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Francia tras las elecciones regionales
¡Última advertencia!
16/12/2015 | Pierre Rousset - François Sabado

El Frente Nacional (FN) no ha logrado el gobierno de ninguna región; sin embargo, realiza el mejor resultado de su historia. La victoria de la derecha es más débil de lo esperado y el Partido socialista (PS) retrocede, si bien salva los muebles. Por su parte, la "izquierda de la izquierda" aparece marginal o subordinada [al PS), inaudible. He aquí, en pocas palabras, el resultado de las elecciones regionales de diciembre de 2015.

Nada resulta más falso que creer que le FN es un partido que sólo gana en la primera vuelta de las elecciones y que en la segunda vuelta, casi de forma ritual, queda bloqueado por un "sorpasso del bloque republicano"/1. Es lo que ha ocurrido en esta ocasión, pero no esta claro que esta situación se repita en el futuro. Sobre todo si la izquierda en el gobierno continúa con su política neoliberal (que es lo que ha anunciado) y si la derecha se radicaliza aún mas, como lo desea Nicolas Sarkozy.

De ahí que la tarea prioritaria en estos momentos sea la de hacer todo lo posible para bloquear las políticas de austeridad del gobierno Hollande-Valls y, en ese camino, acabar con el Estado de excepción y hacer fracasar la reforma constitucional/2 que trata de banalizar el recurso a las medidas de excepción represivas.

Frente Nacional: un peligro real

Las elecciones regionales ponen de relieve un nuevo ascenso del Frente Nacional: ha obtenido casi 7 millones de votos, más que los votos obtenido por Marine Le Pen [presidenta del FN] en las últimas elecciones presidenciales. Desde 2012, elección tras elección lo votos del FN aumentan. En el ámbito electoral este partido se ha convertido en el primer partido del país, si bien a falta de alianzas, se sitúa por debajo de una mayoría absoluta. Ahora bien, con la agravación de la crisis del régimen que atraviesa Francia, la situación puede cambiar y no habría que descartar la posibilidad de una victoria de Marine Le Pen en las próximas elecciones presidenciales de 2017.

Son conocidas las razones de este ascenso del FN: degradación global de la relación de fuerzas para el movimiento obrero, política neoliberal de los gobiernos, sean de derechas o de izquierdas, vueltas continuas a su dominación poscolonial y reubicación (marginalizada) del país en la globalización capitalista. El caldo de cultivo para el FN se encuentra en la acumulación de los efectos de la larga depresión económica de Europa, de la crisis política vinculada a la orientación gubernamental y las consecuencias de los atentados terroristas perpetrados por el Estado islámico junto a una nueva ola de racismo en las clases populares.

Ahora mismo, el FN está presente en todas las capas sociales. Electoralmente constituye la fuerza mayoritaria entre las y los obreros y empleados (al menos entre quienes votan). Es verdad que la burguesía globalizada no apoya al FN, en particular su política para salir del Euro, pero la patronal está dividida. La opción del FN no corresponde a los intereses más lúcidos de las clases dominantes; sin embargo, la crisis política es tal, los aparatos políticos están tan debilitados que, si bien no constituye la "variante más probable", no se puede descartar de un manotazo que se pueda dar un "accidente electoral".

Minimizar el peligro que representa el Frente Nacional, los efectos destructores que tendría una eventual victoria frentista, nos dejaría desarmados. Es necesario combatir políticamente la extrema derecha; un gobierno FN no sería un gobierno de derechas más. Algunos, como Jacques Rancière, no piensan así: "Desde el momento en que yo analizo el Frente Nacional como el resultado del desequilibrio de nuestra lógica institucional, mi hipótesis es más bien la de su integración en el sistema. Existen ya muchas similitudes entre el FN y las fuerzas presentes en el sistema"/3.

