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Estados Unidos
El abolicionismo “blanqueado” y la apropiación del sufrimiento negro
21/10/2015 | Robyn Maynard

Presentarse como valedora moderna del antiesclavismo es una causa muy rentable, cada vez más popular en los ambientes de Hollywood. Recientemente, cientos de estrellas han firmado una carta abierta para evitar la aprobación del documento de trabajo de Amnistía Internacional que proponía descriminalizar la prostitución voluntaria entre adultos [que finalmente fue aprobado en septiembre de 2015. NdT]. La carta estaba redactada por la Coalición Internacional contra el Tráfico de Mujeres (CATW), un grupo de presión antiprostitución creado en EE UU que con frecuencia presiona por la criminalización de la industria del sexo usando de forma intercambiable este término y el de “esclavitud moderna”. Esta ONG ha llegado a ser una empresa de diez millones de dólares /1. Resulta habitual ver a las organizaciones pedir donativos a gran escala para un “movimiento para ’reabolir’ la esclavitud”. Si la lucha contra el supuesto legado de la esclavitud es una causa social tan popular, ¿cómo es que el micromecenazgo es una de las pocas vías para recoger fondos para las familias de personas negras asesinadas por la policía? En lo que algunos llaman la Era de Ferguson, una era en la que los asesinatos de hombres, mujeres y niños negros a manos de la policía son institucionalizados y consagrados en la legislación del mismo modo que en otro tiempo lo era la esclavitud, hay que preguntarse: ¿qué legitimidad tiene un “nuevo” movimiento antiesclavitud cuando el legado del tráfico transoceánico de esclavos es un horror vivo y actual para cualquier persona de piel negra en Estados Unidos? Y, ¿qué nos dice sobre el valor que se da a las vidas negras el hecho de que luchar contra la “esclavitud” solo es popular cuando esta lucha se ha “blanqueado” de cualquier lucha negra por la justicia?

Para las campañas antiprostitución que presionan por la criminalización de la industria del sexo, esclavitud es un término que se ha despojado de toda relación con la lucha de los negros y se ha resignificado para describir la diversidad de lugares en que se intercambian servicios sexuales por dinero de manera voluntaria, tales como clubs de strip tease, burdeles, salones de masaje o la calle. Como mujer negra con experiencia en la industria sexual y como trabajadora comunitaria durante mucho tiempo trabajando con trabajadoras sexuales, tanto de calle como de locales, en Montreal, este lenguaje siempre me ha preocupado. Utilizar la esclavitud de esta manera siempre me ha parecido una apropiación profundamente irrespetuosa del sufrimiento negro, irrespetuosa tanto con nuestros antepasados muertos como con nuestras vidas todavía en peligro como gente negra. Pero al secuestrar el concepto de esclavitud, incluso autodenominándose abolicionistas, las y los activistas antiprostitución, no solo han hecho campaña (con éxito) para recoger fondos y conseguir cambios legales; sino que lo han hecho sin tener ninguna relación con los movimientos políticos negros, históricos o actuales, contra la violencia del estado. De hecho, al presionar por la criminalización están con frecuencia dañando a los más perjudicados por el legado de la esclavitud. Mientras las personas negras estamos luchando a lo largo de Estados Unidos y Canadá, literalmente, por nuestras vidas, es urgente analizar las acciones y los objetivos de cualquier movimiento, mayoritariamente blanco y conservador, que afirma ser el verdadero heredero de la misión antiesclavista, que busca abolir la prostitución, pero ignora y facilita indirectamente el maltrato infligido a las comunidades negras.

¿Qué es este “nuevo movimiento antiesclavitud” desprovisto de solidaridad negra?

