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Tecnologías de emisiones negativas (TEN)
Nuevo espejismo, nuevas amenazas
27/01/2016 | Daniel Tanuro

Actualmente se da la siguiente paradoja: la peligrosidad del cambio climático se concreta más rápido de lo previsto por los modelos, pero las estimaciones de los especialistas alejan el año en el que las emisiones mundiales de gas invernadero deben comenzar a disminuir para quedarse por debajo de los 2ºC de recalentamiento, dando la impresión de que el riesgo ha sido sobredimensionado, de que todas las soluciones para evitar una catástrofe permanecen abiertas y que permanecerán así por un cierto tiempo.

La paradoja del pico

He aquí la paradoja del pico. Para no sobrepasar los 2ºC de recalentamiento en relación al siglo XVIII, el cuarto informe del GIEC (2007) consideraba que el pico de las emisiones debería producirse entre 2000 y 2015 como fechas límite. El quinto informe (2013, GT3), daba algunas indicaciones algo diferentes por regiones: 2010 en los países de la OCDE, 2014 en los estados del antiguo bloque del Este, 2015 en América Latina, 2020 en África, en Asia y en Oriente Medio. En particular este quinto informe parece que da menos importancia que el precedente al año del pico. La misma impresión se desprende de la lectura de la síntesis sobre los planes climáticos de los gobiernos del planeta (las INDC, Intended Nationally Determined Contributions), que redactó un grupo de expertos constituido en la Cumbre de Durban (2011), dirigida a los negociadores de la COP21: este documento menciona la posibilidad de quedar debajo de los 2ºC incluso si las emisiones mundiales solo culminan en 2020, 2025 o en 2030 /1.

La explicación de la paradoja es la siguiente: las proyecciones (sobre todo, la del año del pico) se realizan con ayuda de escenarios que se introducen en los modelos climáticos. Estos escenarios incluyen diferentes hipótesis socio-económicas pero también tecnológicas: reforestación, desarrollo de las energías renovables, de la nuclear, de la captura y almacenamiento del carbono, etc. Ahora bien, entre el cuarto y quinto informe del GIEC, los equipos de investigación que elaboran los escenarios han decidido por mayoría añadir una novedad: las tecnologías de emisiones negativas (TEN), en otras palabras, sistemas capaces de retirar el CO2 de la atmósfera. Sobre el papel, esto permitiría sobrepasar el carbón budget (presupuesto de carbono) /2 en los próximos 20-30 años, debido a que esta superación sería compensada más tarde, entre 2050 y 2100. En consecuencia, el año del pico puede retrasarse.

Aviso sobre la magnitud del desafío

Si se queman combustibles fósiles, se libera CO2, y se habla de emisiones positivas. Si se queman combustibles fósiles pero se captura el CO2 y se inyecta bajo tierra para almacenarlo en las capas profundas, podemos esperar reducir más o menos estas emisiones (pero no se pueden suprimir completamente: por una parte, hay alrededor del 10% de fugas; por otra parte, la inyección consume no poca energía y la que se usa hoy es fósil en más de un 80%). Si se sustituyen las energías fósiles por la energía eólica o solar (o por la nuclear) casi no hay emisiones a nivel de los generadores, pero hay que tener en cuenta los combustibles fósiles quemados en los otros niveles de lo que se llama el “ciclo de vida” de los productos. En el caso de la nuclear, especialmente, la extracción del combustible, el refinado, la construcción de las centrales, su desmantelamiento, etc. son operaciones energívoras y muy emisoras de CO2

Se imaginar un mundo donde la energía sea 100% de origen renovable –incluyendo la energía necesaria para la producción de los aerogeneradores y los paneles solares– y concluir que en ese mundo, las emisiones antrópicas de gas invernadero podrían ser (casi) nulas. Pero eso es obviar los obstáculos. Concretamente, teniendo en cuenta el hecho de que la transición se hace a partir del sistema energético existente que está dominado ampliamente por las energías fósiles, alcanzar el objetivo “cero emisiones” (se dice también “la neutralidad en carbono”) mucho antes de fin de siglo representa un enorme desafío. Sin embargo, es posible que este objetivo no sea suficiente: el cuarto informe del GIEC decía ya que quedarse por debajo de los 2ºC de recalentamiento podría necesitar emisiones negativas hacia finales de siglo, es decir, una situación en la que las actividades humanas absorban más CO2 que el que emiten. La probabilidad de tener que llegar ahí aún es más grande actualmente, sobre todo si no se quieren sobrepasar los 1,5ºC en relación a la era preindustrial.

