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China
Creciente descontento popular por la contaminación
16/12/2015 | Rena Lau

El mes pasado hubo dos casos de protesta contra la contaminación del medio ambiente en China. Alrededor de un millar de personas se manifestaron en las calles de Yangjiang, en la provincia de Guangdong, en contra de la construcción de una planta incineradora, y otras diez mil se movilizaron contra una planta química en Shangrao, en la provincia de Jianxi. En ambos casos, las y los manifestantes se enfrentaron a la policía, con el resultado de gente herida o detenida.

La gente rechaza las incineradoras, las fábricas de paraxileno (PX, un producto químico utilizado en la fabricación de envases de plástico y prendas de poliéster), las centrales nucleares y las plantas químicas. Su rechazo es tan fuerte que no teme enfrentarse a la policía. A diferencia de las huelgas obreras, en China las protestas medioambientales siempre congregan a la gente para manifestarse en la calle. En China no está garantizado el derecho de reunión, y la detención de manifestantes es práctica común. ¿Por qué, a pesar de ello, hay tanta gente dispuesta a correr el riesgo y participar en estas manifestaciones?

Crecimiento económico y deterioro del medio ambiente

Desde que Deng Xiaoping, entonces líder chino, proclamara en 1978 la política de “reforma y apertura”, la economía de este país ha experimentado un crecimiento muy rápido. Hasta 2014, al aumento medio anual del PIB ha sido del 9,7 %. Esto significa que la economía china ha duplicado su volumen cada siete años. Este crecimiento supera incluso las previsiones de Deng, quien aspiraba a doblar el PIB en 20 años (con alrededor del 7,2 % de crecimiento anual). A raíz del rápido desarrollo económico, el paisaje tradicional de China, con su hermoso medio natural de ríos y montañas, se ha visto gravemente alterado por la contaminación. El medio ambiente de China ha sido sacrificado en el altar del crecimiento económico.

Las emisiones de dióxido de carbono aumentan cuando crece la producción industrial. En 2007, China superó a Estados Unidos como principal país emisor de carbono. Al mismo tiempo, la contaminación atmosférica en el país es grave. En 2006, el 37,6 % de las 559 principales ciudades chinas incumplieron las normas nacionales sobre la calidad del aire. En febrero de este año, Chai Jing, ex reportero de la principal cadena de televisión pública (CCTV), difundió un documental financiado por él mismo y titulado “Bajo la cúpula”, que se centra en la bruma tóxica que invade Pekín. Este documental originó una gran preocupación en numerosos círculos. Chai representa a la nueva generación de profesionales de clase media que se preocupan por su calidad de vida y su salud. Sin embargo, el documental fue rápidamente “armonizado” por el gobierno chino (“armonizar” es una palabra utilizada por los internautas chinos para referirse a la censura oficial ejercida por las autoridades).

Además de la contaminación atmosférica, la del agua es otro problema grave. Por lo menos 320 millones de personas no tienen acceso a agua potable en China. Según el Boletín Medioambiental de 2014, casi dos terceras partes de las aguas freáticas y un tercio del agua de superficie no son adecuadas para el uso humano. El agua de casi el 40 % de los lagos y ríos no es potable ni sirve para la acuicultura ni para bañarse. El agua del grifo en las ciudades tampoco es segura: entre 2010 y 2014 hubo por lo menos siete fugas de productos químicos o metales pesados en el agua corriente de las ciudades chinas, que afectaron a más de 300 millones de personas.

Millones mueren a causa de la contaminación

Los problemas de salud causados por la contaminación también se agravan y preocupan a quienes residen en China. Una investigación reciente de científicos de la Universidad de California en Berkeley calcula que alrededor de 1,6 millones de personas mueren cada año en China por problemas cardiacos y pulmonares y de apoplejía debido a la fuerte contaminación del aire, sobre todo con partículas microscópicas. Los habitantes de las zonas rurales también sufren graves problemas de salud. Hay más de 247 “pueblos cancerosos” en 27 regiones diferentes de China, la mayoría de cuyos habitantes son demasiado pobres para irse a otro sitio. Sabemos que hay muchas peticiones y quejas de estos pueblos, pero los medios no informan al respecto. Estas personas son las más vulnerables que sufren a causa de la contaminación, pero su voz es tan débil que no se les escucha.

