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publico.es | Memoria histórica. Entrevista a Gerardo Iglesias
"No puede haber un futuro de progreso si no se juzgan los crímenes de la dictadura"
30/10/2015 | Alejandro Torrús

Gerardo Iglesias es un político diferente. En 1990, tras liderar la fundación de Izquierda Unida y ser"excomulgado" por su propio partido, decidió volver a la mina, donde había comenzado a trabajar a los 15 años con un carné de identidad falso. En política se distinguió por coger las riendas del PCE en el peor momento de su historia en democracia (con sólo tres diputados en el Congreso) y protagonizar la fundación de Izquierda Unida. Sufrió los embistes de Santiago Carrillo, que le llamó reiteradamente "traidor" y también de Felipe González y Alfonso Guerra que trataron de retratarle como "un borracho".

Acaba de publicar La Amnesia de los cómplices (Editorial KRK), una obra que recopila la historia de 150 maquis y guerrilleros que se enfrentaron al régimen franquista en los años posteriores a la Guerra Civil y que sirve de continuación a Por qué estorba la memoria, que salió a la luz hace apenas dos años. Iglesias está centrado ahora en la recuperación de la Memoria Democrática de España. Considera que no puede haber "un futuro de progreso si no se juzgan los crímenes de la dictadura". Él, de hecho, es uno de las cientos de personas que se ha sumado a la Querella Argentina y ha aportado su denuncia para que se investiguen los crímenes del franquismo.

Sin embargo, no se plantea volver a la primera línea de la política. Confirma que Pablo Iglesias le llamó para ir en las listas de Podemos al Congreso, pero él rechazó la oferta. Muestra sus simpatías por el partido de Pablo Iglesias, reconoce que le ha votado pero señala que "físicamente" no está para "volver al ruedo". No obstante, no son todo halagos hacia el partido morado. Gerardo Iglesias se muestra muy crítico con la estructura del partido, por ejemplo. "Es muy leninista", denuncia.

Ha recopilado 150 historias de guerrilleros antifranquistas. ¿Por qué ha considerado necesario ahora recuperar estas vidas y plasmarlas sobre el papel?

Me parece que España tiene una asignatura pendiente que es el haber olvidado en la Transición a quienes más lucharon por hacer posible la democracia entregando en muchos casos su propia vida. Es una exigencia democrática y de justicia recuperar la memoria de estas 150 personas y de todas las víctimas del franquismo y reponer sus derechos, reparar la injusticia y lo que es todavía es más importante: juzgar los crímenes de la dictadura. No se puede olvidar un período tan trágico de nuestra historia si lo que se quiere es construir un futuro de progreso.

Usted estaba en la dirección del PCE durante la Transición. En aquel momento, ¿tenía la misma opinión que ahora?

No estaba en la primera línea de la dirección. Estaba en el Comité Central, no en el Ejecutivo. Pero no quiero eludir responsabilidades. La Transición se hizo como se pudo. Los franquistas que negociaron con las fuerzas democráticas tenían detrás todo el aparato del poder franquista. Por consiguiente, jugaban con enorme ventaja. Comprendo que las fuerzas democráticas hicieran concesiones para facilitar un tránsito pacífico a la democracia. Lo que ya no se puede comprender es que a estas alturas España esté trillada de fosas comunes y no se les dé el derecho a un entierro digno.

El Estado español dice que los crímenes de la dictadura y de la Guerra Civil están prescritos y rechaza que se trate de crímenes de lesa humanidad o genocidio. Desde su punto de vista, ¿estamos ante un genocidio o crímenes contra la humanidad?

No cabe duda. Los argumentos del Gobierno y del Supremo son argumentos de parte. ¿Se puede considerar sólo un delito de tortura el hecho de que se haya aplicado a rajatabla el primer bando de guerra del general Mola que decía que había que eliminar a todos los que no pensaran como ellos. Eso es un hecho. Llegaron a los pueblos, sacaron a la gente de sus casos y le metieron tiros en la nuca dejándolos tirados por las cunetas. Es un genocidio. No tiene vuelta de hoja. El otro argumento que utilizan es el de la Ley de Amnistía que permite que las víctimas perdonan a los franquistas sin que estos pidan perdón. A mi nadie me pidió perdón por apalearme en comisaría y por mis años en la cárcel.

Continuando con la Ley de Amnistía, el relator de la ONU de Derechos Humanos y también el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzosas de la ONU apuntaron al Poder Judicial y no solo al Ejecutivo. Señalaron que desde la Justicia también se podían dar pasos para acabar con la impunidad.

La Judicatura ha estado durante estos 40 años al servicio del bipartidismo, de los dos grandes partidos que controlaron y gobernaron a su antojo este país. La misma Justicia española que se consideró competente para juzgar a Pinochet en virtud de la Justicia Universal ahora rechaza la extradición de franquistas a Argentinas. ¿Por qué antes era válida y ahora se niega? Es una postura incompresible. Bueno, es comprensible. Barren para casa. Los jueces conservadores acaparan el Poder Judicial. El franquismo en España está presente en las personas, en la cultura, en el miedo de la gente.

