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Soberanía monetaria
A la búsqueda del plan B
06/01/2016 | Rogelio Segovia

[En este artículo se defiende la necesidad de poner en marcha y hacer crecer ya el plan B monetario que nos hará falta cuando debamos mirarle a los ojos al Eurogrupo. Para cuando llegue ese momento este plan debe estar ya operativo cubriendo un porcentaje significativo de la economía, de manera que pueda ampliarse rápidamente ante una situación de asfixia como la griega, permitiendo que al menos la economía interna funcione, dando un respiro precioso, de meses, antes de plantar el nuevo sistema monetario estatal en el tablero mundial. Es un plan B que crece de abajo hacia arriba. Es un plan B que es de raíz postcapitalista, que no paga interés a la Banca. Pero sobre todo, es un plan B que puede ir ayudando, en el mientras tanto, ya, de forma práctica, a la población más desesperada. Redacción]

Desde la instauración definitiva de la Reserva Federal (la FED), el Banco Central de EE UU, tras un largo proceso con dos intentos anteriores, lo que tenemos es la entronización del poder financiero sobre el resto del capital (y que yo me atrevería a clasificar incluso como una nueva superclase); el modelo de Estado apostólico de los cuatro poderes está obsoleto, le ha crecido una excrecencia al Estado “teatro democrático”, un quinto poder, el poder bancario, con sus propios órganos de intermediación, con los Bancos Centrales a la cabeza como cárteles privados de la banca, y con el resto de la sociedad civil excluido.

“Creo que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos permanentes. Ya han levantado una aristocracia adinerada que ha establecido un Gobierno en rebeldía. El poder de emisión debería ser arrebatado a los bancos y restaurado a la gente a la que pertenece propiamente”. (Thomas Jefferson, Autor de la Declaración de Independencia EE.UU).

El Sistema de Reserva Federal de EE UU fue creado el 23 de diciembre de 1913 por la Ley de la Reserva Federal (Federal Reserve Act). Es fruto de la reacción de la gran banca a la crisis de pánico de 1907: en 1910, ejecutivos de los bancos JPMorgan, Rockefeller y Kuhn, Loeb & Co., recluidos durante diez días en Jekyll Island, Georgia, de forma secreta, en el más puro estilo conspirativo, pero insuflados de fervor patriótico según sus autobiografías, pergeñaron el plan, presentado al Congreso por el partido Republicano y apoyado por la American Bankers’ Association. El Sistema de Reserva Federal controla el tamaño de la oferta monetaria con poder casi absoluto, fuera de casi ningún control democrático, y con ello se hicieron con todos los mandos de la sala de control económico, y ahora las crisis o las bonanzas se pueden generar a voluntad. Se le llama “cartel del dinero”. El Banco Central Europeo (BCE) está diseñado a su imagen y semejanza.

“Dejadme emitir y controlar el dinero de un país, y no me preocupara quien hace las leyes” (Mayer Amschel Rothschild)

No cabe “conquistarlo desde dentro”. Solo cabe la abolición o su modificación por ley desde los órganos democráticos clásicos, como propone ahora Bernie Sanders, y parece que Varoufakis le seguirá pronto, y todos les deseamos la mejor de las suertes. No parece que Bernie sea muy consciente de que está mentando a la misma madre de la bicha de Alien. Para mí, es más que problemático ningún avance sin crear un poder alternativo que instaure áreas monetarias de dimensión suficiente fuera de su sistema, como es incierto modificar una legislación laboral sin su sana dosis de lucha obrera.

La realidad del movimiento monetario

Hay una ingente explosión de literatura alrededor de la reforma monetaria, sin una brújula ideológica clara, en una marmita de pensamiento donde todos más o menos coinciden en el diagnóstico de la crisis del sistema monetario y financiero actual, pero con el resultado de una vorágine de orientaciones que van desde los anarco-capitalistas, seguidores de Friedrich Hayek y la escuela austriaca, hasta los evangelizadores del bien común como un cambio de conciencia.

Dentro de este tumulto sobre la reforma monetaria, está emergiendo una corriente –sin raíces explicitas marxistas, pero claramente post-capitalista– unida de alguna manera (aunque no formalmente) en torno a una visión del futuro con la resistencia al cambio climático, el decrecimiento y la lucha contra la pobreza como ejes importantes. Uno de sus centros de pensamiento es sin duda la National Economics Foundation (NEF), y sus variantes de la “Gran Transición”/1. Contamos con una sólida investigación histórica hecha por autores como Stephen Zarlenga/2. Hay que mencionar especialmente un autor con una posición privilegiada en el cruce entre la teoría del derecho, la economía y la criptografía, Nick Zvabo, autor puente con el movimiento de las criptomonedas.

