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Libia
Una intervención militar reforzaría al Estado Islámico
06/02/2016 | Patrick Haimzadeh

Evocada desde hace dos años por los dirigentes franceses, británicos e italianos, sus Estados Mayores y los discípulos de la ideología neoconservadora americana de los años de G.W. Bush, la perspectiva de una segunda intervención militar en Libia está de nuevo al orden del día. El objetivo pregonado sería la erradicación del Estado Islámico en Libia, cuya capacidad de implantación, sin embargo, conoce límites. Relegando al olvido la cuestión crucial de la reconstrucción de un Estado legítimo e inclusivo, una operación así tendría todas las posibilidades de plantear más problemas de los que pretendería resolver.

Esta vez el objetivo declarado ya no sería “la protección de la población civil” sino la erradicación del Estado Islámico (EI) en Libia en el marco de la “guerra contra el terrorismo” relanzada tras los atentados de París del 13 de noviembre de 2015. El escenario ideal de intervención en el que trabajan los Estados Mayores británico, francés, italiano y americano sería el de una demanda de asistencia planteada por el gobierno de la entente nacional, prevista por el acuerdo firmado el 17 de diciembre en Skhirat bajo la presión de las potencias occidentales y de Naciones Unidas. En el caso en que la instalación en Libia de un gobierno de entente nacional -hasta ahora comprometida por las fuerzas que le siguen siendo hostiles- no pudiera hacerse rápidamente, el plan B consistiría en intervenir sin el apoyo de un gobierno local legítimo.

Pero más allá de los discursos oficiales, ¿qué sabemos de las especificidades, de los puntos fuertes y de las debilidades de la Organización del Estado Islámico (OEI) en Libia? Si está confirmado que el EI hace de su presencia en Libia una piedra angular de su estrategia de comunicación y no oculta su objetivo de bloquear allí la reconstrucción de un Estado, su capacidad de implantación y de extensión en ese país merece ser analizada, cuando menos, teniendo en cuenta las especificidades libias que difieren claramente de las de Irak y las de Siria.

Según las evaluaciones de Naciones Unidas, basadas en las de “ciertos Estados miembros”, los efectivos del EI en Libia se elevarían a alrededor de 3500 hombres/1. Las autoridades de Trípoli los estiman, por su parte, en alrededor de 1500 hombres, principalmente localizados en la ciudad de Syrte y sus alrededores, la periferia de la ciudad de Derna y algunos barrios de Bengasi.

Geografía de las adhesiones locales

Fue apenas cuatro meses después de la toma de Mosul por los combatientes del EI en junio de 2014 cuando un grupo yihadista libio local, el Consejo Consultivo de la Juventud Islámica (majliss choura chabab al-islam) de Derna, prometió lealtad al EI (el 3 de octubre). Un mes y medio más tarde, éste tomaba acta de esta lealtad y hacía de la Cirenaica una de sus provincias (wilayat barca) igual que sus provincias de Irak y de Siria. En febrero de 2015, cae la ciudad de Syrte en las manos del EI, que la proclama capital de la provincia de Tripolitania (wilayat tarabulus).

En Libia la implantación de la EI en una ciudad o una región responde ante todo a consideraciones locales específicas que reflejan la diversidad de las problemáticas y de los problemas locales en función de las ciudades y de las regiones. En efecto, desde el comienzo de la insurrección y de la guerra civil de 2011, la situación en Libia se ha caracterizado por una extrema fragmentación geográfica, con el predominio de los asuntos locales sobre las lógicas nacionales y los posicionamientos ideológicos. Las adhesiones en favor de un campo o de otro responden por tanto a una o varias lógicas específicas de cada situación local: alianza con el partido más fuerte capaz de dar protección a un grupo minoritario o arbitraje entre grupos rivales en ausencia de una autoridad local suficientemente poderosa; o, en un contexto de tejido social degradado, solidaridad con un miembro de una familia o de un clan, carisma de un jefe de milicia o de un predicador, lógica de predación.

Derna, primer enclave histórico del EI en Libia y presentada aún hace un año como un feudo inexpugnable, ha sido conquistada por milicias locales sin siquiera el apoyo del embrión de ejército nacional libio del general Khalifa Haftar, constituído mayoritariamente de tribus tradicionalmente rivales a las de Derna.

En Bengasi, los combatientes del EI luchan en dos frentes contra las unidades del general Haftar y las milicias locales de su confianza. Si bien existen alianzas de circunstancias con las grandes milicias revolucionarias de obediencia islamista afiliadas al consejo consultivo de los revolucionarios de Bengasi para constituir un frente contra las tropas de Haftar, no dejan de aparecer tensiones entre las dos facciones.

