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Debate sobre la Unión Europea y el euro
Construir el espacio político europeo. En defensa de los "comunes"
03/02/2016 | Catherine Samary

La puesta bajo tutela de Grecia por el Eurogrupo y el ruptura de Syriza ante el tercer y desastroso memorándum votado en julio son una toque de atención para todas las izquierdas europeas, que viven bajo la presión de dos posiciones suicidas: la sumisión a las políticas impuestas por el Eurogrupo debido a considerar que el euro contiene en sí mismo cualidades positivas (y rechazando cualquier salida del euro) frente a la propuesta de frentes nacionalistas con la extrema-derecha xenófoba basados en la consideración que el euro es intrínsecamente negativo (mostrándose favorables a la "salida" del euro cueste lo que cueste).

La opción de abandonar el euro como línea general -incluso cuando se plantea de forma "inter-nacionalista"- supone la renuncia a la lucha en/contra la Unión europea (UE), cuando aún es posible resistir a la consolidación del Eurogrupo como fuerza neocolonial. Tsipras podía haberse valido de la fuerza contestaría del NO griego (OXI) y presentar esa opción como una opción de resistencia. La denuncia del memorándum, de los poderes que lo imponen, sean los que sean, y de todas las políticas de austeridad va a constituir -junto a la exigencia de acoger a las y los refugiados- un terreno de polarización estratégica a nivel nacional y europeo. Si se quiere que tanto las luchas nacionales como internacionales (desde la oposición al TTIP, hasta la conferencia sobre el clima, pasando por la resistencia a todos los racismos y a las "guerras de civilización" que se encuentra a la base de las olas de refugiados) sean eficaces, es indispensable crear frentes en/contra la UE, en nombre de otra Europa.

Para desarrollar este combate es urgente construir un espacio público y democrático europeo contra todas las relaciones de opresión y en defensa de los "bienes comunes" que se privatizan, que desmonte la guerra social planetaria que desarrolla el capitalismo del siglo XXI.

El punto de partida: UE y capitalismo globalizado

Fue en respuesta a la crisis del orden mundial de los años 1970 -cuando no existía el euro, y después contra él en Gran Bretaña- que se desplegó el slogan de Margaret Thatcher "TINA", (There is not alternative - No hay alternativa-), que ha sido retomado y martilleado desde entonces sin discontinuidad en los discursos y media dominantes. No existe otra opción que comprimir los gastos sociales, considerados responsables de la deuda pública; como el privatizar las empresas y servicios públicos para reabsorber esa deuda; no hay otra opción que poner en cuestión las "rigideces" del "mercado laboral", con su protección social, para ser "competitivos"; no existe otra opción para reducir el paro que facilitar los despidos, el empleo precario y la generalización de los "trabajadores pobres".

Esta apisonadora es radicalmente antidemocrática porque es radicalmente antisocial.

Antes que el "orden liberal" (alemán o no) se inscribiera en los Tratados y constituciones europeas: las "reglas de oro" de la "competencia no falseada" y de la austeridad presupuestaria, el neoliberalismo ya había trabajado a favor del mercado y contra el Estado. De hecho, con la fuerza de los Estados conversos al neoliberalismo, se impuso contra el Estado de Bienestar y, mas allá de ello, contra cualquier Estado social, bajo cualquier régimen. Por otra parte, en la fase abierta en 1980, los Estados dominantes se han apoyaron en las instituciones financieras de la globalización -el FMI en primer lugar- para hacer pasar sus propias opciones como nuevas "reglas" y "políticas de ajuste estructural"; las mismas que son infligidas a Grecia. Los bloqueos encontrados en la OMC o en otros sitios empujaron a las potencias a multiplicar las negociaciones secretas de Tratados de libre-comercio cuyo objetivo era proteger a las empresas multinacionales contra todas esas resistencias y las normas restrictivas nacionales, sociales o medioambientales; son esas amenazas las que el TTPI trata de imponer en el seno de la UE. Es la lógica de una acumulación capitalista sin límites lo que impide el tratar de forma seria, es decir política, la crisis climática que amenaza al planeta tal y como se verá en la COP21 en París.

Por tanto, el "no hay alternativa" (TINA) que la UE trata de inscribir en letras de molde en sus Tratados está intrínsecamente asociado al "nuevo capitalismo" globalizado y financiarizado que se pretende incontestable. Su radicalidad tiene que ver con un "nunca más" literalmente contrarrevolucionario que se concretizó en el centro del "sistema mundo" capitalista confrontado en los años 1970 no solo a una crisis de beneficio "clásica", sino también a una puesta en cuestión a nivel planetario de todas las relaciones de dominación. Fue "en el centro" de ese capitalismo, en el Reino Unido, en Estados Unidos, en la vieja Europa, donde desde entonces se puso en marcha una "guerra social" para quebrar las relación de fuerza lograda tras con las luchas del pasado y del "corto siglo soviético"/1, para retomar el término del historiador Moshe Lewin.