La STRO, Social Trade Foundation (STRO), ha jugado un papel clave en difundir las ideas y convertirlas en iniciativas. Otro think tank a mencionar es la P2P Foundation. En España se está creando un pequeño think tank en torno al Instituto de la Moneda Social.

En gran parte gracias a la actividad del STRO, ya hay casi 2 500 monedas complementarias en el mundo. La moneda complementaria WIR en Suiza, que existe desde 1934, tiene una facturación anual de 1,2 millones de francos suizos, sirviendo a 62 000 pymes. El plan de negocio de SoNantes aspira a hacerse cargo de un 10% del PIB de Nantes, en Francia. Los gigantes de las telecomunicaciones están entrando a saco a disputar el rol de los bancos como emisores primarios de dinero. M-PESA en Kenia, el dinero del móvil, tiene una base de 10 millones de usuarios. Pero Bangla-PESA, la moneda de las chabolas en Mombasa, con una orientación social, inspirada por el STRO, no le va a la zaga: lanzada en 2014, abarca un 16% de las ventas minoristas en su comunidad.

En España –y alrededor de muchas iniciativas del REAS (Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria)–. Vivir sin Empleo cataloga un inventario de decenas de monedas complementarias o alternativas (a no confundir con la banca social, como por ejemplo FIARE, que son un remake de las viejas Cajas de Ahorro, funcionando al fin con el mismo instrumento monetario). A destacar, las monedas de ámbito municipal, que trataré luego.

Todos hemos oído hablar del Bitcoin y el boom de las criptomonedas (1 millón de descargas del monedero, unos 7 billones US$ en capitalización, 200 000 transacciones al día), con una ideología detrás que si acaso se nutre de la escuela neoliberal, y su becerro de la vuelta al patrón oro “digital”.

Pero no es el único tipo de criptomoneda. Otras, asimismo usando la cadena de bloques, intentan implementar modelos muchos próximos a la tradición STRO. A destacar el movimiento “open source” en torno a “ethereum”: permite diseñar, frente a una emulación del dinero patrón “oro”, escaso, limitado, como en Bitcoin, dinero abundante, con crédito, auténticamente soberano. En este caso, la tecnología no es neutra, sino que es una opción política clave.

Historia

La batalla monetaria viene de lejos y ha formado parte históricamente de la lucha por el poder. Se remonta hasta las guerras púnicas y el aes romano, una evolución del nomisma original de Roma (Rey Numa, 716-612 AC), diseñado siguiendo el ejemplo de Esparta. Se acuñaba en cobre y bronce, y no en metales preciosos, con un valor nominal superior al precio del valor del metal en el mercado (incluso bañado en vinagre para degradar aún más el metal). Se usaba para pagar el valor-trabajo del ejército romano, la soldada, y era moneda de curso legal para sus tributos, pues se emitía una cantidad vinculada al censo, y por tanto fijaba el valor de cambio del dinero en Roma en torno al valor de la soldada, que no el oro. Fue un arma fundamental para destruir la logística de avituallamiento del invasor Aníbal, que se basaba en dinero metal precioso, no aceptado en Roma. Hasta las guerras púnicas, el valor último de referencia para todos los precios en Roma era la paga de las legiones. Fue la rapiña posterior de los generales romanos la que inundó Roma de oro, permitió desplazar al campesinado y acabó arruinando el Imperio.

Los señores de la guerra ya habían descubierto en la prehistoria que mucho más productivo que arrasar, saquear y secuestrar esclavos en sucesivas razias a territorios más débiles, era mantener unos ejércitos suficientemente amenazantes y decretar unos tributos para los territorios vasallos que permitieran suficiente prosperidad como para optimizar la recaudación (curva de Laffer)/3, financiar sus lujos y pagar a la soldada. Para evitar malentendidos, en tiempos previos a la escritura, dejaban, por ejemplo, una copia de un collar con unas conchas (u otros objetos) como recordatorio de la cantidad de grano, cabras o trabajos a tributar. A lo largo del año, las tribus sometidas comerciaban entre ellas con esas conchas, porque lo que importaba era el saldo a final de año, dando lugar al dinero para solucionar la “doble coincidencia de voluntades” en el mercado. La principal desventaja del trueque es que requiere la doble coincidencia de intereses, es decir que cada uno desee lo que otro le está ofreciendo en el mismo lugar y al mismo tiempo; el dinero, como medio de intercambio, lo resuelve. Después, los señores de la guerra descubrieron que la dominación religiosa, la obediencia asumida, puede ahorrar muchas bocas del ejército e instauraron los tributos en metales preciosos a los templos, aunque también otros productos más perecederos, pero costosos de obtener, como plumas, cuyo destino no era gastarlos, sino ornamental/4.