La hipótesis ecosocialista

En El imposible capitalismo verde /3, defendí la idea de que si se piensa concretamente en la transición, el reto climático no puede ser aceptado sin poner en cuestión el crecimiento material, sobre todo, el crecimiento muy “energívoro” en la transformación y transporte de las materias. Recuerdo brevemente el razonamiento:

- puesto que hay que reemplazar completamente a corto plazo (antes de la obsolescencia técnica) el sistema energético existente por un sistema totalmente nuevo, basado en las renovables cuyas características son muy diferentes;

- puesto que la producción de elementos técnicos de este nuevo sistema consume más energía que el funcionamiento “como siempre” del sistema existente;

- puesto que esta energía, al comienzo de la transición, es fósil en más del 80%;

- necesariamente resulta que la transición como tal necesita un aumento de energía que entraña un aumento de las emisiones y que este tiene que ser compensado de alguna forma; sin esta compensación la reducción absoluta de las emisiones no es posible.

Esta compensación se puede hacer mediante el aumento de la reducción de las emisiones provenientes de la combustión de los combustibles fósiles o/y el aumento de la absorción del gas de efecto invernadero a nivel de los ecosistemas. La primera opción necesita suprimir las producciones inútiles o nocivas, suprimir los transportes inútiles, aumentar radicalmente la duración de los productos y la eficiencia de los procesos (rechazando la dictadura del beneficio). La segunda implica abandonar rápidamente el agronegocio en provecho de una agroecología campesina más intensiva en mano de obra, que coloca los productos en cadenas de distribución cortas y utiliza la tierra razonablemente favoreciendo la máxima incorporación del carbono. Esta racionalidad implica especialmente la vuelta a los suelos de restos orgánicos, que tendrá como efecto colateral positivo la supresión progresiva de los abonos sintéticos, cuya producción consume mucha energía y que son fuente de gas invernadero.

Las dificultades técnicas son considerables pero el problema es sobre todo socio-económico, por tanto, político: ¿cómo hacer deseable la transición para la mayoría de la población? A mí me parece que solo es posible recurriendo a un conjunto de medidas anticapitalistas: reducción radical del tiempo de trabajo sin pérdida de salario, reconversión colectiva con el mantenimiento de sus conquistas sociales de la clase trabajadora de los sectores condenados, una profunda redistribución de la riqueza, la extensión del sector público bajo control de agentes y usuarios, expropiación sin indemnización ni recompra de los sectores de la energía y la banca, la abolición de régimen de las patentes, etc. En efecto, estas medidas son indispensables para que la reducción de la producción material no sea sinónimo de paro y de la degradación de las condiciones de vida, sino que, por el contario, sirvan para vivir mejor y repartir del trabajo. Todo eso implica un cambio de los valores, una profunda redefinición de la riqueza humana, o sea, una revolución social en el sentido verdadero del término.

... y la alternativa de la tecnoestructura capitalista

Esta estrategia de salida de la crisis climática no encuentra hoy mucho eco a nivel de la comunidad científica... Siendo tan grande la urgencia, ¿por qué perder el tiempo en discusiones ideológicas que hacen el consenso imposible y paralizan la acción imprescindible? Esto es lo que se oye cuando se suscita la cuestión. Para la gran mayoría de investigadores que trabajan en escenarios de estabilización del clima, imaginar tecnologías que retiran CO2 de la atmósfera es más simple, más concreto, más inmediato y menos utópico que imaginar un cambio de paradigma socio-económico. Estas TEN parecen más “razonables” y duraderas que otras soluciones de geoingeniería como la inyección en la atmósfera de partículas de azufre para enfriar el clima reflejando los rayos de sol /4.

De hecho, la “ventaja” de las tecnologías de emisiones negativas es dar una imagen de solución estructural insertándose completamente en la tendencia al crecimiento de la tecnoestructura capitalista. Gracias a las emisiones negativas, el delicado problema citado más arriba, el de la compensación del aumento de emisiones debido a la transición, es rechazado. Una cosa parece segura: retirar el CO2 de la atmósfera permite suavizar las obligaciones de reducción de emisiones y ganar tiempo. La obligación sería menos fuerte y podría escalonarse en el tiempo hasta que las TEN fueran más eficaces. Por tanto, sin necesidad de suprimir ninguna producción, de atacar el agronegocio, de contestar la visión capitalista del mundo y otras ensoñaciones románticas... En fin, las TEN son como el huevo de Colón, basta con pensar en él...

