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Sudeste asiático
Migraciones en la región ASEAN: terminología y conceptos
19/12/2015 | Sverre Molland

Este año ha habido una crisis migratoria sin precedentes en el sudeste asiático. Cierto número de solicitantes de asilo rohinyás quedaron a la deriva en el mar de Andamán. Emulando la política de asilo restrictiva de Australia, el gobierno tailandés se negó inicialmente a que las embarcaciones se acercaran a sus costas. Este bloqueo, que finalmente se resolvió permitiendo la entrada temporal de los solicitantes de asilo, se enmarcó en otra crisis migratoria que por entonces ya llevaba desarrollándose algún tiempo: el descubrimiento de fosas comunes y la supuesta trata de rohinyás con destino a unos campos de trabajo esclavo en la frontera entre Tailandia y Malasia/1.

Estos terribles abusos de los derechos humanos han sido muy comentados; en cambio, no se ha prestado tanta atención a la proliferación de calificativos y términos empleados durante esa doble crisis migratoria y otras. ¿Debe concebirse la crisis de los rohinyás como una crisis humanitaria de refugiados? ¿O ejemplifica acaso el punto débil del crimen organizado internacional, vista la profunda implicación de salvajes prácticas de reclutamiento de migrantes? En este caso, ¿hay que calificarla de contrabando de personas o de trata de seres humanos? O bien, dado el descubrimiento de campos de trabajo, ¿sería más justo hablar de “esclavitud moderna”?

Los políticos, los medios y los activistas parecen no tener reparo alguno en utilizar esta terminología indistintamente. Sin embargo, la facilidad con que este vocabulario en evolución se confunde merece una reflexión sobre sus implicaciones políticas. Pensando en la nomenclatura de la gestión de migraciones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), creo que la proliferación terminológica debe entenderse como una pugna entre demandas políticas que compiten entre sí. Pese a que existen diferencias evidentes entre estos conceptos, al mismo tiempo son asombrosamente parecidos: al fin y al cabo, la gestión de migraciones es una política de retorno.

La región ASEAN y la migración

La migración en la región de la ASEAN es diversa y de gran escala. Décadas de inestabilidad política han originado varias oleadas de desplazamiento de refugiados de Laos y Vietnam (durante la guerra de Vietnam) y, más recientemente, de Myanmar. La región se ha convertido asimismo en un importante lugar de tránsito de solicitantes de asilo de Oriente Medio que tratan de refugiarse en Australia. Al mismo tiempo, buena parte de la migración tiene que ver con la economía de la ASEAN: el desarrollo de varios países miembros se nutre de la inmigración laboral. Por ejemplo, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en Tailandia hay más de un millón de trabajadores inmigrantes acogidos a varios programas/2. Dado que gran parte de la economía tailandesa es informal, es probable que la cifra real sea mucho más elevada, ya que muchos trabajadores inmigrantes no están registrados.

La región de la ASEAN ofrece muchos aspectos interesantes para el análisis por varias razones. Es políticamente diversa, pues incluye desde Estados nominalmente comunistas de partido único (Laos y Vietnam) hasta regímenes democráticos (como Indonesia), aunque con pasados autoritarios. Un legado histórico de notable hostilidad entre gobiernos de la ASEAN contribuye a configurar un entorno político en que se juntan muchos factores de rechazo de los inmigrantes. Ya se trate de trabajadores, de refugiados o de visitantes, los migrantes son tratados en ocasiones con suspicacia. Al igual que en Europa, hay políticos que a veces mantienen un discurso fuertemente contrario a la inmigración.

Sin embargo, la ASEAN es una región vibrante que se caracteriza por un desarrollo socioeconómico desigual, tanto en el interior de cada país como entre los distintos Estados miembros, con una notable codependencia entre los países emisores (Laos, Myanmar, Camboya, Indonesia) y los países receptores (Tailandia, Malasia, Singapur) de migración laboral. Además, con la excepción de Singapur (y tal vez Malasia), hay una presencia significativa de agencias de la ONU y de organizaciones no gubernamentales que defienden y velan por el cumplimiento de programas relacionados con la gestión de migraciones, poniendo el acento en los derechos humanos y el desarrollo. De este modo, numerosas iniciativas políticas asociadas a la gestión de migraciones coexisten con demandas de refuerzo del control de las fronteras, la necesidad pragmática de regular la migración y la necesidad de asegurar –o por lo menos aparentarlo– el trato humanitario y los derechos humanos de los migrantes.

