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Las revoluciones árabes y el medio ambiente
“El pueblo quiere agua en el grifo”
11/11/2015 | Luiza Toscana

Las cuestiones medioambientales han sido una de las causas, uno de los fermentos, de los levantamientos en África del Norte y en Medio Oriente, aunque no hayan aparecido más que en filigrana al comienzo de las revoluciones y hayan estado mucho tiempo contenidas en la reivindicación de “dignidad”.

Sin embargo, varias manifestaciones antes y desde el comienzo de los levantamientos los relacionan directamente con las cuestiones medioambientales.

Las poblaciones que se levantaron en la región de Tinghir en Marruecos, en diciembre de 2010, lo hicieron en una región en la que se desarrolla una lucha de larga duración contra la contaminación debida a la explotación de una mina de plata. Las de Redeyef, en la cuenca minera de Gafsa, en Túnez, se rebelaron en 2008 reivindicando el empleo y quejándose de la polución debida a los fosfatos. En La Skhira (Túnez) en 2010, las poblaciones, hartas de la polución que emanaba de la zona industrial, se solidarizaron espontáneamente con los parados que se manifestaban por el empleo y les protegieron de la persecución policial. La sequía de cinco años en la Jazira, en Siria, empujó al éxodo hacia las ciudades de otras regiones a miles de personas que alimentan un resentimiento por cómo las autoridades afrontaron la cuestión.

La contrarrevolución y las actuaciones militares han ampliado los problemas de polución. Hay que pensar en los bombardeos químicos del régimen en Siria o en los estragos ecológicos creados por las actividades del Estado Islámico en Irak.

La cuestión ecológica está por tanto intrínsecamente ligada al levantamiento árabe. El artículo que sigue no aborda más que el aspecto de las luchas realizadas entre 2011 y 2015 en esta región, luchas que no han existido jamás antes de las revoluciones, en cualquier caso con esta frecuencia, y que se caracterizan por su carácter popular y masivo /1.

Las luchas

Serán abordadas aquí principalmente las luchas a iniciativa de las poblaciones y no los combates de la sociedad civil. Esta última existe principalmente en las capitales. Ahora bien, lo esencial de las luchas se realiza en las regiones y barrios periféricos.

La mayoría de las luchas son debidas a la polución del aire, de la capa freática, del mar, o del suelo. Los responsables puestos en cuestión son empresas públicas nacionales -Compagnie des phosphates en Gafsa, Groupe chimique tunisien, Oil Refineries and Petroleum Industries Company (Oman), Société des pétroles du Nord (Kurdistan de Irak), Office chérifien des phosphates (Marruecos), Société des mines d´Imider, filial de Managem, perteneciente al Omnium nordafricano, fusionado con la Société nationale d´investissement, propiedad de M6 (Marruecos), Electricité du Liban- o sociedades privadas, ya sean locales o extranjeras.

Es Lafarge (Francia) quien posee la cementera de Bazyan en Kurdistán irakí donde la población se manifiesta, es Titán (Grecia) quien poluciona en Wadi Al Qamar en Egipto, como Geshiri (Israel) en Tulkarem (territorios ocupados) y Dualex (Canadá) en Oule Nsir (Túnez). Las luchas se desarrollan también contra la ausencia de recogida de la basura (Djerba, 2011-2015) o de organización de la recogida (Beirut, 2015).

Vienen luego las que se realizan contra proyectos considerados como contaminantes o peligrosos. Los pantanos previstos en un país tercero desencadenan movilizaciones locales: se protesta en Irak contra el pantano de Ilizu en Turquía, en Egipto contra el del Gran Renacimiento en Etiopía en el Nilo. Otros pantanos puestos en cuestión están previstos en el propio país: el pantano Merowee y el de Kajbar en Sudán, los pantanos en los ríos Karoun y Kharkhe en el Kuzestan de Irán, el de Darbandikhan en el Kurdistán irakí. Los proyectos de centros e instalaciones nucleares son puestos en cuestión en Mafraq y Qusayr Amra (Jordania), así como en Dabaa (Egipto). Los proyectos de explotaciones de gas de esquisto son rechazados por la población en In Salah (Argelia) y Kairuan (Túnez). Los proyectos de descarga industrial son rechazados en Oudhref (Túnez).