Y se comprende cuanto se radicalizaron esos ataques sociales e ideológicos tras la reunificación alemana y el fin del mundo bipolar: la ideología neoliberal que convierte a la gente en paro responsable del paro y a la gente pobre en gente "asistida", consolidando el intento de criminalizar (o reducirlas a un "Gulag") todas las revoluciones pasadas. Esta tarea se vio facilitada, especialmente, por la represión de la Primavera de Praga en 1968 y la de Solidarnosc en Polonia en 1980 por parte de los dirigentes "comunistas" en el poder; al igual que la del movimiento popular de Tiananmen en China en 1989. La restauración capitalista encuentra apoyos fundamentales en la mayor parte de esos dirigentes excomunistas que basculan hacia la privatización y la inserción en el orden capitalista mundial. Por otra parte, la confusión de etiquetas que acompañó la transformación neoliberal de la socialdemocracia, aún continúa teniendo sus efectos perversos en las conciencias.

Sin embargo, todo esto no significó "el fin de la historia", si bien las relaciones de fuerza se deterioraron y la ideología neoliberal penetró las consciencias sin alternativas claras. Fundamentalmente, porque los desafíos debían concretarse a partir de lo que continúa siendo un elemento fuerte en la percepción popular: la exigencia de la dignidad, de justicia social, de acceso a los derechos reconocidos en el siglo XX y puestos en cuestión por el capitalismo del siglo XXI.

En la práctica, en los países que se reclamaban del comunismo, todos los grandes levantamientos democráticos trataron de reducir la brecha entre las promesas socialistas y los resultados. Pero desde 1989/91, la gente se vio confrontada a una brecha aún mayor entre las proclamas de "libertad" y "eficacia" del capitalismo globalizado y el desastre social que provocó, acompañado de una "democracia" que ofrecía alternancias sin alternativas.

La apropiación pluralista de los balances del pasado/presente de estos países, por los de "abajo", en función de los ideales de igualdad y democracia que continúan siendo fuertes, forma parte de los retos democráticos en la lucha contra el "sentido de la historia" que quiere imponer la ideología dominante. Esto resulta particularmente importante en el continente europeo.

Necesidad de una crítica específica de la Unión europea.

Una unión monetaria sobre bases capitalistas entre países con nivel de desarrollo heterogéneo y sin contrapeso presupuestario profundiza las desigualdades: es lo que ha ocurrido en la UE.

Contrariamente a lo que se lee a menudo, este pronóstico era compartido incluso en el seno de la Comunidad económica europea (CEE) y hasta en las negociaciones de Maastricht: los "fondos estructurales europeos", que junto a la Política agraria común (PAC) constituye una parte fundamental del presupuesto, fueron introducidos e incrementados para mitigar las desigualdades que se acrecentaban con las primeras ampliaciones (1975, 1980 y a principios de los 1990): implicaban a regiones en las que el PIB por habitante era inferior a 2/3 del PIB medio de la CEE (o/y conocían un fuerte incremento del paro o de sectores en reestructuración). A principios de los años 1990, fueron completados con los "Fondos de cohesión" para los países que situados por debajo del 90 % del PIB medio de la Unión (en aquella época, Grecia, España, Portugal e Irlanda) con el fin facilitar su integración en el espacio monetario y mercantil unificado. Pero hubo cuatro aspectos que relativizaron radicalmente el impacto redistributivo de los fondos estructurales:

  • El papel de los Estados miembros que cogestionaban esos fondos y sus políticas económicas, fiscales y presupuestas tras tu giro neoliberal: el balance indicó una profundización de las desigualdades en el seno de cada país en beneficio de las regiones más ricas.

  • El importe del presupuesto europeo: durante las negociaciones de la "Agenda 2000" que planificaba el presupuesto para 7 años -y bajo la presión del dúo franco-alemán-, el presupuesto fue limitado a un máximo en torno al 1 % del PIB de la Unión, aún cuando para 2004 y 2007 estaba prevista la integración de 10 países de Europa central y oriental (PECO), todos ellos "candidatos" a los fondos europeos. Por lo tanto, la "tarta" presupuestaria europea se comprimió al miso tiempo que las nuevas adhesiones incrementaban las desigualdades;

  • Los criterios para la distribución de esta "tarta" fueron modificados: de entrada, se dotó menos a los nuevos Estados miembros del Este que a los del Sur de Europa; después, para avanzar hacia la "igualdad" de trato, se reforzaron los criterios de eficiencia para la concesión de los fondos, de forma que cuantos más recursos disponían más opciones tenían de recibir ayudas. De ese modo, la brecha se amplió.