Un aspecto importante a señalar con respecto a la región de la ASEAN es que a pesar de que algunos países, como Tailandia y Malasia, constituyen lugares de tránsito o de destino de solicitantes de asilo, son pocos los gobiernos de los Estados miembros que han suscrito la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados/3. Esto no significa que no existan políticas relativas a los refugiados, sino más bien que organizaciones internacionales como las agencias de la ONU y la OIM desempeñan un papel importante en este ámbito. En contraste con la escasa disposición a suscribir la citada convención, varios países miembros, especialmente de la cuenca del Mekong, se han mostrado sorprendentemente receptivos a la adopción de medidas contra la “trata de seres humanos” y el “contrabando de personas”. Los países de la ASEAN son participantes activos en el proceso de Bali sobre el contrabando y muchos de ellos figuran entre los primeros signatarios del protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas. Estos compromisos jurídicos se han plasmado en una serie de planes de acción nacionales y otros programas para combatir la trata. Este afán aparente por combatir el contrabando y la trata de personas (a diferencia de los refugiados) queda claro cuando se examinan algunas de las implicaciones políticas de estos diferentes conceptos.

Refugiados, trata y contrabando

El citado protocolo sobre la trata de seres humanos y un protocolo separado sobre el contrabando de personas coexisten bajo los auspicios de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional. Lo que mejor ilustra la principal diferencia conceptual entre estos términos es la actividad de los traficantes y de los contrabandistas de personas. Mientras que los contrabandistas ayudan a los migrantes a cruzar fronteras internacionales, los traficantes utilizan el engaño o la fuerza para reclutar a personas con el fin de explotarlas laboralmente. Mientras que los primeros se centran exclusivamente en el traslado de los migrantes, los segundos combinan esta actividad con un interés añadido, relacionado con la explotación laboral: es el resultado del reclutamiento (explotación) el que convierte la actividad en “trata”. Mientras que la trata se considera no consensuada, el contrabando de personas implica que los migrantes se desplazan por voluntad propia. Estas distinciones conceptuales son en la práctica, por supuesto, mucho más difusas. Pese a que la lucha contra la trata de seres humanos puede aparentar que pretende erradicar la explotación laboral, el hecho de centrarse en el reclutamiento da pie a la insistencia en la labor policial y el control de fronteras, lo que hace que se asemeje al enfoque relativo al contrabando de personas.

En este contexto, es importante mencionar otras respuestas políticas a la migración que han pasado casi desapercibidas en los medios. Desde comienzos de la década de 2000, muchos países miembros de la ASEAN han creado mecanismos encaminados a legalizar la migración laboral. Existen actualmente numerosos protocolos de acuerdo bilaterales entre Estados miembros que la facilitan. Recientemente, la ASEAN ha puesto en marcha un marco regional que permite la libre circulación de trabajadores dentro de la región. Estas políticas se parecen a las políticas laborales de la Unión Europea, aunque con una diferencia importante: la regulación de la migración laboral en la región de la ASEAN ha contado con aportaciones significativas de agencias de la ONU y de diversas ONG.

Pese a que los regímenes migratorios legales de la ASEAN están en muchos aspectos menos desarrollados que en Europa, en cierto sentido (conceptual), estas políticas de la ASEAN han superado los estándares de los europeos. Una figura política que salta a la vista en varios países de la ASEAN es la de la “migración segura”, que se combina con la implementación de sistemas que permiten la migración laboral legal en que los gobiernos, las agencias de la ONU y las ONG colaboran en cuestiones relativas a la divulgación, centros de recursos y “líneas directas” para los migrantes con el fin de garantizar el bienestar de los mismos. Por tanto, la “migración segura” amplía los esfuerzos por legalizar la migración laboral tratando de reforzar la capacidad de decisión de los propios migrantes y el capital social (es decir, redes sociales seguras).

