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Israel: entrevista a Michel Warschawski
“Un gobierno de extrema derecha, hipernacionalista y racista”
14/12/2015 | Yann Cézard

Yann Cézard: Netanyahu ha logrado finalmente ganar las elecciones de marzo de 2015. ¿Cómo explicas su éxito? ¿Cómo definir el gobierno israelí actual?

Michel Warschawski: Netanyahu ganó las elecciones por dos razones: la primera, la ausencia de credibilidad del centro-izquierda, que no tenía ninguna alternativa que proponer, en particular en el terreno de la ocupación colonial. Livni y Herzog decían poco más o menos lo mismo que Netanyahu, pero con menos firmeza. La palabra pa” casi nunca ha sido utilizada por los candidatos del ex partido laborista. Si se permanece en el discurso securitario, nadie es más convincente que Benjamin Netanyahu, y como sabéis también en Francia, el elector prefiere siempre el original a la copia, extremadamente pálida por otra parte cuando tiene el rostro de Yitshak Herzog.

La segunda razón es el arma del miedo, muy bien instrumentalizada por Netanyahu, miedo que abarca desde Irán hasta al electorado árabe “que se moviliza en masa en autobuses fletados por las ONG” [referencia al llamamiento de Netanyahu el día de las elecciones ndt]. El miedo al enemigo o al otro es más que nunca el arma utilizada por los poderosos… y abre el camino a movimientos racistas, xenófobos y fascistas. Frente a este discurso del miedo, había que proponer una alternativa real, basada en el derecho y la solidaridad, pero el centro-izquierda es incapaz de ello.

La victoria de la extrema derecha ha sido aplastante, y Netanyahu no ha tenido que hacer coalición con los partidos del centro. Es por tanto un gobierno de extrema derecha, hipernacionalista y racista lo que han engendrado las últimas elecciones.

¿Cuáles han sido sus primeras medidas?

Netanyahu ha actuado en continuidad con sus precedentes gobiernos: aceleración y ampliación de la colonización, proyectos de nuevas leyes liberticidas, en particular contra las ONG, censura de proyectos culturales “antinacionales”. En definitiva, se continúa la misma política nacionalista, racista pero también neoliberal.

¿Cómo analizas la revuelta palestina actual?

La revuelta actual es la conjunción de dos factores. El crédito concedido durante el último decenio a Mahmud Abbas y a su política de “proceso de paz” está agotado. La gran mayoría de la sociedad, incluyendo la juventud, y la clase política, incluyendo Hamas y lo que queda de la izquierda, habían dejado al Presidente realizar su política sin intentar ponerle palos en las ruedas. Eran por lo menos escépticos, pero han dado su oportunidad al Presidente. El crédito está ahora agotado, tanto más cuanto que el propio Mahmud Abbas ha declarado en la ONU que el proceso de Oslo estaba muerto, asesinado por los israelíes.

El segundo factor es la serie de provocaciones iniciadas estos últimos meses por Netanyahu y sus ministros, siendo la más grave de ellas la puesta en cuestión del estatus quo en la Explanada de las Mezquitas y la profanación de Al Aqsa por policías israelíes. Los dos factores reunidos han tenido un efecto explosivo. En toda Palestina (y en el conjunto del mundo musulmán) ha corrido del rumor de que este gobierno iba a destruir la Mezquita para construir allí el Templo judío… cosa que expresan abiertamente algunos miembros del partido de Netanyahu.

Netanyahu ha hablado de una “nueva Intifada”, para histerizar el clima político y justificar las nuevas medidas de represión. Mirándolo con perspectiva, ¿qué diferencia ves entre el clima político y los sentimientos dominantes en la sociedad israelí en la época de la primera Intifada en 1987 y hoy?

¿Nueva Intifada? No sé lo que quiere decir eso. Se hablaba en el año 2000 de segunda Intifada cuando se trataba de una reconquista iniciada por Israel de las (muy escasas y a menudo simbólicas) conquistas de Oslo.

Si la palabra Intifada se utiliza para describir un levantamiento popular generalizado, no estamos aún en esa situación. Las acciones de masas siguen siendo todavía limitadas. Lo que había permitido la Intifada, era la existencia de una verdadera dirección, compuesta por el conjunto de los partidos políticos, a nivel nacional (en los territorios ocupados) y local, que daba consignas regulares y era oída por toda la población.

Hoy esa dirección ya no existe, ha sido reemplazada por la Autoridad Palestina … y su policía.