Ya en el escenario capitalista, la película El secreto de OZ, el documental de William Still, explica cómo varios presidentes de USA, incluido el propio Lincoln, han sido asesinados en esta batalla monetaria dentro de la clase capitalista, hasta conseguir imponer finalmente el modelo de la FED. Eran batallas dentro de la elite, sin gran protagonismo del movimiento popular, pero si representando opciones más o menos democráticas del poder político. Eran batallas por la hegemonía dentro de la clase burguesa, por consolidar el posicionamiento del sector financiero sobre el resto del capital, y en especial sobre el campesinado propietario, pero lucha de clases al fin.

En realidad, retomaban una larga historia de la batalla de dinero valor oro, el dinero escaso, vinculado al poder, contra el dinero abundante, popular, representado por la plata, una batalla ya librada en la Edad Media.

En la crisis de pánico de 1893, poco después de la muerte de Marx, surgió un primer movimiento monetario realmente popular, el Free Silver Movement. La larga marcha de los desempleados de la Coxey’s Army, en 1894, reclamaba políticas de obras públicas que hoy llamaríamos keynesianas, vinculadas a políticas monetarias expansivas basadas en papel o en plata.

Más cercana, nuestra guerra civil es un filón histórico del uso de monedas alternativas como munición de combate/5. Como consecuencia de la evolución de la guerra, el metal empezó a escasear y el gobierno de la República ordenó el atesoramiento de monedas de cobre, bronce y níquel, metales necesarios para la industria bélica. También se ordenó la recogida de piezas de oro y plata en general, ya que estos metales preciosos se empleaban para la compra de armamento a la URSS. Durante la contienda, algunas provincias que quedaron aisladas del resto del territorio republicano tuvieron que emitir moneda propia como medida de emergencia. La acuñación de monedas locales en el bando republicano se dio sobre todo en Catalunya y en Valencia. Además, en las zonas donde la CNT y la extrema izquierda tenían más poder, surgieron colectividades y cooperativas. Se trataba de instituciones económico-sociales que se formaron en empresas y en grandes haciendas agrícolas a nivel local, sobre todo en las comunidades de Aragón y Catalunya. Muchas de esas colectividades y cooperativas llegaron a acuñar moneda propia, al margen de la ley, con intenciones revolucionarias cuyo objetivo era derrocar el sistema económico del Estado republicano. Su modelo monetario era el de moneda promesa del producto que se va a producir (se “entregará al portador” sean patatas, uvas, ropa, maquinaria, etc.). Hay ejemplos de dinero basado en el pan o la harina del molinero. Es un auto-crédito. Llegó a haber dinero de batallones del ejército republicano.

La batalla contra las políticas neoliberales, primero en América Latina y ahora en Europa, han convertido definitivamente el movimiento monetario en un movimiento asociado a los movimientos de base, el caldo de cultivo donde han fructificado miles de propuestas de STRO.

La ortodoxia

No encuentro muchos hilos de los que tirar en la literatura marxista para analizar lo que se analiza en la ya ingente literatura del movimiento de la reforma monetaria.

Tenemos el célebre texto de Ernest Mandel Marx’s Theory of Money (2004, Internet Archive). Tenemos el compendio de Fred Moseley Marx’s Theory of Money Modern Appraisals (2005, Palgrave Mac Millan) y nos encontramos con 200 páginas de autores buceando en los textos clásicos para decir “esto se sustenta en lo que ya decía o no Marx”, pero con pocas propuestas sobre cómo generar herramientas intelectuales o artefactos con los que armar los movimientos de base actuales. El debate se libra sobre todo en el terreno de la consistencia de las ideas, esencialmente con la idea valor-trabajo. Esto es una metodología científica ciertamente poderosa, mediante la cual los físicos han descubierto, por ejemplo, planetas nunca observados. Pero es una metodología que requiere del complemento imprescindible de la acumulación y de la riqueza de detalles proporcionados por la evidencia empírica. La fuente contemporánea de Marx más importante, basada en una investigación sistemática de fuentes históricas, antropológicas y arqueológicas, es el ingente trabajo de Alexander del Mar/6, obra a la que, según parece, no tuvo acceso Marx. Desde entonces, como señala Stephen Zarlenga, cualquier investigación de la historia monetaria ha sido el área de investigación académica en economía política más censurada, con la excepción de la Escuela Austriaca, fuertemente patrocinada y promocionada en todas las escuelas de economía del mundo, especialmente en EE UU.