A la pregunta de "Si el FN llega al poder, tendría efectos muy concretos para los sectores más débiles de la sociedad francesa, es decir la gente emigrante..., Jacques Rancièreresponde de forma totalmente imprudente: "Sí, probablemente. Pero no me imagino el FN organizando deportaciones masivas, de centenares de miles o millones de personas, para mandarlas a “sus casas”. El Frente Nacional, no son los “pequeños blancos” (blancos pobres. NT) contra los emigrantes. Su electorado se extiende a todos los sectores de la sociedad incluido el de los emigrantes. Sin duda, podría haber acciones simbólicas pero no creo que un gobierno UMP-FN fuera muy diferente de un gobierno UMP"

Algunas corrientes ultraizquierdistas van más lejos y sitúan al mismo nivel al PS, a la derecha y al Frente Nacional.

Discrepamos de esos análisis.

El FN no es un partido fascista similar a los de los años 30 porque no nos encontramos en ésa época. Pero el origen de su dirección es fascista y sus temas nacional-socialistas retoman el repertorio clásico de la extrema derecha. La preferencia nacional, el racismo contra la población inmigrante y, en particular, contra la o el musulmán están en el centro de su política. No se trata de un partido fascista clásico, pero tampoco se trata de un partido burgués como resto.

Un gobierno FN no sería similar a un gobierno UMP y menos aún a un gobierno PS. El voto PS y el voto del FN no es el mismo. Si votar a la derecha tras la retirada de las listas del PS en las regiones de Nord-Pas-de Calais-Picardie y Provence-Alpes-Côte d’Azur ha añadido confusión al desertar la izquierda del combate contra el FN, no puede haber ninguna duda a la hora de votar socialista contra el FN.

Es cierto que Valls y Hollande impulsan una política neoliberal que destroza la vida de millones de trabajadores y trabajadoras y que quieren integrar en la Constitución el Estado de excepción; que cada vez nos deslizamos más hacia un sistema político autoritario; que la democracia parlamentaria cada vez está más vacía de "democracia"…

Es cierto que Valls y Hollande impulsan una política que destruye a la izquierda, como ya lo hicieron otros "socialistas" en el pasado; que a estas alturas del siglo XXI los dirigentes "socialdemócratas" desmontan lo que construyó la socialdemocracia histórica…

Sin embargo, por muy grave y liberticida que sea, el Estado de excepción de Valls está lejos del que pudiera imponer Marine Le Pen. Es verdad que en el centro del programa de ésta última, no se plantea la movilización de la pequeña burguesía mediante la creación de milicias fascistas para liquidar el movimiento obrero; pero ese programa sí recoge la "Preferencia nacional" contra millones de personas extranjeras, y francesas de origen extranjero, así como contra quienes les protejan.

Está claro que hay similitudes entre el FN y otras fuerzas del sistema pero, a pesar de ello, el FN no está integrado en el sistema. La orientación de Marine Le Pen no es un proyecto a lo Gianfranco Fini en Italia, que tras haber emergido del Movimiento social italiano creó la Alianza nacional en 1995 para unirse después al partido de Berlusconi (El pueblo de la libertad) en 2009, con el que fue ministro en su segundo y tercer gobierno, para separarse de él en 2010. En este caso, efectivamente, se dio una integración en el sistema.

Pero la mayoría del FN no está por realizar alianzas en las que su partido se encontraría en una posición subordinada. Sus dirigentes quieren romper la derecha y ocupar su espacio, si bien hasta el presente no logran superar un determinado umbral electoral. Ahora bien, apuestan por ello contando con la profundización de la crisis y la división y explosión de la derecha. ¿Podemos descartar esa hipótesis?

Teniendo en cuenta el actual contexto internacional de desconcierto político, de ausencia de alternativas solidarias y creíbles al sistema, de presión racista interna, el FN puede apoyarse en determinadas capas sociales para justificar las discriminaciones, la represión e incluso la expulsión de la gente extranjera y en particular de la gente extranjera musulmana. Constituye un fermento de guerra civil que implica una liquidación radical de las libertades democráticas. Siembre habrá una diferencia notable entre todas las fórmulas políticas (autoritarias o bonapartistas), puestas en pie por la socialdemocracia o el centro derecha y un régimen dominado por la extrema derecha.

