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Libia
El acuerdo de unidad nacional y el Estado islámico
12/12/2015 | Paul Martial / François Burgat

[El día 6 de diciembre los media anunciaban que los representantes de los dos Parlamentos libios -el de Trípoli y el de Tobruk- habían firmado una “declaración de principios” que deberá ser aprobada por los dos Legislativos estableciendo un proceso político para poner fin al conflicto que reina en el país desde hace cuatro años.

Desde ese día ha habido, por los menos, dos reuniones en las que de una forma o de otra está implicado el gobierno español: el día 10 de diciembre se produjo una reunión de Ministros de Defensa -de Defensa, precisamente- de diez Estados del Mediterráneo en la que participó Pedro Morenés. La segunda, se celebrará mañana 13 de diciembre en Roma. En ella, bajo la forma de “mostrar su apoyo a la formación de un gobierno de unidad nacional transitorio” en Libia, seguro que se pondrán encima de la mesa los intereses de las diferentes potencias presentes (los cinco miembros permanentes del CS de la ONU) y otras menos importantes (España estará representada por el secretario de Estado para Asuntos Exteriores).

Lo fundamental de este nuevo acuerdo ha sido logrado mediante la negociación fundamentalmente interlibia, tras el fracaso estrepitoso del anterior mediador de la ONU, el español Bernardino León que, mientras hacía de intermediario, negociaba también un suculento contrato particular con los Emiratos Árabes Unidos, que son una de las partes implicadas en el conflicto. Bernardino León que propuso una solución claramente favorable a dichos Emiratos tuvo que dimitir (eso si, con una declaración del gobierno de España que le felicitaba por su “excelente labor”).

Los dos artículos que publicamos pueden ayudar a entender la situación actual en Libia.]

Nuevo frente para el Estado islámico

Paul Martial

Al menos, el antiguo enviado especial de las Naciones Unidas Bernardino León habrá logrado federar a todo el mundo… contra su proyecto. Además de los parlamentos de Trípoli y el de Tobruk -hecho más bien excepcional- también los tuaregs y los tubus, que se enfrentan en el Ubari, se han sumado en una declaración común contra las propuestas realizadas.

Libia no tiene suerte a nivel diplomático. Víctima de un Sarkozy que apoyaba a Gadafi y que luego se hace fan del belicista Bernard-Henri Levy, pasó a manos de Bernardino León que, reputado por ser un fino conocedor del mundo árabe, no deja de ser un especulador que ha aceptado un puesto de consultor, a cambio de un salario mensual de 48 000 euros, ofrecido por los Emiratos Árabes Unidos, fervientes partidarios del Parlamento de Tobruk. Evidentemente, esto hace planear una duda sobre la imparcialidad de su misión.

Un país fragmentado

Libia sufre las consecuencias la una política de división tribal que Gadafi llevó a cabo durante decenios. La intervención militar de las fuerzas francesas e inglesas en 2011 impidió a los combatientes emprender un proceso de unificación en la lucha, tanto más en la medida en que las potencias regionales, apoyando a los diferentes protagonistas, no han hecho más que acentuar la fragmentación del país.

Libia está compuesta de tres regiones principales -Tripolitania, Cirenaica y Fezán- en las que las tribus juegan un papel político importante. A esto se añaden las divisiones religiosas y la proliferación de una multitud de grupos armados bien decididos a preservar su territorio y las ganancias que pueden sacar de él, ya sea de los depósitos de armas, de los puertos, de las instalaciones petroleras o de las redes de contrabando.

Situación actual

La capital es la sede del Congreso General Nacional (CGN) apoyado por Qatar y Turquía. Fajr Libia, heterogéneo reagrupamiento surgido de la milicia de Misrata, es su columna vertebral. El CGN es caracterizado como islamista. En el otro extremo, al menos a nivel geográfico, se encuentra la Cámara de Representantes (CDR), llamada Parlamento de Tobruk, apoyado por Arabia Saudita, Dubái y Egipto, y reconocido por la comunidad internacional con un personaje clave, el general Haftar, antiguo consejero de Gadafi, caído en desgracia, y que ha trabajado mucho tiempo para la CIA…

El Estado islámico (EI) se ha ido implantando poco a poco en el suelo libio a partir de 2014. Su feudo se encuentra en la región de Derna. El Estado Islámico habría logrado recuperar la ciudad de Sirte, perdida en agosto de 2014.

Un riesgo de desestabilización

La intensificación de los bombardeos sobre Siria e Irak empuja al EI a abrir un tercer frente en Libia, provocando una creciente inquietud en países como Níger o Chad que corren el riesgo de ser cogidos en tenaza entre los dos grupos del Estado Islámico, el de Libia y Boko Haram en Nigeria.

Tras el último atentado, Túnez intenta controlar su frontera cavando trincheras. Por su parte, Argelia, que comparte más de un millar de kilómetros de frontera común, despliega una diplomacia intensiva. Argel teme una intervención militar exigida cada vez con más fuerza por Le Drian (Ministro de Defensa francés) que se suma así al lobby del Estado mayor militar francés, lo que puede transformar a la región en un polvorín.

