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Walter Benjamin
Progreso e historia
11/12/2015 | Jesús Romero

Ya en 1915, en “La vida de los estudiantes”, hizo Walter Benjamín un esbozo de su concepción de la historia cuyos elementos fundamentales continuaron durante toda su obra: “Hay una concepción de la historia que, partiendo de la base de un tiempo considerado infinito, distingue el tempo de hombres y épocas en función de la mayor o menor rapidez con que transcurren por el camino del progreso. De ahí la carencia de conexión, la falta de precisión y de rigor de dicha concepción con respecto al presente”.

El punto de partida es la existencia de una clase vencedora que impone un sentido y una interpretación incompleta del pasado y la recepción que de su experiencia tenemos. Esta historia de los vencedores sólo es concebida de una forma unitaria, como un hecho narrativo totalitario que impide que cada uno de los fragmentos tenga significado por sí mismo, tratando de impedir las posibilidades emancipatorias de cada una de las experiencias históricas protagonizadas por las clases populares.

Tal perspectiva de la historia se basa en un punto de vista del tiempo lineal, gradual y acumulativo que tiene en el concepto de “progreso” su paradigma esencial. Un concepto que entiende la historia como una continuidad plagada de avances científicos y tecnológicos puestos al servicio de la incontenible e imparable mejora de la humanidad. Se constituye un saber mistificado cuya virtud es la de ocultar que el avance científico ha ido aparejado a un retroceso sistemático económico y social. Al mito de la productividad deben subordinarse todas las fuerzas existentes y por existir. Como afirmó Benjamin: “Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de la barbarie”. Además, esa unívoca interpretación de la historia hace que tenga una perspectiva fundacional ya que inicia un proceso lingüístico que atribuye “nombres” a las cosas que adquieren la condición de verdad incuestionable. El lenguaje es un mero instrumento utilizado para la continuidad de las relaciones de explotación.

Esta concepción positivista de la historia fue asumida por el historicismo y por la socialdemocracia en un análisis vulgar de los escritos marxistas. Así, adoptaban un camino en la afirmación de que el tránsito hacia el socialismo se realizaría de una manera pacífica, atravesando por diferentes etapas que la historia iba poniendo en su recorrido sin tener que cuestionar, de ningún modo, las formas de producción, ni la división del trabajo, ni el modelo capitalista.

Todas las fuerzas transformadoras deben someterse al itinerario dispuesto y ponerse a disposición de la “democracia”. El marco de producción capitalista se convertía así, por mor de la inevitabilidad del progreso histórico, en el más productivo escenario en la transición hacia el socialismo. La intención, el objetivo está claro: eliminar aquellas fuerzas y energías que puedan servir para la proyección de un futuro distinto a lo que sería la prolongación natural de la historia.

Esta idea del progreso a la que se ha atenido la clase dominante supone en una continua, ciega y patética huida hacia adelante, hacia un futuro ansiado que quiere imponerse como consuelo a un presente cada vez más insoportable, sumiendo en el olvido, y más aún en nuestros días gracias al dominio de los medios de comunicación, toda aquella tradición de ruptura y emancipación existente en toda la lucha por la libertad que se ha dado en la totalidad de la historia de la humanidad.

La memoria se eleva así a categoría imprescindible. Hay que rescatar todas esas fuerzas del olvido y volver a ponerlas en la memoria del pueblo. Hay que hacer frente a esas falsas esperanzas con las que la socialdemocracia quiere impedir todo proceso revolucionario. Hay que combatir esa ilusoria concepción de la historia decretada por una falsa ley del progreso continuado de la humanidad.

Para Benjamin es necesario impulsar prácticas de resistencia frente al intento de imponer un orden cronológico estricto y la falsa racionalidad del progreso. Frente a la historia lineal y continua de los vencedores, que encadena sucesos de manera ininterrumpida, hay que oponer una historia que ensalza el fragmento histórico en toda su significación simbólica y política. Un fragmento que surge como haz luminoso que hace posible una nueva perspectiva, que abre nuevas vías y redes de posibilidades de desestabilizar la narración que se impone. Ese fugaz momento de “iluminación profana”, ese “tiempo-ahora” (jetzzeit), recupera para el conocimiento colectivo fragmentos de la historia que son arrinconados, infamados y vejados por la narración oficial y cuyo significado y sentido histórico se encuentra oculto para atenazar su potencialidad revolucionaria. Son todas esas aptitudes, propiedades, condiciones, capacidades y esencias que han ido cediendo en cada derrota. Son las voces de los vencidos que deben volver a hacerse oír, que tenemos que reconocer como propias en nuestra lucha permanente.