Estos proyectos son a menudo cosa de sociedades extranjeras: Alsthom para el pantano de Merowee en Sudán, Shell en la explotación del gas de esquisto en Túnez, BP en Idku en Egipto. Sociedades nacionales están presentes en posición minoritaria, como la Sonatrach en el proyecto de explotación del gas de esquisto en Argelia. En Jradou, en Túnez, el proyecto de centro de residuos industriales y especiales (suspendido como consecuencia de la movilización) debía ser financiado en sus dos terceras partes por el banco público alemán Kreditanstalt für Wiederaufbau.

La dinámica de autoorganización de las poblaciones en las primeras fases de los procesos revolucionarios ha llevado en todas partes a estas últimas a asumir la limpieza de sus zonas. Proyectos medioambientales ciudadanos se han dado principalmente en Libia y en Siria, a iniciativa de la población, como Cleaning up Libya o 15th Garden en Siria, estando ligado el segundo igualmente a la supervivencia alimentaria en las zonas urbanas liberadas-bombardeadas. En Siria, en las zonas administradas por las poblaciones, se plantean las cuestiones ecológicas. En la misma dinámica se inscriben los proyectos de agricultura biológica en Tulkarem en los Territorios Ocupados.

Los y las militantes

Las luchas son llevadas a cabo por poblaciones locales víctimas de problemas de salud (afecciones respiratorias, cáncer, infertilidad, malformaciones de nacimiento, tasas de muerte superiores a las medias nacionales), a veces en alianza con sectores de la pequeña burguesía. Así, los agricultores de Al Houd Musallas (Egipto 2012), árabes de Irán (Ahvaz, febrero-abril 2015), los agricultores perjudicados por el pantano y desplazados en Amri (Sudan 2015), los de Ajloun en Jordania (2011) contra el vertido de residuos en la capa freática por una almazara, los agricultores de Tarudant (Marruecos 2013), los agricultores y ganaderos de Ain Taoujdate (Marruecos 2012) y los de Ouled Nsir (Túnez 2013). O también los pescadores de Sitra (Bahrein 2014, de Idku (Egipto 2011), de Port Said (Egipto 2015) y de Gabes (Túnez 2015), que ven sus ingresos económicos comprometidos por la contaminación de la capa freática, de los ríos y del mar debido al vertido de residuos industriales.

Excepcionalmente, hay una convergencia puntual de intereses con sectores de la patronal en las regiones turísticas (Jerba, Túnez). La huelga general convocada por la UTICA se ha concentrado en los detritus, ¡no en el uso intensivo del quad! /2.

La alianza o la implicación de los parados, organizados o no, es un dato profundo y revelador de estas luchas.

En Bazyan (Kurdistan de Irak), Imider (Marruecos), Liwa (Oman), Gafsa, Gabes y Skhira (Túnez), o también en Ahvaz (Kuzestán de Iran), los manifestantes reivindican al mismo tiempo empleos y el fin de la contaminación. A veces hay convergencia de las luchas como en In Salah (Argelia) donde el Colectivo de Parados forma parte de la lucha contra la explotación del gas de esquisto. En regiones muy marcadas por las movilizaciones de parados se producen a menudo luchas contra la contaminación, a veces distanciadas en el tiempo, por ejemplo en Jaalan Bou Ali (Oman).

Estas luchas se desarrollan raramente contra los trabajadores, incluso cuando exigen el cierre o el desplazamiento de empresas contaminantes. La implicación de la clase obrera organizada es escasa debido a que las luchas parten de los lugares de residencia y no de los centros de trabajo. Sin embargo, a veces secciones sindicales locales apoyan reivindicaciones ligadas a los daños creados por la polución, como en Gabes, donde la unión regional de la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT) reivindica y se manifiesta junto con la población por la apertura de una CHU debido a las enfermedades particulares debidas a la polución en la zona industrial. Pero la dirección de la UGTT, igual que la de la UGTA en Argelia (y su Federación Nacional de los Trabajadores del Petróleo, Gas y Química) han tomado posición en favor de la explotación del gas de esquisto. En Túnez, la Federación Nacional de la Electricidad y del Gas se ha pronunciado en contra.

Estas luchas están dirigidas por mujeres, sobre todo cuando se producen procesos de ocupación: es el caso de Imider (Marruecos), donde la población ocupa desde hace cinco años el Mont Alban para protestar contra la explotación de la mina de plata, en In Salah (Argelia) donde la población ocupa desde enero de 2015 la plaza de la ciudad contra la prevista explotación del gas de esquisto.

