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La Biblia y el Corán
Nuestros extremistas son buenas personas, los de ellos son demoníacos
07/01/2016 | Francisco Louça

Recordaba el filósofo Alain Badiou cómo tantos intelectuales se rindieron a un racismo de salón que fue normalizando la extrema derecha, especialmente, en Francia.

Como sucede muchas veces, esos intelectuales que Badiou critica cambiaron la reflexión o el esfuerzo para percibir las contracciones de la realidad, por la ideología o sencillamente por la comodidad de lo fácil. Pues lo más fácil es clasificar y seriar para evitar así la sombra del desconocido. De esta forma, aceptaron la xenofobia como ley de la tierra o como lenguaje para el rechazo al desconocido.

Existe una base ancestral para ese miedo a la diferencia y dos jóvenes holandeses quisieron probar sus límites interrogando a las personas en la calle a propósito de frases de la Biblia, leídas en un libro en cuya tapa escribieron la palabra Corán. La mayoría de los transeúntes preguntados encontró la confirmación de lo que ya le parecía evidente: son textos que demuestran la radicalidad, el extremismo, la violencia o el sectarismo del islam (en youtube hay un resumen de esa experiencia). Todo estaba claro para esas personas que después reaccionaron con estupefacción cuando supieron que se trataba de la Biblia.

Desconozco todos los textos que fueron citados, pero este estaba citado en la lista: “Si no me escucháis y no cumplís mis mandamientos (…) enviaré contra vosotros terror, debilidad y fiebre que os dejarán ciegos y consumirán la vida. (…) Tendréis que comer la carne de vuestros propios hijos” (Levítico 26).

Existen otros muchos textos del mismo tipo tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Por citar algunos ejemplos muy diferentes entre sí:

- “No penséis que vine a traer la paz en la tierra. De hecho, vine a sembrar la división entre el padre y el hijo, la hija y la madre, la nuera y la suegra: los enemigos de una persona serán los de su propia familia. Aquel que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ame al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí. Aquel que no coja su cruz y me siga, no es digno de mí.”(Mateo 10:34).

- “Si un hombre tuviera relaciones sexuales con otro hombre, ambos hacen una cosa abominable y deben ser matados porque son merecedores de eso.” (Levítico 20) .

- “Cuando una mujer tiene su periodo menstrual, permanece impura durante siete días. Todo aquel que le toque quedará impuro durante ese día.” (Levítico 15, todos los textos citados se han tomado de la traducción de la Biblia editada en 2009 en Lisboa por la Sociedade Bíblica).

Frei Bento bajo el título ¿Será la Biblia blasfema? ha tratado estos días, aquí, en Público, una experiencia próxima a la de los jóvenes holandeses. Cita a un estudioso que se interroga con angustia sobre la frase de Moisés, en el Antiguo Testamento: “Cuando te aproximes a una ciudad para luchar contra ella, Jehová, tu Dios, la entregará en tus manos y pasarás a espada a todos sus varones, sus mujeres y sus niños, el ganado; todo lo que hubiera en la ciudad, todos sus despojos, los tomarás como botín (...). En cuanto a las ciudades de estos pueblos que Jehová, tu Dios, te da en herencia, no dejarás nada con vida; condénalos al exterminio: a hititas, a amorreos, a cananeos, a perizitas, a heveos y a jebuseos como mandó Jehová, tu Dios, para que no os enseñen a imitar todas esas abominaciones que hacían en honor de sus dioses: pecaríais contra Jehová vuestro Dios” (Deuteronómio20:10-18).

La traducción de la que dispongo es ligeramente diferente: “Cuando te aproximes a una ciudad para luchar contra ella, primero debes proponerle negociaciones de paz. Si sus habitantes aceptan la paz y te abren sus puertas, todos los que se encuentren en ella son tus esclavos para trabajos forzados. Pero si no quieren la paz contigo y ofrecen resistencia, entonces pones cerco a la ciudad. El Señor, tu Dios, la pone a tu disposición y debes pasar a todos sus hombres a espada. Pero puedes quedarte con las mujeres, los niños y los animalesy recoger todos los despojos que hayan quedado.(...) Pero no debes dejar nada con vida en las ciudades de estos pueblos: hititas, amorreos, cananeos, perizitas, heveos y jabuseos tal como el Señor, tu Dios, te ordenó.

De verdad, la diferencia entre las dos traducciones es sobre el orden de la carnicería y poco más. Lo que sorprende es el objetivo: matar o esclavizar. Los exégetas citados por Frei Bento Domingues explican que hay una tensión entre la interpretación universalista de la Biblia y una interpretación nacionalista, con el lenguaje de la afirmación bélica de una tribu, la de Israel, consagrada a la destrucción de sus vecinos por ambición territorial. Y él concluye: “Yo saco mi propia conclusión: el judaísmo histórico a veces transmite una teología nacionalista de una violencia extrema. Pone en boca de Dios los intereses de un pueblo contra los otros pueblos. Este nacionalismo religioso blasfema”. Por tanto, una lectura debe excluir e incluso condenar la otra, pero las dos están inscritas en el texto donde se enfrentarán el nacionalismo guerrero y el universalismo humanista.

