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Túnez
La emergencia de una nueva generación militante
27/11/2015 | Samar Tlili

La campaña contra el proyecto de ley de blanqueo de los corruptos del antiguo régimen (Menich msama)

Menich msama” es a menudo traducido como “no perdono”. Esta expresión es en mi opinión demasiado violenta, un poco demasiado agresiva. Habría que traducirla mejor por “no quiero olvidar” o “no voy a permitiros no reconocer lo que es mi derecho”.

No estamos en efecto en una óptica de violencia. Se trata de una campaña ciudadana, independiente, alternativa. Es una campaña que reagrupa a gente joven alrededor de un objetivo limitado, bien preciso. Ya veremos si este agrupamiento continúa o no existiendo una vez alcanzado ese objetivo. Esta campaña se ha constituido contra el proyecto de ley de “reconciliación económica” que ha promovido el Presidente de la República, a fin de blanquear a los hombres de negocios y altos funcionarios corrompidos a lo largo de los antiguos regímenes.

El contexto en el que este proyecto de ley ha sido propuesto

Era una situación en la que el poder disponía de un “momento de respiro”:

1) El Consejo Constitucional no estaba aún creado; y esta institución habría sido la única con capacidad de plantear el aspecto anticonstitucional de este proyecto de ley que ha sido por tanto propuesto sin ningún control constitucional previo.

2) Este texto había sido hecho público en julio; y en Túnez, las revueltas y las revoluciones no han tenido jamás lugar en verano, aunque esto esté cambiando un poco.

3) El país estaba sometido al estado de urgencia decretado tras el atentado de Sousa; y el poder tenía por tanto la posibilidad de reprimir con violencia toda forma de protesta en la calle y en el espacio público.

4) Y, como consecuencia de la contrarrevolución, numerosos jóvenes que se habían implicado en el proceso revolucionario, o incluso antes, habían caído uno o dos años después de 2011 en un estado de desilusión.

Habían tenido sueños, y al no ver que se concretaban las aspiraciones que habían tenido durante años, se habían retirado de la vida pública y del compromiso político.

El poder tenía por tanto en sus manos varias bazas para que este proyecto de ley fuera adoptado muy rápidamente. Pero esto no ha ocurrido así.

La campaña de “Menich msama

Se lanzó un llamamiento en las redes sociales menos de 24 horas después del anuncio de este proyecto de ley. Se dirigía a toda persona que quisiera oponerse a él. Y en menos de 48 horas, más de 300 personas se implicaron en grupos de discusión para debatir sobre los objetivos de la campaña, sobre sus formas de organización. Inmediatamente pasamos a la actividad concreta.

Desde hace algunos años, muchos jóvenes estaban reticentes. Con una iniciativa de este tipo, han pasado a la acción.

La primera iniciativa tuvo lugar el 28 de agosto y hasta el 12 de septiembre han sido muy violentamente reprimidas.

En dos semanas, se han logrado victorias sucesivas.

1) Esta campaña ha permitido reunir a personas de todo tipo: jóvenes, menos jóvenes, independientes, miembros de partidos políticos, de asociaciones, de movimientos de jóvenes, etc. Ha reagrupado a gente muy diferente que no había tenido anteriormente la posibilidad de trabajar conjuntamente. De hecho, la única “reconciliación” que ha permitido este proyecto de ley ha sido la reconciliación entre jóvenes y diferentes componentes de la sociedad civil y del paisaje político.

2) Este proyecto de ley había sido planteado durante las vacaciones, y se tenía miedo de no poder movilizar. Los estudiantes, que están durante el año en los campus de las grandes ciudades, estaban aún en sus casas en las diferentes regiones. Pero, de hecho, eso ha sido un punto de fuerza para nuestra campaña que ha podido, en dos o tres días, propagarse a más de 15 ciudades y regiones así como al extranjero (Alemania, Francia, Canadá, Palestina, etc.). Esto ha logrado romper la centralización habitual de la actividad política en Túnez capital y algunas grandes ciudades, generalmente aquellas en las que la UGTT es muy influyente.

3) La tercera victoria concierne a la recuperación de la calle y del espacio público. El estado de urgencia estaba, en efecto, en vigor y toda forma de protesta era muy violentamente reprimida.

La primera iniciativa, el 28 de agosto, no había sido anunciada públicamente sino solo boca a boca. Se quería probar la reacción del poder y de las fuerzas del orden.

La segunda iniciativa, convocada públicamente, fue reprimida. Pero los participantes aguantaron a las fuerzas del orden. Se mantuvieron sin disolverse resistiendo durante horas.

El 12 de octubre, el ministro del Interior ha debido reconocer progresivamente el derecho a protestar en las calles, cuando oficialmente toda manifestación permanecía prohibida. Para hacer una operación de propaganda, ¡el ministro en persona ha venido personalmente a la calle explicando que su presencia protegía el derecho de manifestación! Quería hacer propaganda, pero hemos sido nosotros quienes hemos obligado al propio ministro a salir a la calle y reconocer nuestra campaña, ¡cuando ésta no era legal!

4) No solo hemos recuperado la calle, sino que antiguos militantes que no habíamos visto desde hacía años se nos han sumado. El 1 de septiembre las dos primeras líneas estaban en contacto directo con las fuerzas del orden, luego venían cuatro líneas destinadas a que las dos primeras no fueran desbordadas. Y en la retaguardia, había gente que no se había visto desde hacía mucho saludándose diciendo por ejemplo: “Qué es de tu vida? No nos hemos visto desde hace años, luego vamos a beber un café y si te detienen, que nos detengan juntos y así podemos continuar hablando de los viejos tiempos”. Era realmente un espectáculo magnífico y emocionante, y que contiene un aspecto muy positivo: la vuelta de algunos a la actividad militante concreta sobre el terreno. Y esto es muy importante pues el proceso revolucionario necesita mucho aliento y paciencia, y no debemos perder en número y en fuerza con el tiempo.

