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Francia
Hace 10 años, las revueltas de las barriadas
01/11/2015 | Omar Slaouti, Sama y Mathieu, Ernesto

Entrevista a Omar Slaouti

¿10 años después de las revueltas de octubre-noviembre de 20015, hemos pedido a Omar Slaouti, militante en Argenteuil contra la violencia policial y a favor de la igualdad de derechos, que nos hiciera un análisis de los acontecimientos.

Puedes recordar los acontecimientos que desencadenaron las revueltas de 2005 y cuál es el resultado de la actuación judicial en este asunto 10 años después?

La noche del 27 de octubre de 2005, en Clichy-sous-Bois, a las 18:12 horas, Bouna Traoré, 15 años, y Zyed Benna, 17 años, murieron electrocutados. Su amigo Muhittin tuvo graves heridas. Esos amigos que acababan de abandonar un estadio de fútbol querían escapar de un control de identidad. La policía les persiguió, entraron en el recinto de un transformador de la EDF (Electricidad de Francia). La respuesta de uno de los policías a la central suena como una condena: "Si entran en un recinto de la EDF, no les garantizo el pellejo". Los policías abandonan el lugar sin demandar auxilio. Sin embargo, el tribunal ha sentenciado que esos policías no tenían conocimiento de un "peligro cierto e inminente". Se ordena su puesta en libertad. Para la justicia, no hay víctimas.

Desde hace 35 años, las revueltas en los barrios populares están ligadas a la muerte de jóvenes. Muertes relacionadas de una forma u otra con la policía. La justicia ayuda siempre a esos policías. De Ferguson en Baltimore hasta los suburbios de Francia, siempre es la misma historia.

¿Cuales fueron las respuestas del poder frente a estas revueltas?

Primero, la negación. Sarkozy y De Villepin declaraban el día siguiente que los policías no perseguían a Zyed y Bouna. La misma noche de la muerte de los dos jóvenes, una represión policial violenta y el lanzamiento de una granada contra la mezquita de Clichy-sous-Bois en pleno Ramadan prenden la mecha del barril de la pobreza y el desprecio. Más de 200 ciudades conocen enfrentamientos y muchos políticos, intelectuales, periodistas, hacen un planteamiento etnizante de cuestiones sociales como el racismo y la pobreza. Para Finkielkraut [intelectual destacado por sus tomas de posición xenófobas y racisas] , "no son pobres, son musulmanes". Para otros, como Gérard Larcher, entonces ministro de empleo, el problema hay que buscarlo ¡en la poligamia!. De Villepin estableció el Estado de Urgencia, una ley de 1955 redactada cuando Francia entraba en la guerra de Argelia, y que fue utilizada en Kanaky [denominación dada a Nueva Caledonia por los independentistas en los años 1970] en 1984. Esta represión expresa el sentido político de la mirada que se dirige hacia los habitantes de las barriadas populares. Constituye al mismo tiempo un campo de experimentación para aplastar toda protesta social. Los barrios populares son laboratorios.

¿Cuáles fueron las formas, las dinámicas y los límites de estas revueltas?

Estas revueltas fueron, en primer lugar, una reacción de dignidad: "¡Nuestras vidas valen lo mismo que las vuestras!". Otro elemento constante de estas revueltas es que el enfrentamiento que se produce es siempre el de los habitantes de las barriadas contra los policías y contra nadie más. En fin, el contagio al conjunto de la metrópoli y a las colonias francesas que sería erróneo ignorar, demuestra el carácter sistémico y estructural del racismo de Estado. Después de estas tres semanas ya nadie puede ignorar la dimensión política de las revueltas. Siempre se pueden buscar límites al hecho, por ejemplo, de quemar los contenedores de basura, de lanzar un proyectil o de romper una camisa. Pero en muchos casos, es la expresión de una contraviolencia legítima y el comienzo de la concienciación de una fuerza colectiva autónoma. La cuestión es más bien interrogarse sobre los límites de los apoyos políticos para apoyar a este tipo de movimientos. Tanto más en la medida en que el poder hace todo lo que puede, ideológica y materialmente, para aislar, controlar y encerrar estas protestas. Hasta ahora lo ha logrado.