En el libro denuncia que el franquismo dejó de herencia la misma policía, los mismos jueces, los mismos funcionarios, etc. El problema es que han pasado 40 años y la democracia ha hecho suyos esos problemas. Ya no son problemas del franquismo sino de la democracia.

La democracia no ha resuelto nada. Al contrario, ha promovido a gente que ha cometido muchos delitos dentro del régimen franquista. Han sido condecorados en democracia. Bajo el Gobierno de Felipe González, por citar un ejemplo cercano, nombraron jefe de la Policía en Mieres a uno de los mayores torturados de la Brigada Político Social. Podría citar muchos más, pero este es sangrante. Metieron en una cuenca minera, donde la represión fue brutal, a un torturador como jefe de policía. En la Querella Argentina yo denuncio a Pascual Honrado por las torturas que recibí. Cuando se lo comentaron él respondió que cómo era posible si él había sido condecorado en democracia. Así son las cosas.

En el libro dice que la consecuencia natural del sistema que se implantó en el 78, sin capacidad para renovarse a sí mismo a través de elecciones periódicas, tenía que convertirse en una fábrica de ladrones hasta convertirnos en un país devorado por la corrupción.

Es lo que está ocurriendo. Una buena parte de la explicación de lo que está ocurriendo proviene de la Transición. No ha habido opción de rearmar de valores democráticos a la sociedad española. No ha habido ruptura. No ha habido fiesta de la libertad. No ha habido condena de la dictadura ni se han juzgado los crímenes. Esto hubiera permitido rearmar de valores democráticos y antifascistas a la sociedad. Estas condiciones juegan a favor de las fuerzas conservadoras y oligárquicas.

Cuándo el PCE reconoce la bandera y la bandera rojigualda, según ha señalado usted en otras ocasiones, lo hizo sin discusión porque "había una amenaza del Ejército de entrar a por ustedes", los comunistas.

La Transición se hizo en medio de matanzas como la de atocha, chantajes permanentes, en medio de secuestros promovidos por los aparatos del Estado franquista, en medio también de una serie de muertes de ETA, que daban argumentos a los elementos más recalcitrantes del viejo régimen. En ese contexto, cuando se reunió por primera vez el comité central del PCE en Madrid no teníamos nada en el orden del día de la bandera y la monarquía, pero cuando llevábamos una hora de reunión Carillo recibió una llamada y salió.

Cuando volvió tenía una resolución ya redactada. No sé si la resolución la tenía ya pactada con Suárez o la redactó allí mismo. Pero lo cierto es que en medio de este silencio absoluto Carrillo comentó que Suárez le trasladó el miedo a que el Ejército fuera a por nosotros y que, por tanto, debíamos reconocer bandera y monarquía. Si a eso se le puede llamar una Transición modélica... Todas las concesiones de la izquierda fueron a base de amenazas y chantajes... Ya me dirá usted que Transición modélica fue esa.

¿Usted tuvo miedo a que le pegaran un tiro en plena calle?

En aquel período las amenazas eran constantes. Los grupos ultras estaban muy activos y organizados. Luego llegó el 23-F, que no triunfó pero tuvo su impronta en el proceso democrático. El 23-F fue un argumento más para las fuerzas más conservadoras.

Una de las piezas clave del puzzle de la Transición fue el monarca Juan Carlos I. Usted ha señalado en alguna ocasión que lo conoció gracias a Carrillo en una reunión que mantuvieron los tres. ¿Qué opinión tiene del rey Juan Carlos?

No entro en el terreno personal. Lo conocí en algunas entrevistas que mantuve con él en La Zarzuela. Ahora bien, Juan Carlos es rey jurando los principios del Movimiento del 18 de Julio, del golpe militar. Es gravísimo. Juan Carlos es un rey propuesto por Franco. Que en un primer momento, para evitar confrontación, se aceptaran cosas así era normal. Pero que a estas alturas se sigan aceptando y que el pueblo español no tenga opción de decidir si quiere República o Monarquía... es tremendo. La monarquía se nos ha metido a la fuerza.

¿Usted se lo llegó a plantear cara a cara al rey que era un jefe de Estado sin legitmidad?

No. Entre otras razones porque mi partido no defendía esta postura. El PCE, visto con la distancia, hizo una interpretación equivocada de la reconciliación. La reconciliación a cambio de la amnesia, del olvido, de olvidarse de toda la lucha democrática... Eso fue infumable. Reconciliación sí, pero después de juzgar a los criminales, que no se vayan de rositas. Después llegó el PSOE que pudo haber hecho mucho y no hizo nada en 8 años de mayoría absoluta. Pero el PCE tampoco se lo exigió.

¿Y por qué no se lo exigieron?