Volvamos a nuestros jóvenes holandeses y su experiencia de calle. Cualquiera de estos textos de la Biblia, leídos en un libro en cuya tapa pusiese Corán, podría servir para confirmar el prejuicio de que los preceptos religiosos de los musulmanes invitan a la violencia o incluso a la muerte de los opositores a su fe, de quien se comporta de forma diferente a las normas fijadas. Sin embargo, los textos citados son de la Biblia y llaman al mismo tipo de carnicería.

Así pues, como descubre Frei Bento Domingues, en muchos textos antiguos y también en la Biblia, se pueden encontrar justificaciones para el exterminio, revistiendo de religión la ambición de dominio, de destrucción y de guerra. Por lo tanto, no es con el Corán con el que nace el Califato, ya está presente en todas las religiones monoteístas que surgieron en Oriente Medio quizá bajo otros nombres.

Contra ese juego de espejos entre las religiones y sus fanáticos, necesariamente surgen dos consideraciones y ambas me parecen verdaderas.

La primera es que en nombre de la interpretación literal de la Biblia no se cometen hoy crímenes de esa naturaleza. Tal vez es una afirmación verdadera ahora, pero no ha sido así siempre. En nombre de la unicidad de la religión, la iglesia Católica incentivó en el pasado la violencia sectaria o, en su nombre, otros poderes cometieron crímenes abominables, reclamando exactamente una lectura literal de los conceptos bíblicos (o simplemente, invocando el poder de dominación al que aspiran). Eso sería el pasado del presente que conocemos.

La segunda es que la lectura de esas escrituras está, en el caso del catolicismo, disciplinada por una organización jerárquica rígida, la Iglesia Católica para el mal (Inquisición) y para superar ese tiempo (la pos-Inquisición, o ahora mismo la apertura ecuménica del Papa Francisco sorprendiendo a la Iglesia).

En contrapartida, en el caso de la religión musulmana, no existe una interpretación legitimada por un discurso y por una organización única como fuente de poder centralizado. Por lo tanto, pueden surgir diferentes discursos, llevados al límite, hasta un proyecto militar de ocupación territorial (el Califato) como el del autodenominado Estado Islámico.

Ambas observaciones son fundamentales en cuanto a los hechos. Pero se les escapa lo esencial: que el éxito de estas interpretaciones y llamamientos dependerá siempre del grado de disgregación de cada sociedad o de la forma en que se sienten amenazados en ella. Dicho de otra manera, dependerá de saber si se considera socialmente aceptable una lectura literal de las normas culturales creadas en la búsqueda de la supervivencia o del poder por las tribus de Oriente Medio hace cerca de 500 años antes de nuestra era, o sea, hace más de 2 500 años, en un caso (la Biblia), o más de 1 000 años en el otro (el Corán). La raíz cultural del extremismo se puede encontrar tanto en las palabras de Moisés como en frases del Corán, lo mismo que a la inversa y lo que leemos hoy depende de los ojos de hoy. Pero es donde impera la miseria y la desesperación, donde se podrán asentar las lecturas más radicales de los textos religiosos y arraigar el odio a los otros.

Lo que quizás da más miedo es que el mundo moderno no limita, sino que más bien, incentiva ese extremismo y su fundamentación transcendente. En el caso del mundo musulmán, como decía un estudioso del mundo árabe, Ziauddin Sardar, esa literalización de los textos bíblicos ya ha llevado a un extremismo desconectado del mundo como el de Arabia Saudí, con su inmenso poder del petróleo, de los dólares y de las armas. O, en palabras de Sardar, “el Estado Islámico siempre ha existido, es Arabia Saudí”.

Ahora bien, Arabia Saudí es el principal punto de apoyo del poder imperial de USA en la región, de los mismo presidentes que en tono religioso, terminan sus discursos con “God bless America”, aunque no estén pensando en el mismo dios que el del Corán. La política de unos y otros alimentó, muchas veces deliberadamente como en Irak y Siria, los monstruos nacidos del sueño de la razón. Y sus excusas justificativas esconden el tráfico de armas, de justificaciones y de políticas y muestran cómo los que consideramos nuestros hombres de estado, los moderados, fácilmente son los creadores de radicales iluminados por palabras incendiarias de los textos que tantos consideran sagrados.

Así que el mundo es más complejo de lo que cualquier prejuicio pueda suponer.

30/12/2015

Traducción VIENTO SUR.

http://www.esquerda.net/opiniao/os-nossos-extremistas-sao-boas-pessoas-os-deles-sao-demoniacos/40351

Artículo publicado originalmente en http://blogues.publico.pt/tudomenoseconomia/2015/12/29/os-nossos-extremistas-sao-boas-pessoas-os-deles-sao-demoniacos/, el 29 de diciembre de 2015



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