  • Por ultimo, la debilidad redistributiva de la "tarta" presupuestaria se vio agravada en ausencia de mecanismos de solidaridad, en los acuerdos de Maastricht, entre Estados de una parte y, de otra, entre el Banco central europeo (BCE) y los Estado en la Unión económica y monetaria (UEM) para hacer frente a la crisis. Estos "criterios" fueron la condición para que Alemania renunciara a su moneda (Deutsche mark), pero todos los partidos dominantes en la UE apoyaron ese "rigor" tras el cual iban a poder ocultarse contra los trabajadores de sus propios países.

En suma, con el "espíritu del liberalismo", la lógica de los "fondos de cohesión" se transformó para convertirse en la de los PIGS (que designan de hecho a los mismos países, solo que Italia remplaza a Irlanda), a los que se les trata con desprecio como países "asistidos". Ahora bien, si el presupuesto europeo no permitió reducir las brechas, esta debilidad no estaba inscrita en los Tratados. Fue producto de la opción adoptada tras la guerra fría: en el período anterior a la unificación alemanda, cuando se trataba de anclar en la Europa capitalista a los países del sur que salían de las dictaduras -contra una variante que dejaba temer al Portugal de la revolución de los claveles…- se adoptó casi un plan-Marshall presupuestario con el incremento de los fondos/1

Desde este punto de vista, los "defectos" de la UEM no son por tanto "errores", sino que se trata de opciones determinadas por el contexto y la relación de fuerzas de la unificación alemana y del giro neo-liberal a favor de las privatizaciones. Estas fueron impuestas en la ex-RDA a través de métodos que inspiraron a los poderes neo-coloniales que hoy actúan en Grecia.

Corresponde a las poblaciones alemanas del Este y el Oeste decir lo que han ganado y perdido; pero las diferencias en los niveles de paro y de vida continúan siendo considerables entre la Alemania "del Este" y el resto de Alemania y la "nostalgia" que expresan no es un lamento de las antiguas prisiones/2. Dicho de otro modo, si bien determinados elementos de la UE son expresión del capitalismo neo-liberal, éstos se inscriben en una historia concreta determinada, sobre todo, por las dos guerras mundiales, después por la guerra fría y las opacas condiciones de lo que fue el período 1989/1991. Pero el giro neoliberal que marca la UE entra en contradicción con las promesas de las políticas redistributivas que fueron atractivas para el sur de Europa. El euro no es la "encarnación" del neoliberalismo: sin él, también se desarrollaron las mismas políticas, incluso en el plano social de la UE. Del mismo modo que, a principios de los años 2000, la lógica general de créditos masivos a tasa de interés inicialmente atractivas (sobre la base de técnicas y contextos monetarios diversos) favorecieron las burbujas inmobiliarias en Estado Unidos (en dólares), en Croacia (sin el euro) y en España con el euro; o como alimentaron, también, el "impacto de la demanda" en los países Bálticos (en esa época sin euro) y en Grecia, con el Euro. Fetichizar el euro deja de lado la multiplicidad de las causas.

Ahora bien, la utilización de euro puede ser criticada de forma específica, en función de las promesas de "convergencia" e incluso del "modelo social europeo" y de la igualdad entre los miembros que se asociaron a la "construcción europea": lejos de consolidar ésta, son las contradicciones de legitimidad de lo que es necesario ampararse para cuestionar los Tratados y las lógicas dominantes a partir de las protestas y desilusiones populares, y plantear la cuestión (general): la moneda y la unión ¿para hacer qué?