Hay que repensar la lucha contra el FN y dotarla de una nueva dimensión, porque hasta el presente no hemos logrado desarrollarla. Las movilizaciones minoritarias contra el FN no funcionan. Es necesario volver a empezar a trabajar por "abajo": en las empresas, en las escuelas, en los barrios, en los pueblos, en las unidades de acción de todas las fuerzas democráticas; organizar movilizaciones contra las medidas que adopta este partido localmente, en especial en los pueblos que detenta la alcaldía, tanto en el terreno de la educación, de la cultura como en el de la defensa de las libertades.

Subrayar el peligro específico que representa el FN no supone otorgar ninguna credibilidad al gobierno y a la presidencia de Hollande. El Estado de excepción a lo Valls tiene como objetivo que la sociedad se habitúe a vivir en Estado de excepción permanente, a deslegitimar el control de la justicia sobre el aparato represivo y sobre el ejecutivo, a poner bajo vigilancia general a los ciudadanos y ciudadanas, a restringir de hecho las libertades civiles y hacer callar a los movimientos sociales.

De esa forma, el Estado de excepción de Valls-Hollande crea las condiciones políticas y mentales que, en el futuro, podrían favorecer la imposición de un Estado de excepción "bleu marine" [FN]. El ataque contra las libertades democráticas que padecemos hoy en día es extremadamente grave, sin precedentes en Francia desde la guerra de Argelia. Por lo tanto, lo que es urgente, lo que constituye nuestra primera tarea, es hacer frente a nuestros gobernantes con un frente democrático lo más amplio posible. Es bloqueando la aplicación de las políticas "austeritarias y represivas", recuperando la confianza de los sectores combativos en los sindicatos, en los movimientos, en las empresas, en los pueblos, reconstruyendo una alternativa política anticapitalista, como podremos empezar a cerrar el paso al FN.

La prioridad de la lucha contra las políticas de austeridad y represivas del gobierno Valls-Hollande no debe llevarnos a minimizar o relativizar el combate contra el Frente nacional. Y viceversa.

Una derecha dividida

La derecha tradicional ha ganado las elecciones regionales sin que, por tanto, este éxito relativo ponga en cuestión el espacio central que ocupa el Frente Nacional en el panorama político. La derecha se encuentra bajo presión.

Esta situación empuja hacia una recomposición del panorama político; algo que es más fácil decir que hacer. Los comentaristas "osados" exhortan a los aparatos de la derecha y de la izquierda a avanzar, en concreto, hacia una "Unión nacional" contra el FN, y hacen referencia a fórmulas gubernamentales de unión o de coalición de la derecha, del centro y de la social-democracia como las que existen en Alemania y en la Unión europea. Sin embargo, en Francia resulta bastante complicado poner en práctica esa orientación.

La presión que ejerce el FN hace bascular a una parte notable del electorado de la derecha hacia el FN. Y, en general, favorece una radicalización de la derecha tradicional.

En las últimas elecciones, el PS retiró sus candidaturas en dos regiones, Nord-Pas-de-Calais-Picardie y en Provence Alpes Côte d’Azur (PACA), y llamó a votar a la derecha en la segunda vuelta para frenar al FN; una consigna que el electorado de izquierda siguió ampliamente. Por el contrario, esta misma derecha rechazó retirarse a favor de las listas de la izquierda; Nicolas Sarkozy proclamó: "Es lo mismo votar PS o FN"…

De ese modo, en los casos en que los candidatos del PS y el FN se opusieran en una elección, no está nada claro que el electorado de derechas se sitúe contra la extrema derecha. Es esta situación la que puede provocar el "accidente electoral" del tipo: derrota electoral de Hollande frente a Marine le Pen en la segunda vuelta de las próximas elecciones presidenciales.

Nicolas Sarkozy quiere encarnar ese electorado enardecido. Pretende frenar al FN apropiándose de su programa. El resultado es que mucho de sus electores y electoras prefieren el original a la copia y que Sarkozy ha salido debilitado en su propio campo. Las divisiones, e incluso fracturas, en el seno de la derecha tradicional abren espacios a sus competidores, Alain Juppé, Bruno Lemaire y François Fillon. Tras las regionales, se anuncia un período de turbulencias, indeciso.