La infancia juega un papel notorio: 15 000 escolares se niegan a ir a la escuela durante dos días (en mayo de 2010) y se manifiestan en Umm Al Hayman (Kuwait). Los y las escolares hacen huelga durante un año en Imider (Marruecos), van enmascarados a la escuela en Jaalan Bou Ali (Oman) para protestar contra la contaminación debida a una fábrica de aceite de pescados, o se manifiestan en Borj Al Saad (Gaza) contra la polución debida a una imprenta cercana.

En fin, estas luchas se imbrican a veces con las de los grupos oprimidos. La población de Imider reivindica empleos y el fin de la polución enarbolando la bandera bereber. Los palestinos de Tulkarem no quieren seguir siendo el basurero de Israel y exigen el fin de la ocupación, los de Al Aissawiya en Jerusalén Este (2014) reclaman la apertura de las entradas de la ciudad y el fin de la polución. Los árabes de Qalansiwa, Al Tiba y Shaar Efraim (en el territorio del Estado de Israel o en Cisjordania ocupada) exigen el cierre de la empresa de residuos Sharonim, los árabes de Irán ligan su combate por el empleo y el medio ambiente al de su minoría oprimida que el poder pretende sustituir a medio plazo por elementos farsífonos.

Dinámica de las luchas

Se trata de luchas espontáneas, que privilegian las manifestaciones, concentraciones, cadenas humanas, cortes de carretera, ocupaciones, marchas, huelgas y a veces bloqueos de la producción o sabotajes (cortar las conducciones de agua a las minas), como en Imider (Marruecos) o en Al Barka (Túnez), y recurren a acciones simbólicas como el portar máscaras en Safi o Kuneitra (Marruecos) y Jaalan Bou Ali (Oman).

En las ocupaciones se dan construcción de tiendas (In Salah, Argelia), y a veces construcción de viviendas más estables (Imider, Marruecos). Se pretenden autónomas y democráticas. Las luchas se realizan en los lugares de residencia de las poblaciones, o bien en las proximidades de la fuente de polución, más raramente ante los lugares que simbolizan la responsabilidad de las autoridades; y en este último caso, lo más frecuentemente, de las autoridades locales, cuya dimisión es exigida a veces. No se ataca en general al poder central y es rarísimo que los manifestantes se desplacen a las capitales para hacerse oír.

Sin embargo, en dos ocasiones en 2015, unos combates medioambientales han provocado una crisis gubernamental: la crisis de las basuras en Beirut pone en cuestión la incuria, la corrupción al más alto nivel y no es raro oír a los manifestantes gritar “el pueblo quiere la caída del régimen”; las manifestaciones de agosto de 2015 en Irak, que comenzaron en Basora, una región devastada a nivel medioambiental, imponen al régimen reformas políticas.

Las reivindicaciones se inspiran en gran medida en los eslóganes y modos de lucha de las revoluciones árabes, de las que forman parte: “Polución dégage”, “El pueblo quiere…” (Beirut, 2015), “El pan, la libertad y el agua en el grifo” (Mahmudiya, Egipto, 2014), las ocupaciones se hacen a veces en las plazas, como la de In Salah (Argelia) rebautizada por los ocupantes como “Sahat Es Somoud”, Plaza de la Resistencia.

Las movilizaciones de la pequeña burguesía agrícola ponen en primer plano reivindicaciones locales, pero nada que vaya en el sentido de una reforma agraria. Aquellas de sus luchas que ponen en cuestión responsabilidades de compañías extranjeras no incriminan de entrada al “imperialismo” o el “neocolonialismo”, sino a los poderes locales. Los Monasir acusan al poder sudanés de haber sido comprado por Alsthom para la construcción de la presa Merowee, pero se dirigen a él para resolver los problemas.

Esto tiene por consecuencia que una minoría de luchas vaya acompañada de soluciones alternativas. Entre las excepciones, se encuentran los combates contra los pantanos, que preconizan el recurso a la energía solar en lugar de la energía eléctrica o nuclear.