Panorama parcial de las TEN

Una serie de investigadores se han enganchado al estudio de las TEN. El sector de las energías fósiles y los sectores asociados a estas (el automóvil, por ejemplo) se interesan en estas investigaciones y contribuyen a financiarlas porque esto les permitiría quemar más combustibles fósiles. He aquí una rápida panorámica de los principales proyectos. Varios de ellos son muy especulativos y la mayoría recurren a la captura y almacenamiento geológico del CO2 (una tecnología cuya viabilidad y fiabilidad a largo plazo son ampliamente especulativas). Me baso principalmente, en un seminario internacional sobre las TEN organizado hace algún tiempo en la Universidad de Stanford y sobre una nota de estudio del Imperial College Británico /5. Se verá que los científicos que excluyen las soluciones anticapitalistas por “realismo” son probablemente... bastante poco realistas.

Los árboles artificiales. Se les llama así porque captan el CO2 del aire y sin duda también para darles una imagen “verde”. Esta imagen no se corresponde con la realidad, pues el CO2 captado sobre una resina especial no se transforma en materia orgánica como las plantas verdes lo hacen. Una vez saturada la resina se debe lavar con agua para “despegarle” el CO2. A continuación, este es comprimido e inyectado en capas geológicas (por tanto, es necesario que los “arboles” estén conectados a una red de canalizaciones). La resina puede ser reutilizada pero su lavado requiere grandes cantidades de agua y el almacenamiento geológico consume grandes cantidades de energía. Retirar por este procedimiento 1ppmv [parte por millón en volumen] de CO2 (o sea, 7,8 Gigatoneladas) necesitarían desplegar globalmente 21,7 millones de aparatos (con una superficie de captación de 500 m2 cada uno) que consumirían alrededor de un 2% de la producción energética mundial.

La reacción cal-sosa. La idea es la misma que la de los árboles artificiales, pero aquí el CO2 es captado por la reacción con la sosa cáustica en las torres de lavado y después aislado por una sucesión de otras tres reacciones químicas en las que interviene la cal. El proceso produce carbonato de calcio que después se calcina y produce, por una parte, sosa cáustica (que vuelve en la depuradora) y ,por otra parte, CO2 que hay que comprimir y almacenar geológicamente. El consumo de energía es importante no solo por el almacenamiento sino también por la calcinación que se hace a 900ºC. Serían necesarias 1 300 depuradoras de 130 metros de diámetro y 120 metros de alto para retirar anualmente 0,36 Gigatoneladas de CO2 de la atmósfera (una centésima parte de las emisiones mundiales). Se necesitarían 2000 depuradoras para reducir un 10% de las emisiones de Gran Bretaña.

La calcificación de los oceános. El CO2 se disuelve espontáneamente en el agua y la acidifica. Aquí la idea es echar cal a los océanos: debería reaccionar con el CO2 disuelto para formar carbonato de calcio (compuesto principal de la caliza) que precipitaría en los fondos oceánicos. De golpe, al disminuir la acidez, una cantidad equivalente de CO2 atmosférico podría disolverse en el océano. La técnica se basa en parte en las mismas reacciones químicas que la precedente pero aquí, el carbonato de calcio no debe ser calcinado para separar el CO2 y el gas no debe ser comprimido para el almacenamiento. Por contra, hay que producir la cal y transportarla al mar abierto. En teoría, el potencial sería importante pero nadie tiene la menor idea del impacto sobre los ecosistemas marinos. Otro pequeño problema: para tener un efecto significativo a nivel mundial, sería necesario producir grandes cantidades de cal y doblar el número de barcos disponibles para estar en condiciones de dispersarla en medio del océano...

La producción de biochar. Cuando se quema la biomasa en una atmósfera pobre en oxígeno (pirolisis) se obtienen, por una parte, un líquido y un gas que pueden ser usados como combustibles y ,por otra, un producto sólido que se llama biochar (carbón vegetal) y contiene mucho carbono. La idea es utilizar este biochar para enriquecer los suelos, incluso enterrarlo con la esperanza de que el carbono no será liberado pero la incertidumbre es grande en los dos niveles. Pese a las proyecciones entusiastas de algunos de sus partidarios, esta tecnología no parece tener un gran potencial de emisiones negativas. Además puede ser la mejor para realizarla a escala local, a una escala relativamente modesta, lo que la convierte en relativamente poco interesante desde el punto de vista capitalista.