Hace años ya que en Francia existe un espacio virtual para un "centro" recompuesto que, sin embargo, no termina de cuajar debido a la fuerte inercia de los aparatos y de la clientela electoral, así como de los límites que imponen las elecciones presidenciales, un reto institucional importante. Estos límites son aún mas fuertes porque no existe un puesto de vicepresidente, un ticket que pudiera encarnar una alianza y satisfacer mínimamente dos egos, a dos "escuderías".

Realizar primero la unión de la derecha y del centro para, eventualmente, establecer en el futuro alianzas con una parte de la izquierda parece un proyecto racional (¿encarnado por Alain Juppé?) pero que se enfrenta a la dinámica de radicalización en la derecha y a la debilidad estructural del centro.

El riesgo para la derecha, en el caso de que Nicolas Sarkozy fuese candidato en las [próximas] presidenciales, es el inverso: una candidatura centrista (¿François Bayrou?) podría impedirle acceder a la segunda vuelta, dejando el litigio entre Hollande y Marine Le Pen…

Por lo tanto estamos ante un doble impasse (que probablemente no se resolverá mas que en caso de que se de una crisis abierta en la derecha), que por el momento bloquea la puesta en pie de una unión nacional con el PS o con una parte del PS.

¿A dónde va el Partido socialista?

El partido socialista ha salvado los muebles, pero el retroceso es evidente.

El PS ha obtenido mejores resultados que en las Europeas (mayo 2014) y en las Departamentales (marzo 2015), pero, a pesar de ello, en la primera vuelta de las regionales se ha situado por detrás del FN y de la derecha, con menos del 25 % de votos. El conjunto de la denominada izquierda [PS, Verdes, FdG, extrema izquierda] no ha superado el 35 % y la decisión de no presentar listas en la segunda vuelta en determinadas regiones tiene consecuencias graves: es desertar de la lucha contra el FN incluso en el ámbito parlamentario.

Esta operación puede parecer una buena astucia táctica que, contando con la división de las derechas, permitirá a Hollande presentarse como una alternativa de agrupamiento en las elecciones presidenciales de 2017; sin embargo, a la espera de ello, el PS abandona el terreno de la lucha política en dos regiones fundamentales.

Esta opción traduce un deterioro continuo del PS a partir de 2012. Desde entonces, ha pasado de 280 000 adherentes (cifra oficial) en 2006 a 130 000 en diciembre de 2014. En el último congreso (junio 2015) no votaron más que 70 000 "militantes". Ahora bien, el PS no conoce una "Pasokización". Aún cuenta con más del 20 % de sufragios; no se hunde de forma brutal. La crises en Francia está lejos de alcanzar el nivel griego, si bien el debilitamiento de la socialdemocracia es considerable.

Más importante aún, el PS conoce un cambio de naturaleza profundo. Se da lo que podríamos llamar una aceleración en la transformación burguesa de la socialdemocracia. Un proceso que viene de lejos y que se traduce por una integración si precedente de los aparatos socialdemócratas en la cúspid del aparato estatal, en las instituciones mundiales (FMI, OMC…) y en la economía globalizada. Los partidos socialistas se han convertido cada vez en "menos obreros y más burgueses". La brutalidad de las políticas neoliberales mina sus bases sociales y políticas.

Bajo formas diferentes, los partidos socialistas se trasforman en partidos burgueses. Ahora bien ¿se convierten en partidos burgueses como el resto? En absoluto; para que funcione la alternancia [en el gobierno], el PS se ve obligado a marcar diferencias con el resto de partidos burgueses. Y, por su origen histórico, continúan teniendo lazos con el movimiento obrero aunque no sean más que huellas que se van borrando en la memoria de sus militantes. Ahora bien, esto da lugar a contradicciones y genera oposiciones en el seno de estos partidos, que pueden guardar cierta relación con el "pueblo de izquierda", aún cuando sean cada vez más distendidas. Si esta transformación cualitativa llegase hasta el final, estos partidos se transformarían en "partidos demócratas a la americana".

