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Obituario
Ellen Meiksins Wood
20/01/2016 | Vivek Chibber

Ellen Meiksins Wood murió el 14 de enero de 2016 tras una larga lucha contra el cáncer. Wood fue una pensadora de categoría extraordinaria, que escribió
con autoridad sobre la antigua Grecia, el pensamiento político de comienzos de la edad moderna, la teoría política contemporánea, el marxismo y la
estructura y evolución del capitalismo moderno. Pero lo que conviene destacar sobre todo es que fue una de las pocas integrantes de la New Left
que nunca flaquearon en su compromiso con la política socialista. De hecho, fue con su libro The Retreat from Class (La renuncia a la clase),
publicado en 1986, cuando hizo acto de presencia como figura importante de la izquierda intelectual. Aquel libro fue una de las primeras críticas, y sin
duda una muy convincente, a la corriente posmarxista emergente que estaba cuajando en el seno de la “nueva izquierda” estadounidense. Desde el punto de
vista intelectual, formuló una vigorosa defensa del materialismo histórico frente a las críticas posmarxistas; políticamente, anunció la oposición de Woods
a una generación que, tras un breve escarceo con la política socialista, se volvía contra esta con feroz intensidad.

La defensa que hizo Wood del análisis de clase siempre se combinó con la insistencia en la necesidad de fundamentarlo mediante la investigación empírica.
Sobre esta base nunca dudó en meterse incluso con aquellos historiadores y teóricos que le eran más cercanos. En Peasant-Citizen and Slave
(Campesino-ciudadano y esclavo), discutió con G.E.M. de Ste. Croix, tal vez uno de los más grandes historiadores de la antigüedad y sin duda el más ilustre
analista marxista de aquella época, que sostuvo en su libro The Class Struggle in the Ancient Greek World (La lucha de clases en la antigua
Grecia) que la fuente principal de plusvalía tanto en Grecia como en Roma era el trabajo de los esclavos. Wood señaló que, aunque Ste. Croix tenía sin duda
razón en lo que respecta a la importancia del trabajo esclavo en la antigüedad, en realidad exageraba mucho su centralidad en la producción de excedentes.
Basó su argumento en un minucioso estudio de fuentes primarias, mediante el cual no solo rebatió a Ste. Croix, sino que también elaboró uno de los análisis
materialistas más convincentes de la estructura de la democracia griega. Poco más de una década después, Wood se enfrentó a Robert Brenner, su amigo de
toda la vida y camarada político, en torno a los orígenes del capitalismo moderno. Pese a que Wood se viera profundamente influida por la explicación de
Brenner sobre el origen del capitalismo en Inglaterra, insistió en que su análisis del ascenso del capitalismo en los Países Bajos era empíricamente dudoso
y analíticamente deficiente. De nuevo, su postura se basaba en un examen minucioso de los datos realizado con una gran precisión analítica. Su
argumentación constituye tal vez una de las principales críticas de la influyente obra de Brenner.

Quizá la faceta más conocida de Wood sea su papel en el desarrollo del “marxismo político”. Este es el nombre que se ha dado a un planteamiento sobre la
estructura y los orígenes del capitalismo, basado sobre todo en la obra del historiador Robert Brenner. Este y sus colegas han señalado que lo que define
al capitalismo es un conjunto particular de relaciones de propiedad social que son exclusivas de la edad moderna y que fuerzan a todos los agentes
económicos a depender del mercado. Mientras que en todas las épocas previas la producción estaba orientada a la subsistencia, el capitalismo es el primer
sistema económico que obliga a los productores a vender en el mercado y por tanto a tener que competir si quieren sobrevivir. Wood señaló que esto tenía
dos implicaciones muy importantes. En primer lugar, que el capitalismo es el primer sistema económico en el que el mercado desempeña una función central.
Mientras que los mercados existen desde hace milenios, la nuestra es la primera era en que de hecho regulan la producción y el intercambio y por tanto
generan la división social del trabajo. Esto no es fruto de un proceso natural. No existe ninguna tendencia intrínseca que haga que los mercados crezcan
hasta el punto de desplazar las formas de producción precapitalistas. Había que crearlos mediante la expropiación forzosa de tierras de los campesinos.

En segundo lugar, supone que la maximización del beneficio es algo que se impone a los productores como medio de supervivencia. Las empresas no generan
beneficios por avidez, sino porque si no lo hacen, acabarán siendo expulsadas del mercado. El mercado, por tanto, no es una institución construida al
amparo del feliz ejercicio del espíritu emprendedor, sino una institución sumamente coercitiva que no solo domina a los trabajadores, sino también a los
capitalistas. Esto tiene una clara implicación política: mientras la producción se base en la competencia en el mercado, el antagonismo entre trabajadores
y empresarios es ineludible, ya que mientras los empresarios tengan que sobrevivir ganando la batalla competitiva, han de esforzarse sin cesar por
minimizar sus costes. Y esto significa que han de presionar constantemente a la baja los salarios de los trabajadores y sus prestaciones sociales en el
marco de su estrategia de supervivencia. El mercado enfrenta a los capitalistas con sus propios trabajadores. ¿Conclusión de Wood? Que mientras se
mantengan las relaciones de propiedad capitalistas, la lucha de clases seguirá siendo el eje central del conflicto. En los años posteriores a la
publicación de The Retreat from Class, Wood publicó docenas de ensayos en los que profundiza en este argumento y demuestra cómo la teoría política
pasa por alto la toxicidad del capitalismo por su propia cuenta y riesgo.


En sus últimos años, Wood se embarcó en un análisis extraordinariamente ambicioso de la evolución del pensamiento político, desde la antigüedad hasta la
edad moderna. Wood trató de situar a los pensadores centrales de cada época en su contexto social, léase de clase, mostrando cómo los principales temas y
argumentos estaban vinculados a la dinámica política central de la época, y por tanto relacionando las ideologías políticas de cada época con la estructura
de clases subyacente. Había completado dos tomos de la serie, que abarcan desde Grecia hasta la ilustración. El tercer volumen, que debía llegar hasta
nuestro siglo, estaba en preparación, pero ahora quedará inconcluso.

Yo solo me he encontrado con Ellen en un par de ocasiones, pero como tantos otros de la izquierda, siento que tengo contraída con ella una enorme deuda. No
solo fue una teórica fantásticamente dotada, tal vez la más brillante de su generación, sino que también supo mantener moral y políticamente su fundamento
a lo largo de lo que sin duda ha sido el periodo más difícil para la izquierda desde que existe. Ellen nos mostró a tantos de nosotros qué significa ser un
intelectual comprometido; que es posible ser intensamente moral e incesantemente analítico; ser apasionado, pero trabajar con fría atención por el detalle;
estar profundamente arraigado en un movimiento, pero mantener el propio juicio independiente. Lograba todo esto con tan poco esfuerzo que uno solo puede
intentar imitarla. Su desaparición es una pérdida que sentiremos profundamente durante mucho tiempo. Y tristemente, es una pérdida que la izquierda todavía
carece de recursos para asimilar.

15/1/2016


http://www.versobooks.com/blogs/2433-an-obituary-by-vivek-chibber-for-ellen-meiksins-wood

Vivek Chibber es profesor asociado de sociología de la Universidad de Nueva York.



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