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¿Qué estrategia para Europa?
Tras el fracaso de Syriza, rechacemos los “TINA”
21/11/2015 | Catherine Samary

El fracaso de Syriza explica una realidad: toda lucha que quiera someter la financiarización de los mercados y del sector bancario a criterios sociales y democráticos chocará con las fuerzas, instituciones, los Tratados de la UE, que defienden la lógica inversa. No se puede "reformar" esta lógica mediante la "negociación" sin una relación de fuerzas. ¿Pero el fracaso de Syriza significa que era o se hizo ilusorio querer combatir esa lógica en la UE y en la zona euro? El debate estratégico europeo indispensable solo debe excluir las respuestas xenófobas, sin "esencializar" (positivamente o negativamente) el euro. Es la guerra social planteada desde lo local a lo planetario, pasando por la UE, la que hay que hacer fracasar en todas partes donde se toman las decisiones estratégicas; con una mayor apuesta europea, articulándose a la vez en las luchas nacionales e internacionales/1.

Contra todos los TINA/2

"No puede haber opción democrática contra los Tratados europeos" declaró honestamente Jean Claude Juncker, presidente de la Comunidad Europea. El fracaso de la estrategia de Syriza es, de entrada, el resultado de este crudo hecho: no hubo "negociación" por parte del eurogrupo en la que el TINA fuera imprevisto para A. Tsipras, y para una parte de la izquierda europea. El referéndum que expresaba democráticamente su "OXI" radicalizó y no suavizó la posición contraria.

Solo que este TINA no era ni el primero, ni el más estratégico (global) que revelaba la misma lógica. Fue Margaret Thatcher quien imprimió el "sentido" de lo que iba a marcar la nueva fase del capitalismo desde el inicio de la década de 1980. Su objetivo, así como el del Eurogrupo, era desmantelar todas las resistencias y la protección social salidas del periodo de crecimiento anterior para imponer una lógica de la competencia pasando por las privatizaciones generalizadas.

Ese fue el inicio de una guerra social, detrás del discurso neoliberal, en respuesta a la crisis estructural del beneficio y del orden mundial que se manifestaba en la década de 1970. Esta respuesta se radicalizó por el cambio de 1989/1991 que puso fin al "mundo bipolar" (¿el fin de la Historia?). La seudo democracia pluralista se traduce cada vez más en el mundo, y en particular en Europa, por alternancias sin alternativas, con todos los partidos llamados de izquierda incorporándose a ese TINA fundamental: el de las privatizaciones y del mercado generalizado. Las corrientes neoliberales pudieron optar por el euro u oponerse, como en Gran Bretaña donde fustigaron las "ingerencias" de las instituciones bruselenses y europeas en el funcionamiento de los mercados. En la correlación de fuerzas actual, la salida de Gran Bretaña de la UE se haría sin ninguna resistencia a las políticas de austeridad.

Esto no significa que el euro sea "neutro"; ninguna moneda o institución en el capitalismo está fuera de las relaciones de clase. Y no hay ninguna duda de que hay que pensar y prepararse para un "después de la Unión económica y monetaria (UEM)" modificando radicalmente las funciones y la arquitectura de las monedas. Pero eso no significa que sea eficaz centrar el frente de resistencia en el euro, independientemente del contexto y de las fuerzas presentes; aún menos que las luchas progresistas sean más eficaces dejando la UE. El yugo tiene contradicciones y puntos débiles que se pueden aprovechar.

La UE, de la esperanza a la realidad

Para los países de la Europa del Sur que salían de dictaduras y más pobres que la media de la CEE a la que se unieron en un mundo de guerra fría, más tarde para los de la Europa del Este después de la terrible caída del nivel de vida de la década de 1990, la CEE o la UE aparecía como el "centro" europeo portador de conquistas sociales y democráticas de las luchas pasadas. Integrarse en la Unión/3 podía significar la esperanza de salir de "periferialización absoluta", ganar derechos democráticos, beneficiarse del acceso a los fondos estructurales del presupuesto europeo supuestamente para todos los países más pobres alcanzaran el nivel de vida de la media europea/3. Para luchar contra un abstencionismo masivo en las cuestiones europeas y obtener el certificado de ahesión a la UE, son las supuestas ventajas las que se pusieron por delante y no, ciertamente. un proyecto de competencia "libre y no falseada"; aún menos un estatus "periférico" o semicolonial interno, bajo dominación de un Eurogrupo sin estatus legal. En las negociaciones, los derechos de representación del país no debían depender de la ley del país más rico.