Syrte, regularmente calificada en los medios occidentales de “Raqqa libia” (en referencia a la capital siria del EI) es por tanto la única ciudad en la que las milicias del EI han logrado implantarse. La historia y la sociología de la ciudad proporcionan algunos elementos para explicarlo. Antiguo feudo de la tribu del coronel Muammar Gadafi, Syrte abrigó de hecho los últimos bastiones de la resistencia de su régimen en 2011 y fue allí donde el antiguo Guía de la revolución vivió sus últimos días. A menudo presentada por sus habitantes como el “Dresde libio”, en referencia a las destrucciones consecutivas a los bombardeos que sufrió en 2011, Syrte ha quedado excluida hasta ahora de la nueva Libia. Sus tribus han sido marginadas y su tejido social se ha visto afectado por los desplazamientos de población y las destrucciones. Además, no ha emergido ninguna milicia local que disponga de algún tipo de legitimidad revolucionaria tras la caída del régimen, y los temas de seguridad están asegurados por milicias originarias de Misrata, percibidas como fuerzas de ocupación y que se comportan como tales con la población local. Es por otra parte, una milicia de Misrata, la katiba Al-Faruq, desplegada en Syrte, quien ha constituido en la práctica el núcleo de la presencia militar en esta última. Está compuesta por jóvenes adheridos al yihadismo afiliados en un primer momento al grupo Ansar Al-charia antes de prestar lealtad a finales de 2014 al EI.

Reinando mediante el terror, la intimidación y la retribución sobre una población local extenuada y demandante de orden y seguridad, estos grupos, a los que se han sumado reclutas extranjeros (en concreto, se ha demostrado la presencia de somalíes, tunecinos, argelinos, mauritanos, malienses y egipcios), para imponerse también han sabido aprovecharse de adhesiones individuales locales y de las divisiones entre facciones locales. Debido a la situación geográfica de la ciudad -en el corazón de una región desértica situada en la intersección de las respectivas zonas de influencia de los dos Parlamentos, el de Tobruk y el de Tripoli-, el EI se ha beneficiado además, en gran medida, del conflicto entre las dos entidades rivales. Estando dedicadas a su lucha por la hegemonía nacional, hasta el presente han concedido la prioridad a su antagonismo en detrimento de una acción común contra el EI. La ciudad de Misrata está dividida entre partidarios de la lucha contra el EI y partidarios de la defensa de la capital Trípoli.

Atizar las divisiones

El ejemplo de la ciudad de Derna, donde grupos armados locales rivales han logrado rechazar a los del EI, muestra sin embargo que los éxitos de éste no son irreversibles en cuanto existe una alternativa local o regional. El ejemplo de Syrte ilustra a contrario el hecho de que el EI llega a implantarse cuando ninguna fuerza local es capaz de resistirle.

En el momento actual, consciente de su incapacidad para conquistar militarmente una amplia base territorial como ha hecho en Irak y Siria, el EI parece haber adoptado en Libia una estrategia que tiene por objetivo atizar las divisiones en el seno de sus enemigos con el fin impedir a cualquier precio la puesta en pie de un gobierno de unión nacional. En concreto, esta estrategia se traduce en acciones terroristas contra objetivos simbólicos de los dos campos. El EI intenta también atacar los centros petrolíferos controlados por los guardias de las instalaciones petroleras de los federalistas de Ibrahim Jadhran, más con el objetivo de inutilizarlas para agotar los recursos nacionales, que de apoderarse de ellas. No habiendo podido ampliar significativamente su control hacia el este y el oeste desde el verano de 2015, el EI parece intentar desarrollar su acción a partir de Syrte hacia el Sahel ampliando su política de reclutamiento de elementos tuaregs, como muestran sus mensajes de reclutamiento difundidos en lengua tamacheq /2.

Condena unánime de los atentados suicidas

Sin embargo, el atentado con camión bomba del 8 de enero de 2016 contra una escuela de la policía en la ciudad de Zliten, provocando al menos 65 muertos entre jóvenes reclutas, y los ataques suicidas contra centros petroleros de Ras Lanuf podrían anunciar una inflexión de la situación en detrimento del EI. Los ataques de Ras Lanuf tienen como consecuencia inmediata el inicio de una cooperación táctica entre las milicias de Misrata afiliadas a la coalición Alba de Libia y los guardias de las instalaciones petroleras de Ibrahim Jadran que se enfrentaban entre sí aún a finales de 2014 alrededor de la terminal petrolera de Al-Sidra. En concreto, esta cooperación se ha traducido en la puesta en pie de una sala de operaciones común, la evacuación sanitaria de guardias de las instalaciones petroleras heridos en los ataques a hospitales de Misrata y la implicación de aviones de Misrata en auxilio de las tropas de Jadhran contra el EI.