La calidad del agua y del aire no está garantizada, ni siquiera la seguridad de los alimentos. A lo largo de la última década ha habido varios escándalos relacionados con la seguridad alimentaria. En 2008 se descubrió que varias empresas chinas fabricantes de leche para lactantes añadían melanina a sus productos. En 2010, los medios denunciaron la cadena de producción de “aceite de cloaca” en China (se trata de grasa usada procedente de restaurantes, alcantarillas y mataderos que se recicla). Entre otros escándalos figura el abuso de plastificantes (un aditivo que mejora la plasticidad) y el empleo de pesticidas prohibidos en el cultivo de frutas y hortalizas. Los “alimentos perversos” (elaborados fraudulentamente con productos contaminados) están en todas partes. Esta es también la razón por la que la nueva clase media compra la fórmula para bebés y otros comestibles de origen extranjero.

Proliferan las protestas

A partir de cierto grado de contaminación ya no es posible garantizar la salubridad de los alimentos, del agua para beber ni del aire. Esta situación es sin duda un caldo de cultivo de conflictos. Según la agencia de noticias oficial, Xinhua, las protestas medioambientales en China han aumentado un 29 % anual desde 1996; en 2012 se produjo un aumento mucho más rápido, del 120 %. La población china coincide en que las causas de los problemas de la contaminación actual radican en la corrupción de los gobernantes y la falta de control de las empresas contaminantes. Por tanto, la única respuesta eficaz pasa por manifestarse en las calles y luchar contra todas las fuentes de contaminación que estén construyéndose en las inmediaciones.

Se habla a menudo del síndrome “nimby” (nimby = anagrama de “not in my backyard”, no en mi patio trasero) en relación con las protestas medioambientales en China. Dichas protestas –contra las plantas de PX en Dalian, Xiamen y Kunming y contra la construcción de incineradoras en Pekín, Yangjiang y Huizhou– transmiten el mensaje de “no construyáis en mi patio trasero”. En estos casos la oposición cesó cuando los respectivos proyectos se trasladaron a zonas lejanas. Sin embargo, ha habido un ejemplo excepcional en el distrito de Panyu, en la ciudad meridional de Guangzhou. Los habitantes de Panyu no solo se opusieron a la construcción de incineradoras en Panyu, sino que también reclamaron la prohibición de todas las incineradoras en China y un sistema de reciclado de residuos menos dañino para el medio ambiente. Con el apoyo de los medios locales, lograron imponerse al gobierno y detener el proyecto. Este caso fue un éxito excepcional gracias a que los medios y los activistas medioambientales en Guangzhou tienen más libertad que en otras ciudades.

Si el gobierno chino no es capaz de abordar estos graves problemas de contaminación, el descontento popular seguirá creciendo. En los últimos años, el gobierno chino ha revisado la legislación medioambiental para hacerla más estricta. También ha puesto en marcha el llamado “plan de diez puntos sobre el agua”, que se considera la política medioambiental más estricta de la historia de China. Sin embargo, muchas leyes chinas no pueden aplicarse en el plano local. Bajo el régimen del Partido Comunista Chino, la corrupción sigue siendo moneda corriente y los derechos humanos no se respetan. Esto reduce la eficacia de las reformas introducidas por el gobierno. A corto plazo, lo único que podemos esperar es que las protestas de la gente traigan alguna mejora. De lo contrario, la situación seguirá deteriorándose.

9/12/2015

Rena Lau, trabaja en Globalization Monitor desde 2011 y es autora de “Restructuring of the Honda Auto Parts Union in Guangdong, China: a two-year assessment of the 2010 strike

http://www.globalmon.org.hk/content/grassroots-environmental-struggles-china

Traducción: VIENTO SUR



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