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El 20D y la izquierda vasca
Copernicano giro electoral
26/12/2015 | Petxo Idoiaga

La principal noticia de este 20D en Euskal Herria se refiere al campo de la izquierda: en resultados electorales Podemos arrasa y EHBildu se desploma. Podemos, en su primera participación en elecciones generales, obtiene 7 escaños y será la mayor representación de Euskal Herria en el próximo Parlamento español; EHBildu baja de 7 a 2 escaños en el mismo.

En la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), Podemos es la sigla más votada -por encima del propio PNV- con el 25.97% de los votos y 5 escaños, mientras que en las elecciones a las Juntas Generales provinciales del pasado 24 de mayo, su primera participación electoral, obtuvo ya un 13.93%. En la Comunidad Foral Navarra (CFN), queda, con un 22.99% de votos, sólo detrás de UPN-PP pero con los mismos 2 escaños que esa coalición de la derechona, mientras que en las elecciones al Parlamento Foral, el pasado mes de mayo, obtuvo el 13.67%.

En la CAV, EHBildu obtiene el 15.07% y 2 escaños, frente al 24.39% y 6 escaños de las elecciones de 2011, al 25% en las autonómicas de septiembre de 2012 y al 22’73% obtenido para las citadas Juntas Generales el pasado mes de mayo. En la CFN recoge un 9.9% de los votos y ningún escaño, frente al 14.25% en las del pasado mes de mayo y al 14.86% y 1 escaño en las elecciones generales de 2011 (Geroa BAI, el partido de la presidenta de la CFN Uxue Barcos, desciende más aún, hasta un 8.68% desde el 15.83% obtenido para el Parlamento Foral).

Antes de analizar estos votos, echemos una miradita a los resultados, por un lado, del PNV y, por otro, del PSOE y la derecha españolista.

Al partido del lehendakari Urkullu no le han afectado los recientes huracanes electorales; mantiene y representa eso que, en los medios de difusión, se llama “estabilidad y centralidad política”: 24.75% ahora frente al 27.75% de 2011, aunque subiendo de 5 a 6 escaños.

El constitucionalista PSOE sigue cayendo y cayendo aunque sus dirigentes vivan en la nube y sostengan que no van mal: en la CAV obtuvo el 38.85% (9 escaños) en 2008, 21.8% en 2011 y 13.25% (3 escaños) ahora; en la CFN obtuvo un 22% en las elecciones generales de 2011 y 15.53% en las de este 20D. A la derecha españolista le va parecido de mal: en la CAV, 18.02% en 2011 y 11.62% ahora el PP, mientras que Cs queda, con un 4.12%, fuera de juego; en la CFN, la suma de UPN y PP sería 41.77% en aquellas y 28.93% en estas. Son, sin duda, buenas noticias para la justicia social y para la democracia política.

Los días pasados se han publicado en VIENTO SUR diversos artículos analizando los avances y límites de los resultados electorales -y, también, políticos- de Podemos. Son reflexiones imprescindibles para entender su espacio; entre ellas hay que destacar, sin duda, el giro hacia el reconocimiento del derecho a decidir impulsado desde Catalunya y que no había sido materia de la agenda de Podemos en Euskal Heria hasta las mismas elecciones.

Pero para explicar el copernicano giro electoral protagonizado por el ascenso arrasador de esta organización y el desplome de la izquierda abertzale hay que añadir algunas particularidades vascas sustanciales.

En la CAV apenas existieron 15M o Mareas y hasta el movimiento de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) tuvo escasa relevancia. En la CFN hubo más de todo eso, sí, pero muy por debajo de lo que protagonizaron en otros puntos del Estado español todos esos movimientos sociales tan básicos para la posterior proyección política de Podemos. En cambio, en Euskal Herria se han producido desde 2009 ocho huelgas generales contra la austeridad, cuatro de ellas desde 2012, en la casi totalidad de las cuales el protagonismo ha correspondido al sindicalismo nacionalista y ninguna de esas movilizaciones ha tenido reflejo alguno en las, muy escasas además, públicas imágenes posteriores de Podemos en tierra vasca.