“Está muy bien que la gente de la nación no entienda nuestro sistema bancario y monetario, porque si lo hicieran, creo que habría una revolución antes de mañana por la mañana.”(Henri Ford, Fundador de Ford Motor Company)

Si acaso me quedo con la recomendación del editor de la antes citada Marx’s Theory of Money Modern Appraisals en su introducción (traducción propia): "En términos de investigación futura, sugeriría que la tarea más urgente es desarrollar una teoría del dinero crédito puro (sin el respaldo de productos básicos), basado en la teoría de Marx, de una manera que sea consistente con la teoría del valor-trabajo de Marx y la teoría del valor añadido y la plusvalia. Inicios prometedores relativos a esta importante tarea se han hecho por varios de los autores de este libro y por otros ... ".

Si de lo que estamos hablando es del concepto básico, el problema se resuelve en la literatura de la reforma monetaria de forma suficiente para operar en la práctica: representa valor-trabajo de productos que se producirán, se venderán en el futuro y con la venta se cancelara el crédito. Esto no contradice ningún principio marxista. Al contrario, los refuerza. Ahora bien, es cierto que a este concepto le faltaría tratarlo con más profundidad (no entro en los detalles)/7 y /8, y una armazón matemática, que trate el universo probabilístico de posibles transacciones futuras. Nada que nos falte para tener claras las opciones fundamentales de la reforma monetaria.

La máquina del poder

El dinero no es sólo un concepto. Es sobre todo un instrumento de poder cuyos mecanismos hay que comprender.

La versión moderna de este instrumento de poder fue creada inicialmente por el Amsterdamsche Wisselbank, el Sveriges Riksbank, y el Bank of England, consolidada ya en 1700 y sigue vigente hasta nuestros días, comúnmente conocido como “fractional reserve banking” o Banca de reserva fraccional. La Banca de reserva fraccional o fraccionaria es un sistema bancario en el cual a los bancos sólo se les exige tener una fracción del monto de los depósitos de sus clientes como reserva, aunque tienen la obligación de retornar esos depósitos bajo demanda. El sistema está basado en el hecho de que los depositantes no suelen reclamar todos sus depósitos al mismo tiempo, ni todos los deudores están pagando al mismo tiempo. Esto incluye los depósitos generados al conceder un crédito (el depósito que aparece en nuestra cuenta cuando firmamos una hipoteca). El deposito en la cuenta del deudor en realidad solo tiene una pequeña reserva detrás (el BCE exige solo el 1%). Con ello se genera una multiplicación ex-nihilo del dinero. Varios bancos centrales tienen páginas donde lo explican sin rubor./9

Esta práctica fraudulenta la inauguraron los antiguos orfebres con sus pagarés de depósito de oro. Hacían de intermediarios para prestar con interés el oro depositado. Pronto empezaron a emitir más pagarés que reservas de oro tenían. Cuando el Estado empezó a editar sus propios pagarés, los bancos reemplazaron a los orfebres y sus pagarés tenían que ser en billetes oficiales, en última instancia respaldados por el oro del Estado. Prestar más dinero del depositado quedó prohibido por ley como falsificación de moneda, pero solo respecto del dinero impreso por la Casa de la Moneda. Nada dice la ley del dinero electrónico de las bases de datos bancarios. Así que los bancos repitieron el truco de los orfebres. Consiste en dos fuentes de dinero, complementarias, y el mecanismo adicional para dotarlo de valor:

1.- Mecanismo de imposición de la moneda de curso legal y de su valor

Como es la moneda exigible en los impuestos, y también el dinero con el que se pagan los gastos del Estado, y en especial los empleados del gobierno, es el que establece y ancla el valor (la tendencia) del dinero usado en todas las otras transacciones dentro de un marco jurisdiccional monetario y fija ese valor de la forma más marxista posible, porque lo hace usando la commodity (producto básico) madre de todas las commodities y última medida de todas las otras commodities, que no es otro que el muy marxista valor-trabajo de sus funcionarios, en su moneda. Es la misma política monetaria de fijación de valor que ya usaban los romanos y los atenienses. El dinero de Aristóteles cuyo valor es por ley.

El valor-trabajo del oro como medida de valor intermedia sobra. Es una referencia accesoria necesaria como valor puente solo al considerar la economía de ese país dentro de la economía mundial, una fracción de cada economía hasta nuestros días, que es mayoritariamente nacional (europea en nuestro caso).

De modo que el valor de una moneda en un Estado se fija en la hoja de cálculo de los Presupuestos Generales del Estado, al establecer los capítulos de gastos e ingresos, y más precisamente, al establecer la cifra que, en su moneda, se hace cargo del salario de sus empleados públicos:

  • - Un Estado puede emitir 1 000 000 de Perras Chicas y pagar a 1 000 funcionarios con un salario de 1 000 Perras Chicas. 1 000 Perras Chicas= 1 salario. Es el valor del dinero por ley.
  • - Otro país emite 1 000 Monis, paga 1 000 funcionarios con un salario de un Monis. 1 Monis = 1 salario. La tendencia, en el mercado de intercambio, será 1 Monis = 1 000 Perras Chicas.