La bioenergía con captura de carbono y almacenamiento (BECCS): en lugar de quemar combustibles fósiles, se quema biomasa, se capta el CO2 a la salida de las instalaciones y se almacena geológicamente. Para evitar cualquier interrupción del suministro de energía, hay que garantizar una producción continúa de biomasa. De la misma forma que las plantas verdes pueden captar el CO2 del aire, se puede esperar, al cabo del tiempo, en llegar a disminuir la concentración atmosférica de este gas. Desde el punto de vista capitalista, la ventaja en relación a las otras tecnologías es que aquí se produce una mercancía: la corriente eléctrica para venderla a las redes. En relación al biochar, la ventaja es la producción a gran escala. A corto plazo, para los adeptos a las emisiones negativas, la BECCS es la solución por excelencia. El potencial técnico mundial giraría alrededor de las 10 Gigatoneladast de carbono al año de aquí a 2050 con un potencial económico de 3 Gigatoneladast/año. Como las emisiones mundiales son un poco superiores a 35 Gigatoneladast/año y debería ser reducidas a menos del 50% de aquí a 2050, la contribución de la BECCS no sería despreciable, puesto que los especialistas apuestan por un desarrollo de la tecnología con el tiempo...

¡Extraño “realismo”!

Volvamos ahora a los escenarios introducidos en los modelos climáticos. Es Kevin Anderson quien enciende la mecha. El director del Tyndall Center on Climate Change Researche revela que el 95% de los escenarios que componen la base de datos del GIEC suponen un despliegue masivo de las tecnologias de emisiones negativas, especialmente, de la BECCS. Solamente seis escenarios no se integran en esta hipótesis y, en estos escenarios, el pico de las emisiones debería haber sido en... 2010 /6. Así pues, está clara la explicación de la paradoja mencionada al comienzo de este artículo. Precisemos que, además de la BECCS, la mayoría de estos escenarios suponen también la energía nuclear y la captura-almacenamiento del CO2 proveniente de la combustión de combustibles fósiles. Estas tecnologías de aprendiz de brujo dibujan la verdadera cara del “capitalismo verde”. Para evaluar la magnitud del llamado “realismo” que hace las investigaciones de las TEN más atractivas que la reflexión sobre las alternativas de la sociedad, hay que decir al menos una palabra de la posible peligrosidad de la BECCS. La principal amenaza se refiere a la competencia en el uso del suelo y las reservas de agua. Según un reciente estudio, retirar de la atmósfera 3 Gigatoneladas de carbono por año necesitaría establecer plantaciones industriales en superficies considerables, equivalentes a 7,25% de la superficie agrícola total (del 25 a 46% de la superficie agrícola cultivada de forma permanente). El proyecto implicaría también aumentar la extracción de agua un 3%. Si las plantaciones se hicieran sobre superficies no regadas, habría que aumentar la superficie un 40% para alcanzar el objetivo de las 3 Gigatoneladas/año /7...

La BECCS ilustra de nuevo la propensión del capitalismo a posponer los problemas medioambientales para las generaciones futuras. Los riesgos son grandes a varios niveles: para la biodiversidad (las plantaciones industriales no son bosques, sino desiertos verdes); para los pueblos indígenas y las comunidades rurales en general, amenazadas con nuevas pérdidas de su posesión de la tierra; para las personas asalariadas y pobres porque la competencia entre los cultivos energéticos y los cultivos de alimentos elevará el precio de estos últimos; para las mujeres que aseguran el 80% de la producción de subsistencia... El hecho de utilizar los residuos forestales o domésticos como recurso no es una solución pues esto aumenta la dependencia de los suelos de los abonos químicos. En realidad, un verdadero desarrollo sostenible necesita que los residuos vuelvan al suelo que los produjo como Barry Commoner recomendaba hace varios decenios y Liebig (seguido de Marx) hace 150 años.

A pesar de todo, que no cunda el pánico

Se podrían hacer muchos comentarios a partir de la situación que ocupan las TEN. A propósito de la “neutralidad” de la investigación científica, de la fiabilidad del GIEC, de lo no dicho del acuerdo de París, de la enorme capacidad de hacer daño de los lobbys energéticos y del cinismo de los gobiernos. Volveré sobre esto en otras contribuciones. Para concluir este artículo quisiera proponer un comentario y una reflexión estratégica relativos al rápido agotamiento del carbon budget (presupuesto carbono) 2ºC (y ya en el momento presente, el rebasamiento efectivo del carbon budget 1,5ºC).

La investigación científica sobre la “reducción” del cambio climático está sesgada por las hipótesis incluidas en los escenarios, por lo que los equipos de investigadores consideran factible o no a partir de opciones ideológicas. Kevin Anderson lo explica claramente en el texto ya citado: las TEN son “altamente especulativas”, es necesario un cambio de paradigma socio-económico, el desafío del cambio climático no puede afrontarse en el marco del sistema actual, es necesaria una ruptura de tipo “revolucionario”. Sin embargo, según mis datos, ningún investigador ha tenido todavía la buena idea de apoyarse en esta importante observación de método para elaborar un (o unos) escenario(s) alternativo(s) que incluyan todos o parte de los elementos de ruptura anticapitalistas mencionados más arriba. Quien sabe: ¿quizás esta constatación dará ideas a alguien?