Lejos de corresponder aun "proyecto" lineal y cerrado, las negociaciones de Maastricht que pusieron en pie la UE se desarrollaron en el contexto de dos conmociones imprevistas: el de la unificación alemana y cuando una gran especulación hacia saltar por los aires el sistema monetario europeo (SME) basada en la moneda común. Los Acuerdos de 1992 responden de forma básica a varios objetivos: poner fin a la intensa especulación de los mercados sobre las monedas del SME al mismo tiempo que atenuar el papel del dólar: "hacer pasar" las políticas sociales neo-liberales en un continente en el que las resistencias eran aún fuertes: en fin, y para la Francia de Miterrand, insertar a todo precio a la Alemania unificada en un proyecto europeo, en el momento que EE UU ponía el acento en la OTAN. Nada era estable, menos aún establecido de forma democrática. Todos esos proyectos era los de las clases dominantes sobre bases socialmente agresivas e imponían una construcción "política" europea específica. La crisis de 2008-2009 puso al descubierto todos los desequilibrios y fragilidades de la UEM, que habría podido estallar. Las clases dominantes juzgaron que tenían más que perder que ganar. Pero el "federalismo" europeo que se consolidó en la urgencia y del que algunos se congratulan como un "avance" hacia "más Europa" debería ser puesto en cuestión en todas sus dimensiones antidemocráticas e ilegales, incluso desde el punto de vista de los Tratados: la puesta bajo tutela de Grecia como, por otra parte, el rol del Eurogrupo (informal, bajo hegemonía alemana) en la pseudonegociación con el gobierno de Tsipras, ilustra el aumento generalizado de los poderes de organismos no electos y el sentido de las medidas legislativas introducidas en la IE frente a la crisis; éstas limitan la autonomía presupuestaria de los parlamentos, con el objetivo de destruir lo que queda del "modelo social europeo", sin ninguna legitimidad ni legalidad. Las propuestas que se hacen, sobre todo por parte de Hollande, para introducir un "gobierno" de la eurozona (reemplazando al informal "Eurogrupo") no harían más que consolidar el derecho inaceptable del que se dotaría una parte de los miembros de la UE de decidir el futuro del resto, incluso amenazándoles con la exclusión, aunque, de hecho, eso no esté previsto en los Tratados.

En resumen, la UE impone camisas de fuerza para impedir la respuesta a los objetivos regresivos impuestos por arriba. Esto no es reformable sino que debe ser puesto en cuestión. ¿Constituye la salida [del euro] una respuesta? ¿Constituye la experiencia griega el fin -o el principio- de una nueva fase de contestación en el seno de la UE, de sus instituciones y de estas políticas?

¿Es la "salida" la única o la mejor forma para responder a la Unión europea?

Frédéric Lordon o Cédric Durand, como una buena parte de la izquierda de Syriza, martillean que "el euro impide de forma radical cualquier posibilidad de una política progresista"/3.

Por consiguiente, defienden una estrategia de abandonar el euro cuya validez viene confirmada por el fracaso de Syriza. Contra la asfixia y los desequilibrios (reales) que produce una política monetaria única sobre un espacio heterogéneo y no democrático, abogan por recuperar la soberanía de las monedas nacionales y el potencial democrático de los Estados nación. Una parte de quienes comparten este razonamiento, como Jacques Sapir, estima que es preciso ser coherentes y, en ese caso, aceptar construir frentes con la extrema derecha a favor de la salida -más aún cuando el FN ha "cambiado"-. Esta orientación es rechazada por la mayoría de quienes comparten la salida desde la izquierda, como Frédéric Lordon/4. Él, como Cédric Durand y bastantes otros camaradas próximos, defienden un inter-nacionalismo al que me referiré más tarde. Hay que señalar que la sensibilidad "europeísta" empuja a algunos -como a Oscar Lafontaine- a combinar la salida con un SME basado en una moneda común (lo que por otra parte también preconiza Jacques Sapir). La lógica de la salida como "línea general" es la de renunciar a las batallas concretas en la UE, presentando una opción binaria: someterse (permaneciendo en el euro) o abandonar el euro y escamotear las posiciones de lucha en/contra la UE/5.

Ahora bien, la salida como eje de agitación general no puede ser una línea clara: sólo el análisis concreto permite juzgar si una salida es "un plan B", orientado a proteger el desarrollo progresista de las luchas sociales y políticas (como el OXI griego) contra la asfixia del euro-grupo, o si está dominado e impuesto por fuerzas reaccionarias: ¿qué beneficios acarrearía una salida con una mayoría política de derechas? Está claro que todas las resistencias sociales y democráticas a las políticas dominantes estarán en conflicto con los Tratados e instituciones de la UE. Y la experiencia griega confirma que incluso la defensa de derechos elementales implica una confrontación con las fuerzas antagónicas para la que es necesario prepararse. Algo que Syriza no hizo esperando (tratando) encontrar un "buen acuerdo". Tenemos que aprender de ello. Pero la comprensión del carácter real de las "pseudo-negociaciones" no implica una estrategia general de salida ni, por otra parte, de renunciar a una pedagogía de la negociación: hacer públicas las condiciones impuestas por los acreedores y los poderes dominantes constituye, en sí mismo, una "ruptura de las reglas" institucionales y conlleva a modificar la relación de fuerzas.