Esto no hacía de la UE un marco democrático y próximo a la gente, ni suprimía las características a la vez capitalistas y tecnocráticas de toda la historia de esta institución. Esta estaba llena de conflictos, contradicciones, evolución con continuidades y discontinuidades -de la CEE a la UE- que no podían comprenderse con la única lectura de los Tratados. El conjunto ha dejado sus "marcas" institucionales y socioeconómicas ( así como percepciones evolutivas y grandes decepciones) a la vez muy alejadas de las imágenes de Épinal de los "valores de Europa" y de las visiones simplistas que la asimilan a una forma de integración basada en el libre intercambio

Los Acuerdos de Maastricht que instituían la UE son el resultado enormemente frágil de negociaciones que tenían varios objetivos imbricados: responder a la crisis especulativa que golpeaba a las monedas nacionales en 1991/1992, haciendo saltar por los aires el Sistema Monetario europeo (SME) basado en la moneda oficial común, el ECU; apoyarse en esta crisis para convencer a la Alemania ya reunificada de renunciar al marco como moneda e integrarse en la futura UME basada en el Euro; haciéndolo, tender hacia un sistema monetario mundial que redujera el dominio absoluto del dólar; camuflar bajo el label "europeísta" el cambio programático radical de la socialdemocracia hacia el liberalismo; dificultar la resistencia a este giro alejando el centro de decisión del marco nacional.

En la actualidad estamos en el centro de una nueva fase, marcada desde 2009 por la explosión neoliberal de la crisis que, en la eurozona, desembocó en Grecia, convertida en una seudo "crisis de las deudas soberanas": toda la dimensión antisocial y antidemocrática de la UE se radicalizó aunque se presentasen como un "progreso hacia más solidaridad" y federalismo. En esencia, las fuerzas dominantes de la UE han elegido esta crisis para que las frágiles dimensiones políticas y sociales de la UE sean destruidas. Mientras que las deudas han aumentado enormemente para salvar a los bancos privados y públicos que a lo largo de la fase neoliberal fueron el resultado no del aumento de los gastos públicos sino, principalmente, de una reducción de los impuestos sobre las grandes fortunas y las empresas, la "disciplina" presupuestaria tiene dos objetivos esenciales: la privatización de bienes, pensiones y servicios públicos que resistieron los asaltos anteriores y la flexibilidad del mercado laboral para generar "ventajas competitivas" a la exportación.

Los Tratados europeos se modificaron o bien se establecieron nuevos "Pactos" para obligar a los parlamentos a inscribir en "normas de oro" indiscutibles la elección de la política económica que deberían remplazar los debates políticos poniendo a estos mismos parlamentos bajo vigilancia de la Comisión Europea.

Los bancos "sistémicos" (“too big to fail”) salvaron los seudo-controles. Por el contrario, el establecimiento del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES) (equivalente a un FMI interno) permite poner al país "ayudado" bajo tutela/4. El ejemplo griego es sintomático de una apuesta global.

El debate no es el diagnóstico, sino que está en la respuesta: ¿cómo resistir? En lo inmediato, el tercer memorándum infligido a Grecia es peor que los precedentes, especialmente porque la dirección de Syriza asumió aplicarlo.

Del “mal menor” a los compromisos comprometedores, ¿quién decide?

¿Por que firmar este “mal” acuerdo y haberse prestado voluntariamente para aplicarlo, lo que implicaba amordazar a toda la oposición de izquierdas y apoyarse en una nueva mayoría con las fuerzas, antes rechazadas, de la derecha? Todo esto se legitimó en nombre de un supuesto “mal menor” (hemos luchado, hemos perdido pero hemos evitado “lo peor”; el Grexit o incluso otro memorándum con peores condiciones: es un “mal acuerdo” pero negociaremos sobre los márgenes de su aplicación. Este fue en gran medida el discurso de A. Tsipras)

Se esté o no de acuerdo con este discurso (personalmente, creo que lo peor es aplicar semejante Memorándum) debemos tomarnos en serio los verdaderos dilemas en una correlación de fuerzas desfavorable: el argumento del “mal menor” es el que todas las izquierdas en el poder (honestamente o no) han puesto por delante para aceptar mayores concesiones de sus programas. Sería absurdo rechazar las negociaciones (los huelguistas son habitualmente forzados a ellas) o excluir los compromisos. Los que representan batallas parciales y dan confianza para ir más lejos, los que mejoran la existencia cotidiana de la mayoría de la población, evidentemente, forman parte de los compromisos aceptables. El problema está en la desmovilización y desmoralización que acompañan a los acuerdos que comprometen la esperanza de otra política posible.