Con la excepción –y muy relativa- del líder de EQUO Juantxu López de Uralde cabeza de lista en Araba, las personas que han formado las candidaturas de Podemos apenas eran conocidas por su actividad social o política previa. Más aún, justo en víspera de las elecciones dimitió toda su dirección en la CAV en protesta por la imposición de las candidaturas desde Madrid y, después, la campaña se ha llevado desde una comisión electoral creada a todo meter. Por supuesto, no ha habido confluencias como en el Principat catalán, en el País Valencià o en Galiza, pero, además, la propia organización de base, los círculos, de Podemos es muy débil y, públicamente, poco conocida, aunque están participando ya, a ese nivel, activistas de movimientos sociales y políticos de cierta experiencia.

El resultado electoral de Podemos en Euskal Herria debe explicarse, sobre todo, desde su significado como candidatura para las elecciones al Parlamento español, de lo que ha representado como opción político-electoral al mismo un partido de todo el Estado español. La buena sombra de ese significado ha cobijado su voto vasco; buena sombra, buena imagen (sea o no discurso electoralista) por el derecho a decidir, sin duda. Pero, igualmente, por el no a la corrupción, por la gente contra la casta y contra los desahucios aquí o allá…

Lectura obligada a añadir: “lo que ocurra en Madrid es muy importante para Euskal Herria”. Electoralmente, esta vez no ha sido lo más importante la tradicional referencia de izquierda abertzale: “reforcemos las voces de resistencia social y democrática vasca en la cuesta de San Jerónimo”, sino este nuevo: “hagamos que la voz vasca tenga peso y se oiga en un cambio de régimen para el conjunto del Estado español”; voz que, por supuesto: “será determinante para la democracia vasca”, pero, además: “será determinante para cambiar la vida, la justicia social, la democracia, la libertad y el futuro en común de todos los pueblos del Estado español”. Porque frente a cierta sectaria simplificación el giro electoral copernicano sgnifica que: “esa ‘España’ nos importa y mucho”, aunque nuestra propia identidad esté negada por la otra “España”.

Creo que desde la izquierda abertzale está habiendo una lectura correcta de los resultados electorales; al menos, aprecio eso en la línea editorial del diario GARA (su referencia mediática): “Podemos-Ahal Dugu –editorializa ese diario el día 21- ha capitalizado en estos comicios una fuerte corriente democrática que durante estas décadas de conflicto abierto y transición fallida ha impregnado toda la política vasca. Pero lo ha hecho en parámetros distintos a los tradicionales de la política vasca en este periodo. Si en términos ideológicos en estas páginas hemos calificado a Podemos como el germen de un nuevo unionismo inteligente y democrático, estos resultados dan una nueva vuelta a esa caracterización, puesto que gran parte de su electorado en este caso es abiertamente autodeterminista, no se identifica como español y en algunos casos puede llegar a ser independentista. Pablo Iglesias lo apuntaba en su primer discurso. Algo que ya era evidente en Catalunya”(http://www.naiz.eus/eu/iritzia/editorial/el-pulso-democratico-de-la-ciudadania-vasca-se-sostiene-en-otros-parametros-y-plazos).

En el desplazamiento –evidente y hasta matemático en muchos casos- del voto de EHBildu a Podemos, hay que añadir otros elementos además del de la perspectiva de cambio, crisis al menos, en el régimen de la transición del 78. Pese a la moderación de sus propuestas sociales, el discurso de Podemos –sobre todo a medida que la campaña avanzaba- ha pegado fuerte en derechos y lucha contra la marginación. Frente a esto, hay evidentes debilidades en el discurso político de EHBildu. La izquierda abertzale tiene una base anticapitalista muy activa y bien organizada en el movimiento sindical (LAB) incluidas ahí la sanidad y la enseñanza; otro tanto en el movimiento feminista (Bilgune), en el ecosocialismo, en los barrios… Se trata, sin duda, de movimientos de resistencia y lucha social muy activos e importantes de Euskal Herria. Pero la trayectoria política, práctica y discursiva, de la izquierda abertzale apenas se asienta en ello y se numantiniza en un mono-discurso independentista, justo, por evidente, en lo que menos tiene que demostrar la izquierda independentista.