La “esclavitud moderna” es otra expresión de nuevo cuño. Aunque ha adquirido significado en muchas otras partes del mundo (como la reciente ley sobre la esclavitud moderna en el Reino Unido), los países miembros de la ASEAN (todavía) no han abordado este concepto.

Implicaciones

Veamos ahora las implicaciones de estos términos que, aunque se solapan, están diferenciados. Una de las principales respuestas políticas que hemos conocido en el sudeste asiático (y en otras partes) es el intento de impedir la migración mediante el refuerzo de la acción policial y del control de fronteras. Mientras que los políticos afirman a menudo que esto pondrá coto a la actividad de los contrabandistas de personas, conviene señalar que esto puede tener efectos negativos para las víctimas de la trata y los migrantes. Tal como se desprende de un creciente número de estudios, el aumento del control de fronteras da pie a un mercado de dudosa “intermediación” en materia de migración: ante la mayor dificultad para cruzar fronteras, los migrantes pasan a depender más de terceros, lo que genera a su vez enormes vulnerabilidades que pueden dar lugar a abusos y a la trata. Como tal, el concepto de trata de seres humanos es un arma de doble filo.

Aunque parezca que es un concepto que se refiere a la manera de reducir la explotación de los migrantes, puede contribuir fácilmente a impulsar planes de contención de la inmigración. Por ejemplo, la “deportación” de “migrantes ilegales” puede contar con el beneplácito del público en general, pero también puede delatar insensibilidad. En cambio, rebautizándola como “repatriación de víctimas de la trata”, hace que suene como una acción humanitaria. A la inversa, cuando se dice que alguien es un “migrante introducido de contrabando”, se declina toda responsabilidad moral o legal para prestar cualquier servicio (o indemnización) a los migrantes que han sido objeto de abuso. De ahí que el contrabando de personas y la trata de seres humanos sean conceptos dialécticamente estratégicos y útiles que pueden dar pie a diferentes planteamientos políticos.

El hecho de que los términos “contrabando de personas” y “trata de seres humanos” se utilicen a menudo indistintamente así lo corrobora. También coloca a los migrantes que han sido objeto de abuso en una situación imposible: puesto que es el Estado el que determina si alguien es una víctima de la trata o un inmigrante ilegal, los migrantes han de buscar al mismo tiempo la protección del Estado y frente al Estado. Tal vez sea esta una de las razones por las que ahora vemos a algunas organizaciones gravitar hacia el concepto de “esclavitud moderna”, pues eleva la explotación laboral –en vez del control de la migración– a la categoría de principal preocupación. Sin embargo, tanto si se habla de “esclavitud moderna” como de “trata de seres humanos”, ambos conceptos presentan a los migrantes laborales como autores y víctimas. Los estudios actuales indican que esto estimula ante todo respuestas individualizadas que a fin de cuentas son un escollo para abordar los motivos estructurales de que existan prácticas laborales abusivas en determinados sectores de la economía.

Asimismo es importante examinar las respuestas políticas que se derivan de esta terminología desde el punto de vista de la persona migrante. Si te califican de refugiado, puede que tengas derecho a permanecer e instalarte en el país de destino, con la consiguiente posibilidad de adquirir la ciudadanía. Puesto que, como ya he señalado, son pocos los países miembros de la ASEAN que han suscrito la convención sobre los refugiados, esta no es una realidad política para casi ningún migrante dentro de la región. Esta hipótesis solo se verifica en el caso de los solicitantes de asilo cuya demanda ha sido aprobada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) mientras se encuentra en tránsito en uno der los países miembros de la ASEAN. El número de casos es comparativamente minúsculo.

Un migrante que se considera que ha entrado “de contrabando” constituye un caso claro en términos de respuesta política (deportación), pero es una realidad que perjudica a los migrantes, la mayoría de los cuales han abandonado sus comunidades de origen para tratar de mejorar sus condiciones de vida por la vía de la emigración. Los migrantes que se consideran víctimas de la trata de seres humanos se enfrentan a un trato diferente. A primera vista, puede parecer que se trata de una respuesta mucho más humanitaria, pues las víctimas de la trata pueden tener derecho a atención sanitaria, asistencia jurídica, indemnización y otras medidas por el estilo. No obstante, a menudo se les exige que colaboren con las autoridades policiales como testigos ante los tribunales. Esto puede prolongar a veces su estancia y mantenerlos en un limbo legal durante bastante tiempo. Como muestra un creciente número de estudios, muchas víctimas de la trata acaban instaladas en campos de refugiados que a menudo no colman sus intereses como víctimas. Esta situación es actualmente tan precaria que hay casos en que víctimas reconocidas oficialmente de la trata de seres humanas solicitan ser recalificadas de “migrantes ilegales” con el fin de evitar estancias prolongadas en campos de refugiados. De ahí que los migrantes también puedan recurrir a la terminología como estrategia.

