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Siria y la respuesta a los atentados
"No en nuestro nombre": insuficiencias y complementos
02/12/2015 | Gonzalo Donaire

El pasado lunes 23 de noviembre un grupo de personas ligadas al mundo de la cultura, el arte, el asociacionismo y los ayuntamientos del cambio impulsaron
el manifiesto No en Nuestro Nombre a través del cual condenaban los atentados del 13N en París y
el terrorismo del Daesh, mientras manifestaban el rechazo a cualquier respuesta que pase por replicar aún más odio, ya sea con intervenciones militares
extranjeras en Siria o con recortes de libertades en Europa. En apenas 24 horas el texto había recogido más de 10.000 firmas convocando a replicar
concentraciones el sábado 20 de noviembre. Ese día, el manifiesto contaba ya con 34.000 apoyos.

Más allá del número de firmas recogidas o de las numerosas convocatorias, muy nutridas en casos como el madrileño o el barcelonés, deberíamos medir el
éxito de la iniciativa por su capacidad de marcar parte de la agenda mediática en un contexto abiertamente hostil, así como por el debate que ha despertado
dentro de lo que, al menos antes, llamábamos el movimiento. Entre las reacciones, me quedo con las de aquellas personas que, estando de acuerdo
con el texto, decidieron no firmarlo, no tanto por el contenido, sino por las omisiones. Es decir, no por lo que dice, sino por lo que supuestamente calla
o, al menos, no explicita, legitimando así (según estas voces) lo silenciado.

Estoy pensando sobre todo en activistas ligados al conflicto sirio (por origen o por otros vínculos políticos y/o personales) y, más concretamente, en las
insuficiencias que Leila Nachawati detectó en la
convocatoria. Resumiendo rápidamente: que el manifiesto habla del riesgo de recortar libertades y derechos en Europa como respuesta al terrorismo, pero no
cita las aspiraciones democráticas de los pueblos árabes; que reacciona ahora que Francia (y a saber quién más se le unirá) bombardea Siria, pero no dijo
nada durante los últimos cinco años en los que una coalición de hasta 11 países hacían lo mismo; que no critica la barbarie del régimen de Bashar Al Asad
ni condena las injerencias imperialistas en la región de otras potencias no “Occidentales” como Irán o Rusia (paradójicamente, hay quienes, desde
posiciones sectarias neoestalinistas diametralmente opuestas, también se han negado a firmar el manifiesto precisamente por lo contrario: porque no incluía
una condena explícita de la OTAN en el título y en mayúsculas).

Aprovecho la cercanía con Leila, nuestra compartida aversión a los enfoques campistas y el callo común que generan las críticas que solemos recibir (ella
más que yo) desde ese bando plagado de dogmas de fe y esquemas heredados de la Guerra Fría, para responder y, así de paso, alimentar un debate que los
manifiestos y lluvias de tweets no suelen permitir. En tiempos de redes boyantes, mensajes cruzados y perfiles anónimos, los monólogos inconexos y las
descalificaciones suelen ser bastante más habituales que las discusiones entre compañeros donde el respeto no hipoteque las diferencias, en aras de una
pluralidad imprescindible.

Mi gran pero a su respuesta es de forma, o más bien de formato. Nunca he entendido la pretendida vocación holística y exhaustiva que se le
presupone y exige a cualquier herramienta de intervención política, incluidas las comunicativas, cuando su fortaleza reside precisamente en la
complementariedad que ofrece el amplio repertorio existente y en constante actualización. No podemos exigirle a un manifiesto de tres párrafos el mismo
nivel de profundidad que a un artículo de cuatro páginas, de la misma forma que unas declaraciones de unos segundos en televisión “callarán” la mayoría de
elementos de una realidad que podríamos desgranar mucho más extensamente en una conferencia de media hora. Y si esa realidad es el complejísimo conflicto
sirio, las insuficiencias y carencias de un formato tan escueto serán inevitables.