¿Cuáles fueron las acciones y reacciones de las diferentes fuerzas del movimiento social y obrero? ¿Cuáles las consecuencias sobre las relaciones entre barrios y organizaciones de izquierda y de extrema izquierda?

Por supuesto, hubo una oposición al toque de queda por parte de la LCR, que llamaba a la desobediencia, así como del PCF y de los Verdes, aunque estas dos últimas organizaciones no plantearan un recurso ante los tribunales contra el decreto Guy Mollet. La dirección del PS, por su parte, lo aprobaba, cuadrándose ante la UMP. Además, la ausencia política, incluso de la izquierda radical, en estos barrios dice mucho sobre su falta de relación con sectores enteros de la población. Sin embargo el "No" al Tratado Constitucional Europeo (TCE) algunos meses antes acababa de registrar una fuerte participación en esos mismos barrios, y algunos meses más tarde, la y los estudiantes de enseñanza media de esos barrios estaban entre los cerca de 3 millones de manifestantes que exigían la retirada del CPE (Contrato de primer empleo). Para todas las organizaciones que hacen de la igualdad una brújula política, es fundamental comprender e integrar como esenciales estas luchas específicas contra las violencias policiales estructurales y las discriminaciones, negrofobas, romofobas, islamofobas. Admitir en fin que la autoorganización de esas luchas es una condición necesaria para reconocer como sujetos políticos a con plenos derechos a los y las que sufren esas opresiones específicas.

La violencia policial, desde el acoso cotidiano al asesinato, es la expresión concentrada de un sistema de segregación. ¿Qué lugar particular tiene la violencia policial en este sistema y, por consiguiente, en las luchas de los barrios?

Estos treinta últimos años ha habido un crecimiento casi ininterrumpido de las medidas respecto a la seguridad: desde la ley Peyrefitte de 1981 a las leyes Sarkozy-Perben de 2002-2005 y, más recientemente, la ley sobre los servicios de información, pasando por las leyes Pasqua de 1986 y 1993, Marchand de 1991, Debré de 1997 y Vaillant de 2001. De 2002 a 2008, cada año se votan más de tres nuevos textos referidos a temas de seguridad. Cada uno de esos textos ha hecho retroceder las libertades para todos y todas. Pero muchos de ellos, así como determinadas declaraciones políticas, han hecho de los habitantes de los barrios populares el "enemigo interior". Hay que recordar que el 20 de junio de 2005 en La Courneuve Sarkozy dice querer "limpiar la ciudad con Kärcher" [el Kärcher es un producto de limpieza ndt]. Y después, el 25 de octubre de 2005, en Argenteuil utiliza el término de "chusma". Dos días más tarde, estalla Clichy-sous-Bois...

Desde hace muchos años, hay políticos y numerosos medios que construyen una identidad fantaseada del Negro, del Árabe, del musulmán, del Rom (gitano) y de forma más general de los habitantes de los barrios populares. Fantasean los valores que les atribuyen y, a cambio, se presentan como defensores de pretendidos valores occidentales. No les queda sino jerarquizarlos y hacer del choque de civilizaciones una profecía autocumplida.

En fin, esta exigencia de pensar el mundo en esta clave no es más que un plan de ajuste ideológico, para dividir a quienes tienen todas las razones para unirse y unir a quienes tienen todas las razones para ser opuestos. Mientras tanto, pagamos su crisis. Las desigualdades continúan creciendo y las primeras víctimas de este sistema siguen siendo la gente más precaria, primera variable de ajuste: más de una persona de cada tres vive por debajo del umbral de pobreza en los barrios populares. Añadamos a esto los recientes resultados de una investigación encargada por el Instituto Montaigne que muestran que ¡los musulmanes en Francia están más discriminados a la hora de encontrar un empleo que los negros en los Estados Unidos!

¿Qué consecuencias positivas han tenido estas revueltas en lo que tiene que ver con la organización y estructuración del movimiento político en los barrios? ¿En qué situación está la lucha contra la violencia policial?