Los libios tienen la posibilidad de erradicar al Estado islámico de su país, la población de la ciudad de Sirte lo ha probado ya, y una intervención militar occidental solo tendría un efecto contra productivo. En cambio, el necesario proceso de unificación de las fuerzas libias exigiría que las fuerzas regionales y occidentales detuvieran su confrontación geopolítica sobre el suelo libio, lo que está lejos de haberse logrado.

10/12/2015

http://npa2009.org/actualite/international/libye-nouveau-front-pour-daesh

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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El acuerdo de unión nacional: ¿un jalón para pensar el en post-Estado islámico?

François Burgat

Para que el Estado islámico desborde límites de su estatus de organización “extremista” es preciso que los disfuncionamientos de los sistemas políticos de la sociedad en que se implantan sus combatientes se vuelvan de tal calibre que permitan movilizar no ya solo a los sectores marginales de esa sociedad sino, de forma más amplia, al menos a algunos de sus componentes fundamentales.

Es lo que se ha producido en Irak: los lamentables resultados del régimen de Al-Maliki, puesto en el poder y luego tolerado en su deriva por los Estados Unidos (al término de su campaña de “desbaasificación” de Irak), apoyado luego bajo cuerda por Irán, han conducido a la grave negación de representación de la comunidad sunita sobre la que, después, el Estado islámico ha fundado su fortuna.

La desautorización de los erradicadores locales y regionales

En este contexto, en lo referido a Libia, acaba de darse una excelente noticia: la firma en Túnez, el 5 de diciembre pasado, y sin mediador extranjero, de un acuerdo de principio prometedor entre los dos principales actores políticos, representando a los dos parlamentos, en competencia, que tienen su sede en Trípoli y Tobruk /1.

De entrada, se trata de una buena noticia, porque desmiente las tesis de todos los Casandra, tanto de derechas como de izquierdas, de que en el sur y en el norte del Mediterráneo solo querían ver desde hace cuatro años lo peor en el destino de Libia. Y que por ello nos pedían, cada vez más abiertamente, echar de menos a Gadafi o, más funesto aún, apoyar a Bachar al-Assad.

Es también un mensaje claro dirigido a todos los erradicadores árabes que, en El Cairo, en los Emiratos o en Riad, miran, sin sorpresa, como a un terrible espantajo, toda salida del autoritarismo que no lleve al caos.

Finalmente, es un mensaje -pero ¿querrán oírlo?- a quienes en París, Londres o Washington, trabajan en los pasillos para militarizar de nuevo nuestra diplomacia.

El cansancio generalizado de la guerra

Cogidos de la mano con los clientes árabes de sus industrias de armamento, con el ojo puesto en unos ilusorios beneficios electorales, intentan imponer la idea de que solo otra coalición internacional, entrando en una nueva “guerra contra el terror” versión libia, bajo supervisión americana, ofrecería a Libia y al mundo una puerta de salida a la crisis regional.

Sin embargo, están lejos de tomar conciencia de que la apertura de un nuevo frente occidental armado contra el Estado islámico no haría sino reproducir el grosero error de nuestra intervención selectiva en Irak y luego en Siria a partir de agosto de 2014. Y, revolviendo las cartas de las alianzas, arruinaría muy probablemente los frágiles esfuerzos de reconstrucción política en curso.

A contracorriente de las certezas de ciertas capitales árabes u occidentales, un pequeño número de observadores autorizados de la realidad sobre el terreno /2 habían “alertado”, desde hace algunas semanas, sobre el giro positivo que tomaban irresistiblemente, tanto a nivel local como a nivel nacional, las soluciones negociadas.

Todo ello en el seno de una población que, en todas sus tendencias, veía cómo unos enfrentamientos estériles llevaban a su economía y su tren de vida a la era prepetrolera, y en la que el cansancio se hacía sentir de forma manifiesta.

Un primer resultado embrionario

Los lamentables resultados del enviado especial de la ONU, Bernardino León, cogido recientemente en flagrante delito de colaboración con la estrategia erradicadora de los Emiratos Árabes Unidos, que le pagaban, y de Egipto, había hecho temer un retroceso en la dinámica negociadora.

Accesoriamente, ese episodio confirmaba cierta inclinación de la ONU por la opción “erradicadora”, inaugurada en Siria, con el éxito que se conoce, por la aportación muy partidaria de Lakhdar Brahimi, Ministro de Asuntos Exteriores de la junta argelina tras su golpe de Estado de 1992.

El acuerdo esbozado el 5 de diciembre en Túnez muestra que no hay nada de ello y que este obstáculo último pudo ser superado muy rápidamente. Evidentemente, este primer resultado es embrionario y muy frágil. Y, de forma realista, nadie puede descartar la idea de una vuelta al punto de partida de la confrontación. Pero la firma de Túnez marca una dirección que es fundamental.

