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diagonalperiodico.net | Comentario a un programa de Salvados
¡Viva la clase media!
26/11/2015 | Brais Fernández

El pasado domingo se emitió en la Sexta, en horario de máxima audiencia, un programa de Salvados, dirigido y presentado por Jordi Évole, titulado “Viva la clase media”. El título es ya significativo: "clase media" es un concepto catch all (atrapalotodo), capaz de unir en el mismo grupo social a gente muy dispar: desde un abogado con altos ingresos a un administrativo de una gestoría, pasando por funcionarios de todo tipo, todo el mundo es clase media.

El sueño americano parece cumplirse, pero solo en su aspecto más "publicitario", porque lo que esconde el concepto de clase media es un proceso de proletarización masiva que afecta cada vez a más sectores de la sociedad.

El programa de Évole fue magnífico en ese sentido: puso encima de la mesa, a través de un dialogo con Owen Jones, el proceso de mistificación que supone la adopción del concepto de "clase media" como generador de identidad.

Owen Jones es un periodista muy conocido en Reino Unido, vinculado a la izquierda del Partido Laborista y al sector de Jeremy Corbyn, una corriente política con fuertes raíces en el movimiento sindical. Jones se ha hecho famoso en el Estado Español por su libro “Chavs” editado por Capitan Swing, en el que aborda el proceso de estigmatización que sufren determinados sectores de la clase obrera, acusados de vagos y maleantes.

Es muy interesante su punto de vista, porque entronca con la idea de que la oleada neoliberal que impulsaron Thatcher y Reagan no fue sólo un proceso de ajustes económicos (reducción del gasto público en servicios sociales, desregulación financiera), sino también la construcción de una nueva hegemonía al servicio de las élites, en donde la clase trabajadora se desintegraba como sujeto colectivo y todos progresivamente nos convertíamos en empresarios de nuestra fuerza de trabajo.

El concepto de "clase obrera" genera casi escalofríos en la izquierda. Las razones son muchas. Por una parte, una izquierda rancia, que se niega a asumir los cambios en la composición de clase, la configuración de nuevas subjetividades, la aparición de nuevas mediaciones a través de las cuales se expresan los conflictos de clase, siente un escalofrío próximo al sentimiento religioso cada vez que escucha las palabras "clase obrera".

La clase obrera se presenta no como una relación, sino como una especie de "persona", que existe al margen de las relaciones materiales: una imagen especular.

Otro sector de la izquierda siente escalofríos por otros motivos. Como bien explicaba Owen Jones, la nueva progresía es capaz de ser sensible con casi todo, excepto con lo que tenga que ver con la cuestión de clase, que es una problemática "vieja" o "esencialista".

Hay mucho de "sobre-compensación" por los errores del pasado, en el que por desgracia el movimiento obrero no se mostró sensible a otro tipo de opresiones, pero también una cierta aceptación de la nueva hegemonía neoliberal, que mira a los individuos al margen de las clases, como personas cuya posición social no está determinada por ciertas estructuras sociales, como si la explotación fuera algo ajeno a la vida social y no el factor "fundador" del capitalismo.

Es cierto que el concepto de "clase obrera" quizás no sea el más útil como significante, porque en el imaginario colectivo tiende a identificar un segmento con el todo, a los trabajadores industriales o fabriles con el conjunto de la clase.

El término "clase trabajadora" es seguramente más útil para reforzar tres cuestiones.

En primer lugar, "clase" refleja una situación común, una relación compartida entre todos sus miembros: la relación de explotación o su integración en la cadena capitalista que permite la extracción de plusvalor.

En segundo lugar, "trabajadora" revela la concreción de ese nexo: el trabajo, el formar parte de una inmensa estructura productiva global, donde lo material y lo inmaterial hacen que la vida social funcione. Por cierto, usamos "trabajo", porque no todos los asalariados son parte de la clase trabajadora ni a la inversa. Entre un ejecutivo que recibe sus ingresos a través de la relación jurídica salarial y el trabajo de cuidados no remunerado no existe nada en común excepto el antagonismo.

Por último, creo que es un término que refleja bien la diversidad de situaciones en las que se desarrolla la explotación, que huye de esa idea de la clase como un todo homogéneo, sino que describe una relación social atravesada por contradicciones internas y que solo tiende a unificarse a través de la lucha de clases, mediación fundamental entre sociología y política.

La clase trabajadora ha mutado pero no porque se haya reducido, sino porque es cada vez más amplia. Sectores enteros han pasado a formar parte de la cadena de reproducción de valor, como por ejemplo, la mayoría de funcionarios, proletarizados paralelamente a la conversión del Estado en el gran capitalista colectivo.

Los titulados universitarios también han sufrido un proceso similar, en el que tener un título no los convertía en "clase media", sino que los arrojaba al mundo del trabajo, aunque muchas veces esa realidad material no haya ido paralela a asumir una conciencia de clase.

Y luego, aparte de los trabajadores industriales (que siguen siendo un 20% de la población empleada), la creciente masa de trabajadores metropolitanos (muchas veces en una situación de desempleo casi permanente), que ocupan muchos empleos a lo largo de su trayectoria laboral, en donde pueden y en condiciones de creciente precariedad.

No es una cuestión secundaria la de la "clase". Realmente, el concepto de "clase media" juega un papel similar al del "centro político": un espacio descafeinado, conservador, que reduce la lucha a repartos de posiciones de poder sin cambiar las relaciones de poder.

Esto, como han escrito buenos amigos como Emmanuel Rodríguez durante el último año, limita el proceso de cambio que abrió el 15M, porque detiene la democracia a las puertas de los centros de trabajo, que son espacios fundamentales donde surgen las relaciones sociales que estructuran la vida social.

¿Puede haber democracia si no cambiamos las relaciones económicas, si no acabamos con la explotación, si no alteramos también la lógica que lleva a que la gente que hace que la sociedad funcione sufra la expropiación de una minoría privilegiada? No lo creo.

Por otro lado, hay otra cuestión fundamental: la clase trabajadora no ocupa el espacio a nivel político que le corresponde por su posición social. El programa de Jordi Évole ha sido muy útil para visibilizar un gran problema cultural: la falta de protagonismo del 99%, de todos esos trabajadores y trabajadoras que carecen de títulos universitarios (¡hay 100.000 camareras de piso trabajando en los hoteles de España!) o que no son ’hijos de las clases medias’, de toda esa gente explotada invisibilizada.

Esto se ve en los procesos políticos en curso, en la ausencia de pluralidad de clase en unos procesos que son copados por una fracción social que se erige en representante del todo.

¿Jugará la condición de diplomado universitario hijo de las clases medias el mismo papel que para la vieja izquierda jugaban los trabajadores industriales, es decir, una representación que impide ver la composición multitudinaria de la clase trabajadora?

Esperemos que no, porque eso significaría una redistribución del poder, la integración de unas nuevas élites en su gestión, sin alterar uno de los factores que más afectan a la vida de las personas: la explotación capitalista.

"Viva la clase media" viene a significar, ni más ni menos, vivan las clases sin lucha de clases. Como decía Owen Jones al final del programa, la tarea pendiente es organizar esa lucha para aspirar a una sociedad en donde las división de clases haya desaparecido.

25/11/15

Brais Fernández es militante de Anticapitalistas, forma parte del secretariado de redacción de ’Viento Sur’.

https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/28494-viva-la-clase-media.html



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