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Crisis económica
España va bien, lo dice Rajoy
25/01/2016 | Manuel Gari

Los síntomas de cierta recuperación de la actividad y el negocio económicos en el Estado español deben de enmarcarse en el entorno comunitario e internacional de los que es sumamente dependiente de diversas maneras. El PIB puede alcanzar en 2016 un incremento del 3 % según diversas previsiones. Los problemas no radican en esa modesta cifra. Los problemas radican en otros aspectos.

El debate entre PSOE y PP sobre la recuperación económica nos es ajeno, son sus cosas. Ese debate es una de las modalidades del “...y tú más”. Sin embargo frente al triunfalismo del PP, conviene retener que la causa de que la tasa de aumento del PIB español sea mayor que la de la media europea es porque en el caso español la caída 2008-2013 fue mayor, y actualmente se está produciendo un “efecto rebote”. No conviene caer en el espejismo de algunas cifras (PIB, algunos rubros exportadores, repunte de la construcción) sin ponerlas en relación con el resto. Las cifras de inversión industrial y del volumen del capital productivo siguen por debajo de las de 2008.

La deuda soberana no ha parado de crecer hasta alcanzar casi el monto del PIB español y el control del déficit que justificaba como talismán sagrado los sacrificios de las clases populares, sigue sin control. Jeroen Dijsselbloem acaba de recordar que el Reino de España no cumple con los objetivos de reducción del déficit, por ello cabe pensar que el próximo gobierno va a tener un dilema cuya solución exige ideas claras y valentía. Realmente es muy difícil -tras los excesos de 2015- que en 2016 el déficit situado en el 5 % del PIB pueda bajar al demandado 2,8 %. La explosiva combinación del aumento de una deuda impagable pero exigible por los acreedores (artículo 135 de la Constitución) y la persistencia de la estúpida norma que cifra en un 3 % el tope del déficit fiscal, sin entrar en consideraciones sobre a qué partidas va destinado el dinero que lo ocasiona (inversión productiva y gasto social o por contra corrupción y subvención al capital) ni, tampoco, en la posibilidad de un aumento de ingresos fiscales vía impuestos progresivos sobre los beneficios del capital y la riqueza, deja una pesada herencia al nuevo gobierno. Y planeando sobre todo el panorama político, las nuevas exigencias comunitarias de nuevos recortes que pueden cifrarse entre 10 000 y 12 000 millones de euros. El gobierno que venga tras las elecciones del 20 D o producto de unas anticipadas o se pliega o saca fuerzas de la flaqueza para lo que deberá tener ideas claras y valentía para oponerse al atropello.

La recuperación de los negocios no llegó a los hogares. La masa salarial y el empleo estable y de calidad han seguido la tendencia contraria a ese aumento de PIB y deuda pública. Y lo que es más grave la desregulación de las relaciones laborales avanza sin cesar; si en 2008 hubo casi 12 millones de personas asalariadas amparadas por convenios colectivos, en 2015, a falta del cierre estadístico son 6,5 los millones de trabajadoras y trabajadores con convenios (sea bueno o malo), lo que significa que la capacidad de defensa del movimiento obrero está bajo mínimos. La economía, pues, no va bien para la mayoría.

Pero hablemos del crecimiento del PIB. Luis de Guindos, ministro de economía en funciones confía en que la dismunición de los precios del crudo significará un aumento del 0,5 % del PIB en un país que depende absolutamente de las importaciones energéticas. Y no se le cae la cara de vergüenza por confiar la recuperación de la economía a un factor ingobernable y mutante. Lo que nunca dicen ni Rajoy ni sus ministros interinos es que en el aumento del PIB español previsto por el FMI existen otros factores internacionales ajenos a la voluntad del gobierno y a su buen hacer que han posibilitado este repunte. Por ejemplo el boom turístico español por los conflictos bélicos en los países ribereños del sur del Mediterráneo. Como tampoco analizan que la cifra de las exportaciones no ha crecido por un aumento en el valor añadido, calidad, etc. de los productos y servicios, sino por la disminución del precio del euro respecto al dólar -factor incontrolable por la Moncloa-. Pero lo que es peor, ya podemos constatar que una parte de la actividad que ha repuntado es la inmobiliaria, la del viejo modelo productivo de la especulación, la corrupción y la burbuja.