El manifiesto No en Nuestro Nombre no calló nada durante los últimos años simplemente porque no existía hasta hace apenas una semana. No podía
aparecer antes porque responde al aquí y ahora. De hecho, desde mi punto de vista, cualquier manifiesto de este tipo se caracteriza por tres elementos
complementarios: debe ser actual, conciso y llamar a la movilización concreta. En otras palabras, sigue el siguiente esquema genérico: “aquí y ahora pasa
esto y, por lo tanto y en respuesta, llamamos a hacer aquello”. Aquí y ahora ha habido unos brutales atentados que el Gobierno francés está
respondiendo con bombardeos en Siria y con recortes de libertades en Francia, sombra que se extiende rápidamente sobre el resto de los aquís y ahoras de toda Europa. El asunto nos toca de lleno a quienes vivimos aquí y ahora. No queremos terrorismo, no queremos guerra, no queremos
recortes de libertades, no queremos islamofobia. En definitiva, no queremos responder al odio con más odio ni al terror con más terror, porque eso sería
entregarle la victoria al terrorismo en bandeja de plata y no, no queremos una yihadización de los espíritus. A esa urgencia concreta, entiendo,
pretendía responder el manifiesto y la convocatoria.

Cierto, los silencios nunca son inocuos. Pero igual de cierto es que no están necesariamente siempre cargados con la pólvora del enemigo. Hay una crítica
legítima en cuestionarlos y en imaginar lo que se calla. Pero de ahí a presuponer las razones y el contenido de la insuficiencia hay un salto al vacío.
Aunque también una ventana de oportunidad: una invitación a rellenar las carencias. Y aquí está el elemento positivo del bienvenido tirón de orejas de
gente como Leila: permite avanzar en la discusión. Una vez pasados los manifiestos y las convocatorias de urgencia, toca afinar. Y esto implica asumir que
el camino que hace unos días empezamos a recorrer juntas quienes nos oponemos al terrorismo, a la guerra y al odio, tiene piedras y bien gordas. Y ahí el
acuerdo con Leila es total: no habrá solución al conflicto sirio, ni regreso de los millones de refugiados huidos del país, mientras siga en el poder el
gobierno asesino, represor y liberticida de Bashar Al Asad.

No estamos ni con Daesh ni con Al Asad ni con la coalición de potencias extranjeras que bombardean Siria, pero tampoco estamos más con algunas de esas
potencias que con otras. Como decían recientemente Pierre Rousset y François Sabado,
estamos por el derecho a la autodeterminación de los pueblos y contra todas las barbaries. Son los pueblos quienes tienen que decidir su futuro, no las
coaliciones imperialistas ni los dictadores locales reconvertidos en males menores. El pasado sábado salimos a la calle a decir No a sus guerras.
Y ni el plural ni el posesivo son inocentes: son sus guerras porque no son nuestras y porque no es solo una. Son sus guerras las que
promueven y practican Daesh, Al Asad, Rusia, la OTAN o Francia. Son sus guerras y nuestros muertos. Son sus guerras contra los pueblos,
contra el pueblo y sus ansias de vivir en comunidad, libertad y mestizaje. Sus guerras contra nosotros y nosotras.

Que de aquel manifiesto surja un movimiento popular contra quienes pretenden responder al terrorismo con guerras y políticas liberticidas en nuestro nombre, dependerá en gran medida de que seamos capaces de superar esas diferencias o, al menos, que aprendamos a convivir con ellas
dentro de un movimiento más amplio. Hay quienes prefieren las bombas de Rusia a las de la OTAN, o los asesinatos de Al Asad antes que los del Daesh, por el
simple hecho de que unos son más nuestros (sic) que otros. Pues no. La barbarie puede tener especificidades y bandos internos, pero siempre se
ejerce contra los pueblos. Venga de donde venga, seguiremos diciendo no a las injerencias imperialistas, lleven pasaporte ruso, francés o saudí. Seguiremos
diciendo no al terrorismo, lleve marca del Daesh o de Al Asad. Y seguiremos diciendo no a quienes trafican democracia y derechos por seguridad, ya sea en
Bélgica, en Turquía o en Siria. Y es ahí, en rechazos y apoyos concretos, donde nos encontraremos y trazaremos alianzas concretas en base a diagnósticos
más completos que los que permite un manifiesto. Porque no solo estamos con las víctimas: también y sobre todo estamos con quienes luchan, tanto aquí y
ahora como allí y entonces, por la democracia y contra el terror sin mirar el campo de procedencia. Únicamente desde la lealtad a los desconocidos.

Gonzalo Donaire es militante de Anticapitalistas

2/12/2015



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