Se puede entender y hay que apoyar, por mucho que ello quite aliento para otras actividades, el enorme esfuerzo militante que requiere la reivindicación y la solidaridad material en el caso de las más de 600 personas encarceladas y a centenares de kilómetros de sus hogares. Pero, más allá de eso, la izquierda abertzale sigue atrapada en ese mono-discurso independentista en detrimento de prácticas y discursos políticos más sociales. Esta vez la ilusión de que Catalunya se convirtiera en el eje de la campaña electoral, ha acentuado más aún tal mono-discurso en la campaña; ilusión que, por fallida, ha resultado más endeble.

Hay una indudable confusión entre la positiva afirmación de que la soberanía nacional puede favorecer el escenario de lucha por la justicia social y la identificación de soberanía nacional y justicia social, lo que, además, lleva a defininirse casi sólo en el “acuerdo en el nacionalismo frente al Estado”, marginando el eje del anticapitalismo social en la propia Euskal Herria. ¡Magnífico para el PNV pero en detrimento de la propia izquierda abertzale!

Campo fundamental a tener en cuenta en esta debacle electoral de la izquierda abertzale, es que aquello tan positivo que le dio fuerza al poner fin al ciclo de la referencialidad política central de la lucha armada de ETA, se ha quedado estancado. Sin duda hay que denunciar –nunca será suficiente hacerlo- al Estado y al sistema político español, en la utilización perversa que hacen de la política penitenciaria. Pero el camino unilateral emprendido por ETA y por la propia izquierda abertzale para poner fin al ciclo dominado por la violencia armada se ha paralizado o semi-paralizado al menos. Mientras ETA siga existiendo, sus siglas al menos, en el espacio público, será una rueda de molino en el cuello de cualquier serio y popularmente masivo proyecto político de izquierda y abertzale.

Sin pretender exhaustividad en el análisis de los problemas, es evidente que debe añadirse que EHBildu resulta hoy, sobre todo, un acuerdo elitista de cabezas partidarias más que un movimiento de base activo y participativo. Que el paso del acuerdo de siglas al movimiento político plural no es fácil, resulta evidente. Pero es, también, evidente que la izquierda abertzale no ha emprendido experiencias, siquiera testimoniales, para ello, más allá del proceso ABIAN (“en marcha”) que, por el momento, no ha pasado de la búsqueda de opiniones. No son problemas nuevos, de ahora. Se pudieron detectar ya con las elecciones a Juntas Generales el pasado mes de mayo (http://www.vientosur.info/spip.php?article10145). Pero ahí están y se han agravado.

Desde luego el giro copernicano de estas elecciones no significa que sus resultados vayan a reproducirse en otras futuras. Ni siquiera hay que identificar miméticamente la evidencia del giro electoral con la de un giro político. Pero tampoco creo que haya, sin más, otro giro similar y tan brutal en sentido contrario en las siguientes elecciones (desde luego no, si son elecciones generales anticipadas, pero ni siquiera –aunque el cambio sea significativo- si son autonómicas).

Pero hay elementos positivos. Toda la izquierda vasca parece haber encontrado un espacio político de acuerdo sobre los tres ejes que -quienes encabezamos la defensa de una candidatura electoral común- les propusimos hace meses: soberanía nacional, justicia social, culminar el proceso de paz. Eso, me parece, mucho más importante que el que se diera o no se diera aquel acuerdo electoral unitario. Falta experimentar ese espacio político de acuerdo, en práctica común. El tiempo dirá si llega y cuándo llega el momento de acuerdos electorales o, más importante, de dinámica social común, de movimiento social y político amplio popular y unitario. Mientras tanto parece necesario practicar acuerdos entre los partidos de la izquierda y no continuar desconociéndose.

Si se echan cuentas, los votos de izquierda en esta elecciones son más 500 000 en la CAV y más de 160 000 en la CFN. Una cantidad de votos sobradamente suficiente para crear una nueva mayoría parlamentaria y gubernamental en la CAV frente al PNV y para reforzar la que ya existe en la CFN. Algo a tener en cuenta, sin duda.

El astrónomo Copérnico defendió que la Tierra no era el centro del Universo y que el Sol y las Estrellas no eran esas cosas que giraban a nuestro alrededor, sino que para entender y explicar ese asunto era necesario poner nuestra Tierra alrededor del Sol. Pues, ¡ojalá algo tan científico sirva, aunque sea como metáfora, para tenerlo en cuenta en nuestra futura política de izquierda en Euskal Herria!

25/12/2015

Petxo Idoiaga es miembro del consejo editorial de la web VIENTO SUR



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