No es solo CATW quien se apropia el discurso antiesclavitud. Políticos, ONGs internacionales muy influyentes y con abundantes fondos, grupos de mujeres, estrellas famosas y organizaciones evangélicas y católicas de Canadá y Estados Unidos, de forma regular y repetida invocan el sufrimiento negro bajo el cautiverio de la esclavitud, en su lucha por criminalizar la industria del sexo. La parlamentaria canadiense del partido Progresista Conservador [centro-derecha] Joy Smith invoca con frecuencia la “esclavitud moderna” para defender una legislación que criminaliza el trabajo sexual en Canadá. Esto es parte de un movimiento antiprostitución más amplio que se autocalifica como “abolicionista”, situándose con el uso de este término en el linaje de quienes lucharon y se enfrentaron al cautiverio de la esclavitud. El grupo de mujeres de Vancouver, Vancouver Rape Relief, relaciona explícitamente sus propios esfuerzos por criminalizar todas las formas de prostitución con los movimientos antiesclavitud del siglo XVIII en la Indias Orientales, Estados Unidos y Canadá; y siguen presentándose como modernas embajadoras antiesclavitud, proclamando su rol en “un nuevo movimiento abolicionista que ha surgido recientemente”. Joy Smith compara su trabajo directamente con la abolición del tráfico transatlántico de esclavos y esclavas. La escritora y trabajdora sexual Maggie McNeil ha señalado en el Washington Post que el uso del término esclavitud, de gran carga histórica y emocional, es deliberado, no casual: el grupo activista Demand Abolition afirma abiertamente que usan el término como una estrategia para conseguir apoyo popular.

¿Esclavitud sin esclavos?

Las y los antiprostitución y las agencias gubernamentales de derechas repiten con frecuencia el dato (del que raramente se menciona la fuente) de que la esclavitud sexual es “el tercer mayor negocio del mundo”, aunque esta afirmación se ha mostrado en repetidas ocasiones que es infundada. También se dice con frecuencia que la edad media de entrada en la industria sexual en Estados Unidos es 12-14 años, afirmación que ha sido categóricamente rebatida ya que está basada en estudios que excluyen a las personas adultas/2, hasta el punto de ser excluida como evidencia en el Tribunal Superior de Ontario por la jueza Susan Himel. Ni siquiera los ejemplos de condiciones horribles a los que se podría llamar “esclavitud sexual” son generalizables al conjunto de la industria del sexo, a pesar de la frecuentes, pero incorrectas, afirmaciones contrarias de las y los antiprostitución. En Canadá el único estudio a nivel nacional revisado por pares que investigaba el tema encontró que la mayoría de las mujeres que trabajaban en la industria del sexo no se consideraban víctimas, y menos aún podrían ser consideradas esclavas bajo ninguna categoría legal. Las condiciones de trabajo de la industria sexual, como las de muchos negocios no regulados o criminalizados, están lejos de ser ideales, y de hecho pueden ser coercitivas e incluso violentas en muchos casos. Pero “esclavitud” es un término empíricamente incorrecto para nombrar a la industria sexual en conjunto, y solo se sostiene distorsionando los hechos y mezclando las estadísticas del trabajo sexual con las del tráfico sexual para aumentar el apoyo a la criminalización de la prostitución.

Un abolicionismo que promueve ataques a los derechos humanos

Aunque hablan de esclavitud y de abolición, ni el dinero que recaudan ni la visibilidad de los movimientos prohibicionistas van a los movimientos de las comunidades negras contra la continua violencia del estado. Tomando prestado este discurso, estas abolicionistas, que como he explicado en otra ocasión/3 deberían denominarse prohibicionistas, aprovechan el sufrimiento negro para dar más fuerza emocional a su propia causa.

