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Francia
Estado de excepción, Estado policial
05/12/2015 | Sandra Demarcq, Julian Salingue

¡No nos impedirán manifestarnos!

Sandra Demarcq

Tras los atentados mortales de París del 13 de noviembre, el gobierno instauró el Estado de excepción que ha sido prolongado durante tres meses. Este Estado de excepción permite al gobierno prohibir las manifestaciones sociales, feministas y ecologistas. Pero aunque no le guste a Hollande [Presidente de la República], Valls [Primer ministro] y Cazeneuve [Ministro del interior], la lucha de clases se niega a callarse…

Con la implantación del Estado de excepción vivimos ahora bajo un régimen de excepción que no solo tiene imperativos de seguridad sino que tiene como función silenciar a la sociedad: estableciendo de forma duradera un clima de miedo y prohibiendo o al menos limitando las reivindicaciones sociales…. Todo ello al mismo tiempo que la patronal y el gobierno continúan su política de austeridad y de desguace de nuestras conquistas sociales.

Un Estado fuera de la ley… y fuera de control

Valls defiende con uñas y dientes la puesta en pie de este régimen de excepción y reivindica claramente que la puesta en pie del Estado de excepción es una “restricción de las libertades” para “proteger nuestras libertades”. ¡Fenomenal! Por eso, a la hora de prolongarlo por tres meses, ha dicho a las y los diputados y senadores que debían evitar recurrir al Consejo constitucional porque supondría que hay “medidas votadas por la Asamblea Nacional que carecen de solidez constitucional”: ¡se podrían poner en riesgo algunas de las medidas tomadas desde que se estableció el Estado de excepción!

En efecto, desde hace algunos días, abundan el celo y el exceso [en su aplicación]: 2000 registros domiciliarios, cerca de 300 personas asignadas a residencia; personas fichadas como “ficha S” (archivo de gente supuestamente peligrosas para la seguridad pública o del Estado ndt), pero también horticultores bio, okupas, militantes de los movimientos sociales y ecologistas… Así pues, nos encontramos ante un rastreo amplio, que también permite a las fuerzas de la policía arreglar asuntos pendientes fuera del procedimiento judicial … y a los servicios de información pulir la vigilancia de ciertos grupos militantes.

Y para guinda de pastel, todas las manifestaciones -sociales, feministas, en solidaridad con la inmigración o ecológicas- tanto en París como otras muchas ciudades, han sido prohibidas. Una prohibición que acaba de ser ampliada hasta el final de la COP21, en Bourget, en sus alrededores… y ¡en los Campos Elíseos! Resulta evidente que con el pretexto de la “guerra contra Daech”, el objetivo del gobierno es amordazar toda protesta social y hacer pasar a los movimientos sociales por el enemigo interior.

Durante el estado de excepción, el desguace social continúa…

El Estado de excepción no debe hacernos olvidar que este gobierno continúa su política de austeridad y de destrucción social y ecológica. Sin duda, estos últimos días, Macron (Ministro de Economía) ha sido el más claro a la hora de tranquilizar a la patronal francesa (MEDEF): el Estado de excepción no perturbará ni la vida económica ni las reformas contempladas y emprendidas antes de los atentados del 13 de noviembre. Tranquilizador: la patronal va a poder continuar despidiendo o suprimiendo empleos a pesar de las ganancias cada vez más importantes, como en Air France, o embolsar tranquilamente miles de millones de euros gracias al CICE (Crédito de Impuesto para la Competitividad y el Empleo) y pronto dejará de tener “trabas” gracias al desmantelamiento del código del trabajo por este gobierno.

Además, este gobierno continuará, sin duda para combatir las discriminaciones y defender los “valores de Francia frente a la barbarie”, con los controles a la gente según criterios racistas, bloqueará a los y las inmigrantes en las fronteras y continuará haciendo vendiendo humo sobre el cambio climático. Contrarreformas en la salud, en la educación nacional, supresión de puestos de trabajo en la función pública… Todo sigue siendo actual.

La “camisa desgarrada” más fuerte que los escudos de los antidisturbios

Ninguna razón por tanto para que nuestras que dejemos de responder o difiramos nuestra protesta. En este sentido, numerosos militantes se han negado a someterse a las prohibiciones de manifestarse: sea en solidaridad con los inmigrantes o por la justicia climática; mientras las los diputados de izquierdas votaban la prolongación del Estado de excepción/1. Y la represión no se ha hecho esperar: 58 personas citadas en comisaría tras la manifestación en solidaridad con los inmigrantes del pasado 22 de noviembre en París, 341 detenciones el pasado domingo en la manifestación por la justicia climática, entre ellos y ellas algunos militantes del NPA, de Ensemble! o de Alternative Libertaire.

Todas ellas están lejos de ser “irresponsables”, aunque esto no les guste a quienes en la izquierda no condenan esta represión… Para nosotros y nosotras, los primeros “irresponsables” son claramente quienes votan la prolongación del Estado de excepción y las medidas liberticidas, sin luchar por defender un derecho democrático elemental, el de manifestarse.

Antes de los atentados y del Estado de excepción, la cuestión social había vuelto a un primer plano con la camisa desgarrada del responsable de Recursos humanos de Air France/2. El miércoles 2 de diciembre, convocada por la Intersindical tuvo lugar en Bobigny una concentración para rechazar todas las sanciones y despidos contra los asalariados inculpados, para rechazar toda criminalización del movimiento social. En este contexto, esta importante movilización vuelve a poner la cuestión social, la violencia patronal, en el paisaje. Y ya está sobre la mesa, tanto en París como en otras ciudades, la marcha de las los parados para este sábado 5 de diciembre, la amplia movilización internacional a favor de la justicia climática y social para el sábado 12 de diciembre, y una nueva manifestación en solidaridad con los y las inmigrantes el 19 de diciembre. Prohibidas o no, será necesario que esas movilizaciones existan, lo que ya constituirá una primera victoria.