Hay que tener en cuenta que este país estaba traumatizado. Que Franco murió matando, que fueron 40 años de asesinatos en masa. El miedo caló hasta los huesos. Se creía que había que pasar página, pero creo que fue un error. No se puede pasar página. La sociedad española nunca ha tenido la sensación de haber ganado a Franco y al fascismo. El miedo sigue ahí. No habrá cambio político que resuelva los problemas que tenemos si no se comienza por juzgar los crímenes de la dictadura y reconocer a las víctimas.

¿Esa sería la primera medida que tendría que tomar un gobierno del cambio?

La primera medida debería ser la anulación de la Ley de Amnistía. A partir de ahí quitar los falsos argumentos del Supremo para poder abrir período de investigación y crear una Comisión de la Verdad. A partir de ahí se podrá crear un relato compartido para armar de valores a las nuevas generaciones.

¿Usted cree que un partido que se presente a las elecciones diciendo que su primera medida será derogar la Ley de Amnistía y permitir que se investiguen los crímenes de la dictadura puede obtener el respaldo mayoritario del electorado?

Cuando hay ciudadanos que tienen a sus familiares en fosas no se puede pensar en términos de votos. Es cuestión de justicia y de humanismo. Hay que pensar en términos de país. Es un problema a resolver. Las fosas forman parte de la marca España. En el último período se han dado hechos de un cinismo atroz. Margallo asistió a Mauthausen a homenajear a los republicanos allí presos. El rey Felipe VI asistió en París a un homenaje a La Nueve, la compañía de republicanos españoles que lucharon para liberar París del nazismo.... ¡Son los mismos que están enterrados en cunetas aquí! A ver si en lugar de ir al extranjero a participar en homenajes acuden aquí a los cementerios y a las fosas comunes.

¿Qué le parece que Alberto Garzón (IU) y Pablo Iglesias (Podemos) vayan por separado a las elecciones?

Pues... No sé qué decirle. Creo que Podemos ha considerado que la suma de siglas no suma y, legítimamente, IU ha intentado articular alianzas en momentos difíciles para ella. Creo que lo importante es reconstruir una izquierda real que no representa el PSOE. A esa izquierda hay que articularla en base a la sociedad civil. Podemos nace de acuerdo al empuje de unos movimientos sociales impresionantes. Por ahí deben ir los tiros. Reconstruir la izquierda sobre la base de la suma de siglas acordadas en cúpulas de despachos no va a ninguna parte.

¿Se ha planteado Gerardo Iglesias volver a la política?

No. Mi tiempo ya ha pasado. No estoy para asumir responsabilidades. Pero sigo pensando como siempre y aporto lo que puedo. Últimamente estoy muy dedicado a la recuperación de la Memoria Democrática y a la conquista de los derechos de las víctimas porque me parece un elemento fundamental del cambio que necesita este país

¿Le ha llamado Pablo Iglesias, o alguien de Podemos, para ofrecerle un puesto en la lista de Podemos en Asturias para las elecciones generales?

Sí. (Silencio)

¿Y qué le contestó?

Las conversaciones privadas no se revelan, pero yo no estoy en condiciones de lanzarme al ruedo. Tampoco físicamente. Pero les deseo mucho éxito y muchos aciertos. Es muy complicado construir una fuerza nueva con un estilo nuevo que se diferencia de los partidos tradicionales, que están en crisis. Con un discurso nuevo que se aleje de aquel de los que pensábamos en asaltar el palacio de invierno pero que no renuncie a elementos fundamentales de una democracia avanzada.

¿Le ofreció ser el número uno por Asturias?

Ya he dicho lo que tenía que decir. No estoy en condiciones. Pero he mostrado mis simpatías hacia Podemos y he declarado que he votado a Podemos. También he expresado mis críticas. A mi el modelo organizativo que tienen, tan leninista, no me gusta. Tampoco me ha gustado nada que las listas se hayan elaborado desde la cúspide. España es plural. La aportación de Podemos en este país es enorme. Ya lo que ha hecho es importante. Ha puesto patas arriba la política de este país. Ahora vamos a ver cómo funciona a partir de ahora.

Para cerrar esta entrevista, quiero preguntarle, con los años que han pasado, si tiene ya una explicación de por qué el PSOE de González y Guerra intentó que usted pareciera un alcohólico que iba a los mitines de su partido borracho.

En primer lugar porque son unos sinvergüenzas. En mi vida, en toda mi vida, y lo digo para ver si alguien sale diciendo que no es verdad, he cogido una borrachera. He tomado vino en la comida pero raramente tomo una copa fuera de las comidas. Ese era su estilo navajero. Se fabricaron esa historia. Incluso tiempo más tarde salió un video en la televisión en el que salgo escanciando sidra en un autobús destartalado. Y yo iba de un lado a otro, como el autobús. Eso demuestra la catadura moral de las personas que lo hicieron [Guerra y González] y, además, parece que no cambian con el tiempo si atendemos a cómo traspasan las puertas giratorias. Trincan de donde pueden.

29/10/20015

http://www.publico.es/politica/gerardo-iglesias-me-llamo-no.html



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