Estas revueltas se añaden a la larga historia de las luchas de la inmigración, desde el Movimiento de Trabajadores Árabes (MTA), pasando por la lucha de los obreros de Poissy Talbot en 1982, cuando Mauroy gritaba contra la "instrumentalización religiosa", hasta las revueltas de 2007 en Villiers-le-Bel. Estructuran el campo político, aunque esto no les guste a las posturas dogmáticas que no quieren ver las luchas verdaderas más que en el recinto de la empresa y en el marco de la relación salarial. La experiencia de fagocitación y de digestión de estas luchas, en particular por la socialdemocracia, forma parte de esta herencia. Entre negación y recuperación, emergen nuevas generaciones militantes y, teniendo en cuenta esta historia, hacen de la autonomía de las luchas una exigencia, no de forma sino de fondo. En este marco preciso se inscribe la Marcha de la dignidad y contra el racismo que tendrá lugar en París este 31 de octubre [manifestación autoorganizada desde los barrios populares que, según sus portavoces, contó con una nutrida asistencia: alrededor de 10 000 personas. nde]. Un marco que reúne a antiguos manifestantes de 1983 y colectivos recientes de lucha contra la violencia policial. Deseamos hacer de esta iniciativa no una enésima marcha de militantes, sino una marcha de quienes son víctimas de los racismos de Estado, y de todas las personas que luchan por una igualdad efectiva de derechos.

http://www.npa2009.org/arguments/societe/il-y-10-ans-la-revolte-des-quartiers-populaires

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Si, en Francia hay guetos

Samia et Mathieu

Hoy, y desde hace decenios de "crisis de las barriadas", cuando se habla de los barrios populares, se hace sobre todo para hablar de actos de violencia....

¿Los de la policía? No, éstos quedan minimizados como "excesos". Pero los de los jóvenes son catapultados a la portada de los periódicos. Sobre esta tela de fondo, toda revuelta se convertirá en un "motín". La violencia, piensan muchos franceses, es la de los barrios y la de sus "poblaciones con problemas", por no decir de la "chusma". Pero lo esencial de la violencia que golpea de lleno los barrios populares es social. Esta violencia es pilotada y aplicada por el Estado. Y produce guetos.

Segregación

En "nuestras barriadas", como dicen esos electos que las han abandonado, vive una mayoría de "minorías". Una gran parte de los herederos, hombres y mujeres, negros y árabes de la situación de origen colonial, aún hoy privados de igualdad. Emigrantes, hombres y mujeres, discriminados por la Europa fortaleza y la preferencia nacional, tan querida por el FN e inscrita en las leyes de la República. Precarios, primeras víctimas de la austeridad que se apoya desde hace mucho en la discriminación. En cuanto a las mujeres, se enfrentan a menudo con una injusticia suplementaria, y la islamofobia les coloca a menudo bajo las consecuencias del imperialismo en la metrópoli.

De todas esas poblaciones, los enviados del Estado, incluso los que trabajan en sus servicios de "protección" social, dicen a menudo que no pueden hacer más. Como si fuera nuevo. Esta diferenciación que atraviesa nuestras ciudades, nuestros lugares de estudio y de trabajo, estalla con fuerza cada vez que una medida administrativa pretende ignorarla, como en el tema de los reagrupamientos de establecimientos escolares, en nombre de "su carácter mixto" o de la austeridad. La extrema derecha dirá que es una cuestión de identidades, un "choque de civilizaciones". Sabemos a dónde quieren llegar esos campeones del racismo. Pero hay ciertamente algo que separa a los jóvenes de los barrios de los demás: su destino en esta sociedad. Negar la segregación no es abolirla. Para hacer política con las barriadas hay que partir de ahí.

Discriminaciones de Estado

En 2005 se dedicó dinero público para apagar el incendio, pero la austeridad agravada ha vuelto a crecer. En la escuela, es siempre la misma disyuntiva e, incluso sin abandono, la mayor parte acaban en el paro o la precariedad. Cada "reforma" viene a profundizar la injusticia escolar, dando la prioridad a "proyectos" locales demasiado exigentes para lugares en los que faltan los medios, con o sin REP. A la austeridad se añaden las provocaciones y las miradas policiales en nombre de los "valores morales": si no respetan un determinado minuto de silencio "como carné de laicismo", los recalcitrantes son enviados al rectorado, cuando no a la comisaría.

