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Cisjordania
La juventud palestina se enfrenta a Israel
22/10/2015 | Michel Warschawski

¿Cómo se ha llegado a que decenas de palestinos y palestinas comiencen a atacar a israelíes judíos con armas blancas? Quienes son llamados por Benjamin Netanyahu “terroristas” han nacido en su mayor parte después de los acuerdos de Oslo, han crecido con el fracaso ya demostrado del “proceso de paz”, en medio de la frustración, el miedo y la humillación permanentes, sin perspectivas de futuro. Cansados de las ideologías, de la diplomacia y de las consignas inoperantes, han pasado a la reconquista de una dignidad abofeteada. Cualquiera que sea su precio.

“¿Es una tercera Intifada?” se preguntan los comentaristas y políticos en Israel. Una pregunta cuya pertinencia me parece dudosa y a la que es demasiado pronto para responder. Es más interesante comprender cómo hemos llegado a que decenas de palestinos y palestinas, jóvenes en su mayor parte, han llegado a atacar al primer israelí que pillan con un cuchillo, un cutter o un destornillador cogidos a toda prisa de la mesa de la casa familiar. Pues se trata claramente de iniciativas individuales y espontáneas, tras las que no se encuentra ninguna consigna proveniente de ninguna organización.

Benjamin Netanyahu miente como un bellaco cuando afirma que es Mahmud Abbas quien inspira a estos jóvenes, y sabe mejor que nadie los esfuerzos de este último y de su policía para intentar frenar el proceso en curso. Pero el “Señor Seguridad” tiene necesidad de un chivo expiatorio para ocultar su flagrante fracaso, él, que había centrado toda su campaña electoral en su “competencia” demostrada en el mantenimiento de la calma en los territorios ocupados. Un mensaje que había sido perfectamente comprendido por el electorado.

Los medios, en su mayoría, retoman el discurso recurrente de Netanyahu sobre el terrorismo, y desde hace algunos días no se dejan de utilizar las palabras preferidas por el Primer Ministro: “actos terroristas”, “un terrorista de 13 años” (sic), “utilizaremos todos los medios para detener el terrorismo”. La opinión pública israelí le sigue, sin rechistar.

¿Quiénes son esos “terroristas” y qué ha provocado esta larga serie de ataques con cuchillo a israelíes, de civil o con uniforme? Son jóvenes, incluso muy jóvenes, nacidos después de los acuerdos de Oslo y que actúan individualmente (o en pareja como máximo), fuera del marco de las organizaciones nacionales, incluyendo a Hamas. Y, ¿por qué ahora? Nos encontramos ante dos elementos que no están ligados uno al otro, pero que ambos resultan de la política de Benjamin Netanyahu.

En primer lugar, el fracaso reconocido por todos de lo que durante demasiado tiempo ha sido llamado “el proceso de paz”. Los palestinos, incluyendo la juventud, han dejado durante años a Mahmud Abbas gestionar la estrategia de liberación a través de la diplomacia, es decir, utilizando la comunidad internacional como palanca que lograría obligar a Israel a poner fin a la ocupación colonial. Incluso Hamas había optado por no poner trabas a las tentativas del presidente de la Autoridad Palestina, a la vez que insistía sobre que dicho proceso negociado estaba condenado al fracaso y que sus compromisos no serían recompensados por ninguna contrapartida. Pero tras cerca de diez años durante los cuales Abbas ha recorrido los pasillos de todas las cancillerías y aceptado tragarse innumerables sapos, se sigue en el punto de salida. Peor aún, Israel ha sabido aprovechar ese tiempo para ampliar sustancialmente la colonización de Cisjordania y llevar a término la separación de Jerusalén Este de su entorno palestino.

Al cabo de diez años, el crédito de Abu Mazen se ha agotado por completo, en particular entre la juventud, que no ve ningún avance propio pero sí el de las colonias israelís. El agotamiento del crédito del presidente palestino se ha acelerado con la serie de provocaciones del gobierno Netanyahu tras su reelección, en particular los desfiles de diputados y ministros por la Explanada de las Mezquitas, el Haram el-Sharif. No se puede, en efecto, subestimar el impacto sobre los jóvenes palestinos de las imágenes en que se ve a grupos de judíos rezar (o hacer como que rezan) en ese lugar santo para mil millones y medio de musulmanes. Peor aún, a las provocaciones de políticos a la búsqueda de popularidad se añade la intervención violenta de la policía en la explanada contra jóvenes musulmanes llegados para proteger su mezquita, y la profanación de Al-Aqsa por policías que manchan las alfombras de oración con sus enormes botas.

Benjamin Netanyahu se ha atrevido así a poner en cuestión el statu quo negociado en 1967 por Moshe Dayan y el rey Hussein de Jordania sobre la gestión de la explanada, incluyendo los horarios y los lugares específicos a los que los no musulmanes pueden penetrar. El jefe del gobierno israelí habría hecho mejor escuchando las advertencias del rey Abdalá de Jordania sobre los riesgos de explosión que provocaría un cambio del statu quo de Al-Aqsa. Pero el politiquillo y el miedo de lo que dirían los que le hacen la competencia si prohibiera la presencia de judíos en el lugar del Templo de Israel, han vencido al político y al temor de una explosión regional generalizada.

Al-Aqsa es un símbolo sagrado para todos los palestinos, incluyendo los ateos y los cristianos. Con las provocaciones en la explanada de las Mezquitas, la arrogancia israelí se ha enfrentado con la dignidad de todos los jóvenes palestinos. La serie de ataques, con cuchillo o destornillador, a paseantes israelíes es la respuesta de una nueva generación palestina a la arrogancia israelí y a las provocaciones de la derecha en el poder, con el trasfondo del fracaso reconocido de la estrategia negociada de Mahmud Abbas y de la Autoridad Palestina. El hecho de que al dar la orden de disparar contra los “terroristas” para “neutralizarlos” Netanyahu haya transformado estos ataques con arma blanca en atentados suicidas no parece haber tenido efecto disuasorio. Muy al contrario, cada ataque estimula otros.

Hace dos días estuve con un grupo de jóvenes palestinos de Belén, y Safa, una estudiante cristiana por lo que indicaba el crucifijo que llevaba, me expresaba su admiración por sus compatriotas que atacan a los israelíes con cuchillos. “Hasta ahora, éramos nosotros los que teníamos miedo, pero ahora les toca a los israelíes: mira como no hay nadie en el tranvía, e incluso las calles de Tel Aviv están completamente vacías por la noche”. Y añadía: “Si fuera más valiente, haría lo mismo…”.

La Autoridad Palestina y Mahmud Abbas no significan gran cosa para Safa y sus amigos, y si el nombre de Yasser Arafat les conmueve aún, no saben qué es la Organización de Liberación de Palestina (OLP). Muy en el espíritu de su tiempo, para estos jóvenes, las siglas, las consignas y las ideologías han dejado su puesto a lo sentido. En ese sentimiento hay un lugar de honor para una reconquista de la dignidad perdida.

Con sus declaraciones belicistas y arrogantes, Benjamin Netanyahu no solo refuerza la determinación que se siente cada vez más en el seno de esta juventud palestina a la que se presentaba como despolitizada y desmovilizada; hace de Mahmud Abbas un político irrelevante y hace casi imposible toda tentativa por su parte de desactivar la bomba que puede no solo multiplicar las víctimas -israelíes y palestinas- sino también provocar la desintegración de la Autoridad Palestina. Es claramente la política de lo peor. Pero, ¿no es esto exactamente lo que busca el jefe del gobierno israelí?

* Michel Warschawski es periodista y militante de la izquierda israelí, fundador del Centro de Información Alternativa

http://orientxxi.info/magazine/la-jeunesse-palestinienne-a-couteaux-tires-avec-israel,1055

15/10/2015

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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