Puede que nos encontremos en vísperas de acontecimientos que cristalizarán en un salto cualitativo ese proceso (para uno de los redactores de este artículo, esta transformación ya se ha dado, en lo fundamental, en el caso francés).

El resultado de las regionales es suficiente para que Hollande y Valls continúen en su línea. Es decir, continúen con las políticas neoliberales para pasar después a la construcción de un nuevo partido con un perfil a lo "demócrata americano". En particular, Manuel Valls, pero también cada vez más sectores del PS, plantean la cuestión de una renovación-fundación o de una nueva formación política que permita romper con lo que aún queda de la historia de la socialdemocracia.

La nueva situación internacional, la prolongación de la depresión económica neoliberal, la integración en las políticas de la UE y el camino emprendido hacia un régimen autoritario empujan hacia una transormación interna del PS, a cambios que le desvitalizan de forma progresiva… El hecho es que para Valla, Macron y otros, el PS no está aún suficientemente a la derecha: consideran que tiene que acelerar el ritmo. ¿Habrá resistencias internas? ¿De qué dimensión? ¿bajo qué formas?... La sorpresa británica muestra que, incluso allí donde menos se espera, se pueden dar reacciones imprevisibles. Ello no pone en cuestión la dominación del "Blairismo" sobre el Partido laborista (sobre todo en su grupo parlamentario), pero muestra que los cambios en el paisaje político afecta también a partidos como el Laborista.

Mucho dependerá de las próximas elecciones presidenciales pero, en todo caso, la cuestión de una refundación-nueva formación, se plantará en relación con la opción de una política de Unión nacional.

El fracaso de la izquierda radical ¿Cómo reconstruirla?

Para la izquierda radical, estas elecciones constituyen una derrota profunda: el NPA no se ha podido presentar; Lutte Ouvrière apenas ha superado el 1 % de los votos; el Front de Gauche (FdG) no ha alcanzado el 5 %, es decir, menos de la mitad del resultado obtenido por Mélenchon en las elecciones presidenciales de 2012. Asistimos al fin de un ciclo político.

Desde 1995, hemos asistido a tres experiencias político-electorales; insistimos que hablamos de la forma electoral de estas experiencias. En 1995, con Arlette Laguiller y Lutte ouvrière; en 2002 y 2007, con la LCR -después NPA- y Olivier Besancenot; en 2010-2012 con el FdG y Jean Luc Mélenchon que en 2012 obtuvo 4,5 millones de votos. Tres experiencias que mostraron las potencialidades de reorganización política a la izquierda de la izquierda [del PS], pero también sus límites y fracasos. Esto explica también el espacio dejado libre para el FN. En todo casomás allá de las diferencias políticas e históricas de cada experiencia, , no se dio la emergencia de una formación política del tipo de Syriza, Podemos o el Bloque de Izquierdas portugués.

La degradación de la relación de fuerzas en detrimento de las luchas y movimientos sociales de estos últimos años ha percutido en todas las formaciones de la izquierda radical. El FdG, que con sus particularidades, ha dominado estos últimos años el espacio político a la izquierda de la izquierda, se ha visto paralizado por sus contradicciones internas. La dudas entre la afirmación de la necesidad de una política de oposición, formulada a menudo por Mélenchon, y las alianzas del PCF con el PS o del Parti de Gauche [liderado por Mélenchon) con los Verdes han enturbiado su mensaje y su política. Y la última decisión de concurrir en la segunda vuelta de las regionales fusionando listas con el PS no contribuye, es cierto, a mantener la independencia en relación al partido gubernamental que encarna la austeridad neoliberal y el Estado de excepción.

Esta independencia ante el PS y el gobierno continúa siendo una cuestión fundamental. Mucha gente de izquierdas lo reconoce. Es necesario reconstruir; hace falta un nuevo útil político que no surgirá sólo a partir de las fuerzas actuales. Hay que superarlas. Sin embargo, esta nueva fuerza no debe estar satelizada por el PS. No puede surgir si la izquierda radical aparece vinculada a la llamada izquierda del gobierno.