En un contexto en el que dominan las ideologías neo-liberales, esta posición es análoga a la de la auditoría ciudadana de la deuda pública,. Se trata de poner al descubierto sus mentiras, de apoyarse en los derechos democráticos y sociales contra los intereses privados que se ocultan tras los argumentos de "austeridad" y de disciplina, extender la legitimidad democrática de los electos que portan un programa no solo ante el pueblo que los ha elegido sino, también, en nombre de los retos europeos. Fue lo que empezó a hacer Syriza, y que no concluyó, en la óptica de lo que expresa Yannis Varufakis en el trabajo colectivo "Qué hacer de Europa? Desobedecer para reconstruirla"/6: "En el periodo que precedió a la elección de Tsipras el 25 de enero de 2015, dijimos al mundo: "¡Lo que comienza en Grecia se propagará en Europa!" Tras la capitulación de julio, he llegado a la lógica conclusión de que tras la derrota de Grecia, vencida pero no sumisa, ha llegado el momento de retomar el mensaje de nuestra primavera de Atenas, que ya ha "contaminado" a mucha gente en Europa, y llevarla a todas partes: desde Helsinki a Oporto, desde Belfast a Creta"/7, que es preciso debatirla y precisarla. El "espíritu" del OXI (NO) a la austeridad en nombre de los pueblos europeos no ha muerto. Se trata de apropiarse de la legitimidad democrática contra los poderes no elegidos de la UE y contra la actual guerra social. Por tanto, esta posición se diferencia, radicalmente, de toda sumisión a los diktats del Eurogrupo, pero también de una posición de salida generalizada basada en la tesis de que la misma sería la condición para desarrollar luchas progresistas. Ello implica protegerse de los chantajes del Eurogrupo a través de medidas unilaterales como fue propuesto pero no aplicado (o aplicado demasiado tarde y en condiciones difíciles) en Grecia/8: control de la banca y del movimiento de capitales, preparación de una moneda paralela y, sobre todo, suspensión del pago de la deuda. Las propuestas de "moneda fiscal"/9 que limiten la dependencia hacia el euro y el mercado mundial pueden preparar una concepción alternativa de un sistema monetario europeo en el que la función del euro sería transformada, pero también pueden ser formas provisionales de resistencia.

Redes solidarias que articulen la agricultura, la pequeña producción mercantil, los servicios -como los dispensario autogestionados en la saludad o la educación-, a diversos niveles territoriales, deberían insertarse en redes solidarias con medios de financiación y de distribución ad hoc: apoyados por redes europeas pueden integrarse, en Grecia o en otros países, en una estrategia de resistencia a distintos niveles (frente): contra las presiones externas del Eurogrupo y del mercado mundial, contra la oligarquía interior y sus fuerzas armadas y contra los racismos (excluyentes, como el de Amanecer Dorado) y en solidaridad con los "no griegos".

Se pueden debatir y preparar legítimamente estrategias comunes en los países "periféricos" más vulnerables. Si bien es preciso denunciar la dominación del "dúo franco-alemán" y todos los comportamientos y relaciones de dominación en la "construcción europea", la presentación de los retos en términos periferia/centro (o de "neo-colonialismo") expresa experiencias vividas, pero no resulta totalmente adecuada para rendir cuenta de las aspiraciones populares, manifiestamente más complejas que "el rechazo del euro" y, yendo más allá, para tomas en cuenta y combatir el fundamento del proyecto "ordoliberal".

Llama la atención que en la búsqueda de una estrategia para las "periferias", la izquierda radical esté confrontada a la doble aspiración de la población griega (o de otras "periferias", como Portugal) de estar en el euro pero no aceptar las políticas dominantes. ¿Estamos ante la "alienación" de los dominados? ¿Falta de "pedagogía" de los partidarios de la salida? ¿Miedo irracional a lo "desconocido" de la salida? O, más bien, percepción popular de dos ideas fuertes: la primera, que reservar el euro a los países más ricos conlleva a una construcción profundamente desigual, con el riesgo de convertir en más "periféricos" aún a quienes están excluidos o se ven obligados de salir. Dicho de otro modo, mantenerse en el euro implica también una exigencia de igualdad. La segunda, que ninguna moneda del mundo ha impedido nunca una diversidad de políticas posibles, incluso de cambios de sistema. ¿Por qué, entonces, sería imposible luchar a favor de otra política con el Euro? Y ¿quienes son las periferias según la ecuación "centro/periferia"? ¿Sería necesaria una estrategia específica de salida para las "periferias"? El Estado español pesa mucho más que Grecia. ¿Dónde situar a Italia? Y las estrategias de resistencias en los países del sur de Europa… ¿deben tratar de integrar o no a las poblaciones de los países del "centro", digamos, del "corazón histórico" de la CEE? Por consiguiente, ¿Cuál es la responsabilidad de la izquierda real en Alemania y en Francia? ¿Preconizar la recuperación de "nuestra" soberanía y "nuestra moneda", o denunciar el trato infligido a Grecia señalando en qué son comunes a todas las poblaciones de la UE los retos (democráticos y sociales)?