Los recortes presupuestarios no solo afectan a la escuela: faltan los medios aún más al margen del tiempo escolar, y la gratuidad de los servicios públicos retrocede incluso para las necesidades más esenciales (comedores...). Incluso la vida asociativa más elemental está amenazada de desaparición. En las ciudades en las que el FN está ya en el poder, está encantado de poder acelerar los destrozos; y hay una enorme competencia para recuperarle un electorado abiertamente hostil a los oprimidos y oprimidas. En los barrios, aún más en que otras partes, la austeridad está generalizada y democracia está ausente.

Luchar por la dignidad

Entonces, con toda esta violencia contra los barrios populares, lo extraño es que los barrios no respondan más a menudo con violencia. Pero los primeros afectados por la segregación y las discriminaciones intentan también organizarse, para reabrir la vía de luchas duraderas y autónomas por la igualdad de derechos. Los movimientos sociales de los barrios populares, el movimiento antirracista, han entrado en una fase de reconstrucción de la que el llamamiento a la Marcha de la dignidad y contra el racismo para este sábado 31 de octubre en París es una nueva etapa. El movimiento obrero y la izquierda radical, dadas sus dificultades históricas para mostrarse solidarios con ellos, tienen una responsabilidad en responder al llamamiento, en tejer lazos con los y las militantes de los barrios.

Hebdo L’Anticapitaliste - 308 (22/10/2015)

http://www.npa2009.org/arguments/societe/oui-il-existe-des-ghettos-en-france

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El trato colonial de los barrios por la represión

Ernesto

El modo de represión específica al que están sometidos los y las habitantes de los barrios populares puede ser calificado de "trato colonial".

Se basa principalmente (pero no exclusivamente) en tres instituciones: la policía, la justicia, la prisión. La presión policial es cotidiana en los barrios. Pasa por un conjunto de prácticas, cuyas formas e intensidad de violencia varían, pero cuyo paroxismo reside en el acto de matar. Paroxismo en la intensidad de la violencia que es también el revelador de la naturaleza del modo de dominación específica de los y las habitantes de los barrios y de su lugar en la estructura social de conjunto.

¡No hablamos de excesos!

Lo que habitualmente se llama "exceso" policial no tiene sin embargo nada de accidental. Visto el número de muertos (varios centenares en treinta años, de ellos un centenar desde 2005), su frecuencia (una media entre 10 y 15 personas muertas al año/1) y la impunidad de que gozan los policías que matan, se trata de una práctica institucional: permiso para matar para las "fuerzas del orden". Estos crímenes policiales que son, también, mayoritariamente crímenes racistas, son la negación institucional del derecho a la existencia. El carácter colonial de la policía en los barrios se manifiesta por el tratamiento de los y las habitantes como poblaciones sospechosas a priori, cuyo sitio es su ghetto (y así y todo...)

La policía se comporta en un barrio como un ejército de ocupación en "territorio enemigo", y sus prácticas de "control de las poblaciones" son directamente heredadas de la práctica colonial del Estado francés /2.

En lo cotidiano, esto remite al acoso: controles sistemáticos por el simple hecho de estar al lado del portal de tu casa o por circular por el barrio (cacheos, violencia física, insultos racistas, humillaciones, provocaciones, etc.), arrestos, detenciones. Los controles sistemáticos a la gente por su aspecto, fuera del barrio, tienen que ver con un tratamiento desigual (racista) de la población y con un derecho desigual al espacio público. Una proporción enorme de los crímenes policiales se cometen durante intervenciones "banales", cotidianas, de la policía, lo que cotidianamente hace sobrevolar el espectro de la muerte sobre quienes las sufren.

Justicia y prisión son hermanos de la policía

La amenaza de la prisión sobrevuela también la vida cotidiana, puesto que el encarcelamiento es también una de las posibles consecuencias de estas intervenciones rutinarias. Todo un arsenal de medidas (penas básicas, reincidencias, políticas de exigencia de número de actuaciones a los policías, etc.) hacen que el número de presos y presas esté en constante aumento y que cada vez sea más habitual ser encarcelado por una pena pequeña... y seguir estándolo por mucho tiempo (por la multiplicación de las condenas por delitos en la cárcel). Habría que decir mucho sobre el funcionamiento de la administración penitenciaria y las condiciones de detención entre las cuales la violencia y la muerte tienen también un papel central (violencia física, sexual, humillaciones, suicidios, "muertes sospechosas", etc.) junto con el de la sobreexplotación del trabajo en la cárcel.