Podemos complicar el ejemplo con una comparativa de distintos niveles adquisitivos de los funcionarios en ambos países, pero al final el principio se mantiene.

El Santo Grial del valor de referencia último del dinero, cuyo valor en el mercado de intercambio lo fija una commodity (un producto básico) traducida a valor-trabajo, está en un terreno mucho más familiar para la izquierda de donde parece que lo buscan los eruditos marxistas, que lo buscan donde lo buscan los neocon, en el oro.

Y es un concepto clave, porque nos da pistas sobre cómo orientar el modelo monetario para la periferia del Estado, por ejemplo los Ayuntamientos, pero también para las estructuras de gobernanza de cualquier otro movimiento popular, de solidaridad o alternativo, cualquier estructura de base, de solidaridad y de resistencia. Siempre que tengamos unos trabajos de los comunes con un circuito en contribuciones colectivas, tenemos una base monetaria sólida.

2. La cantidad que emite el Banco Central como reserva para los Bancos

Una primera es la llamada “máquina de imprimir dinero” de los Bancos Centrales. Sorprendentemente, el Estado ni puede emitir dinero ni puede hacer uso del dinero emitido por el Banco Central. En Europa, según el tratado de Maastrich, el dinero físico lo emiten las Casas de la Moneda bajo autorización del BCE, y el dinero electrónico se emite tecleando, por acto divino, en los terminales del BCE.

El BCE está por encima de la ley ("ni los bancos centrales nacionales, ni ninguno de los miembros de sus órganos rectores podrán solicitar o aceptar instrucciones de las instituciones u organismos comunitarios, ni de los gobiernos de los Estados miembros, ni de ningún otro órgano").

Se prohíbe al BCE y a los bancos centrales nacionales otorgar créditos a favor de dichas instituciones, de los Estados miembros, o de cualquier otra entidad pública nacional, así como la adquisición directa de "instrumentos de deuda", mucho menos para pagar sus gastos. Solo puede usarse para prestar a la Banca Privada las reservas que necesita para prestar a su vez.

El Estado está ahí como comparsa para mover la maquinaria, imponer por ley y dar valor (podríamos decir “lavar”?) al dinero generado por y para el cartel de la Banca Privada. Es por eso que se llama dinero fiduciario (fiat), pues se basa en la fe o confianza de la comunidad, es decir, que no se respalda por metales preciosos ni nada que no sea una promesa de pago por parte de la entidad emisora. La banca ya no necesita una reserva de oro para dar valor de respaldo a su dinero. Es la maquinaria del Estado la que dice, en su nombre, cuánto vale un euro, en proporción a un salario de referencia.

Este artículo se centra en los principios, pero viene al pelo comentar como una moneda como el euro, dependiente de la fijación de su valor en 24 Presupuestos Generales del Estado, con 24 niveles salariales, no tiene el mismo valor adquisitivo en todos los países.

Ese árbitro del cartel de la Banca que es el Banco Central tiene como misión mantener controlada la inflación. Lo hace regulando las reservas y el interés a la Banca, intentando controlar así la intensidad del crédito que esta puede conceder, y con ello la masa monetaria total. La intención de esa misión no es otra que, sin inflación, las deudas de los prestamos emitidos por los miembros del cartel y sus intereses se paguen, de forma inmisericorde, a un valor real igual al nominal al que se contrajeron.

3. El instrumento dinero crédito

Es el dinero creado ex nihilo (de la nada), como hemos explicado arriba en la Banca de reserva fraccional, multiplicando por mucho la reservas, y que cuando entra en circulación aumenta la masa monetaria emitida por el Banco Central, para satisfacer las cantidades necesarias por las teorías cuantitativas del dinero, y donde encajan perfectamente las consideraciones de Marx sobre el volumen y la velocidad del dinero hasta el momento que se devuelve. Cuando se devuelve se aniquila de nuevo, y el ciclo se repite con nuevo dinero creado a través del crédito.

En nuestras economías es alrededor del 97% del dinero circulante (en su mayoría depósitos electrónicos). Como se emite con interés, hay que devolver más dinero del que se creó y, por lo tanto, esta elite bancaria se sitúa en la tribuna por encima del resto viendo a todos los otros capitalistas en la arena compitiendo a muerte por devolver los créditos, quebrar a los rezagados y, en todo caso, haciendo crecer exponencialmente el PIB para ingresar el volumen creciente que hay que devolver y quemando el planeta hasta la extenuación.

