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Libros
Tres apreciaciones diferentes del Estado Islámico
20/01/2016 | Gilbert Achcar

La mayor parte de la gente prefiere referirse aún al autoproclamado Estado Islámico utilizando el acrónimo de su nombre precedente: ISIS [en inglés por Estado Islámico en Irak y Siria] -o, más exactamente “al-Sham”, Gran Siria -traducido aproximadamente por algunos por “Levante”, convirtiéndose el acrónimo así en ISIL.

Se han publicado hasta ahora cerca de cuarenta libros en inglés (y la cosa no ha acabado) sobre el tema de este llamado ISIS, entre ellos los tres que son objeto aquí de un comentario, que están entre los que más se venden en el Reino Unido.

De los tres, el de Patrick Cockburn es el más antiguo y uno de los primeros libros consagrados a ISIS. Publicado originalmente en 2014 con el título de The Jihadis Return, y posteriormente, en una edición puesta al día, con el mismo título [Hay edición en español, ISIS, el retorno de la Yihad, ed. Ariel, enero 2015. Ndt)]. Este pequeño libro recoje las opiniones que este autor ha desarrollado en su cobertura de los acontecimientos en Irak y en Siria para el diario británico The Independent. Está escrito en un estilo periodístico fácil de ller, por un autor que está familiarizado con esta parte del mundo que cubre desde hace muchos años (en particular Irak). El libro contiene sin embargo muy pocas referencias para sostener las numerosas afirmaciones que no provienen de sus propios informantes, que son en su conjunto bastante anecdóticos.

Lo más cuestionable en este libro tiene que ver con la fuerte toma de partido de su autor, que se trasluce al final del prefacio en el que Cockburn cita la declaración de Joe Biden [vicepresidente de los Estados Unidos] sobre la ausencia de civiles del “centro moderado” en las filas de la oposición siria, exclusivamente compuesta de “soldados” según el vicepresidente americano. Biden intentaba justificar la negativa de la administración americana a proporcionar armas defensivas a la oposición siria [sobre todo a partir de agosto], armas que ésta reclamaba. Principalmente armas antiaéreas y antitanque. El comentario, poco contenido, de Patrick Cockburn sobre la declaración de Biden es muy elocuente: “raramente las fuerzas reales en movimiento en la creación de ISIS y la crisis actual en Irak y en Siria han sido tan precisamente descritas”.

Los lectores familiarizados con la región sabrán, a partir de aquí, lo que se puede esperar del libro. En efecto, algunas páginas más adelante, Cockburn cita a un “agente de los servicios de información de un país vecino” anónimo (claramente de Irak, cuyo gobierno dominado por Irán apoya a la Siria de Assad), según el cual ISIS se alegra cuando armas sofisticadas son enviadas a grupos opuestos a Assad pues siempre puede obtenerlas por la fuerza o por dinero.

Con el mismo espíritu, Cockburn explica que no podía volar directamente hacia Bagdad durante el verano de 2014 pues, se le dijo, ISIS tenía lanzacohetes antiaéreos portátiles “destinados en su origen a fuerzas opuestas a Assad en Siria”, una declaración que es falsa por dos razones. En primer lugar, porque tales armas no han sido enviadas a fuerzas opuestas a Assad en Siria; luego porque las armas más sofisticadas que ISIS ha logrado apropiarse son las que fueron proporcionadas por los Estados Unidos al ejército iraquí, que las abandonó de forma vil cuando la debacle del verano de 2014.

A este relato falaz se le suma a continuación una afirmación muy discutible: “el consenso de los gobiernos y de los medios en Occidente es que la guerra civil en Irak ha sido reavivada por las políticas confesionales del Primer Ministro iraquí, Nuri al-Maliki, en Bagdad. En realidad, ha sido la guerra en Siria lo que ha desestabilizado Irak…”. Esta afirmación se opone al hecho bien conocido de que el amplio movimiento de protesta que comenzó en las regiones árabes sunitas en 2012 y que puso los jalones de la expansión de ISIS que siguió en esas mismas regiones no tenía nada que ver con Siria sino más bien con la dirección confesional tomada por Nuri Mohammed Hassan al Maliki [Primer Ministro de 2006 a 2014 y vicepresidente en 2014-2015. Ndt], que fue acelerada en cuanto las últimas tropas americanas abandonaron Irak.