Todo ello apunta a un panorama de fragilidad en la recuperación. Y lo que es más grave, seguirán los sufrimientos, los bajos salarios, el paro, la precariedad y el deterioro de la sanidad y la educación. Algo habrá que hacer.

Corren tiempos de inestabilidad, saquemos conclusiones

¿Estamos ante las puertas de la temida Gran recesión? No es mi intención hacer de oráculo. Pero la misma pregunta es en sí misma un toque de atención al activismo social, a los sindicatos y a los partidos políticos, para tener en cuenta los signos que se apuntan. Lo que sí que podemos concluir es que ha crecido la inestabilidad económica mundial y que lejos de conjurar el fantasma de 2008, los temores siguen.

En el Estado español vivimos unos momentos en los que el debate sobre la actividad política de las élites parlamentarias acapara la atención informativa y las conversaciones de café. Tenemos una sobredosis de discurso y maniobra política y un déficit de análisis y propuestas programáticas. La consecuencia de ello es la subordinación pasiva-espectadora de las clases subalternas (atomizadas y sin autorganización) respecto a la política espectáculo de los líderes. En el accionar político actual rara vez se atiende al estado del conflicto material de intereses existente en torno al ingreso y la riqueza entre las clases sociales. Todo ello le impide a la izquierda política y social atender y prever los movimientos telúricos de fondo.

Estos signos de confirmarse se convertirán en datos objetivos que sustanciarán las condiciones de vida de la mayoría social, se transformarán en el marco material que configurará y determinará las relaciones sociales. Sin caer en concepciones mecanicistas respecto a la relación entre la economía y el movimiento social y político, entre los ciclos económicos y los de movilización, hay que tener en cuenta que las bases materiales del conflicto social radican en la disputa en torno al ingreso y la riqueza. La mera existencia de la desigualdad produce malestar, pero ello no implica que se traduzca en acción antagónica de forma lineal. El malestar puede encallar en la resignación y desmoralización (buena parte de los países europeos), en caldo de cultivo para el populismo fascista (caso de Polonia y Hungría) o en movimientos de radicalidad antagonista sean de naturaleza social o tengan expresión político-electoral (15 M y mareas en primer caso, y en cierta medida Podemos y Confluencias en el segundo caso en el estado español). Todo depende de la constitución de sujetos conscientes, de su existencia o ausencia, y de su orientación.

El conflicto entre las clases en torno a la plusvalía, la lucha por acaparar el ingreso por parte de la minoría oligárquica y la aplicación de políticas fiscales regresivas y de políticas restrictivas del gasto público impulsadas por el neoliberalismo (anglosajón) que impera en los organismos económicos internacionales y por su variante ordoliberal (germana) en la UE, determinan los vectores del cuadro socio económico. Y ahí radica el núcleo central de la correlación material de fuerzas entre las clases sociales a escala estatal, comunitaria y mundial. De la evolución de los acontecimientos económicos y sociales dependerán las condiciones de existencia de las clases asalariadas y populares, lo que para un proyecto emancipador es esencial.

De la respuesta política que la izquierda de a las situaciones dependerá la evolución de la lucha de clases y el desarrollo de importantes aspectos programáticos. ¿De nuevo saldrán perdiendo las y los de abajo como ha ocurrido con la crisis de 2008? ¿Está la izquierda preparada para responder con rapidez y acertadamente ante la nueva crisis del capitalismo?

25/01/2016

Manuel Gari es miembro de la Redacción de VIENTO SUR



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