No debemos lanzar un anatema demasiado precipitado sobre este tipo de dinero, como hace la corriente de Dinero Positivo. En las chabolas donde opera Bangla-PESA, la fluctuación diaria de los ingresos de los pequeños negocios es del 400 %. La necesidad de dinero para crédito de las PYMES para salvar los baches es estructural. Es simplemente fruto de la aleatoriedad del pequeño volumen de su mercado. El dinero libremente disponible para créditos del ahorro es solo una pequeña fracción de lo que necesitan, por ejemplo, las PYMES. La mayoría del ahorro va a inversión en bienes de capital, no a disposición para préstamos. Por lo tanto, si no se puede generar dinero ex-nihilo, faltara dinero para crédito. Hay que mantener la magia del dinero crédito puro (sin el respaldo de productos básicos), pero democratizando radicalmente su generación, arrebatando ese poder a los bancos poniéndolo bajo soberanía popular. Y sobre todo escapar de la espiral de crecimiento, aboliendo el interés.

La propuesta de una Banca Publica que de créditos sin interés, se le aproxima, pero hace falta algo mucho más distribuido y más cercano a los órganos de soberanía democrática que una Banca Publica “estatal” centralizada.

Este diabólico teatro de sombras chinas, donde nada es lo que parece, es como un mundo Matrix, que solo se sostiene porque nos lo creemos todos, es la escenificación por la que una pequeña elite domina naciones, crea guerras, arruina a millones y lleva el planeta al abismo. En la izquierda seguimos atrapados en esta ilusión, en esos conceptos y en ese lenguaje. Hablamos quizás impropiamente de anti-capitalismo, cuando los capitalistas, entendidos como los dueños de los medios de producción, ya son una clase subalterna de esta clase predadora superior. Basta ver en Piketty los índices de retorno de cada una. Cuando esta elite ni tiene lo que clásicamente se entiende como capital, porque no tiene el dinero que dice tener, sino el poder de decir que lo tiene, y entonces “es”, ¿cómo la llamamos? ¿Dioses?

Por eso mismo, hace falta, como no, una marea civil que crezca inundando las instituciones del estado “canónico”, pero también otra marea asentándose en territorios fuera del mundo Matrix, más allá de la servidumbre del pago de intereses a esa excrecencia del quinto poder, en un nuevo mundo monetario de los Comunes, aunque solo sea para señalar el camino a lo que queda, y facilitar una migración masiva cuando al Eurogrupo se le ocurra volver a tocar las narices (en un acontecimiento que uno soñaría tan viral e incontenible como una segunda versión de la caída del muro). El leitmotiv es el mismo: soberanía. Soberanía democrática, suplementaria, energética,… y monetaria.

La aceptación de monedas sociales que no pagan interés al dinero crédito bancario en áreas económicas significativas es laboriosa, ya que como medio de pago no presentan ventajas radicalmente superiores, y si generan mucha desconfianza. Sin embargo, en una situación de asfixia como la griega, un uso previo en pequeños porcentajes (¿5%?) puede ser suficiente para convertirlo en viral. En el corralito argentino, la crisis chipriota y la horca griega, el crecimiento de las cripto-monedas fue explosivo. Un frutero sin clientes, seguro que acepta la moneda local antes que tirar la fruta.

Como nota adicional, la banca ha alcanzado este oligopolio gracias a una sola y única posición de fuerza. Es la única rama industrial que goza de la confianza casi total de llevar de forma segura los libros de cuentas de operaciones entre terceros. Antes eran libros en papel, ahora son gigantescas bases de datos. Y esta es la gran oportunidad histórica. La criptografía nos permite diseñar bases de datos descentralizadas, P2P, en la cadena de bloques, más seguras y más fiables que nunca han sido los monstruos informáticos de los sótanos bancarios. Esto les quita la alfombra debajo de los pies y hace que la barrera de entrada al principal medio de producción de su negocio esté al alcance de una Asociación de Vecinos.

Guías conceptuales y de acción

El día 28 de junio de 2015, la troika dio un puñetazo sobre la mesa y frustró todas las negociaciones de Syriza con una simple acción, demostrando quién ejerce realmente la soberanía. El BCE cortó el grifo de las reservas a los bancos griegos y con eso asfixió de un plumazo la economía griega, poniendo de rodillas a Syriza y con ello al pueblo griego, poniendo en evidencia el valor nulo de la democracia. Anteayer, Macri devolvió la paridad con el dólar en Argentina, lanzando un shock de libro (Naomi Klein) destinado a quebrar las bases de las conquistas sociales del peronismo.