Un proceso revolucionario que sigue en marcha

La prueba es que las reivindicaciones de la revolución siguen estando de actualidad: justicia social, libertad, dignidad, derecho al trabajo. Se ha oído igualmente volver muchas consignas como “el pueblo quiere cambiar el sistema” que no se habían oído desde 2012-2013. No se trata solo de una continuidad en los eslóganes y los principios, pues no son solo los antiguos militantes los que han vuelto. Se ha visto igualmente emerger una nueva generación con nuevas técnicas de protesta, nuevas herramientas de lucha. Con “Menich msama”, estamos, por ejemplo, experimentando una campaña horizontal, rechazando el modo de organización piramidal detrás de un líder, en la que las decisiones son tomadas en el seno de un pequeño grupo y luego hay jóvenes que las ejecutan sin tomar parte en los debates y en las decisiones.

Una nueva generación está tomando el relevo. En Kef, por ejemplo, una joven muy activa de 17 años ha sido detenida en dos ocasiones en acciones de protesta. Ha sido reprimida violentamente, ha sido amenazada, pero ha aguantado. Se ha mantenido ante las fuerzas del orden, así como ante gente que estima que a los 17 años no se es capaz de discernir. Iba a los cafés para pedir a los jóvenes que vinieran a la manifestación. Se dirige a personas mucho mayores que ella para convencerlas. En 2011, tenía 12 años. Es la generación de la revolución de 2011 que se ha hecho madura, y está tomando el relevo y cambiando las cosas.

A propósito de las relaciones entre la juventud y los y las militantes más antiguos

Frente a la expresión “fractura generacional”, prefiero la de “superación activa”, que es menos violenta. Muchos jóvenes reconocen el valor de los “históricos”. Nuestra primera manifestación en Túnez salió de la plaza histórica situada ante la sede de la UGTT (Unión General de Trabajadores de Túnez). Mientras la UGTT y otras organizaciones históricas abran sus puertas a las familias de los mártires y se opongan a la explotación, las consideraré como fuerzas que van en la misma dirección que nosotros. No me planteo en una lógica de “matar al padre”. Aunque el pasado sea importante, los jóvenes no se sienten atraídos por debates sin fin sobre conflictos de hace 30 o 40 años.

Lo mismo ocurre con los conflictos en el seno de la UGET (Unión General de Estudiantes de Túnez) que prolongan los debates que los partidos políticos tienen entre si desde hace años.

Tenemos una juventud que ha abandonado desde hace mucho las asociaciones y los partidos políticos. Muchos jóvenes no se ven en las organizaciones históricas de la sociedad civil. Piensan que son arcaicas y no están ya adaptadas a las nuevas aspiraciones de la juventud. Algunos piensan que esta juventud es fruto de 23 años de degradación de las referencias culturales bajo el antiguo régimen, que es una juventud despreocupada que no se preocupa por la suerte del pueblo así como de las organizaciones políticas o de otro tipo.

En cualquier caso, esta distancia generacional existe claramente. Pero lo que resulta importante comprender es que estamos entre dos puntos, en una fase transitoria: lo que es antiguo no ha desaparecido y lo que es nuevo todavía no ha nacido o no es aún suficientemente maduro para hacer que las cosas se muevan. Esta situación entremedias a la que algunos llaman “fractura”, yo le llamo “momento de transición”, transición que va a tener lugar tarde o temprano.

El problema es la ausencia de reconocimiento mutuo entre estas dos componentes. Las acusaciones mutuas entre jóvenes y antiguos son muy peligrosas. En efecto, esta juventud tiene la voluntad y la capacidad de cambiar la realidad. El problema es que no encuentra un marco en el que pueda actuar. Y esto plantea un problema cuando existe, en un país como Túnez, una juventud que es consciente de sus capacidades y que ese mismo país no tiene la capacidad de proporcionar ese marco. Hay jóvenes que parten por centenares o miles a Iraq, Siria, Libia u otros lugares. Una de las razones de ello es que las únicas fuerzas que proponen un cambio radical son Daech u organizaciones de ese tipo. Es muy importante, a la vez para la juventud y las organizaciones históricas como por ejemplo la LTDH (Liga Tunecina de Defensa de los Derechos Humanos), trabajar por el nacimiento de una alternativa que proponga un cambio radical de la realidad y responda a las aspiraciones de esos jóvenes. Tenemos una juventud con confianza en si misma y sus capacidades, pero que no encuentra un marco que le permita actuar. ¿Cómo hacer para crear esa alternativa?

Como muestran varias campañas, el proceso revolucionario sigue en marcha. Las consignas y los principios de la revolución siguen estando presentes. Pero cada vez más proyectos de legislación no van en el sentido de la realización de esas reivindicaciones. Se oponen, al contrario, a la mejora de las condiciones económicas y sociales de la población. Si se continúa con, de un lado, la juventud que sueña hacia la izquierda y, del otro, un país que va a la derecha, va ha haber realmente una ruptura. Así pues, hay que encontrar rápidamente una alternativa capaz de acoger centenares y miles a jóvenes capaces de actuar. En caso contrario, temo que haya consecuencias aún más graves que ahora.

* Samar Tlili tiene 24 años. Es profesora de francés en Béja, una ciudad del noroeste de Túnez, situada a un centenar de km de la capital y a cincuenta de la frontera con Argelia. Declaraciones recogidas en la entrevista realizada por Alain Baron, unas horas antes de la tristemente célebre noche del 13 de noviembre de 2015.

13/11/2015

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article36458

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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