La institución carcelaria practica un derecho de geometría variable, según se viva en un barrio popular o se sea expresidente de la República, ministro, gran patrón o policía. La "población carcelaria" da cuenta de ello: tienes más posibilidades de ser condenado a prisión firme por delitos menores si eres descendiente de colonizados, vives en un barrio y eres de clase explotada, que si practicas "abuso de bienes sociales" o desviaciones de fondos en el seno de las instituciones estatales, o eres un patrón adepto al despido masivo.

El permiso de matar del Estado

Esta "justicia" de dos velocidades es particularmente flagrante cuando se trata de los crímenes policiales. Solo una minoría de los responsables de esos crímenes pasa ante un tribunal. Estos procesos se transforman en procesos a las víctimas, saldándose demasiado a menudo con la absolución de los asesinos. El tratamiento de estos asuntos por la institución judicial no es anodino, revela la autodefensa de un Estado racista por sus propias instituciones. Pues, "acusando a la pena de muerte, no se ataca en absoluto una medida punitiva, no se atacan leyes, sino el propio derecho en su origen [...]. Pues, ejerciendo la violencia sobre la vida y la muerte, el derecho se fortifica él mismo más que por cualquier otro proceso judicial. Pero al mismo tiempo, en esta violencia, se anuncia algo de podrido en el corazón del derecho..." /3.

El reciente proceso a dos policías implicados en la muerte de Zyed Benna y Bouna Traoré es significativo tanto por la trágica previsibilidad de su veredicto como por su sentido político, puesto que se trataba del crimen que encendió la llama de la revuelta de noviembre de 2005. Por una lado, en el proceso se ha probado que los jóvenes perseguidos por la policía no habían cometido ningún delito (lo que en el caso contrario no implicaría el restablecimiento de la pena de muerte, a fortiori sin proceso...) y, por otro, que los policías tenían conciencia del riesgo de muerte para los tres jóvenes ("si entran en un recinto de la EDF, no doy mucho por su pellejo" [comunicó uno de ellos a la central]).

Los policías han sido absueltos. No culpables de "no asistencia a persona en peligro"... La "Justicia" no se ha equivocado: a través del proceso a esos dos policías, eran juzgados la propia institución policial y su permiso para matar (y por consiguiente la legitimidad de la revuelta de noviembre de 2005).

Veredicto: la policía ejerce, de facto, el derecho a matar sin proceso a pesar de la abolición de la pena de muerte de 1981, y la institución judicial valida estas prácticas. Efectivamente, hay "algo de podrido en el corazón del derecho"...

Frente a la injusticia organizada y al permiso para matar, hay que imponer nuestro derecho a la existencia. Frente a las encarcelaciones masivas, afirmar que sus prisiones están obsoletas/4. Frente a la segregación espacial, económica, jurídica, escolar, luchar por nuestro derecho al espacio público, por nuestros derechos civiles, por la justicia social.

Hebdo L’Anticapitaliste - 308 (22/10/2015)

http://www.npa2009.org/arguments/societe/le-traitement-colonial-des-quartiers-par-la-repression

Notas

1/ http ://atouteslesvictimes.samizdat.net/?page_id=692 et http ://www.bastamag.net/Homicides-accidents-mal... La mayor parte son estimaciones -no exhaustivas- puesto que no hay recuento oficial de las "intervenciones de las fuerzas del orden que hayan sido seguidas de muerte". Ver también http ://www.bboykonsian.com et https ://quartierslibres.wordpress.com

2/ Sobre la genealogía colonial, la importación "endocolonial", y la evolución de las prácticas policiales, ver M. Rigouste, l’Ennemi intérieur, La Découverte, 2011, y la Domination policière, La Fabrique, 2012

3/ W. Benjamin, Pour une critique de la violence, citado en D. Bensaïd, le Pari mélancolique, Fayard, 1997.

4/ Angela Davis, Les prisons sont-elles obsolètes ?, Au Diable vauvert, 2014.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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