Grabar en formato PDF
Corea del Norte
Ensayo (termo)nuclear, proliferación y desarme
13/01/2016 | Pierre Rousset

El pasado 6 de enero, Corea del Norte anunció que había efectuado su primer ensayo de una bomba H (de hidrógeno), también llamada termonuclear. Con
anterioridad ya había realizado tres pruebas subterráneas con bombas A (atómicas), en 2006, 2009 y 2013. Una bomba H utiliza la técnica de la fusión
nuclear. Se activa mediante la explosión de una bomba A, que a su vez opera por fisión, situada en la punta de la cabeza nuclear. Es mucho más potente que
un arma nuclear clásica. De ahí que, en agosto de 1945, después de haber arrasado Hiroshima, EE UU se apresurara a “ensayar”, antes de que se oficializara
la capitulación de Japón, la bomba H sobre Nagasaki. De este modo, cientos de miles de personas fueron sacrificadas para demostrar a escala real los
efectos de esas armas de destrucción masiva.

La prueba nuclear del 6 de enero ha sido confirmada por expertos de Corea del Sur y EE UU, pero dudan de que se tratara efectivamente de una bomba H, del
mismo modo que no está demostrado de que la hubieran miniaturizado, como afirma Pyongyang, para que pudiera ser transportada por un misil de largo alcance.
El régimen norcoreano también ha afirmado, el 9 de enero, que iba a dotarse de un submarino portador de cabezas nucleares. “ Pasamos a engrosar las filas de los Estados nucleares avanzados”, se jactaba un presentador de la televisión oficial norcoreana.

Fracaso de las negociaciones

Los soviéticos enseñaron a Corea del Norte a dominar el átomo en la época de la guerra fría, en los años 1950-1960. Después, el régimen prosiguió con sus
investigaciones independientemente y a comienzos de la década de 1980 puso en marcha un programa militar secreto, ya que gracias a sus centrales eléctricas
tenía la posibilidad de generar el plutonio necesario; después pasó a enriquecer uranio, que extrae del subsuelo del país, gracias a la adquisición de
tecnología paquistaní (centrifugadoras, etc.).

Un primer acuerdo internacional firmado en 1994 fue denunciado por el gobierno de Bush en octubre de 2002. En 2003 se reanudaron las negociaciones
multilaterales a iniciativa del gobierno chino, con los representantes de seis países: las dos Coreas, China, EE UU, Japón y Rusia. En Washington, los
neoconservadores frenaron un nuevo acuerdo (que sin embargo estaba casi concluido) en septiembre de 2005, aduciendo acusaciones infundadas: falsificación
de monedas, blanqueo de dinero a partir de Macao. En 2006, Pyongyang procedió a lanzar misiles balísticos y a una primera prueba nuclear (utilizando el
plutonio cuya producción había suspendido durante ocho años). En febrero de 2007 se concluyó un tercer acuerdo, por el que Corea del Norte debía
interrumpir su programa nuclear y aceptaba el retorno de inspectores extranjeros de la Agencia Internacional de la Energía Atómica; Washington, a su vez,
debía prestar ayuda energética y normalizar las relaciones diplomáticas. Este acuerdo fracasó en septiembre de 2008. Finalmente, en 2012 se firmó un cuarto
acuerdo, con Obama en la presidencia de EE UU, que fue abortado en tan solo dos meses. La tercera prueba tuvo lugar en febrero de 2013.

Desde entonces ya no se han reanudado las conversaciones. Washington ya no tiene gran cosa que ofrecer –no en vano Corea del Norte está muy poco integrada
en el mundo (desde el punto de vista económico y diplomático)– y mucho que reclamar: la renuncia al arma nuclear, de la que Corea del Norte ya dispone.
Finalmente, Pyongyang sabe que ninguna potencia de la región desea en estos momentos un colapso brutal del régimen, no solo porque Pekín no lo permitiría
–por razones geopolíticas y no de afinidad política–, sino también porque esto abriría una crisis de consecuencias imprevisibles en una de las regiones más
sensibles, en la que se enfrentan los intereses de las grandes potencias rivales (China, Rusia, EE UU, Japón).

En este contexto, el régimen norcoreano piensa que puede y debe “tensar la cuerda” nuclear tanto como sea posible. No cuenta con ningún aliado verdadero y
tiene muchos enemigos jurados. Por eso multiplica su poder destructivo con el fin de aumentar la baza y congelar la situación en nombre de una política de
“disuasión”. Es una opción racional, pero ¿no se inspira en una lógica de “después de mí, el diluvio”… nuclear?