Si hubo en la sociedad israelí, entre 1987 y 1990 una amplia simpatía y fuertes movimientos de solidaridad con la lucha palestina, ya no ocurre así en absoluto hoy en día, y la solidaridad está limitada a algunos miles de personas. Para comprender esta diferencia, hay que ir 15 años atrás, a la gran mentira de Ehud Barak, a su vuelta de la cumbre de Camp David. Esa mentira (la de las “ofertas generosas” rechazadas por Yasser Arafat, etc.) fue tragada por entero por el movimiento por la paz, que anunciaba así su muerte voluntaria y asumida. Se puede destruir un movimiento de masas en 48 horas, pero reconstruirlo demanda una generación entera. Hoy el movimiento por la paz israelí sigue en estado de coma. Queda esperar que contrariamente al de Ariel Sharon, este coma no sea definitivo…

La puja de extrema derecha domina la política israelí. Netanyahu y el Likud participan en ella alegremente. Además de la represión “clásica” (desde los disparos de francotiradores, al bloqueo de los territorios palestinos y castigos colectivos) ha habido las declaraciones delirantes sobre Hitler y el Mufti de Jerusalén, los nuevos “muros de seguridad” en el interior del “gran Jerusalén”, quizá la privación del estatuto de “residente” para 80 000 palestinos de Jerusalén que viven en “el lado malo” de las barreras de “seguridad”. ¿El gobierno israelí navega a ojo, siguiendo la puja racista y securitaria, o tiene una estrategia más a largo plazo?

Lo uno y lo otro. Las provocaciones en la Explanada de las Mezquitas han sido impuestas por sus propios ultras a Netanyahu que temía, si se oponía a sus provocaciones, perder electores en beneficio de otros partidos de extrema derecha. Incluso si sabía que era un error, era demasiado cobarde para ponerle un veto. Las medidas ultrasecuritarias, los proyectos de leyes aún más represivos y sobre todo la tonalidad brutal de su discurso político son esencialmente populistas, para gustar a su electorado de extrema derecha.

Dicho esto, Netanyahu tiene un proyecto estratégico: extender las fronteras de Israel hasta el Jordán, a la vez que se libra de la mayor parte de los palestinos, encerrados detrás de los muros en enclaves autogestionados que podrán, si lo desean, llamar Estado (s) Palestino (s). De hecho es el viejo plan de Sharon.

¿Se oyen otras voces, de protesta, en la sociedad israelí sobre esta “gestión de la violencia”?

Como he dicho, la oposición a la política securitaria es muy reducida, tanto más cuanto que la población palestina de Israel, que es la principal fuerza de oposición, ha optado por manifestarse en sus ciudades y sus pueblos, y no venir ya a reforzar las filas de las manifestaciones en Tel Aviv.

Las dudas, incluso las críticas severas, que se expresan en la clase política sobre la estrategia y las decisiones tácticas de Netanyahu son debidas… a antiguos responsables de las diferentes agencias de seguridad (Mossad, Shin Beit) y a generales jubilados. A los que hay que añadir varios editorialistas y periodistas en los diferentes diarios.

¿Qué dice la oposición parlamentaria sionista israelí, los partidos (laborista y del “centro”) de la Unión Sionista? ¿Pretende tener otra política?

He respondido a esta pregunta sobre las posiciones del centro-izquierda. Pero con la crisis actual es incluso peor, ¡Herzog critica al gobierno por la derecha!

¿Y la (verdadera) izquierda en Israel? ¿La alianza del partido comunista y de los partidos árabes israelíes que ha logrado un resultado muy honroso en las elecciones de marzo? ¿Y las diferentes organizaciones pacifistas y antisionistas?

La “verdadera izquierda” está efectivamente compuesta por dos elementos, la Lista (árabe unificada) y el colectivo de las diferentes organizaciones antiguerra y antiocupación. La Lista unificada ha organizado numerosas concentraciones de masas en las ciudades árabes y en las ciudades mixtas, como Haifa, en las que han participado decenas de miles de manifestantes. En cuanto a las iniciativas de las organizaciones anticoloniales, siguen limitadas a algunos miles de personas. La gran mayoría de lo que antes era el “movimiento por la paz” prefiere guardar sus fuerzas para llorar el asesinato de Rabin, del que se acaba de celebrar el vigésimo aniversario.

Tzipi Levni, la heredera “centrista” del partido fundado por Ariel Sharon antes de su coma, se pretende favorable a una “solución de dos Estados para dos pueblos”. Sus afirmaciones son hipócritas, pero esta solución es desde hace mucho la esperanza de muchos militantes contra la colonización y la opresión de los palestinos. 22 años después de Oslo, vista la amplitud de la colonización (más de 570 000 colonos en Cisjordania y Jerusalén Este hoy, contra 200 000 en 1993) y la evolución de la sociedad israelí, ¿qué piensas hoy de una perspectiva así?

No creo en la irreversibilidad de la colonización israelí. Ha habido imperios reversibles, la colonización francesa o inglesa en África y en Asia ha sido reversible, la URSS ha sido reversible. Argelia se hizo independiente tras 130 años de colonización en profundidad. Mientras el pueblo palestino no haya bajado los brazos y continúe reivindicando la descolonización de sus tierras (al menos de Cisjordania y de Gaza), la situación sigue siendo reversible. Todo es una cuestión de correlación de fuerzas, regionales e internacionales. Añadiré que cuando la correlación de fuerzas haya cambiado y pueda imponer una solución, los “dos Estados” serán la posición de repliegue de los israelíes, incluyendo a la extrema derecha.

13/12/2015

https://npa2009.org/idees/international/en-israel-un-gouvernement-dextreme-droite-hyper-nationaliste-et-raciste

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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