La lectura "anticolonial" que estigmatiza Alemania, si bien refleja la posición dominante alemana y el comportamiento de sus dirigentes en el seno del Eurogrupo es problemática en dos sentidos: por una parte, no ve la convergencia de intereses compartidos de los dirigentes alemanes con las clases dominantes de los países de la Unión, incluido el de la "periferia" y, notoriamente, la oligarquía griega; por otra, una óptima semejante empuja a difuminar los conflictos de clase en Grecia en beneficio de una "alianza nacional" que se diría "anti-colonial". También olvida que la guerra social impulsada por las instituciones de la UE (con o sin euro y a escala del capitalismo mundial) tiene como objetivo imponer la destrucción de las últimas protecciones sociales en los países del centro: las instituciones y los procesos de privatización impuestos, sobre todo por los dirigentes alemanes del Eurogrupo a Grecia, fueron impuestos también… a la población de Alemania de Este/10; la guerra social vivida en Grecia fue impuesta, bajo formas específicas, al conjunto de trabajadores y trabajadoras alemanes, con las leyes Hartz y la degradación de los salarios bajo la presión de las deslocalizaciones. Yannis Varufakis estimó que el verdadero objetivo del Dr. Schauble a la hora de infligir una derrota a Syriza era de hecho el Estado de bienestar francés, ahora bien, ¿no era, de entrada, la política de austeridad para la propia Alemania?

Cuando todas las izquierdas europeas están confrontadas a un contexto sin precedentes y nadie tiene un "modelo" llave en mano, no se trata de dar lecciones. Pero no parece que sea más seguro, "más simple" y. sobre todo más, claro y movilizador, poner el acento en las monedas nacionales que luchar a favor de otras relaciones humanas y sociales, desde Alemania a Grecia, pasando por Eslovenia o Polonia, protegidas de la globalización capitalista por una Unión europea a refundar.

El reto estratégico, democrático-internacionalista europeo

Más allá de la crítica de la UE, distintos análisis de la izquierda estiman que la derrota de Syriza debería marcar el fin de las "ilusiones" no solo europeístas "ingenuas" (lo que resulta deseable…) sino las "altereuropeistas": Fréderic Lordon fustiga estas últimas y pone en cuestión su internacionalismo/11. Al igual que él, Cédric Durand, Razmig Keucheyan y Stathis Kouvelakis estiman acotar la "verdadera naturaleza del internacionalismo"/12 poniendo en cuestión el "europeísmo". Analizan (con razón) la forma como el capital reconfigura el espacio en su provecho: "el internacionalismo de las clases dominantes" se desplegaría actualmente contra el Estado-nación. Así pues, el verdadero internacionalismo de las y los dominados consistiría en romper los caparazones internacionales de clase y resituarse de nuevo en los Estados-nación para luchar: su contenido ha de poder ser compartido sin límites de territorios específicos, a nivel internacional. "Europa ni es ni una entidad coherente en el terreno económico (la crisis lo ha demostrado), y mucho menos aún un espacio culturalmente homogéneo. (…) Romper con Europa para salir de la pesadilla neoliberal: puede que sea el verdadero internacionalismo" dicen.

Dicho de otro modo, sería necesario retomar la antorcha de las luchas nacionales (contra la extrema-derecha) insertándose directamente en las luchas internacionalistas sin puntos de conexión específicos europeos.

Sin poder desarrollarlo, vamos a plantear algunas objeciones a estos análisis partiendo de los puntos de acuerdo que las polémicas oscurecen: nadie plantea poner en paréntesis las luchas nacionales. Es justo no dejar a la extrema-derecha la crítica radical de los Tratados europeos y de las prácticas neo-coloniales de las instituciones no electas. Del mismo modo, la Europa que queremos no tiene sentido más que si reconoce la soberanía y la igualdad de los puebles. Pero esto no es suficiente para aclarar los problemas. Además del hecho de que la diversidad cultural y lingüística) no constituye ningún obstáculo para la emergencia de comunidades políticas multinacionales que compartan intereses comunes, cuando el capital se internacionaliza de forma efectiva, no resulta convincente no tratar de organizar contrapoderes y resistencias a los diferentes niveles en los que se ejerce su poder de decisión.