Las iniciativas legislativas y de migración segura son en muchos sentidos diferentes de las respuestas al contrabando y a la trata. Por ejemplo, mientras que estas últimas suelen dar preferencia a medidas represivas, las primeras optan por transferir la aplicación de las políticas a los ministerios de trabajo y bienestar social. Sin embargo, de modo similar al contrabando y la trata, la migración segura y legal sigue la pauta del régimen circular de la migración. En otras palabras, al margen de todos estos diferentes términos, el resultado final para los migrantes es el retorno.

Conclusión

El motivo de la proliferación de términos puede interpretarse como el resultado de que la migración es un terreno político en que compiten múltiples agentes que tratan de hacerse con un espacio. La política migratoria puede ser repugnante, de ahí que siempre haya necesidad de hallar el lenguaje político adecuado para hacerla más agradable. Al mismo tiempo, las organizaciones que se esfuerzan por mejorar el bienestar de los migrantes y sus derechos han de calibrar cómo los diferentes calificativos pueden contribuir a su causa. En una región en que existe una notable hostilidad entre vecinos, es casi imposible movilizar el apoyo (y la simpatía) cuando los migrantes laborales se denominan así: migrantes. Por eso se han acuñado los términos de trata de seres humanos y esclavitud moderna, pues apelan a las emociones; dan pie a una gratificación moral. Estos términos conllevan aparentemente distintos enfoques, pero si nos fijamos específicamente en la movilidad, el resultado de las distintas políticas es en realidad bastante parecido (aunque se obtenga por distintas vías); en última instancia, la política migratoria no contempla otra cosa que el retorno de los inmigrantes/4. Como tal, la proliferación de términos, que puede aparecer como algo progresista (¿quién se opondrá a combatir la “trata” o la “esclavitud moderna”?), corre el riesgo de ofuscar –que es lo contrario de clarificar– un programa político emancipatorio para los trabajadores migrantes.

Un hecho lamentable con respecto a la reciente crisis de los rohinyá es precisamente este: a pesar de que sea bueno que los supuestos campos de trabajo esclavo sean ahora objeto de investigación –siendo probable el enjuiciamiento de varios funcionarios acusados de complicidad– y que exista un diálogo continuado sobre las respuestas regionales a los solicitantes de asilo, la propensión a manejar expresiones como “malvados contrabandistas de personas”, “campos de trabajo esclavo” y “el flagelo de la trata de seres humanos” puede contribuir a la larga más al enardecimiento que a la clarificación en materia de gestión de las migraciones en la región. Para la mayoría de los migrantes de la región de la ASEAN –tanto si son objeto de trata o contrabando como si están esclavizados o protegidos–, la única disyuntiva que tienen normalmente es una estancia precaria o el retorno.

15/11/2015

Sverre Molland es profesor de la Universidad Nacional de Australia

http://www.th.boell.org/en/2015/11/15/movement-people-asean-region-nomenclature-and-concepts

Notas:

1/ Hay quien alega que una razón fundamental de que las embarcaciones fueran abandonadas en alta mar fue una consecuencia directa del hecho de que el gobierno militar tailandés tenía que actuar contra la supuesta trata de rohinyás con destino a los campos de trabajo del sur de Tailandia.

2/ http://publications.iom.int/system/files/pdf/tmr_2011.pdf

3/ Las excepciones son Camboya y Filipinas.

4/ Para un análisis más profundo del “retorno” como método de gobernanza de la migración, véase Biao Xiang y cols., Return: Nationalizing Transnational Mobility in Asia (Durham, NC: Duke University Press, 2013).



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