La proliferación

Es justamente este aspecto racional el que resulta más inquietante. La “disuasión” del “débil al fuerte” ha sido el argumento clave que ha justificado la
proliferación nuclear, empezando por Rusia frente a EE UU, siguiendo con las “potencias secundarias”, como la Francia de De Gaulle o Gran Bretaña en
competencia con EE UU, o con China frente a Rusia: se trata de no dejar el monopolio del arma atómica a una o dos superpotencias militares, de las que en
este terreno se pasa a depender totalmente. La proliferación en nombre de la disuasión no cesó tras la formación del club de los cinco “países nucleares”
oficiales, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pakistán frente a India. Israel para emanciparse de la tutela
estadounidense e imponerse en el teatro de Oriente Medio. Corea del Norte frente al despliegue nuclear masivo del ejército de EE UU en Asia del nordeste y
para no depender de la diplomacia china…

Nada indica que vaya a cesar la proliferación, y de hecho ya hay otros Estados en situación “prenuclear”. La inestabilidad geopolítica general y la
incapacidad de EE UU para establecer un nuevo orden mundial estable les inquieta: ¿seguirán teniendo asegurada la protección de Washington ante cualquier
tesitura? América Latina queda fuera del ámbito de confrontación nuclear. No se vislumbra qué otro país europeo podría lanzarse hoy a la aventura, pero
¿qué sucederá cuando se agrave cualitativamente la crisis de la UE? El acuerdo con Irán ha aplazado el choque frontal en Oriente Medio, pero ¿por cuánto
tiempo, vista la virulencia de las contradicciones entre potencias regionales, la amenaza israelí, las andadas de la política estadounidense? Y ¿qué decir
del continente africano?


Sin embargo, es en Asia donde podría nacer la próxima potencia nuclear, no en vano allí está instalado el mayor número de cabezas nucleares en muchos
países (en todos los que albergan bases militares estadounidenses, además de los países que ya disponen de ellas), así como en todo el mar de China
(submarinos, flotas…). Tokio es el pretendiente más inmediato. La derecha nipona utiliza cada “provocación” norcoreana para tratar de legitimar a los ojos
de una población profundamente pacifista la desdemonización del arma que redujo a cenizas las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. En Corea del Sur también
hay políticos que defienden abiertamente esta opción, entre ellos el diputado por el Saennuri, el partido en el poder, y presidente del grupo parlamentario
de esta formación, Won Yoo-chul.

La proliferación nos acerca cada vez más al momento en que se empleará efectivamente el arma nuclear en un teatro de operaciones regional. Sin embargo, no
es posible combatirla justificando al mismo tiempo el mantenimiento del monopolio de las cinco potencias que son miembros permanentes del Consejo de
Seguridad. Lo que sigue planteándose es justamente la cuestión del desarme general, esperado y posible tras el fin de la guerra fría.

Conviene recordarlo especialmente en Francia, donde prosigue, ante la indiferencia general, el desarrollo de nuevas armas nucleares destinadas a ser
utilizadas. En el Reino Unido existe un movimiento activo contra el despliegue de los misiles Trident, pero en el país galo no ocurre nada parecido. Esta
cuestión no sale a relucir ni siquiera en las campañas electorales y jamás es objeto de negociación (ni siquiera por parte de los Verdes) de cara a un
acuerdo de gobierno; en ningún momento el puñado de físicos o las pequeñas asociaciones que luchan con tenacidad en este terreno han recibido el apoyo que
merecen (aunque por fortuna ha caído finalmente el muro que separaba la lucha antinuclear civil y militar).

Los medios de comunicación reducen demasiado a menudo la cuestión norcoreana a la autocracia y a la locura de la dinastía familiar de los Kim. Hay
dictadura, eso es innegable; tal vez también inestabilidad mental, pero los regímenes presidenciales y otros poderes personales también provocan grandes
titulares en otras partes. En materia nuclear, sin embargo, la política de Pyongyang tiene sentido, desgraciadamente. Desde el punto de vista de los
pueblos de la región, es una política criminal, que atiza la espiral de militarización que sigue su curso en Asia oriental. Se trata de una dinámica
mortífera iniciada por otras potencias, que los medios consideran, en este caso, “razonables”, cuando en realidad no son menos amenazadoras. Recordemos una
vez más que EE UU ha sido el único país que ha empleado efectivamente el arma, cometiendo un crimen de guerra, un crimen de lesa humanidad donde los haya.

Si no imponemos el desarme nuclear, pronto o tarde habrá una guerra nuclear. Estallará probablemente a raíz de un conflicto regional y segará millones de
vidas. Y después, ¿qué pasará?

10/01/2016

www.europe-solidaire.org/spip.php?article36919

Traducción: VIENTO SUR



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons