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Portugal tras las elecciones legislativas del 4 de octubre
Arenas movedizas en el centro, una izquierda reforzada y un presidente desesperado
24/10/2015 | João Camargo

El gobierno ultraliberal portugués de centro-derecha (la coalición PSD y CDS), que "fue más lejos que la troika" [en la aplicación de políticas austeritarias] ganó las elecciones legislativas del 4 de octubre con el 36,8 % (1,994 millones) de votos. En segundo lugar se situó el Partido Socialista (PS) con el 32,4 % (1,746 millones de votos). La mayor sorpresa, quien más creció, fue el Bloco de Esquerda (BdE), con el 10,2 % (551 000 votos), seguido del Partido Comunista (PCP) con el 8,3 % (446 000 votos). Si comparamos los resultados con los obtenidos en 2011, los partido de la derecha perdieron más de 700 000 votos, el PS incrementó los suyos en 160 000, el BdE obtiene 260 000 más y el PCP 3 400 más.

El PS, que en los últimos cuarenta años compartió poder tanto con los socialdemócratas (PSD) como con los conservadores (CDS)/ sufrió un duro golpe, si bien las encuestas de las semanas previas ya pronosticaban de forma clara ese resultado. No se le veía como una alternativa a la austeridad de la derecha y desarrolló una campaña desastrosa después de que su líder más conocido, el exprimer ministro José Sócrates, fuese detenido por corrupción. El PS se enfrenta ahora a un gran dilema: girar a la derecha y bendecir a un gobierno de derechas o girar a la izquierda y abrir un escenario totalmente nuevo, jamás conocido en Portugal: un gobierno de PS basado en el apoyo parlamentario de los partidos de izquierda (el BdE y el PCP), que suman el 18,5 %, un millón de los votos).

Cavaco Silva, el Presidente de la República que fue primer ministro durante los años 1985-1995, excediéndose en sus funciones, declaró antes de conocer el resultado de las elecciones que no otorgaría el poder a una mayoría relativa ni a un gobierno inestable. Una mentira más en su ya larga carrera. Dos días después de las elecciones y tras haberse reunido con su partido (el PSD), Silva se dirigió al país anunciando que había pedido a Passos Coelho (primer ministro saliente y líder de la coalición ganadora) la formación de un gobierno estable en el que no cabían los partidos que no asumen "los tratados y acuerdos internacionales e históricos" o, también, las "grandes opciones estratégicas" adoptadas en los últimos 40 años. Es decir: la OTAN, la UE, el Euro, el Tratado de Estabilidad Europeo y el futuro TTIP. El objetivo de esta decisión era excluir al BdE y al PCP de cualquier fórmula gubernamental. Ahora bien, Antonio Costa, el líder del PS, giró a la izquierda.

La reunión del PS con el PCP, al dia siguiente de que el Presidente de la República expusiera las "reglas" sobre quién podría entrar en el gobierno, cayó como una bomba: los comunistas dijeron que apoyarían un gobierno del PS y que, eventualmente, estarían dispuestos a formar parte del mismo. El PCP resintió de forma clara el haber sido superado, una vez más, por el BdE y envió un mensaje histórico: la posibilidad política de participar en un amplia coalición. Por su parte, Catarina Martins, la portavoz del BdE, estableció a lo largo de la campaña y en el debate con el líder del PS, las condiciones para un acuerdo de izquierda: que el PS retirara tres puntos de su programa: la congelación de las pensiones, la reforma del Estado de bienestar con recortes en las futuras pensiones y la flexibilización laboral. En la noche electoral, Catarina Martins lanzó un mensaje claro: "El BdE hará todo lo que esté en sus manos para impedir que la coalición de derechas logre formar gobierno. Ahora esperamos la respuesta del resto de los partidos". El PCP habló a continuación y expresó la misma idea. La decisión final quedaba en manos del PS.

Tras recibir el apoyo del PCP, el PS comenzó a hablar de la posibilidad real de formar un gobierno de izquierdas. Eso desató en la coalición de derechas y en todos los comentaristas una agitación terrorífica. Dijeron de todo, comenzando por hablar de golpe de Estado antidemocrático. Los informativos y las tribunas de opinión, agitando la bandera del miedo que provocan los rojos y el período revolucionario en Portugal, evidenciaban que la simple perspectiva de una ruptura con la austeridad extrema abría las puertas a una hostilidad generalizada por parte de los grandes media. Desde la Unión Europea (UE), a través de Wolfgang Schauble que se felicitaba porque la exigua victoria de la coalición de derechas constituía un signo del apoyo de la población portuguesa a las medidas de austeridad, llegó Durao Barroso, declarando que un gobierno apoyado por los partidos de la extrema izquierda se enfrentaría a una reacción violenta de los mercados.

Tras una frustrante reunión de la coalición PSD-CDS con el PS, Costa se reunión con Catarina Martins en la sede del BE. La portavoz del BE declaró que "el gobierno de Passos (PSD) y Portas (CDS) era cosa del pasado". Al día siguiente, la caída de la bolsa fue presentada como una de las consecuencia de esta reunión y de las declaraciones que le siguieron.

La segunda reunión del PS con la coalición de centro derecha también acabó mal y puso punto final a las negociaciones en el "bloque de centro". El PSD y el CDS aceptaron 20 medidas del prograa del PS, pero el PS exigía cuando menos el apoyo para otras 20 más, y la derecha respondió que estaban por negociarlo todo. Pero el PS, cuyas aguas bajan revueltas (con unos líderes históricos opuestos y otros a favor de una alternativa de izquierdas), giró totalmente a la izquierda. Antonio Costa se comprometió a que el partido aprobará mediante referéndum interno una alternativa de izquierdas. Entonces, los partidos de la derecha comenzaron a dar por buena la idea de que perdían terreno y se presentaron como víctimas, depositando su confianza en el veto del Presidente de la República.

En ese momento, la posibilidad un gobierno socialista apoyado en el parlamento por el BdE y el PCP aparece como real. Si bien es cierto que el diablo, los problemas, están en los detalles del acuerdo. Esta claro que el PS no asumirá una posición anti-capitalista, porque no acepta poner en cuestión el régimen austeritario impuesto por la UE y tendrá grandes dificultades para poner en práctica algunos de los acuerdos a los que está llegando con el BdE y el PCP. Los partidos de izquierda están luchando para garantizar el fin de la austeridad a corto plazo y la recuperación de los salarios, así como impedir que la coalición "más agresiva que la troika" vuelva al poder. También están explotando todas las posibilidades para forzar al PS a elegir entre el Pasok y el Partido Laborista [hundirse con acuerdos con la derecha o revitalizarse con un giro como el que encarna Corbyn], y arrastrar hacia la izquierda al máximo de sus miembros para hacer frente a los representantes del ala derecha.

Dos semanas después de las elecciones, el Presidente de la República, fiel a sus criterios, nombró a Passos Coelho como Primer Ministro, en contra de la mayoría del Parlamento (PS+BdE+PCP+VERDES= 53 % de escaños). En la declaración emitida al país el 22 de octubre, se dirigió directamente a las y los cargos electos del PS para incitarles a rebelarse contra su propio partido y apoyar al gobierno de la coalición de derechas. Más aún, volvió a atacar a la izquierda, poniendo énfasis en su incapacidad para aportar una solución con los partidos "anti-europeos", que es el término que utiliza la derecha para minar cualquier acuerdo entre el PS, el BdE y el PCP. Terminó amenazando de forma clara que no aceptaría una mayoría gubernamental de izquierdas.

Ante esta situación el PS, el BdE y el PCP (o alguno de entre ellos) deberá presentar una moción de confianza que conlleve la caída del gobierno [nombrado por el presidente]. La cuestión es que en enero habrá elecciones para elegir al Presidente de la República y que el actual presidente no puede disolver el parlamento y convocar nuevas elecciones; y que el presidente electo en enero tampoco podrá hacerlo hasta que transcurran seis meses en su mandato. Esto significa que el parlamento salido de las elecciones del 4 de octubre continuará en sus funciones al menos durante 9 meses. Si Cavaco Silva persiste en la ilegalidad de oponerse al nombramiento de un gobierno de izquierda [que tendría el apoyo de la mayoría del Parlamento], continuará en el poder el Gobierno previo a las elecciones, pero totalmente desprovisto de poder, sin presupuesto a gestionar... Es decir, sin capacidad para implementar nuevas medidas.

Al día siguiente de que Cavaco Silva otorgara el gobierno del país a la derecha, el candidato del PS para la segunda figura más importante de la República (la Presidencia del Parlamento), Ferro Rodriguez (uno de los electos más a la izquierda del PS) fue elegido con 120 votos (PS, BdE, PCP y los Verdes), derrotando al candidato de la derecha. Esta es la primera derrota para la derecha y la próxima semana asistiremos a un nuevo test: el voto para hacer caer al gobierno de la derecha y colocar la pelota en el tejado del Presidente de la República para que de paso a un gobierno de izquierda o deje al país en un estado de coma durante 9 meses (¿es esta la estabilidad y la responsabilidad de la que hablaba?).

Las contradicciones de todo este proceso parecen consolidar el giro a la izquierda en el PS. La rebelión de los líderes más derechistas están de capa caída tras la reaccionaria actuación del Presidente de la República. Si el PS hubiera optado por no girar a la izquierda (no aceptando un programa mínimo para poner freno a la austeridad y restablecer aquello de lo que se ha despojado al pueblo en los últimos años) corría el riesgo de ser asimilado por el PSD. Este aparente movimiento hacia la izquierda abre un nuevo abanico de posibilidades. En Portugal como en otros países, con las elecciones en el Estado español y en Irlanda a la vuelta de la esquina. Todos los mensajes que remitía la burguesía portuguesa iban en el sentido de que tendría que haber habido un gobierno PS-PSD. Esta posibilidad ya no existe. Ahora que el centro político se ha roto, la izquierda necesita empujar y convertir el espacio del centro en una arena movediza. La lucha de clases que se ha establecido en el Parlamento ha unificado a todas las voces reaccionarias. El desesperado intento del Presidente de la República para salvaguardar el status quo de la miseria, la austeridad y la precariedad y el robo masivo de riqueza de los trabajadores para beneficio del capital, es una muestra de lo sorprendidos que están ante una izquierda reforzada. No tardará en llegar el tiempo en el que una vez más todas estas contradicciones se expresen en la calle y destruyan de una vez por todas "el arco del poder" y el fin de la historia.

24/10/2015

João Camargo, militante del Bloco de Esquerda, electo municipal en Amadora y animador del movimiento Que se lixe a troika (Que se joda la troika) y de Precários Inflexíveis



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