No solamente se apropian del sufrimiento negro y lo desvían al denominado “nuevo abolicionismo”, sino que este movimiento se está utilizando para fortalecer un movimiento procriminalización que se ha comprobado que perjudica a quienes dice defender/4. Después de mucha presión, las y los prohibicionistas canadienses consiguieron que se aprobara una ley federal cuyo objetivo era erradicar la industria del sexo en nombre de la “protección de las personas vulnerables” (oficialmente, la ley de Protección de las Comunidades y las Personas Explotadas). Las y los trabajadores sexuales, activistas por la justicia racial y defensores de derechos humanos de todo el país se opusieron firmemente a esta ley porque continúa criminalizando directa e indirectamente a las trabajadoras sexuales y las prácticas seguras que necesitan. Aclamada como una victoria abolicionista, la ley continúa criminalizando a las trabajadoras sexuales de la calle, aun cuando una ley casi idéntica fue declarada inconstitucional recientemente por el Tribunal Supremo de Canadá por poner en peligro la vida de las trabajadoras sexuales de calle y hacerlas vulnerables a los abusos policiales. Casualmente, quienes ejercen en la calle son mayoritariamente mujeres indígenas, negras y trans. Una aplicación reciente de esta nueva ley de “rescate” consistió en que el grupo abolicionista de Quebec Coordinación de luchas contra la explotación sexual (CLES) llamó (con éxito) a la policía a aumentar la vigilancia y aplicar la zonificación del trabajo sexual durante el Gran Premio de Montreal de junio de 2015; otra supuso la deportación de 11 trabajadoras sexuales migrantes en una redada en Ottawa en mayo de este año.

Considerando que tanto la evidencia empírica como las consultas con trabajadoras sexuales mostraban los daños producidos por la criminalización, ONUSIDA y la OMS han defendido la despenalización del intercambio voluntario de servicios sexuales por dinero, para proteger mejor la lucha multidimensional de las trabajadoras sexuales contra los ataques a sus derechos humanos y laborales, incluyendo la violencia por parte de las fuerzas de la ley y la vulnerabilidad al contagio de VIH/5. Por las mismas razones, centenares de organizaciones de trabajadoras y trabajadores sexuales del mundo, especialmente de países postcoloniales del continente africano y las islas del Caribe, defienden incansablemente la despenalización. La criminalización, a pesar de las buenas intenciones que dice tener, pone a las trabajadoras sexuales en peligro. Utilizar con este fin la memoria de esclavos y esclavas negras que vivieron y murieron luchando por su humanidad es un abuso de la historia.

El robo de nuestro discurso: la esclavitud negra y la abolición no son metáforas

Además es simplemente falso hacer un paralelismo entre toda la industria sexual y un sistema económico, social y político basado en la subyugación completa de una raza a otra, en la que las personas negras en Estados Unidos y Canadá, bajo la economía del comercio transatlántico de esclavos y las plantaciones, eran sistemáticamente encadenadas, violadas, golpeadas, marcadas [como el ganado], usadas y matadas por sus amos blancos, y consideradas categóricamente infrahumanas durante cientos de años. Durante demasiado tiempo a las comunidades negras se nos ha robado nuestros cuerpos, lenguas y conocimientos, y ahora nos están robando también el discurso de nuestra propia historia.

¿Cómo puede llamarse “nuevo abolicionismo” un movimiento criminalizador por excelencia que actúa directamente en contra de los esfuerzos que se realizan para combatir las actividades policiales contra los negros y su encarcelamiento? El abolicionismo es una parte importante de la memoria negra; las y los esclavos negros liberados y huidos jugaron un papel crucial en la abolición formal de la institución de la esclavitud en las Américas y sin duda fueron los abolicionistas iniciales, junto a las y los blancos que los apoyaban. El significado de estos esclavos negros que escaparon y lucharon por la abolición no puede y no debe ser convertido en una mera metáfora, con el objetivo de evocar emociones intensas contra la prostitución o cualquier otro medio de trabajar, comerciar, sobrevivir o salir adelante.

El abolicionismo pertenece no solo a la memoria, sino también a las luchas contemporáneas negras contra el encarcelamiento y el maltrato policial. Las palabras de la ex Pantera Negra y exprisionera Angela Davis sobre su compromiso con el activismo anticarcelario pone de manifiesto claramente esta genealogía:

Elijo la palabra abolicionista deliberadamente. La enmienda 13ª, cuando se refiere a la abolición de la esclavitud, lo hace excepto para los condenados. A través del sistema carcelario se mantienen los vestigios de la esclavitud. Por eso es apropiado usar una palabra que tiene ese eco histórico” (Davis, 1996: /6)

Aunque la versión del abolicionismo de Hollywood, de las feministas blancas y del evangelismo lo ignore, existe un dinámico movimiento abolicionista contemporáneo contra el complejo industrial carcelario, liderado por personas negras, indígenas y de color, que lucha por una justicia diferente que no se base en la policía; INCITE!, TGI Justice y #BlackLivesMatter son parte de este movimiento. En su lucha por la criminalización, las y los antiprostitución, bajo el eslogan prestado del abolicionismo, están ocupando el espacio que en justicia corresponde a los movimientos abolicionistas negros de base y sus aliados en su lucha contra el complejo industrial carcelario y los efectos de la esclavitud que persisten todavía. Y lo hacen defendiendo medidas que perjudican a las comuidades negras y los esfuerzos de las organizaciones negras contra la represión policial.

La criminalización no es amiga de las mujeres negras: #DiSuNombre #LasVidasdelasTrabajadoresSexualesNegrasImportan

No es casual que muchas escritoras feministas negras y activistas por la justicia racial defiendan y se organicen para conseguir medidas antiviolencia más allá del estado, y son menos dadas que las feministas blancas a presionar a favor de incrementar la acción policial para “protegernos”. La principal violencia que sufren las comunidades negras sigue siendo la que viene del estado. Las comunidades negras (e indígenas) siempre se llevan la peor parte de la criminalización, sea por la vía de la legislación contra el sexo, las drogas, o incluso la ocupación del espacio público. De hecho, la población negra encarcelada en Canadá ha crecido casi un 90% desde 2003, como resultado de la descarada persecución policial discriminatoria, la sobrevigilancia, y el acoso sufridos por la población negra en todas las ciudades de Canadá y Estados Unidos. Recientemente, la campaña #BlackLivesMatter ha logrado en alguna medida poner de manifiesto la guerra silenciosa del estado contra las mujeres negras. La persecución policial por motivos de raza y el asesinato policial de las mujeres negras es menos mediático, pero no es menos real, como las feministas negras, entre otras, continúan señalando/7. Todavía nuestras vidas (y nuestras muertes) tienen poco valor en América.

¿Dónde dejan las estrategias pro orden público promovidas por estas defensoras antiesclavitud a las trabajadoras sexuales negras, y más en general a las mujeres negras cis y trans? En el contexto de un racismo antinegro desenfrenado, más policía en las calles y más vigilancia de los locales de trabajo sexual inevitablemente significa más agresiones a las mujeres negras y las trabajadoras sexuales negras, especialmente a las mujeres trans. La comisión de Derechos Humanos de Ontario encontró que muchas mujeres negras fueron fichadas por la policía porque “consideró que eran prostitutas debido a que estaban en un coche con un hombre blanco que supusieron que era un cliente”/8. Las mujeres negras que venden sexo son un blanco preferente de las fuerzas policiales; el Proyecto Paraguas Rojo, surgido en Nueva York, ha mostrado hace poco que las acusadas negras suponían el 94% de las acusaciones por el delito de “deambular con el objetivo de prostitución”. Donde hay persecución policial por la raza, que ya es una forma de daño, hay agresión y violencia, y se ha observado que las trabajadores sexuales sufren altas tasas de agresión sexual por la policía/9. La violencia del sistema penal es aún más silenciada cuando se ejerce sobre trabajadoras sexuales negras transgénero, como se vio trágicamente ejemplificado en la reciente muerte de Mya Hall, una trabajadora sexual negra transgénero a la que mató la policía, y el silencio mediático casi total en torno a su muerte/10. Las trabajadoras sexuales negras con demasiada frecuencia viven con miedo de perder a sus hijos e hijas, de perder la única fuente de ingresos con la que mantener a sus familias, y en algunas ocasiones, con miedo de perder sus vidas.