2/12/2015

Hebdo L’Anticapitaliste - 314 (03/12/2015)

http://www.npa2009.org/actualite/societe/etat-durgence-etat-policier-ne-nous-empechera-pas-de-manifester

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ El parlamento votó casi por unanimidad la prolongación de tres meses del Estado de Urgencia. Todos los diputados del Frente de Izquierdas, tanto los del PCF como los dos de Ensemble!, votaron pues con el PS, la derecha y el Frente Nacional una puesta en cuestión de las libertades fundamentales. Solo hubo seis votos en contra (tres ecologistas y tres del PS) ndt.

2/ Cinco trabajadores de Air France fueron convocados el 2 de diciembre ante el tribunal correccional de Bobigny por haber tomado parte, en el marco de una lucha en defensa de los puestos de trabajo, en un forcejeo habido con el Director de Recursos Humanos de la compañía que quería fugarse de la reunión, se le desgarró la camisa a éste. ndt.

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Islamofobia: palabras y actos

Julien Salingue

La noche de los atentados del 13 de noviembre, bastaron unas horas para que se desencadenara el odio islamófobo, no solo por parte de la extrema derecha y de la derecha extrema, sino también en las más altas esferas del Estado: declaraciones desmesuradas, amalgamas dudosas, estigmatización colectiva….

Al principio fueron palabras, luego actos: agresiones contra personas, ataques a mezquitas, todo en un contexto de operaciones policiales dirigidas prioritariamente contra individuos y lugares de culto musulmán. Imposible enumerar aquí el conjunto de declaraciones abiertamente islamofobas que han sido proferidas por personalidades públicas tras los atentados. No obstante, hay que hacer una mención particular a Philippe de Villiers [político de derechas y escritor] que, la noche del 13 de noviembre, denunció la “mezquitización” de Francia, haciendo, desgraciadamente, de eco a muchos otros de sus colegas de la derecha de la derecha.

Después, los días posteriores, se desencadenó la retórica de la “desolidarización”, como tras las matanzas de enero. Si bien en apariencia menos odiosa que la abierta islamofobia de algunos, la exigencia a los musulmanes de “desolidarizarse” de los terroristas y de Daesh no deja de ser menos soportable. Es lo que hicieron, Alain Juppé [uno de los líderes de la derecha republicana] cuando declara el 17 de noviembre que “los franceses musulmanes deben decir claramente que no tienen nada que ver con esos bárbaros del Estado Islámico”, pero también Manuel Valls [Primer ministro] cuando el 24 de noviembre afirmó en el estudio de Petit Journal [Canal +] que “el islam [debe] cortar cualquier condescendencia con los terroristas”.

En efecto, con tales declaraciones, Juppé, Valls y consortes dan a entender que los musulmanes de Francia (y otros lugares) serían a priori sospechosos de “condescendencia”, o que tendrían “algo que ver” con los terroristas. Repitámoslo: la exigencia de “desolidarización” tiene de perverso que deja suponer que los musulmanes serían por naturaleza solidarios del terrorismo mientras no hayan declarado lo contrario. Lo que equivale a echar la sospecha sobre el conjunto de los musulmanes de Francia…

Agresiones, ataques, allanamientos, registros

En el marco del Estado de Urgencia, estas declaraciones van acompañadas de una multiplicación de operaciones policiales dirigidas contra individuos y lugares de culto musulmanes. Registros de domicilios, controles a la gente por sus rasgos faciales, “visitas” de mezquitas…. Aquí también la lista es demasiado larga como para enumerar el conjunto de estas operaciones arbitrarias que no han conducido a nada (ninguna detención, ninguna prueba material de relación con el terrorismo), pero han contribuido, a través de ellas, a mantener y reforzar un clima de desconfianza, incluso de odio, hacia los musulmanes.

A partir de ahí, no sorprende que numerosos individuos pasen a la acción agrediendo físicamente a personas “de apariencia musulmana” o atacando sus lugares de culto: insultos, amenazas o puñetazos, agresiones con arma blanca, tags racistas o inscripciones neonazis en las paredes de las mezquitas… En Avranches se pudo evitar lo peor, cuando dos individuos dispararon con una escopeta de caza contra un kebab, explicando ante el juez que querían “hacer algo contra el islamismo”…

Un clima deletéreo, por tanto, ampliamente mantenido por responsables políticos irresponsables que, por no asumir su propio balance, prefieren designar un chivo expiatorio, legitimando los discursos más racistas y reaccionarios y fomentando los pasos a la acción. La respuesta se organiza, en particular en el seno de las redes de lucha contra la islamofobia, pero el movimiento obrero permanece por el momento tímido, por no decir ausente. La islamofobia de Estado y la represión de la protesta social son sin embargo las dos caras complementarias del Estado de excepción, las de la fabricación de “enemigos del interior” que, por interés propio, tendrían que luchar juntos contra las peligrosas derivas en curso.

3/12/2015

Hebdo L’Anticapitaliste - 314 (03/12/2015)

http://www.npa2009.org/actualite/antiracisme/islamophobie-des-paroles-et-des-actes

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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