La verdad es que Cockburn apenas puede ocultar su desprecio por los árabes sunitas de Irak, a todos los cuales pone en el cesto de la categoría homogénea de “los sunitas” haciendo frente a “chiítas” no menos homogéneos. Afirma que “es poco probable que los sunitas queden satisfechos” con la autonomía regional, así como con una mayor cantidad de empleos y de rentas petroleras. No estarán, en su opinión, satisfechos a menos que haya una “contrarrevolución plena y completa, cuyo objetivo es recuperar el poder en el conjunto de Irak”.

Es imposible no preguntarse como un autor informado como Cockburn puede atribuir el fantasma de una “sector duro” de los árabes sunitas de Irak al conjunto de una comunidad. El hecho es, sin embargo, que ha tomado este fantasma como un hecho consumado cuando afirma que como consecuencia de la ofensiva de ISIS en Irak, los dirigentes chiítas “no han comprendido que su dominación sobre el Estado iraquí […] había acabado” y que “no quedaba más que una zona residual chiíta” -lo que es es efecto una declaración exagerada sorprendente.

La parcialidad de Patrick Cockburn es también flagrante vistos los dos pesos y dos medidas de los que da pruebas cuando valora según su fuente las “teorías del complot”. Así, escribe que “una teoría del complot que el resto de la oposición siria así como los diplomáticos occidentales aprecian particularmente, según la cual ISIS y Assad están aliados, se ha revelado falsa cuando ISIS lograba victorias en el campo de batalla”. Señalemos de paso que Cockburn no dice al lector por qué lógica las victorias de ISIS en el campo de batalla sirio significan en sí mismas una refutación de la afirmación de la oposición siria y de los diplomáticos occidentales de que el régimen de Assad ha favorecido el establecimiento de ISIS y su expansión en Siria, a fin de debilitar y de desacreditar el levantamiento sirio. Esta afirmación ha sido hecha a la luz de una convicción extendida según la cual los servicios de información de Assad han manipulado a yihadistas de Irak desde que los Estados Unidos ocuparon ese país en 2003.

En cualquier caso, el rechazo categórico citado más arriba de esta “teoría de la conspiración” contrasta con fuerza con la indulgencia que muestra Cockburn respecto a una segunda “teoría” que recibe apoyos del lado opuesto. Fundándose en la alegación, que atribuye de nuevo a “una fuente de alto nivel iraquí”, que la resurgencia de ISIS ha sido ayudada por los servicios de información militar de Turquía, Cockburn escribe lo siguiente: “esto podría ser rechazado como una teoría más del complot medio oriental, pero un rasgo de los movimientos de tipo yihadista está en la facilidad por la cual pueden ser manipulados por los servicios de información extranjeros”. En resumen, la facilidad con que ISIS puede ser manipulado por los servicios secretos no se aplica, en la concepción de Cockburn, más que ¡a los servicios turcos y no a los sirios!.

El desprecio de Cockburn hacia los árabes sunitas de Irak está en relación con la aversión que muestra respecto a otras componentes de lo que llama “la nueva revolución sunita” es decir, la oposición siria. Su resumen de la tragedia siria es de una parcialidad descarada hacia esta última: “los sirios deben elegir entre una dictadura violenta, en cuyo seno el poder está monopolizado por la presidencia y sus brutales servicios de seguridad, y una oposición que dispara a la cabeza de niños por blasfemias menores y que envía imágenes de soldados decapitados a los padres de sus víctimas”. Con tal descripción hobbesiana [Tomas Hobbes, autor de Leviathan en 1651. NdT] de las opciones en presencia, las atrocidades y los crímenes contra la humanidad realizado por el Leviathan sirio -compuesto del espectro completo de las fuerzas armadas de Assad y de sus aliados- son olvidados con complacencia mientras que la oposición es reducida a asesinos de niños. Y esto cuando el régimen sirio ha matado a muchos más niños que la oposición, incluyendo a todas sus tendencias. De esta forma el autor no disimula en ninguna medida su opción personal.