La cultura judía de cuya tradición era heredero Benjamin, le hacía contemplar ese “tiempo-ahora” como un momento de redención, “redención profana”, material, materialista, que se configura también en Benjamin como una actitud ante la vida y un principio básico intelectual que él expresa de manera heterodoxa y libre alejado de todo método encorsetado y yermo de carácter positivista. Esta “iluminación profana” materializa experiencias que se encontraban abocadas al ámbito metafísico y trascendental, apareciéndose en la realidad material de las posibilidades revolucionarias. Es una redención que se constituye como renovación, recuperación y rehabilitación. Un acto de justicia con el pasado.

Por eso, Benjamin, para la realización de su análisis materialista, necesita utilizar a la teología, “esa vieja señora enana y fea”. Es una fuerza mesiánica que interrumpe el continuum de la historia y que surge de las ruinas para hacer presentes todos los ideales frustrados de la historia para confluir en un “tiempo-ahora” que recupera el sentido de los conceptos, que reconquista el “nombre” verdadero de las cosas, descifrando el lenguaje originario y poniéndolo al servicio de las posibilidades revolucionarias. Toda demanda revolucionaria exige interrumpir el tránsito del tiempo. Es la experiencia sufrida por los oprimidos capaz de transmitirse en esos momentos excepcionales que se imponen a la percepción lineal de la historia. Hay que interpretar la realidad desde esos momentos fragmentarios que se aparecen de manera espontánea y que hacen posible que se recomponga la identidad entre la idea, el “nombre”, y su significado, su verdad.

El ángel de la historia mira al pasado, mira el sufrimiento, la catástrofe que ha acontecido y que continúa ahí como fracaso, esperando que las generaciones futuras vuelvan a darle el sentido originario, recuperando pretéritas esperanzas que marcan el inicio de un nuevo momento de lucha por la liberación en donde es necesaria la utilización de la dialéctica para mostrar la cara destructiva del progreso histórico. Es indispensable que la humanidad abandone toda promesa de un futuro feliz.

El 15M abrió uno de esos momentos redentores excepcionales y tuvimos la oportunidad de observar cómo se concentraban los recuerdos y experiencias de pasadas luchas junto a las nuevas luchas que este tiempo histórico inauguraban. Todo ello bajo formas de expresión popular completamente renovadas que permitían la convergencia entre batallas pasadas, presentes y por disputar. Viejos conceptos recobraban su actualidad bajo nuevas perspectivas, nuevos conceptos surgían más allá de la narración que se nos había impuesto desde los momentos claves de los últimos cuarenta años: Transición, Constitución, Europa, Maastricht, Deuda, Bancos, Preferentes… obtenían unos nuevos significantes que, por supuesto, no eran significantes vacíos, sino plenos de sentido y de potencialidad transformadora. Tenemos que estar a la altura de la posibilidad que se nos ofrece. El Ángel de la Historia está hastiado e indignado de contemplar las ruinas del pasado, es el tiempo de darle nuevas oportunidades.

11/12/2015

Jesús Romero es Diputado de Podemos en el Parlamento Andaluz y Licenciado en Filosofía.

NdeR: Otros artículos sobre W.Benjamin en VIENTO SUR

En la revista:

1/ Walter Benjamin (1892-1940)

Walter Benjamin crítico de la civilización

Michael Lowy Número 112 Octubre 2010

2/ París en el “Libro de los Pasajes” de Walter Benjamin

La ciudad, lugar estratégico del enfrentamiento entre las clases

Michael Lowy Número 101. Noviembre 2008

3/ El capitán Alegría y Walter Benjamin

Francisco Pereña Número 100. Enero 2009

En la web:

4/ Walter Benjamin y Trotsky

Sobre una relación de afinidad electiva

Enzo Traverso, 8 de octubre de 2015



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