Ahora bien, lejos de "saltar" por encima de los Estados-nación, la multinacionales y el capital europeo articulan su poder de decisión de lo nacional a lo internacional pasando por el europeo. No se pueden despreciar los grandes retos estratégicos para los que el "nivel" político europeo resulta fundamental: del TTIP a la crisis climática, pasando por los grandes conflictos mundiales. Pero de entrada, y sobre todo, el hecho que resistir a la globalización financiera y competencial sería en realidad "más fácil" apropiándose del nivel europeo. El "altereuropeismo" no es un "internacionalismo abstracto" (que fetichizaría positivamente el euro) opuesto a las luchas en el ámbito nacional y que detendría sus solidaridades en las fronteras de la UE: su objetivo es hacer más eficaces y coherentes tanto las luchas nacionales como las planetarias (orgánicamente dependientes actualmente), pesando en un ámbito intermedio "significativo". Sobre todo es a ese nivel que se puede y se debe luchar por el reconocimiento de la igualdad de los pueblos y de su derecho a la autodeterminación; contra todas las grandes potencias y la UE en particular. Sea en las opciones europeas o en las negociaciones internacionales, los dirigentes de los Estados tienen poderes y responsabilidades; y, por ello, deberían estar bajo control en el ámbito nacional y europeo, poniendo en cuestión su funcionamiento y el papel de los parlamentos. Resulta imposible prever los escenarios de "crisis" europea, su "detonante".

Pero estas crisis se darán seguramente por nuevas generaciones, más vinculadas a una libre circulación europea en la diversidad de lenguas y culturas, alimentadas por el espíritu de las contestaciones "indignadas" y criticando la falta de sustancia de la democracia representativa. Esto es cierto a nivel europeo y, también, a nivel nacional. La renuncia a una lucha europea se basa en una visión empobrecida de la "construcción europea", tratada de forma "lineal", sometida a las opciones del imperialismo estadounidense y portadora de un "proyecto" coherente, sin contradicciones: es pasar por alto la realidad de los conflictos de orientación que han opuesto a las potencias dominantes en cada fase del paso y en el presente, sea sobre la concepción de las relaciones con la URSS (y hoy en día con la Rusia de Putin y con China), de las relaciones con la OTAN y con EE UU, o, incluso, de la concepción del papel de los Estados, de las monedas y del mercado; es decir de las instituciones europeas/13.

Hacer frente a la Unión europea en un espacio púbico europeo

Es necesario admitir que las posiciones/situaciones y las diferentes sensibilidades en torno a la cuestión de la adhesión o no a la UE y de salir o de permanecer en su seno constituyen un elemento del actual contexto. Las fuerzas dominantes en la UE tienen sus propios criterios de adhesión, ampliamente arbitrarios. Desde el seno de la UE deberíamos criticar tanto esos criterios como cualquier veto a la integración en la Unión en función de la cultura o de la pobreza.

La UE impone sus normas a los países limítrofes (entre UE y Rusia), como a Ucrania/14 (o a los del otro lado del Mediterráneo) bajo la forma de "acuerdos de libre comercio amplio y detallado" (sic!) socialmente destructores, sin reconocer siquiera los derechos reconocidos a los ya miembros. Por tanto, es comprensible que la adhesión sea entonces atractiva, más aún cuando las fuerzas más hostiles a la UE son profundamente xenófobas y/o ultraliberales (contra "el buró político" de Bruselas) y denuncian las legislaciones europeas como demasiado "protectoras". La adhesión a la Unión debe ser un derecho democrático (contra toda lógica de veto basada en la cultura o la pobreza) y reversible. La elección es difícil. Es necesario valorar las condiciones menos malas para resistir a las políticas de austeridad dominantes/15. Resulta urgente desplegar un espacio político europeo que no esté preso de las fronteras artificiales y de las instituciones de la eurozona, incluso de la UE/16. El mismo debería estimular la emergencia de contra-poderes en relación a la UE y a todo poder Estatal o internacional; ser un espacio de elaboración pluralista de salidas hacia otra Europa, en defensa de los derechos democráticos y sociales, contra todas las xenofobias, y que ponga en cuestión el funcionamiento de la UE y de sus relaciones internacionales.

Se podrían compartir y "europeizar" las iniciativas nacionales más populares: desde las grandes "mareas" (movilizaciones coloreadas según los temas, sanidad, educación, etc.) del Estado español, a las resistencias contra los créditos tóxicos de los bancos y contra los desahucios, con el eslogan: "un techo es un derecho", pasando por la organización de "asambleas ciudadanas" que elaboren reivindicaciones comunes, como en la primavera de 2014 en Bosnia. Las "Marchas" europeas han comenzado a organizarse y podrían tomar amplitud. Seria necesario y urgente apoyar la demanda formulada por Alexis Tsipras de una conferencia europea sobre la deuda y organizarla de forma autónoma, difundiendo los trabajos del Comité para la verdad sobre la deuda pública griega, denunciado los derechos y los bienes comunes malvendidos a los intereses oligárquicos griegos, alemanes o franceses. Es fundamental el trabajo sindical y político-asociativo para poner en común y desarrollar acciones transnacionales/17. Es la legitimidad y la popularidad de las luchas enraizadas localmente, popularizadas y extendidas, lo que permitirá sentar las bases para las grandes transformaciones democráticos, cuyo escenario es imprevisible, en la perspectiva de otra Europa y a favor de otro mundo.