La indulgencia de Cockburn respecto al régimen de Assad le lleva incluso a encontrar “una cierta verdad” en una de las mentiras más flagrantes de este último sobre las manifestaciones pacíficas de marzo de 2011: “el gobierno insiste en que las manifestaciones no eran tan pacíficas como parecían y que en un estadio precoz, sus fuerzas fueron sometidas a ataques armados. Hay una cierta verdad en esto, pero si el objetivo de la oposición era atrapar al gobierno en una respuesta punitiva contraproductiva, lo ha logrado más allá de sus sueños”.

Así, Patrick Cockburn llega incluso a dar crédito a un argumento familiar a todos los regímenes autoritarios que hacen frente a movilizaciones populares, un argumento que está él mismo anclado en las “teorías del complot”. Afirma que “los revolucionarios de 2011 tenían numerosos defectos pero se han mostrado muy competentes en influenciar y manipular la cobertura mediática. La Plaza Tahrir en El Cairo y, más tarde, la Plaza Maidan en Kiev se han vuelto el escenario de un melodrama en el que se representaba, ante las cámaras de televisión, el enfrentamiento del bien contra el mal”.

En conclusión, Patrick Cockburn hace responsable a los Estados Unidos de “desentenderse ante el suministro de una ayuda militar a quienes combatían a ISIS, como el ejército sirio”, lo que significa, por supuesto, el ejército del régimen. Así, a diferencia de los círculos “antiimperialistas” visceralmente opuestos a toda forma de intervención de las potencias occidentales en toda situación, hasta el punto de que elevan este principio al rango de un tabú religioso, y que citan abundantemente a Cockburn a propósito de Siria, el reportero del Independent desea por su parte que Washington apoye al régimen de Assad. “Si los Estados Unidos hubieran sido serios en su combate contra los yihadistas extremistas, se habrían dado cuenta de que apenas había otra alternativa”, afirma. De todos los posicionamientos sobre Siria, la idea implicada aquí de que el apoyo al régimen de Assad sería la mejor forma para Washington de combatir a ISIS -una organización que florece sobre el resentimiento sunita contra los dos gobiernos sostenidos por Iran, los de Damasco y de Bagdad, así como contra los Estados Unidos -es seguramente la más absurda.

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Quienes estén interesados en un trabajo serio sobre toda esta cuestión sin los defectos de Cockburn deberían leer el libro escrito por Michael Weiss y Hassan Hassan -de lejos el mejor de los consagrados hasta hoy a ISIS. Los dos autores son, como Cockburn, periodistas y escriben para una gran número de publicaciones. Sin embargo, su libro es una investigación seria, basada en entrevistas con numerosos actores del conjunto de las partes implicadas en la tragedia o que están concernidas por ésta -desde militares americanos pasando por responsables (o antiguos responsables) iraquíes y sirios así como miembros de ISIS- además de numerosos expertos.

El libro se apoya en numerosas referencias, incluyendo una gran cantidad de informes, desde los de las agencias gubernamentales a los de organizaciones de derechos humanos. La experiencia de los autores y su familiaridad con Siria son cualitativamente diferentes de la de Cockburn. Por retomar sus palabras, “uno de los autores nació en Siria en la localidad fronteriza de Albu Kamal, que ha sido un portal para los yihadistas que se dirigían hacia Irak y hoy vuelven. El segundo autor ha realizado reportajes en el barrio de los suburbios al-Bab de Alepo, entonces una cuna de la sociedad civil independiente y prodemocrática de Siria, es hoy un feudo lúgubre de ISIS, regido por la sharia”.

