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Nafarroa
De la paga extra a los desafíos de la política económica
28/12/2015 | Koldo Smith

Navarra se ha visto sacudida por una polémica en torno a la devolución de la paga extra del 2012 de los funcionarios. El gobierno de Geroa Bai con la oposición de Podemos propuso aplazar esta devolución. Este hecho ha sido el desencadenante de esta reflexión sobre los limites de la política económica en un sistema azotado por intensas contradicciones y en profunda crisis.

Recientemente hemos asistido en Navarra a una polémica sobre la devolución de la paga extra del personal funcionario en Navarra, una comunidad gobernado por un Gobierno que se define “progresista” y de “cambio” tras mas de dos décadas de gobiernos de derecha cerrada. Esta polémica pone de relieve, no solo la naturaleza de los planteamientos políticos y económicos de Geroa Bai, sino también la dificultad para cualquier gobierno de llevar a cabo la restitución de los mínimos derechos económicos y sociales arrebatados durante los años de ajustes y austeridad por el escaso margen presupuestario. Unas dificultades derivadas tanto de la herencia económica recibida (especialmente la deuda), como del hecho de que la economía navarra (como la española y la europea y, por qué no decirlo, la mundial) siguen sumidas en serias dificultades y se enfrentan a perspectivas económicas inciertas, unas perspectivas en la que la proclamada recuperación es más un deseo que un pronóstico serio y en las que un prolongado estancamiento económico no puede excluirse.

Esta complicada situación económica dista mucho de ser una peculiaridad navarra. En el Estado español, por ejemplo, lo más probable es que las exigencias derivadas de la alta deuda pública y la consiguiente demanda de políticas de “austeridad” tras la tregua de estos últimos meses, resulten asfixiantes para cualquier política progresista.

Este complejo escenario económico exige planteamientos que no tengan el horizonte en medidas que pueden resultar insuficientes, como aquellas que solo se desenvuelvan en la dimensión distributiva-asistencialista. Incluso la reestructuración negociada de la deuda (que podría significar prolongar por generaciones su carga) y las propuestas de cambio del modelo productivo pueden resultar inefectivas. El cambio del modelo productivo es una “consigna” que todos los partidos repiten, pero que plantea más preguntas que las respuestas que ofrece. Los que otorgan un papel central al cambio de modelo productivo olvidan que éste es en gran medida el resultado de la división internacional del trabajo y que sin descartar la influencia que el carácter “poco emprendedor” de las clases dominantes de nuestro país o la “desidia y corrupción” de nuestros políticos, es necesario tomar en cuenta, como explica Harvey/1, la “lógica espacial” del capital, una lógica que establece unas relaciones entre distintas partes del mundo, en las que los territorios se “especializan” dentro de la organización de la producción, jugando diferentes papeles en las cadenas de valorización del capital.

El escenario más probable es que se sigan planteando políticas desde los representantes políticos dominantes que con diferencias de matices supongan nuevos ataques a los intereses de los sectores populares por la vía del ajuste del gasto público, la deflación salarial, la precarización del empleo, la disminución efectiva de las pensiones, etc. Unas medidas impuestas por la dificultad para mantener el proceso de acumulación del capital en las condiciones actuales. En un sistema económico que muestra bases frágiles y contradicciones irresolubles, es poco probable que se pueda confiar en nuevas alternativas de “desarrollo con inclusión”, teniendo en cuenta la quiebra del modelo del Estado de bienestar, de los proyectos de “capitalismo con rostro humano” y la crisis de los modelos nacional-populares en Latinoamérica. Son “utópicas” las propuestas que desde ópticas socialdemócratas y “nacional- populares” creen que es posible controlar los resortes de la economía desde el ámbito de decisión política sin modificaciones económicas estructurales de calado; unas modificaciones que afecten no solo a modelo productivo (qué se produce, cómo y cuanto) sino al modelo económico y de las relaciones sociales ligadas a éste, cuestionando el rol del mercado y ampliando el control y la propiedad pública.

Porque cualquier gobierno que intente políticas alternativas va a tener que afrontar limitaciones desde el mercado mundial y desde las instituciones europeas que van a obstaculizar cualquier intervención que directamente desde lo público (y por lo tanto substraída parcialmente a la lógica del mercado) esté dirigida a construir un modelo productivo diferente, aunque de hecho, como he dicho, solo constituya una solución parcial.

Como razona Panagiotis Sotiris/2 en relación a Grecia y la política de Syriza estamos en un momento en que los partidos impugnadores del régimen y las políticas de austeridad (especialmente Podemos pero creo que también IU) confluyen con las ilusiones de la población de que un gobierno “progresista” puede terminar con la austeridad, emprender la senda del crecimiento económico, combatir efectivamente el paro, devolver derechos laborales y sociales sin grandes dificultades y conflictos, eso sí, de forma “progresiva y lenta”.

Sin embargo, no parece posible que se puedan llevar a cabo medidas incluso tímidas como las incluidas en el programa electoral de Podemos, sin enfrentar resistencia desde las instancias internacionales como la Unión Europea, en las que está integrado el sistema económico del Estado español, y sin enfrentarse a corporaciones financieras e industriales que se han visto beneficiadas de la flexibilidad laboral, el deterioro de los salarios y condiciones de trabajo así como del apoyo incondicional desde los poderes públicos que han permitido el saqueo de los bienes de todos y un proceso de acumulación por desposesión, para proporcionar los beneficios que la sobreproducción impide, a través del llamado “ciclo secundario de valorización del capital”: apropiación de los recursos públicos, grandes obras e infraestructuras, las burbujas inmobiliarias, etc.

Por lo tanto, es necesario plantearse una alternativa que no solo ofrezca alternativas “técnicas” a la situación económica si no impulsar un proceso de transformación basado en la “apuesta” y “experimentación” que incluya por ejemplo el reforzamiento de la propiedad pública pero bajo fórmulas de autogestión y de control de los trabajadores y trabajadoras. La desmercatilización de servicios y las redes no comerciales de distribución alternativas también es esencial en esta apuesta. Todo este modelo debe tener como pilar los debates sociales, la solidaridad y la inteligencia colectiva. En el centro de ese debate se debe situar la economía y el papel y funcionamiento del sector publico y de los servicios sociales, educativos y sanitarios.

Esto quiere decir como dice Husson/3, que la conciencia de los limites del “keynesianismo” que deriva del análisis de la crisis como sistémica, no debe implicar formular una alternativa anticapitalista abstracta. Se debe construir, partiendo de las demandas y reivindicaciones, un proceso de articulación de un pueblo activo y protagonista que vaya conquistando espacios de poder. En el camino hacia un ecosocialismo autogestionario hay que introducir medidas de corte Keynesiano que sean concebidas como parte de una guerra de “posiciones” permanente.

Koldo Smith es miembro de Podemos, Anticapitalistas y Attac de navarra

Notas:

1/ David Harvey http://socialistregister.com/index.php/srv/article/viewFile/14997/11983

2/ Panagiotis Sotiris.http://salvage.zone/online-exclusive/the-realism-of-audacity-rethinking-revolutionary-strategy-today/

3/Michel Hussonhttp://www.vientosur.info/IMG/pdf/Los_limites_del_Keynesianismo.pdf



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