Como más en general los procesos revolucionarios árabes, estas luchas están raramente coordinadas, ya sea a nivel nacional o a nivel árabe. Una excepción ha sido la efímera pero notable manifestación del Arab Youth Climate Movement, en Doha en 2012, durante la celebración de la COP18. Por lo esencial, estas movilizaciones no están siquiera coordinadas a nivel de una región en un país. Dan fe de ello las manifestaciones incesantes desde hace cuatro años en las localidades de las provincias de Menufiya, Mahmudiya, Sohag, Al Sherkia, Kafr Al Sheikh, Damietta y Al Buhaira, en el delta del Nilo, contra la polución del agua potable y la del río: cada pueblo se manifiesta de forma separada y se dirige a la autoridad más cercana, cuando los problemas y sus causas son comunes a millones de habitantes.

Las más antiguas de estas movilizaciones se han dotado de estructuras que han contribuido a su movilización. Algunos combates gozan de una solidaridad internacional: Imider (Marruecos) considerada como una Zona a Defender (ZAD), In Salah (Argelia) que recibe la solidaridad de militantes anti gas de esquisto a nivel internacional, de ATTAC y del FSM en 2015, Tulkarem (Territorios Ocupados) que es apoyada por asociaciones propalestinas.

Las luchas realizadas por la sociedad civil reciben generalmente apoyos a nivel internacional: colectivo contra el gas de esquisto en Túnez, combate antinuclear en Jordania realizado en particular por Greenpace, lucha contra la implantación del pantano de Ilizu, en Irak, que es también realizada en Turquía por los kurdos y tiene un eco en Alemania.

Las respuestas de los poderes

La primera respuesta es la represión. Son violentamente reprimidas manifestaciones en: Damiette, (Egipto, 2011), Dabaa (Egipto, 2012), Ouad Madani (Sudán, 2012), Guellala (Túnez, 2012), Liwa (Oman, 2013), Taroudant (Marruecos, 2013), Qalansiwa, (Israel, 2013), Gabès (Túnez, 2014 et 2015), Tulkarem (Territorios Ocupados, 2015), Beirut (Líbano, 2015).

Hay agresiones físicas, a veces con consecuencia de muerte, detenciones, (Ouled Nsir, Túnez 2013) con torturas o malos tratos, condenas a duras penas de prisión. En Imider (Marruecos), Mustapha Ouchtoubane es condenado a cuatro años de prisión en 2011, Omar Morjane, Brahim Hamdaoui y Abdessamad Matri a tres años en 2014. Taleb Al Maamari (Liwa, Oman) es condenado en 2014 a cuatro años de cárcel y Saqr Balouchi a un año. Moussa Saidi y sus trece coacusados huidos son condenados a diez años de cárcel (El Berka, Túnez). Qatar ha expulsado a dos militantes en 2012, en relación con la COP18.

Las reivindicaciones son raramente aceptadas, salvo si -y es rarísimo- un tribunal decide su validez (Jalaan Bou Ali, Oman). Las “soluciones”, cuando existen, desplazan el problema sin resolverlo: cortes de agua cuando hay polución y suministro de agua por camiones u obligación de comprar el agua en botellas (Egipto, Sudán), construcción de una nueva ciudad en Liwa (Oman), alejada de las fuentes de polución del puerto de Sohar. A veces, los poderes ceden, luego se echan atrás, o bien retrasan, o incluso “suspenden” proyectos.

Estas luchas, inéditas en la región por su número y su amplitud, no han suscitado sin embargo el interés que habría merecido su puesta en cuestión implícita o explícita del extractivismo, del productivismo agroindustrial o industrial y su puesta en el centro de las preocupaciones de la vida humana. Se han enfrentado a la constatación hastiada, divertida o condescendiente que dice que “desde las revoluciones árabes, hay manifestaciones por cualquier motivo, por nimio que sea”. En algunos países, como Argelia, Irak y Líbano, algunas formaciones políticas se han interesado, por buenas o malas razones, por estos combates. En Líbano, la crisis ecológica está a punto de convertirse realmente en lo que ha sido siempre y en todas partes de forma potencial: un dato de la situación política.

L´Anticapitaliste, noviembre 2015

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Para una presentación más detallada y por país de diferentes movilizaciones, ver Luiza Toscane, « Relevé non exhaustif de luttes écologiques menées dans la foulée des processus révolutionnaires dans les pays arabes entre 2010 et 2015 », http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35958

2/ Vehículo todo terreno no cubierto muy utilizado en ciertas zonas turísticas y muy contaminante.



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