En los primeros capítulos de su libro, Weiss y Hassan describen el ascenso de Al Qaeda en Irak con el telón de fondo de la desastrosa ocupación americana del país; la radicalización de Al Qaeda en un “Estado Islámico de Irak”; la marginación que sufrió gracias a una modificación de la estrategia americana, consistente en cooptar a las tribus árabes sunitas así como la forma en que esta última fue comprometida por la política confesional de al-Maliki desde que se vio liberado de las exigencias de la ocupación americana. Exploran luego la duplicidad el régimen de Assad en sus relaciones con el Irak bajo ocupación americana y la forma en que ésta preludió la emergencia de ISIS en una Siria desgarrada por la guerra. Los dos autores describen el papel directo del régimen de Assad en la constitución de lo que se podría llamar la “yihadización” del levantamiento sirio así como la forma en que el régimen ha atizado el confesionalismo, desencadenando muy pronto una milicia confesional criminal, además de su evaluación del papel de Irán y de sus emanaciones regionales en su apoyo a Damasco, y muestran igualmente cómo las monarquías del Golfo han jugado un papel clave en la promoción de esta “yihadización”. Igualmente, explican como la corrupción de la oposición siria por el dinero del Golfo ha facilitado la propagación de un ISIS que proyectaba la imagen de un “Estado” que aplica la ley y el orden. Describen los contornos de este pretendido Estado Islámico y proporcionan una visión general de sus combatientes así como sobre la manera en que son reclutados.

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Este último aspecto es central en el libro de Jessica Stern, una profesora que estudia el terrorismo en la Universidad de Harvard, y de J.M. Berger, un periodista que ha escrito sobre los yihadistas americanos. Aunque sea relativamente denso, su libro consagrado a ISIS habría sido una opción perfecta en una colección “Para torpes”. Se lee en realidad como un manual de instrucciones destinado a los políticos y al personal de seguridad americanos que tendrían algunas dificultades en situar Medio Oriente en un mapa del mundo. Los complementos inevitables en este tipo de libros son los siguientes: un glosario que comprende definiciones de términos básicos así como otros menos comunes, un apéndice redactado por un doctorando que ofrece una esbozo histórico en 24 páginas de los catorce siglos transcurridos entre la creación del Islam e ISIS.

El libro de Stern y de Berg contiene mucho relleno: numerosas repeticiones y, por ejemplo, numerosas páginas que resumen artículos o videos producidos por ISIS. Dice poco sobre los contextos iraquí y sirio así como sobre el papel jugado por la ocupación americana en la emergencia de ISIS, comportando solo una alusión a la “metedura de pata” de 2003. Algunos planteamientos interesantes, como la comparación entre ISIS y otras “marcas” del terrorismo apocalíptico suscitan frustración debido a su brevedad.

El libro acaba con el consejo político de los autores sobre la forma que permite oponerse a la propaganda de ISIS, en donde no están ausentes algunas simplezas como la declaración siguiente, que figura en la última página: “el rey Abdulá de Jordania, que se ha mostrado extraordinariamente valiente, afirma que combatir a ISIS requiere que el mundo musulmán actúe de común acuerdo”. ¡Silencio o suspiro!

The Rise of Islamic State: ISIS and the New Sunni Revolution, par Patrick Cockburn. Verso. Hay traducción en español: ISIS, el retorno de la Yihad. Ed. Ariel 2015.

Isis: Inside the Army of Terror, par Michael Weiss et Hassan Hassan. Regan Arts. 270 pp. Publicado en Francés por Hugo Document (octobre 2015)

ISIS: The State of Terror, por Jessica Stern et J.M. Berger. Ed. William Collins. 2015.

18/01/2016

Traducido de la versión francesa publicada en http://alencontre.org/societe/livres/trois-appreciations-differentes-de-letat-islamique.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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