8/01/2016

Catherine Samary es investigadora en el campo de la economía, profesora jubilada de la universidad París-Dauphine. Además de numerosos artículos publicados en Le Monde Diplomatique, Contretemps, Inprecor o en Europe solidarires san frontières (ESSF), es autora de Yougoslavie : de la décomposition aux enjeux européens (Editions du Cygne, 2007) y de Le marché contre l’autogestion : l’expérience yougoslave (Publisud, 1991).

http://www.contretemps.eu/interventions/construire-lespace-politique-europ%C3%A9en-danshorscontre-lunion-europ%C3%A9enne-en-d%C3%A9fense-comm

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/ Cf. "Du court siècle soviétique à la Russie de Poutine".

2/ Leer al respecto http://www.theguardian.com/commentisfree/2009/nov/08/1989-berlin-wall

3/ Cf. "La gauche et l’euro, liquider, reconstruiré" en http://blog.mondediplo.net/2015-07-18-La-gauche-et-l-euro-liquider-reconstruire

4/ Esta orientación también es rechazada por F. Lordon que critica Jacques Sapir al respecto: http://blog.mondediplo.net/2015-08-26-Clarte?debut_forums=100. Jean-Marie-Harribey discute las dos perspectivas: "Cette obscure clarté qui tombe des étoiles, difficile d’y voir clair... " http://alternatives-economiques.fr/blogs/harribey/2015/08/30/

5/ Cf. Cédric Durand, "La fin de l’Europe". El término Europa ahí es confuso. Utilizándolo el texto mezcla el fin de las visiones eufóricas en relación a la UE con el fin de la propia UE (mientras que el "cesarismo" patituerto que él describe tiene tendencia a consolidarse). No tiniendo en cuenta los proyectos orientados a poner en crisis la UE para refundar Europa, el autor considera que es preciso "acabar con Europa".

6/ Cf. el libro colectivo d’Attac / Copernic : Que faire de l’Europe ? Désobéir pour reconstruire.

7/ Entrevista a Yanis Varoufakis: http://www.anti-k.org/2015/09/19/exclusif-yanis-varoufakis-la-grece-a-ete-vaincue-mais-pas-soumise/[/fn].

Telle est la conviction de cette contribution Elle prolonge le texte produit en août : « Contre la consolidation néo-coloniale de l’euro-groupe... ».

8/ Ver "Grèce : des propositions alternatives à la capitulation des autorités face à l’Eurogroupe"

9/ Cf. sobre el "balón de oxigeno del euro-dracma" en http://www.liberation.fr/monde/2015/03/15/l-euro-drachme-ballon-d-oxygene-pour-la-grece_1221089

10/ Cf. nota 2.

11/ Cf. « Leçons de Grèce... (en vue d’un internationalisme réel) »http://blog.mondediplo.net/2015-04-06-Lecons-de-Grece-a-l-usage-d-un-internationalisme ou encore le texte cité en note 6.

12/ Cf. con ese título: http://www.liberation.fr/politiques/2014/04/23/la-vraie-nature-de-l-internationalisme_1003162.

13/ Cf. E. Balibar : http://www.monde-diplomatique.fr/2014/03/BALIBAR/50208. Ver también al respecto, Cédric Durand : "En finir avec l’UE, pas avec l’Europe".

14/ Leer "la société ukrainienne entre ses oligarques et sa troïka", https://france.attac.org/nos-publications/les-possibles/numero-2-hiver-2013-2014/dossier-europe/article/la-societe-ukrainienne-entre-ses.

15/ Cf. el llamaimento al "AustérExit" europeo http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35786

16/ Ya han existido varias iniciativas en ese sentido. Especialmente l’Altersummit, http://www.altersummit.eu/?lang=fr con su proyecto de "Manifiesto de los pueblos", y la red europea Blocupy contra el BCE

17/ Cf. http://www.sudptt.org/spip.php?article98298 el llamamiento a una reunión internacional en Pozan en octubre de 2015. Ver también las experiencias de 2012: http://www.humanite.fr/attac/le-reseau-des-attac-d-europe-solidaire-de-la-greve-generale-transnationale-du-14-novembre-5085.



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