Sea como sea, no debemos caer en el pánico, en el desánimo o en el cinismo. El hecho de que los modelos climáticos actuales digan que no es posible quedarnos debajo de los 2ºC (y aún menos debajo de 1,5ºC) de recalentamiento sin energíanuclear, sin captura-almacenamiento y sin despliegue masivo de las TEN, no quiere decir que sea imposible. Únicamente quiere decir que es imposible en el marco de los modelos climáticos actuales. Pero todos ellos se basan en el paradigma capitalista por tanto, en el crecimiento, la competencia, el beneficio, etc. Como dice el informe del GIEC, “los modelos toman la economía (sic) como base de la toma de decisiones (…). En ese sentido, tienden a descripciones de futuro que son normativas y focalizadas en la economía (sic). Los modelos suponen típicamente mercados que funcionan plenamente y un comportamiento de mercado competitivo”.

Fuera de la lucha, no hay salvación

Con seguridad solamente se puede decir lo siguiente: en el marco del capitalismo, el carbon budget (presupuesto carbono) para no alcanzar 1,5ºC de subida de la temperatura ya se ha sobrepasado y lo mismo con el carbon budget 2ºC (salvo, quizá, si se recurre masivamente a las TEN). Con la misma certeza se puede decir que la manera como los dirigentes capitalistas contemplan gestionar esta situación será fuente de nuevas destrucciones sociales y ecológicas y que la barbarie nos amenaza. Queda, más que nunca, el campo de las luchas. La lucha contra los grandes trabajos de infraestructuras al servicio de las energías fósiles. La lucha contra los proyectos extractivistas de las compañías de las energías fósiles y contra el desarrollo de la energía nuclear. La lucha contra los proyectos BECCS y los mecanismos de “compensación forestal” como la REDD+, etc. La lucha contra el paro mediante la ampliación del sector público al servicio de la causa climática. La lucha por una agricultura campesina orgánica de proximidad que retira el CO2 del aire produciendo alimentos de calidad para todos y todas. Sin olvidar la lucha por la paz, que las grandes asociaciones ecologistas no menciona jamás a pesar de que la producción de armas y su uso son una fuente importante de emisión directa e indirecta de gas invernadero.

No quiero decir que tendremos tiempo y que será fácil. Nos queda muy poco tiempo y el realismo verdadero obliga, desgraciadamente, a constatar que la revolución ecosocialista mundial no va a estallar pronto, de forma que todo es increíblemente difícil. Pero las dificultades solo pueden ser superadas por la acción colectiva, por los debates, las convergencias, las tensiones y los enfrentamientos que la acción suscitará incluso en el campo de las personas explotadas y oprimidas. Never give up, never surrender [Nunca abandonar, nunca rendirse]

11/01/2016

http://www.contretemps.eu/interventions/apr%C3%A8s-cop21-%C2%AB-technologies-%C3%A9missions-n%C3%A9gatives-%C2%BB-nouveau-mirage-nouvelles-menaces

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/ UNFCCC, Durban Platform for Enhanced Action, “Synthesis report on the aggregate effect of the intended nationally determined contributions”.

2/ Se denomina carbon budget X ºC a la cantidad de gas de efecto invernadero (expresado en CO2 equivalente) que puede ser emitido todavía a la atmósfera y tener todavía una determinada probabilidad de mantener el calentamiento global por debajo de X ºC. Para el periodo 2011-2100, un aumento de 2 ºC y una probabilidad del 66%, el GIEC lo estima en 1000 Gigatoneladas. Al ritmo actual de emisiones este Budget se agotaría en una quincena de años.

3/ DanielTanuro,El imposible capitalismo verde.

4/ Esta “solución” ha dejado de defenderse, porque al cabo de un tiempo las partículas de azufre volverían a caer al suelo en forma de lluvia ácida.

5/ Imperial College London. Grantham Institute for Climate Change, Briefing paper N°8, “Negative Emissions Technologies”, oct. 2012.

6/ Kevin Anderson, “On the duality of climate scientists”, Nature Geoscience, DOI:10.1038/ngeo2559.

7/ Pete Smith et al., “Biophysical and Economic Limits to Negative CO2 Emissions”, Nature Climate Change, Review on line, 7 dec. 2015



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