En un contexto difícil, el proceso de la toma de decisión es más importante que la decisión misma, especialmente, frente a un posible fracaso. Hay que aplaudir la iniciativa de A. Tsipras, de llamar a un referéndum que interrumpía las negociaciones. Este hecho fue percibido como un acto notorio de democracia despertando en toda Europa esperanza y entusiasmo. La forma de no salir vencido, incluso cuando se pierde una batalla, es haber decidido conjuntamente la orientación de cada etapa, para poder también conservar la fuerza colectiva para otras batallas. Hacer pública la ausencia de negociaciones y hacer frente a los diktat; permitir la expresión clara de la pluralidad de opciones con sus ventajas e incertidumbres, eso era lo que se podía esperar después del OXI griego. Pero un nuevo TINA se impuso sin debate; el de aceptar la responsabilidad (gubernamental) de aplicar un “mal” memorándum, en nombre de otro TINA: no hay otra opción que permanecer en el eurosistema, que consolida a su vez un último TINA, no hay otra opción que la salida/5. Entonces se abandonan todas las medidas que tenían como objetivo romper con la "austeridad", romper la dependencia del BCE y el mercado internacional contestando la legitimidad del Eurogrupo y de sus políticas: suspensión del pago de la deuda en defensa de los derechos sociales fundamentales, batalla para dar a conocer la verdad de las causas de la deuda griega y exigir una conferencia europea; control de los bancos y de los movimientos de capitales; apoyo a la producción autogenerada de bienes y servicios, moneda fiscal...

No a la "esencialización" sino desafío estratégico europeo que incluya todos los medios de financiación de las necesidades

El debate estratégico europeo no tiene precedente histórico pues está marcado por un contexto que ha cambiado profundamente frente a las crisis imprevistas por los primeros impulsores del Tratado de Roma: el SME (1979) basado sobre la moneda común Ecu respondía a la crisis del SMI de Bretton Woods; así mismo, el UEME era la respuesta a otros grandes imprevistos: el cambio neoliberal de los años 80 del siglo pasado, el fin del mundo bipolar y la crisis del SME europeo de 1991/1992.

El carácter débil y explosivo socialmente de una moneda única en un espacio heterogéneo y sin cohesión orgánica fue destacado mucho después. Pero algunos pensaban (una parte de Los Verdes o de la izquierda) que la experiencia empujaría a introducir “lo que faltaba” para consolidar esta construcción: más aspectos sociales, más democracia, más presupuesto y solidaridad federal... Otros anunciaban la explosión del sistema a los quince años. Y nadie podía decir con antelación cuál sería la reacción de las fuerzas sociales y de los partidos dominantes frente a la primera crisis de la eurozona con los choques asimétricos de los que los mercados especulativos no podían más que aprovecharse. La evolución ha sido distinta: tanto de las visiones “eurooptimistas” como de la explosión anunciada. Nada está asegurado para el futuro frente a la combinación de la crisis de las personas “migrantes”, la incertidumbre del crecimiento y del monto de “capital ficticio” acumulado, especialmente durante la enorme especulación financiera mundializada, la mayor parte del cual está anclado en Europa.

Los defensores de las políticas de devaluación (llevada a cabo mediante el exit), a menudo, toman como ejemplo a Argentina y Rusia. Permanecen en el terreno de la competencia mundial cuando hay que romper con esta lógica. Pero también es situarse fuera del tiempo y del espacio en el que debemos reaccionar: por una parte, la UE y la moneda única creadas después de 1989 modificaron profundamente los flujos de bienes y de capitales en el continente: la mayor parte de los intercambios de los IDE (Inversión Directa Extranjera.NT) de los financiamientos se volvieron intraeuropeos/6. La interdependencia e Rusia y la mayor parte de la UE (especialmente, Alemania, Italia, Francia y los países de la Europa del Este) son, más allá de los discursos de la guerra fría, realidades dominantes del fondo de las negociaciones sobre la crisis ucraniana.

Además, la UE juega un papel importante en la negociación de los tratados de libre cambio internacionales que defienden a la vez los intereses de los FMN en detrimento de los derechos sociales y de un control de la crisis climática. A partir de ahora, es imposible medir tales desafíos globales únicamente a escala nacional. Preservar a toda costa y utilizar el veto del Parlamento europeo sobre los tratados son objetivos estratégicos que implican no desertar de este escenario -sin hundirse en las instituciones burocráticas: se pueden articular resistencias extraparlamentarias y parlamentarias, contrapoderes a nivel nacional, europeo y global.

