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Elecciones 20 D
Valencia: la unidad popular brilla por su ausencia
16/11/2015 | Andreu Tobarra

Apenas han transcurrido cinco meses tras las elecciones municipales y autonómicas en las que la prensa decía cosas como la siguiente: "Resultados elecciones Comunitat Valenciana: Compromís arrasa y logra triplicar sus escaños. El vendaval de la coalición valencianista, gran triunfadora de la noche y que ha capitalizado el descontento, la impulsa a 19 diputados y 450 000 votos."

El resultado supuso un vuelco de la situación, se constituyó un gobierno autonómico PSOE-Compromís, con el apoyo de Podemos que queda fuera por voluntad propia, de tal forma que el mayor diario valenciano en tirada lo describe así: "para Compromís supone el triplicar sus escaños hasta obtener un histórico resultado de 19 diputados y alcanzar un sueño jamás imaginado: poder condicionar el gobierno de la Generalitat Valenciana y ser indispensable para formar un Consell de corte progresista. Más todavía: como gran vencedor de la noche, Compromís se ha convertido en el motor del cambio que ha finiquitado dos décadas de hegemonía conservadora. Más incluso aún: se ha situado a sólo cuatro escaños de un alicaído PSPV."

El “vendaval” de Compromís, frente al descenso claro de expectativas de Podemos y el goteo continuado de abandono de votantes del PSOE (aun conservado una cifras todavía importantes, pero cada vez más alejadas de las que tuvo), tiene un reflejo muy similar en el ámbito de los ayuntamientos, en los que Compromís experimenta un fortísimo avance. Sus votos en los ayuntamientos pasan de 106000 en 2007 y 194 000 en 2011 a 379 000 sufragios en el 2015. Tenía 374 concejales y ahora suma 722, controlando 84 alcaldías en el País Valencià.

Hoy los titulares son estos: "Las trincheras regresan al Bloc. Paradojas de un partido que camina hacia un congreso que se antoja de choque. El pacto con Podemos es solo el detonante de una fractura larvada que augura, cuando más poder atesoran, otro congreso de confrontación." Titulares que siguen de cerca a la importante tormenta que de momento ya lleva siete dimisiones en la ejecutiva.

¿Qué ha ocurrido para que en tan poco tiempo se pase de tantas alegrías a tantos enfrentamientos en tan solo cinco meses?

El viernes día 7 de noviembre, 24 horas antes de cerrar el plazo de inscripción de coaliciones, se rompen definitivamente las conversaciones entre Compromís y Podemos por un lado y Esquerra Unida del País Valencià (EUPV) por otro, de tal forma que esta última abandona cualquier posibilidad de participar en un acuerdo electoral que permitiese ir a las tres organizaciones juntas a nivel de las tres circunscripciones provinciales que conforman el mapa electoral de la autonomía.

Las consecuencias han sido inmediatas, por un lado EUPV, explica públicamente como ha sido imposible el pacto por la reiterada voluntad de las otras dos organizaciones en humillarlos y negarles la información de los acuerdos que previamente habían suscrito Podemos y Compromís. Dando a entender que piensan que nunca hubo voluntad de que EUPV participase en la coalición, sino todo lo contrario, afirman que posiblemente hubo una estrategia encubierta bajo un falso discurso de búsqueda de la unidad electoral, destinada a impedir el acuerdo y obligarles a presentarse por separado.

Mucho más espectacular es cómo ha cambiado la situación en el interior de la coalición nacionalista Compromís, formada por varias organizaciones políticas y agrupación de independientes, que en las últimas semanas han votado cada una por separado en torno a la opción de presentarse conjuntamente con Podemos. El resultado global de esas votaciones podría resumirse perfectamente en el hecho de que, como mínimo, en torno a dos tercios de los participantes han dicho que no querían participar junto con Podemos.

Una amplia mayoría de los miembros de Compromís han manifestado que lo mejor que podría hacer su organización era presentarse ella misma sin Podemos y uno de los argumentos que se ponían encima de la mesa era la inconveniencia de llegar a acuerdos con una organización de carácter estatal sin disciplina de intereses valencianos, añadiendo la contra argumentación de que no necesariamente la unión Compromís-Podemos iba a sumar más votos.

Tras las elecciones catalanas del 27 de septiembre, el peso del no a la coalición con Podemos en el seno de Compromís se afianzó, avalado por los alineamientos antindependentistas de Podemos que lo sitúan, sin desmarcarse claramente, en la órbita del otro bando junto al PP, Ciudadanos y el PSOE. A lo que se añade el descalabro electoral de la candidatura encabezada por Podemos en Catalunya que parece confirmar el declive que publicitan las encuestas electorales anunciando su paulatino descenso en perspectiva de votos desde finales del primer trimestre del 2015.

Pero una de las organizaciones, Iniciativa, que forma parte de Compromís, aunque minoritaria tiene como dirigente a Mónica Oltra que es su principal valor por popularidad y simpatías sociales, en estos momentos claramente por encima de cualquier otra figura política valenciana, incluido Enric Morera, la cabeza visible del Bloc (la organización mayoritaria en el seno de Compromís). Mónica Oltra y su organización desde hace tiempo están completamente de acuerdo en presentarse coaligadas con Podemos y además previamente ya tenían un acuerdo firmado entre ambas.