¿Y qué pasa con el Estado islámico? ¿Qué hay de sus progresos irresistibles, en particular en la ciudad de Sirte? Hay que subrayar que, al igual queen Irak, la organización llamada, por una vez con razón, “terrorista” se ha implantado de forma relativamente fácil en Sirte porque los habitantes del último bastión de la resistencia gadafista, heridos por los terribles bombardeos de la OTAN, fueron humillados después por las milicias revolucionarias.

Las instituciones más resolutivas que las bombas

En parte como en Irak respecto a la comunidad sunita, identificada demasiado generalmente con el partido Baas de Saddam y de facto castigada por entero por los americanos primero y luego por sus aliados chiitas apoyados por Iran, la organización Estado Islámico ha necesitado menos la violencia que su capacidad para restablecer un orden público relativamente aceptable para instalarse en Sirte.

Las milicias que se han sumado al EI, desmarcándose de los excesos manifiestos de la ley de exclusión adoptada en junio de 2013 /3, se han dedicado luego a reintegrar con éxito, a cambio de su fidelidad, a los marginados por la caída de Gadafi. El primer enemigo del EI, su propensión a recurrir al terror, tiene por tanto pocas posibilidades de conducirle a corto plazo a su derrota.

Otro adversario es capaz de hacerlo, uno más eficaz aún, pues potencialmente podría ofrecer a la población las rosas de la restauración del orden sin hacerle pagar el coste de las espinas del terror (y de la presencia, aunque sea marginal, de combatientes extranjeros muy poco populares): un sistema institucional creíble e inclusivo.

A diferencia de Siria, donde el obstáculo de un régimen sostenido por actores extranjeros continúa, Libia es ya, como Túnez, lejos del espantajo egipcio, capaz de construirlo. Un sistema político representativo que permitiría, como en Túnez, por inacabado que esté, prevenir el ascenso de los extremos que se ha producido en Irak o, de otra forma, en Egipto.

Es lo que la firma de este principio de acuerdo puede permitir contemplar de nuevo hoy.

Frenar los ardores del campo de la contrarrevolución

Muy significativamente, los dos extremos de la arena política (el Estado islámico y los erradicadores del campo de la contrarrevolución) se han mantenido alejados: al igual que el Estado islámico, el general Khalifa Haftar, el hombre de Sissi y, bajo mano, de los americanos, tampoco lo ha reconocido.

En enero de 2014, la irrupción armada del general Haftar en el proceso de transición política produjo sus primeros efectos desastrosos: el campo revolucionario de las milicias de Fajr Libya, más directamente asociado a las fuerzas islamistas que estaban a punto de abrir un frente contra el naciente el EI, no había podido hacer otra cosa que solidarizarse contra el campo de la contrarrevolución.

Desgraciadamente, este campo contrarrevolucionario no ha dichohasta hoy su última palabra. Y sus patrocinadores, regionales y occidentales, tampoco. Los vecinos árabes guerreristas de Libia (Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita) sueñan con demostrar que su autoritarismo es preferible a una solución democrática. Y para hacerlo intentan imponer una curiosa interpretación de este acuerdo.

Una interpretación que comparten con sus poderosos aliados occidentales (los vendedores de los aviones Rafale y otros candidatos cuyas aventuras guerreras en Oriente tienen vocación de “virilizar” la imagen) que fingen que les creen. Y todos pretenden entender que el acuerdo que acaba de ser firmado es una incitación a la reedición de su gran aventura sirio-irakí. ¿Quién les hará entrar en razón?

8/12/2015

http://alencontre.org/moyenorient/libye/accord-dunion-nationale-en-libye-un-jalon-pour-penser-lapres-daech.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Congreso General Nacional de Trípoli y Parlamento Libio de Tobruk, instituidos formalmente en junio de 2014. “Varios medios señalan que este acuerdo ha sido fruto de una serie de reuniones secretas celebradas en Túnez en los últimos días” (kapitalis.com, 6/12/2015). “El carácter inédito de la declaración de Túnez está sobre todo en que se trata del primer diálogo directo entre representantes de los dos campos sin ninguna mediación exterior. Los términos de la declaración, felicitándose por la celebración de una reunión “sin injerencia extranjera”, no dejan por otra parte lugar a dudas sobre la inspiración nacionalista del planteamiento. (Frédéric Bobin, Le Monde, 9 de diciembre de 2015) (Réd. A l´Encontre).

2/ Gracias en particular a Omeya Seddik de la ONG helvética Humanitarian Dialogue y a Seif Eddin Trabelsi, de la agencia Anadolu (F.B.)

3/Legislación extensiva que expulsa de la vida política a cualquiera que hubiera ocupado altas funciones durante los cuarenta y dos años de poder del Guía libio”. “La ley apunta también a cualquiera que hubiera “abusado de su poder, cometido actos de corrupción o atacado a la revolución”. (Benjamin Barthe, Le Monde, 30/05/2013 y 9/10/2015). (Red A l´Encontre).



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