

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article37187

Shujiro Yazawa es profesor emérito de las Universidades Hitotsubashi y Seijo de Tokio y ex presidente de la Sociedad Sociológica de Japón. Ha sido miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Sociología (ISA) de 1994 a 2002 y del Comité de Investigación n.º 47 (Movimientos sociales y clases sociales) de la ISA hasta 2014.

Traducción: VIENTO SUR

Nota:

1/ Por Restauración Meiji se entiende un periodo de cuatro años (1866-1869) que supuso un importante cambio de la estructura política y social de Japón.



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