Para intentar que no se llegase a una ruptura dentro de Compromís, lo que supondría que un sector haría campaña junto a Podemos y otro sector (el más grande) no la haría y presentaría una candidatura diferente a la de Podemos, la dirección se saca de la manga la posibilidad de una coalición más amplia que incorpore a EUPV junto a la exigencia de construir un grupo parlamentario propio y valenciano en el congreso. Pensando la dirección que de esta forma el acuerdo pudiese ser más aceptable para la mayoría de las bases, al no estar solos Compromís y Podemos en la coalición. La incorporación de EUPV y otras organizaciones más pequeñas facilitaría hacer aceptable para las y los militantes y simpatizantes el estar junto a Podemos, pero no sólo con Podemos.

Sin embargo, lo que finalmente deja el resultado final de las negociaciones a puerta cerrada de las cúpulas es una candidatura en solitario de Compromís-Podemos, y a EUPV en otra candidatura enfrentada, con escasa posibilidades de rentabilizar sus votos. El futuro congreso del Bloc, la organización principal de Compromís, que debe celebrarse el próximo año, a pocos meses de las generales, si es que no se adelanta en un congreso extraordinario, lo más seguro es que suponga cambios importantes entre los cuales estará la cabeza del actual secretario general Enric Morera.

Por parte de Podemos el futuro no parece muy halagador, aunque es una incertidumbre cuales van a ser sus resultados electorales, en el sentido de si la tendencia declinante va a continuar al mismo ritmo de los últimos meses, o por el contrario va a conseguir detener la sangría e incluso recuperar un cierto aliento, aunque sea ya lejos y de forma inalcanzable respecto a las expectativas que señalaban todas las encuestas entre el último trimestre del 2014 y el primero del 2015 en que Podemos superaba el 20 % y parecía tocar “el cielo”.

En cualquier caso a Podemos le crecen los problemas internos, los abandonos y las dimisiones en las direcciones, como resultado de las formas impuestas desde el núcleo de dirección estatal, capitaneado por Pablo Iglesias y Errejón, que dejan escasísimos márgenes para la construcción de un programa realmente participativo y la elección desde las bases de los y las candidatas que deben ocupar las listas electorales, por no entrar en la incapacidad de generar un marco organizativo que permita participar u al menos opinar mínimamente en los acuerdos a los que puedan llegarse con otras fuerzas políticas de cara a las elecciones generales.

Además es notoria la desafección con sectores importantes del activismo organizado con el que ya no existe la confianza y la capacidad colaborativa que se apuntaba en los inicios de Podemos el pasado año. En esta organización todo va bastante deprisa y hablar de cuál será su situación en el mismo momento que el Bloc esté haciendo su congreso en el 2016, es una pura especulación.

Con todos estos mimbres se construye una coalición Compromís-Podemos, basada prácticamente en el superargumento de que va a poder conseguir la mayor aportación posible de votos. Lo cual puede ser perfectamente cierto: es muy posible que sea capaz de conseguir un importante número de votantes, superando al PSOE en el ámbito del País Valencià, pero las incertidumbres en torno a cómo se va a gestionar esa posible mayoría social a partir del 21 de diciembre son excesivamente grandes en estos momentos. La gestión del grupo parlamentario, la falta de acuerdos sólidos de programa dentro de la coalición, cosa que cada vez se presenta más bajo la forma de una liquidez baumaniana definida en función de las necesidades y lecturas que las direcciones necesiten formular en cada momento. Si a ello añadimos las importantes desvinculaciones respecto a movimientos y activismo social con los que las relaciones prácticamente se limitan en estos momentos a pedirles poco más que apoyos de campaña y el voto, el futuro post electoral se muestra más bien gris y poco cercano a esa conquista del cielo.

Tras meses de hablar de unidad popular, lo que finalmente ha quedado es algo bien alejado de esa unidad popular, que ha estado completamente ausente. La gente organizada no ha gozado de un marco informativo particularmente superior, las bases de Podemos han seguido el tema a través de los medios y de las filtraciones en las redes sociales; para las bases de Compromís no ha sido mucho mejor en los últimos días previos al pacto.

El largo discurso de la importancia de ganar un espacio social dirigente abandonando las sopas de siglas y los pactos de cúpulas, poniendo a la ciudadanía y su participación en el centro del tablero de juego para la construcción de nuevas mayorías, ha quedado exclusivamente en eso, en un discurso cada vez más alejado de las prácticas reales. La crisis que se insinúa ahora por diferentes motivos aparentes tanto en Compromís como en Podemos, tiene ese fondo real de explicación y de anuncio de una crisis mayor de no ser capaces de convertir, y muy pronto, esas palabras de esos discursos, en la centralidad de las prácticas políticas y sociales.

16/11/2015

Andreu Tobarra es profesor del Departament de Sociologia y Antropologia Social. Universitat València.



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