Vagamente, Varoufakis habla de un misterioso “plan monetario B”, nunca madurado ni explicitado. Y todos nos preguntamos cuál sería ese plan B, en qué consiste el grexit. Las mentes más atrevidas hablan de un eurodracma (¿criptomoneda?), pero a la postre, dinero deuda bancario. Mientras tanto, la sociedad civil, a través de sus movimientos de base, está cubriendo como puede las lagunas del Estado y va encontrando fórmulas de funcionamiento económico alternativos. No parece que el plan B de Varoufakis tenga conexión ninguna con dotar a esos movimientos de instrumentos monetarios alternativos.

En nuestro país toca, como dice Jaime Pastor en las páginas de esta revista, reconvertir la maquinaria electoral de Podemos en una maquinaria de potenciación de movimientos sociales a partir de las plataformas 15M existentes y las cabezas de puente conquistadas en el poder municipal, salvo que de aquí a las próximas elecciones los millones de precarios, hartos de la eficiencia limitada de la actividad de los 69 de Podemos en el Parlamento, hayan dado lugar en su desesperanza a una Nueva Democracia o un Front National en nuestro país.

Es necesario poner en marcha y hacer crecer ya el plan B monetario que nos hará falta cuando debamos mirarle a los ojos, como dice Monedero, al Eurogrupo. Monedero afirma una y otra vez que el volumen de nuestra economía bastará como medida disuasoria. Varoufakis dice lo mismo. Yo lo dudo. Torres más altas han caído. En casos extremos –y la crisis financiera de la burbuja de los derivados puede traernos casos extremos– no les ha temblado la mano para hacer tabla rasa de economías más grandes, como la rusa, tras la caída del muro.

Para cuando llegue ese momento debe estar ya operativo un plan B cubriendo un porcentaje significativo de la economía, de manera que pueda ampliarse rápidamente ante una situación de asfixia como la griega, permitiendo que al menos la economía interna funcione, dando un respiro precioso, de meses, antes de plantar el nuevo sistema monetario estatal en el tablero mundial. Es un plan B que crece de abajo hacia arriba. Es un plan B que es de raíz postcapitalista, que no paga interés a la Banca. Pero sobre todo, es un plan B que puede ir ayudando, en el mientras tanto, ya, de forma práctica, a la población más desesperada.

En el artículo Apuntes para una soberanía monetaria (Segovia, Rogelio, 2015, Instituto de la Moneda Social), esbozo los principios de soberanía monetaria que deberían guiar esas iniciativas. Con ello sólo pretendo abrir una primera brecha en el vacío que existe en la literatura de izquierda en este campo. Ojalá fructifique en mil ideas, pero sobre todo, en mil iniciativas.

Sería de urgencia que el movimiento organizara un amplio debate con los pocos estudiosos del tema, los grupos de economía alternativa, como ATTAC y otros, la Banca ética, las monedas sociales, los agentes de la economía social como REAS, los equipos de los partidos como el 3E de Podemos, para ir elaborando un primer cuerpo de Guías conceptuales y de acción sólido. El movimiento antiausteridad que propone Varoufakis parece un marco sugerente para enmarcar el debate. Mi primera pregunta sería: ¿dónde está escrito que una política expansiva de obra pública se tenga que financiar solo con dinero deuda, como el euro?

El plan B de la maquinaria de empoderamiento popular

Nos situamos en una visión de la economía que ha dado en llamarse “la nueva economía feminista”, una economía menos eficiente pero más resistente (resilient), en una economía relocalizada, menos global, de “compra local”, donde entra en juego el coste total de las cosas incluyendo su coste ecológico y de reciclaje, donde hay que administrar con cuidado las energías renovables. A ello corresponde una maquinaria de dinero soberano formado por una ecología de sistemas monetarios/10 correspondiente a la ecología de las estructuras de gobernanza donde se ejerce la nueva democracia soberana.

La Banca Pública de la que hablamos, es una banca a cada nivel, cada nicho económico y cada comunidad de esa ecología de monedas. Esta libre para emitir la moneda que guste y dársela o prestársela al gobierno de la comunidad para sus presupuestos de gestión de los Comunes, sin más condición que la comunidad haya participado en la elaboración de los presupuestos y conozca y acepte los efectos que va a tener en cuanto a servicios, impuestos e inflación. Unas agencias o agentes de la comunidad, estrictamente evaluados y capacitados según historial de concesión de créditos exitosos, devueltos, serán los delegados por la comunidad para analizar la solvencia de las peticiones de crédito, y podrán crear todo el dinero crédito necesario.

El nivel de mayor actualidad es el nivel municipal. Puesto sobre el tapete, por ejemplo, en Barcelona. El programa de Ahora en Común incluye la creación de una moneda municipal.

El dinero municipal tiene unas líneas muy claras, que no son tan evidentes en otras instituciones de base. Estas serían las líneas maestras:

1. Al menos parte de la paga de los funcionarios municipales debe hacerse con ese dinero. Es el que fija el valor-trabajo de referencia de la moneda y es resistente ante cualquier vorágine monetaria externa.