En fin, la UE impone mecanismos y pactos a escala europea. La deuda pública debe estar en el centro de las respuestas estratégicas porque es el vector de las ofensivas antisociales europeas apoyadas por el FMI (fuera de la UEM) o sobre el MES. Es necesario un enfoque que denuncia las mentiras dominantes sobre las deudas que se dice son debidas a demasiados gastos sociales. Tratar es problema solo país a país es encerrarse a solas con las instituciones europeas. Sería esencial una campaña para una conferencia europea sobre la deuda con el fin de legitimar una moratoria inmediata en defensa de los derechos sociales. Esta exigencia sería más fácil de defender en un país significativamente más grande que Grecia -el Estado español- o como iniciativa popular de masas (1 millón de firmas) que salga de los países miembros más debilitados por la deuda.

Eliminar los falsos/malos debates y las seudo-opciones binarias

No hay que estar en contra de la salida del euro porque la extrema derecha esté a favor. Y la salida no obliga a preconizar una alianza con los nacionalistas xenófobos/7. Pero que los noes se junten en las urnas no tiene nada que ver con una campaña común y de alianzas con las corrientes nacionalistas de derechas o de extrema derecha/8.Las tesis de la extrema derecha deben ser combatidas, sea cual sea la solución monetaria preconizada. Hay que defender los derechos nacionales (políticos, culturales, democráticos) rechazando el nacionalismo como ideología xenófoba de defensa de una “nación” étnicamente pura. Los éxitos de Marine Le Pen se deben mucho menos a su discurso antieuropeo que a la xenofobia que denuncia la invasión de Francia por el Islam que amenazaría la nación , la laicidad, a las mujeres, a los judíos y a los homosexuales. La “nación francesa” que Marine Le Pen defiende no es la nuestra.

Así pues, discutamos de forma autónoma qué sociedad queremos, de lo nacional a lo global pasando por las relaciones europeas, sin aislar la cuestión monetaria más allá de las dinámicas políticas y sociales concretas. Incluso de la “soberanía” que se debe analizar en el contexto de los poderes de decisión de “los de arriba” imbricados y poderosos a diferentes escalas. Esto implica también una reflexión del principio de la “subsidiariedad” subordinada a opciones sociales y medioambientales de “los de abajo” que permita tratar a qué nivel territorial y político se puede decidir mejor y controlar las opciones según los temas y el contexto.

El hecho de que no existe “un pueblo europeo” no es un argumento que impida la emergencia de comunidades políticas de lucha, y de una perspectiva estratégica europea en el plano político e institucional, que no sea reducible a una simple yuxtaposición o coordinación de luchas sociales. Hay que reflexionar sobre proyectos que combinen diferentes niveles de decisión, de financiamiento y de control democrático de las opciones establecidas por los pueblos soberanos, especialmente a nivel europeo/9.

Construir el espacio europeo para la formación de un “bloque hegemónico alternativo”

Se decida o no, en un contexto nacional determinado, pertenecer a la UE y la UEM, las fuerzas progresista debemos esforzarnos en construir una perspectiva que cuestione democráticamente los tratados y las políticas dominantes en nombre de los derechos y de los objetivos ecológicos y sociales fundamentales: el nivel europeo debe apoyar y ampliar las conquistas nacionales y no la inversa; debe sopesar las políticas internacionales en el sentido de una nueva arquitectura de los derechos que se impongan a los FMI y a los mercados financieros, y no a la inversa. ¿No se puede esperar una reagrupación socio-política capaz de defender -especialmente en las elecciones europeas- un manifiesto común?

Bernard Cassen nos propone “sacar a la izquierda del callejón sin salida” impulsando un plan B. El debate avanza porque afirma: “conviene que esta ruptura se inscriba en una perspectiva europea previamente debatida y aprobada.” ¿ Por qué no decir que lejos de aceptar como una fatalidad la ausencia de un espacio público europeo, es vital construirlo? Principalmente, se podría debatir el plan B propuesto por B. Cassen y otros: “la sustitución de la moneda única, el euro, por una moneda común articulada con las monedas nacionales”/10. ¿Por qué limitar de esta forma la reflexión estratégica hacia la moneda y no hacia proyectos comunes y campañas “estratégicas” (que no impliquen una salida previa): conferencia europea sobre las deudas soberanas y contra los memorándum en defensa de los derechos sociales fundamentales; iniciativas populares contra le financiarización de los mercados y por la subordinación de la banca al control social y político; mutualización de las experiencias de resistencia nacionales a las políticas dominantes en una página web en diversas lenguas que favorezca las campañas cooperativas...? Por otra parte, ¿por qué la moneda única no podría ser el euro? Frédéric Lordon lo sugirió en algunos artículos a pesar de su desprecio por las ilusiones respecto a un “euro bueno”. Hay que trabajar sobre distintas arquitecturas posibles de las monedas (incluyendo las internacionales); e incluir en estas reflexiones los proyectos de monedas fiscales ( “euronacionales” ) asociadas a programas de producción y distribución de bienes y servicios rompiendo a la vez con las privatizaciones y las lógicas xenófobas.