No obstante, en una situación de retroceso como la que vivimos existen luchas de resistencia: económicas, antiracistas, ecológicas, feministas, locales y sectoriales, y contra el Estado de excepción.

Estas movilizaciones en sí mismas no son suficientes para poner en pie una amplia recomposición a la izquierda de la izquierda. Para orientarse hacia ese objetivo, serán necesarios nuevos acontecimientos sociales y políticos fundacionales, que tengan una dimensión histórica; ahora bien, hoy en día para avanzar la conditio sine qua non es insertarse de forma concreta en los "movimientos reales".

Globalmente, la recomposición política a la que aspiramos se prepara a partir de las luchas cotidianas, en las luchas de clases y emancipatorias bajo todas sus formas.

De ese modo, la importante movilización con ocasión de la COP 21, que se mantuvo pese al Estado de excepción, pone de manifiesto que una generación joven se plantea los problemas del cambio del sistema a través de los problemas climáticos (energía, transporte, comercio, justicia, derechos populares…) y de lo que ellos implican. Esta movilización va a continuar. Es necesario vincularse estrechamente a ella en lo cotidiano y dialogar con sus principales animadores. Al igual es que es necesario participar en las experiencias locales, en las redes militantes y en la construcción de frentes sociales o políticos que agrupen amilitantes de orígenes diversos, que emergen de las luchas, para empezar a formular una alternativa a las políticas de austeridad, al productivismo capitalista. Sin olvidar las solidaridad internacionalista, la acogida a los refugiados y regugiadas e inmigrantes, el apoyo a las víctimas de las catástrofes humanitarias y a todos y todas nuestras camaradas que se enfrentan a situaciones particularmente peligrosas.

Hoy en día, la lucha en defensa de los derechos ofrece una base que permite resistir al mismo tiempo que nos permite preparar el futuro: derechos y reivindicaciones de las y los trabajadores, derechos de las mujeres, derechos de las y los oprimidos, derechos ecológicos y sociales, derechos ciudadanos. La lucha contra el Estado de excepción y la reforma constitucional tiene aquí un lugar central. En efecto, en gran parte la defensa de un espacio democrático, de libertades, que ayude a continuar en mejores condiciones nuestra resistencia depende de su éxito. El reto es considerable. Es posible ganar en ese terreno: no está garantizado que François Hollande obtenga la mayoría de 3/5 necesaria para aprobar la modificación constitucional en el Congreso (Parlamento y Senado reunidos) o a través de un referéndum.

Derrotar al poder en esta cuestión sería un acicate para las luchas contra la austeridad, contra el FN y a favor de las alternativas solidarias, feministas y ecosocialistas.

15/12/2015

Traducción VIENTO SUR

Notas:

1/El sistema electoral francés consta de dos vueltas. Si en la primera hay un partido o coalición que obtenga el 51 % de los votos, no se realiza la segunda. Y a la segunda vuelta sólo concurren los partidos que hayan obtenido por encima del 10 % de los votos. En estas elecciones el FN se situó como primer partido más votado en 6 de las 13 regiones. Por ello, ante el riesgo de que en las regiones donde en la segunda vuelta concurrieran la izquierda (Partido socialista), que en algunas regiones fusionó listas con el Front de Gauche para recuperar su electorado), la derecha (en sus distintas versiones) y el FN, el Partido socialista llamó a formar un bloque republicano para impedir la victoria del FN y pidió el voto para la derecha. Finalmente, en la segunda vuelta, el FN no logró situarse en cabeza en ninguna región.

2/ El Estado de excepción (État d’urgence) es una Ley que data de 1955 como respuesta al auge del movimiento de liberación en Argel y que tras los atentados de Paris el Gobierno francés se plantea incorporarla a la Carta Magna reformando sus aspectos más liberticidas.

3/ Ver Jacques Rancière, Los tontos útiles del FN en http://www.vientosur.info/spip.php?article10778



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