2. Al menos parte de los impuestos municipales (o servicios municipales) debe cobrarse obligatoriamente con esa moneda, u opcionalmente con un incentivo, porque animará a todos los otros agentes económicos a obtenerla si quieren pagar los impuestos. Por tanto, deberán operar con ella en el mercado.

3. Es necesario partir de una primera base de empresas locales que acepten esa moneda como parte de los pagos, pero sobre todo como cámara de compensación de los negocios entre ellos, como proveedores mutuos, que es el flanco que más aprieta el libro de cuentas de las PYMES. Es necesario garantizar a convertibilidad al euro.

4. Deben poderse autorizar líneas de crédito en esa moneda, ex nihilo, sin interés, por organismos o personas delegadas y supervisadas por la comunidad, asegurando la soberanía sobre el surplus temporal de dinero crédito.

5. A ser posible debe evitarse usar una base de datos residente en un servidor, centralizado, vulnerable, y por el contrario se deben llevar los registros a la cadena de bloques, descentralizada, compartida colectivamente en forma P2P, casi inexpugnable frente a decisiones ejecutivas a la ligera del poder local de turno. Si se ha de cerrar, que no sea antes de una batalla legal en condiciones. El edificio legal monetario tiene muchas grietas, así que si se salvan los registros de un embargo, luego hay muchas posibilidades de ganar la batalla legal.

Las estructuras de solidaridad o de economía paralela, como las que ahora florecen en Grecia, provisionalmente reemplazando al Estado o generando nuevas estructuras paraestatales deben seguir un modelo parecido. Es especialmente delicado el pago de los “protoempeados públicos” y su encaje en la legislación laboral, pero en un comedor social, los voluntarios deben pagarse con la moneda de la red a la que pertenezca el comedor social. Toda donación debe hacerse en esa moneda, cambiando por euros si es necesario, de manera que se genere un stock de euros para comprar en el mercado “exterior”. Si las personas que acuden al comedor se lo pueden pagar con lo que se han ganado en un banco de tiempo en esa moneda social, habrán ganado algo muy importante, su dignidad. Y por supuesto, se debe poder dar crédito creando dinero nuevo, como un acto colectivo.

Cada área económica que use moneda social es un área que deja de pagar intereses y que puede generar un proceso acumulativo tanto de impulso económico como de capital de los Comunes muy rápido.

De momento, el modelo más acabado de moneda social en nuestro país es sin duda la red Eurocat en Catalunya. La Red de Solidaridad Popular me parece el candidato más maduro para ensayar un sistema monetario del movimiento de ámbito estatal. Muchos de los circuitos que impulsa REAS son también terreno favorable. Es urgente que, en cuanto a tecnología monetaria, grupos de las facultades de Tecnologías de la Información pusieran a disposición del movimiento plataformas sobre la cadena de bloques, poco vulnerables a acciones represivas. Mención especial merece una primera generación como la criptomoneda FaicCoin de FairCoop, el movimiento liderado por Enric Duran.

29/12/2015

Rogelio Segovia es miembro del Instituto de la Moneda Social http://www.monedasocial.org/

Notas

1/ Autores imprescindibles son por ejemplo, Bernard Leataer, Paul Grignon, Thomas Greco, Ellen Brown.

2/ The Lost Science of Money. The Mithology of Money–The Story of Power (2005, American Monetary Institute)

3/ https://es.wikipedia.org/wiki/Curva_de_Laffer La curva de Laffer representa la relación existente entre los ingresos fiscales y los tipos impositivos, muestra cómo varía la recaudación fiscal al modificar los tipos impositivos.

4/ Szabo, Nick 2005, An Explanation of the Kula Ring, en Nick Szabo’s Papers and Concise Tutorials

5/ Corporales Leal, Carolina 2011, Moneda y guerra civil española, Ab Initio, Núm. Extr. 1, 2011

6/ Por ejemplo del Mar, Alexander, (1867). History of money and civilization. (repr. NY: Burt Franklin, 1969); otros en https://en.wikipedia.org/wiki/Alexander_del_Mar

7/ Matslats (2105), "Wave/particle money", http://matslats.net/wave-particle-money.

8/ Segovia, Rogelio (2015), "Credit is the time dimension of money", http://desperado-theory.blogspot.com.co/2015/09/credit-is-time-dimension-of-money.html

9/ McLeay, Michael et al. of the Bank’s Monetary Analysis Directorate, 2014, Money creation in the modern economy, Bank of England Quarterly Bulletin 2014, Q1.

10/ Lietaer, Bernard, et. al. (2012), Money and Sustainability, The Missing Link, Triarchy Press.



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