Los escenarios futuros son imprevisibles. Por primera vez, Syriza ha puesto en el orden del día la reivindicación de otra política económica en la UE, respetuosa de los derechos sociales y democráticos fundamentales. No hay que renunciar a esta batalla dentro/contra la UE y contra la cristalización de un Eurogrupo muy poderoso que empujaría hacia una salida “voluntaria” de los pueblos molestos para consolidar sus plenos poderes sobre una Europa cada vez más desigual.

20/11/2015

https://france.attac.org/nos-publications/les-possibles/numero-8-automne-2015/dossier-questions-strategiques-apres-le-coup-d-etat-contre-la-grece/article/apres-l-echec-de-syriza-rejetons-tous-les-tina-et-pesons-la-ou-se-prennent-les

Publicado en la Revue Les Possibles de ATTAC-France. Noviembre 2015

Traducción VIENTO SUR

Notas:

1/ Esta contribución se inscribe en la línea de la recopilación de Attac/Copernic Que faire de l’Europe? Désobéir pour refonder. Y sintetiza la que yo expuse en agosto de 2015: “Contre la consolidation néo-coloniale de l’eurogroupe...”http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35629

2/ “TINA” = There Is No Alternative, No hay alternativa, eslogan de Margaret Thatcher.

3/ Explicito las razones de por qué esos fondos no respondieron a estas esperanzas en “Construire l’Espace politique européen, dans/hors/contre l’Union européenne (UE) - En défense de “Communs” pour l’ouvrage Europe, l’expérience grecque..;. Le débat stratégique Editions le Croquant, publicado en diciembre de 2015.

4/ http://www.latribune.fr/actualites/economie/union-europeenne/20140406trib000823814/two-pack-six-pack-semestre-europeen-comprendre-pourquoi-paris-tremble-devant-bruxelles.html

5/ Comparto ampliamente el balance expuesto especialmente por Pierre Khalfa et Thomas Coutrot en s Europe, l’expérience grecque..;. Le débat stratégique,(note 4), o Eric Toussaint http://cadtm.org/Grece-pourquoi-la-capitulation-Une,12143

6/ Cédric Durand en su introducción en “En finir avec l’Europe”, reconoce esta realidad cf. http://www.contretemps.eu/lectures/lire-lintroduction-en-finir-leurope-coordonn%C3%A9-par-c%C3%A9dric-durand Ver mi critica a este texto "En finir avec l’UE pas avec l’Europe" en http://www.anti-k.org/2015/08/04/texte-gauche-anti-capitaliste-catherine-samary-en-finir-avec-lue-pas-avec-leurope/

7/ F. Lordon critica a Jacques Sapir sobre este tema: http://blog.mondediplo.net/2015-08-26-Clarte?debut_forums=100 Jean-Marie-Harribey discute estos dos enfoques: “Cette obscure clarté qui tombe des étoiles, difficile d’y voir clair...” http://alternatives-economiques.fr/blogs/harribey/2015/08/30/

8/ Desgraciadamente no es el punto de vista de Jacques Sapir (http://www.liberation.fr/politiques/2015/08/24/jacques-sapir-on-ne-peut-plus-nier-que-le-fn-ait-change_1368833 ) ni del ex diputado italiano Fassina, que participaba en la tribuna para un “Plan B europeo” (http://blogs.mediapart.fr/edition/les-invites-de-mediapart/article/110915/pour-un-plan-b-en-europe.

9/ En un texto escrito en 2003 y republicado en 2012 "Peser sur l’émergence d’une autre Europe". Antoine Artous, Dominique Mezzi y yo misma proponíamos algunas pistas sobre la cuestión de las diferentes representaciones a tener en cuenta.

10/ http://www.medelu.org/Pour-sortir-la-gauche-radicale; pero también hay que debatir de la llamada a a un “AustérExit” europeo en http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35786 e incluir los trabajos de l’Altersummit http://www.altersummit.eu/?lang=fr con su "Manifeste des peuples", así como las iniciativas de euroMarches, las campañas sobre la salud o contra la privatización del agua, las de la red Blocupy, los desafíos sindicales y las experiencias de huelgas transnacionales http://www.humanite.fr/attac/le-reseau-des-attac-d-europe-solidaire-de-la-greve-generale-transnationale-du-14-novembre-5085.



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