#AboliciónRealYa: nuestros movimientos abolicionistas siguen activos

La abolición de la esclavitud “oficial” se ha conseguido, pero la abolición de su terrible legado está muy lejos de conseguirse, por eso, en justicia no se puede tomar prestada la causa de la abolición para aumentar la popularidad de las causas políticas de las estrellas y las ONG con muchos fondos. Aunque se han apropiado de la “abolición”, no pienso ceder sin rechistar el legado de la esclavitud y el abolicionismo negros a quienes abusan de ellos. Apropiarse del horror de la esclavitud negra para presionar por una mayor persecución policial de los cuerpos y los lugares de trabajo de las mujeres (a menudo negras cis y transgénero) es algo peligrosamente equivocado: el daño infligido a los cuerpos de las mujeres negras durante cientos de años de actividad policial racista y encarcelamiento habla por sí mismo. El legado de la abolición de la esclavitud pertenece a quienes todavía están viviendo (y muriendo) sus consecuencias. No hay lugar para un abolicionismo que lucha por más –y no menos– control policial, en un contexto en el que cientos de miles de vidas negras se ha perdido a causa de la actividad policial y parapolicial en los estados Unidos y Canadá en las últimas décadas.

Solamente uniéndonos para acabar con la guerra del estado contra las mujeres negras, incluyendo las mujeres trans negras y las trabajadoras sexuales negras, y para acabar con el sufrimiento negro, podemos considerarnos realmente abolicionistas. Para combatir el legado actual de la esclavitud debemos enfrentarnos al sufrimiento negro y no contribuir a él.

9/9/2015

http://www.thefeministwire.com/2015/09/blacksexworkerslivesmatter-white-washed-anti-slavery-and-the-appropriation-of-black-suffering/

Robyn Maynard es una feminista negra canadiense, activista contra la violencia racista del estado.

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/ https://sexworkresearch.wordpress.com/2013/07/08/popular-claims-vs-evidence-based-conclusions-in-human-trafficking/, http://www.antitraffickingreview.org/index.php/atrjournal/article/view/62/60

2/ Para mas información, John Lowman’s Brief to the Senate Committee on Legal and Constitutional Affairs on the Protection of Communities and Exploited Persons Act.

3/ http://robynmaynard.com/237-2/

4/ http://www.pivotlegal.org/new_research_shows_criminalization_of_clients_endangers_vancouver_sex_workers_and_violates_their_human_rights

5/ World Health Organization, Violence against sex workers and HIV prevention 2005; UN AIDS, UNAIDS, Guidance Note on HIV and Sex Work, 2009.

6/ Entrevista a Angela Davis. “Mujeres en prisión: estrategias de transformación”. Renacimiento Negro nº1.

7/ http://www.theguardian.com/commentisfree/2013/jul/12/trayvon-martin-female

http://www.thenation.com/article/sayhername-shows-black-women-face-police-violence-too-and-pregnancy-and-motherhood-are-n/

8/ Report of the Commission on Systemic Racism in the Ontario Criminal Justice System. Toronto: Queen’s Printer for Ontario, December 1995

9/ Un informe de Naciones Unidas del 2007 citaba un estudio realizado en Chicago el año 2002 según el cual el 30% de las bailarinas exóticas y el 24 % de las trabajadoras sexuales de calle que habían sido violadas habían identificado a un policía como el violador. Aproximadamente el 20% de otros actos de violencia sexual habían sido cometidos por la policía: In the shadows of the war on terror: Persistent police brutality and abuse of people of color in the United States A report prepared for the United Nations Committee on the Elimination of Racial Discrimination; publicado en diciembre de 2007 y escrito por Ritchie y Mogul, DePaul College of Law Civil Rights Clinic, 28.

10/ http://www.dailydot.com/lifestyle/transgender-sex-worker-mya-hall-death-nsa/



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