El horror del atentado suicida de Zliten ha suscitado una reacción de rechazo unánime en el conjunto de Libia. Las imágenes de los “atacantes suicidas” /3 publicada por el EI que muestran rostros de jóvenes aparentemente originarios del África saheliana o del Cuerno de África, ampliamente difundidas en las redes sociales libias, también han chocado a un público amplio. La foto de uno de los “mártires”, un adolescente de 15 años nombrado Abd El-Munaam Dweila, que había huido algunas semanas antes del domicilio de sus padres en Tripoli para sumarse al EI en Syrte, ha suscitado también una fuerte emoción en numerosas familias. La historia de su radicalización, ampliamente mediatizada /4 confirma la emergencia de un fenómeno de ruptura generacional nuevo en Libia. Hijo de una familia piadosa que le había inscrito en una escuela coránica afiliada a una hermandad sufí, el joven se había radicalizado progresivamente al contacto con un predicador del barrio que le ha desviado de la vía sufí hacia el yihadismo.

Por tanto, la tragedia de Zliten, unos días después del ataque suicida de este yihadista, habrá logrado, por primera vez desde la caída del régimen de Gadafi, unir a todas las facciones rivales en Libia en una condena unánime y sin ambigüedades del atentado. El recorrido del joven yihadista Dweili ha alertado, por otra parte, a numerosos padres sobre los riesgos de radicalización de sus hijos.

¿Una marioneta de los occidentales?

Así pues, una nueva intervención militar en Libia que relegaría al olvido la cuestión de la soberanía libia, se lleve a cabo o no a demanda de un futuro gobierno de entente nacional, tiene todas las posibilidades de generar más problemas de los que se le supondría resolver. Si algunas voces en Libia demandan una nueva intervención extranjera, la inmensa mayoría de los libios es hostil a una operación extranjera en su suelo, sea hecha por países occidentales o países árabes. Alejando la perspectiva de una alianza nacional exclusivamente interlibia contra el EI, una intervención extranjera contribuiría por otra parte a deslegitimar al gobierno de entente nacional que aparecería entonces claramente como una marioneta de los occidentales. Además, alimentaría el resentimiento de numerosos libios que, sin estar mal dispuestos en contra de los occidentales, no dejan de ser sensibles a los argumentos de los actores políticos más radicales que, tanto en el este como en el oeste del país, mantienen teorías complotistas, de las que la más extendida es la que plantea que el EI sería una nueva criatura de Occidente para intervenir en los países árabes.

Una nueva intervención militar internacional en Libia no contribuirá por consiguiente -muy al contrario- al tratamiento de las raíces políticas y sociales -en su sentido más amplio- de la presencia del EI en este país, cuyo previo indispensable es la reconstrucción de un Estado libio legítimo e inclusivo del máximo de actores político-militares locales libios.

26/01/2016

http://orientxxi.info/magazine/libye-une-intervention-militaire-renforcerait-l-organisation-de-l-etat,1169

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Patrick Haimzadeh es un antiguo diplomático francés en Tripoli (2001-2004), autor de Au coeur de la Libye de Kadhafi, Jean Claude Lattès, 2011.

Notas

1/ Informe del grupo de análisis y de control de las sanciones de las Naciones Unidas entregado el 18 de noviembre de 2015 al presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (http://i2.cdn.turner.com/cnn/2015/images/12/01/mt.report.on.libya-.eng.pdf).

2/ Video de combatientes tuaregs llamando en lengua tamacheq a sumarse a las filas del EI (https://archive.org/details/w.tarablus.resala.to.mowahdeen.original.quality_201501#).

3/ “Libye : l’OEI diffuse les noms et les photos des auteurs de l’attaque du terminal pétrolier d’Al-Sidra”, al-‘alam al-youm, 4/01/2016 (http://www.worldakhbar.com/maghreb/libya/46128.html).

4/ A. al-Rawwaf, « Un des auteurs de l’attaque suicide en Libye est un garçon de 15 ans », Iram, 6/01/2016 (http://www.eremnews.com/news/arab/410339).



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