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Asia oriental
Aumenta la tensión entre China y EE UU
06/11/2015 | Pierre Rousset

Por primera vez desde 2012, el pasado 26 de octubre varios navíos de guerra de EE UU penetraron en el archipiélago de las islas Spratley, en la zona de doce millas marinas alrededor de los islotes creados por China. Este archipiélago lo reivindican total y parcialmente Filipinas, Malasia, Vietnam, Brunei y China. Aplicando una política de hechos consumados, China estableció a partir de 2014 una serie de islas artificiales con barcos que bombeaban sedimentos. En el archipiélago están construyendo instalaciones aeroportuarias y pistas de aterrizaje, al igual que en otros “puntos calientes” del espacio marítimo que se extiende desde el sudeste hasta el nordeste de Asia, es decir, desde Malasia e Indonesia hasta Japón y Corea.

Por tanto, después de que las iniciativas chinas le cogieran a contrapié, Washington parece haber decidido iniciar una respuesta. Lo que está en juego es importante. Ese corredor marítimo es uno de los más frecuentados del mundo, utilizado especialmente para el transporte de petróleo de Oriente Medio a Japón. Pekín reivindica su soberanía sobre la parte fundamental de esta zona estratégica, considerada por los demás países como un espacio de libre circulación internacional, por mar o por aire. El imperialismo estadounidense tiene que reafirmar su presencia, mientras que sus dos aliados más cercanos en la región se hallan en primera línea de sendos conflictos territoriales agudos.

Es el caso de Japón, cuyo primer ministro, Shinzo Abe, acelera la militarización del país, así como de Filipinas, que fue una de las raras colonias directas de EE UU: cincuenta años de colonización estadounidense, a la que puso fin una independencia impuesta en 1946 y preplanificada, han creado lazos muy estrechos entre las clases dominantes de ambos países, muchos más, desde luego, que los tres siglos y medio anteriores de dominación española, a pesar de la profunda huella sociocultural que hicieron del archipiélago filipino la “Asia latina”. Durante mucho tiempo, Filipinas ha albergado importantes bases militares estadounidenses, y hoy en día la marina de EE UU todavía puede utilizar los puertos filipinos, del mismo modo que los servicios secretos pueden vigilar libremente el archipiélago filipino (especialmente la isla de Mindanao).

Actualmente, las principales bases militares de EE UU se encuentran en Japón (en particular en Okinawa) y en Corea del Sur. Sin embargo, este último país está siendo cortejado ahora por Pekín, cuya influencia económica crece allí como en toda la región. Así lo atestigua la presencia en Pekín de la presidenta sudcoreana, Park Geun-hie, con motivo de la gran parada militar del 3 de septiembre con que se celebraba el 70º aniversario de la resistencia contra la invasión japonesa, mientras que Tokio, Washington, la mayoría de capitales europeas y buena parte de los países del sudeste asiático ninguneaban la efemérides, ausentándose o enviando ostensiblemente a representantes de “segunda fila”.

Desde hace varios años, Washington no ha dejado de anunciar su apuesta prioritaria por la zona de Asia-Pacífico. Es más fácil decirlo que hacerlo, cuando ha de mantener desplegadas sus fuerzas en Oriente Medio y en África, donde están empantanadas. Ahora se abren una serie de batallas políticas, como la próxima reunión de una cumbre de la Asociación de Naciones del Sud-EsteAsiático (Asean) y la del foro anual de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). Probablemente entramos en una nueva etapa del enfrentamiento entre China y EE UU.

2/10/2015

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article36230

Traducción: VIENTO SUR



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