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Sanidad
¿Quieres ganar dinero? ¡Invierte en sanidad!
14/10/2015 | Laia Altarriba

"El sector sanitario está en constante evolución y consolidación, cosa que amplía el campo para encontrar nuevas vías de inversión. La demanda de los
consumidores emergentes, la austeridad económica y los cambios normativos están generando nuevas oportunidades". A partir de estos planteamientos Fidelity
Investments, uno de los principales fondos de inversión del mundo, en un opúsculo del 2013, daba consejos para sacar el máximo de beneficio de la inversión
en las diversas áreas de negocio ligadas a la salud.

Que invertir en salud es un buen negocio lo constataba, nuevamente, el pasado mes de junio, el ranking de la prestigiosa revista económica ’Forbes’, que
sitúa varios pesos pesados del sector sanitario internacional entre las 100 compañías del mundo con más beneficios. Este sector está encabezado por la rama
de equipos y suministros médicos de Johnson & Johnson, que es la 34ª empresa más grande del mundo, con una capitalización bursátil de 244 600 millones
de euros. En el lugar 48 del ranking encontramos la farmacéutica Pfizer (cuya capitalización es de 187 800 millones de euros), en el puesto 52 se encuentra
Novartis (241 800 millones de euros) y en el 65 la compañía de servicios de salud United Health Group (99 400 millones de euros).

En el otro extremo de la balanza, el mismo mes de junio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaba que 400 millones de personas en el mundo no
tienen acceso a los servicios sanitarios más básicos. Además, añadía que el 6% de la población de países de ingresos bajos y medios han caído en la pobreza
extrema precisamente por los gastos médicos. A la vez, la propia OMS está viendo fuertemente amenazada su independencia por la presión de corporaciones y
fundaciones privadas como la Gates Foundation, o empresas como GlaxoSmithKline, Hoffmann-Roche, Novartis, Bayer, Merck y Pfizer entre otras, cuyas
donaciones ya representaron el 77% del presupuesto de este organismo internacional en el 2014.

Sistemas de salud y beneficio privado, la ecuación de la desigualdad

Pero, ¿cómo se lo montan las empresas para hacer negocio? En buena parte lo hacen con la mercantilitzación y privatización de los sistemas sanitarios,
donde consiguen quedarse con una parte del dinero público destinado a la sanidad. Y lo pueden hacer a través de varios métodos, en buena medida basados en
los procesos conocidos como la “Nueva Gestión Pública” (NGP), a través de la cual se introduce el sector privado y los mecanismos de competencia en la
función pública. Así, por una parte, en muchos sistemas sanitarios hay participación privada a través de la gestión de centros hospitalarios, centros de
atención primaria o de otras áreas de atención. También se introducen sistemas de copago por servicios específicos o por la totalidad de la atención
sanitaria. Y por otra, hay lugares en que el gasto gubernamental no llega a cubrir las necesidades de asistencia sanitaria de forma adecuada, y esto obliga
a la contratación de servicios privados por parte de las personas que se lo pueden pagar.

Conciertos sanitarios y mercantilització sanitaria

La gestión sanitaria privada de centros públicos es una práctica que se ha ido extendiendo durante las últimas décadas en todo el mundo. Se trata de
contratar los servicios de empresas privadas que disponen de centros de hospitalarios o ambulatorios para que presten su servicio en la red pública, en lo
que se conoce como conciertos sanitarios. Esta práctica, también conocida como el modelo PPP ("Public-Private Partnership"), o de colaboración
público-privada, es una vieja conocida de la sanidad en Cataluña, puesto que el sistema catalán de salud nació como fórmula mixta pública-privada a
principios de los años ochenta. La Ley de Ordenación Sanitaria de Cataluña (LOSC) en 1990 separó las funciones de compra y provisión de servicios, y la
posterior reforma de 1995 introdujo formalmente "el ánimo de lucro” en la sanidad pública. Durante estos últimos años las políticas de la consejera Marina
Geli, intensificadas por las del consejero Boi Ruiz, han aumentado la imbricación del sector privado dentro de la esfera pública, con el propósito
anunciado de fomentar la eficiencia pública pero con la consecuencia de que las compañías privadas que participan en esta consigan beneficios.

El Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud - Employment Conditions Network (GREDS-EMCONE) de la Universitat Pompeu Fabra ha revisado las cifras de
la colaboración público-privada detallando que “los recortes presupuestarios no se han distribuido homogéneamente entre los diferentes proveedores del
CatSalut”, puesto que “minetras que el Institut Català de la Salut ha visto reducido su presupuesto un 12,9% entre el 2010 y el 2014, el recorte a la
concertación en este mismo periodo no ha superado el 8,7%”. Además, añaden que “entre 2010 y 2012 las entidades privadas con ánimo de lucro mantienen el
importe de los contratos con el CatSalut, mientras que el resto de entidades -benéficas, públicas o semipúblicas-, aunque con diferentes variaciones,
experimentaron reducciones de sus presupuestos”.

Los modelos de financiación privada y de cómo la Marea Blanca lo paró en Madrid

Pero por si no había bastante con el sistema de conciertos, Australia ideó a finales de los años ochenta una fórmula para ir todavía más allá. Se trata del
modelo conocido como PFI (Private Finance Initiative), que consiste en la financiación privada de iniciativas públicas, como, por ejemplo, las
infraestructuras de hospitales. A inicios de los años 90, el gobierno del Reino Unido, entonces controlado por el conservador John Mayor, adoptó este
modelo, que suponía ir más allá del proceso mercantilitzador iniciado una década antes con Margaret Thatcher. A pesar de las críticas iniciales de la
oposición laborista, los sucesivos gobiernos británicos, tanto de los conservadores como de los laboristas, han intensificado esta práctica. El PFI
consiste en que sea una empresa privada quien se encargue, por ejemplo, de la construcción de un centro hospitalario con el compromiso de quedarse la
gestión (y con los beneficios) del centro cuando se este se pone en marcha. De esta manera, la institución pública mantiene el control sobre la nueva
infraestructura pero se ahorra tareas de administración. Durante estos últimos años, sin embargo, han crecido las críticas a este sistema no sólo por la
mercantilitzación que supone de la sanidad y las consecuencias negativas sobre la atención sanitaria por el afán de lucro de los gestores, sino porque este
modelo comporta un enorme endeudamiento por el gobierno, puesto que la financiación privada acaba generando todavía mayores costes.

A finales de los años 90 en el País Valenciano se empezó a implantar este modelo. La Comunidad de Madrid también lo adoptó a partir del 2000, primero con
Alberto Ruiz Gallardón como presidente autonómico, y después con Esperanza Aguirre, que intensificó todavía más la apuesta con la cesión del Hospital de
Valdemoro a la empresa Capio. Más de una década después, este modelo acabó desatando un potente movimiento social de protesta, la Marea Blanca, que
aglutinaba profesionales sanitarios y usuarios, y que el 2014 consiguió pararlo. Los críticos aseguraban que “estos centros [hospitalarios gestionados con
el modelo PFI] cuestan a los madrileños entre 7 y 8 veces más que los de gestión tradicional”. La Coordinadora Anti-Privatización de la Sanidad Pública de
Madrid detallaba que “las empresas propietarias de los ocho nuevos hospitales no sólo han recuperado ya el 100% de la inversión (840 millones de euros),
sino que este año [2014] ya sumarán 150 millones de euros de beneficios”. Y mientras tanto, lamentaba, “se han cerrado centenares de camas en los
hospitales públicos”.

Copago... o repago

El copago es un sistema que consiste en pagar para recibir un servicio médico de la sanidad pública, por lo cual varios grupos en defensa de la sanidad
pública le han denominado “repago”, dado que el sistema sanitario ya se sustenta en los impuestos pagados ya por la ciudadanía. Varios estudios
científicos, de todo el mundo, han demostrado que la implantación de esta práctica es una fuente de desigualdad porque el hecho de tener que pagar
dificulta a la población con menos recursos poder acceder a los servicios. Por ejemplo, un estudio del 2010 reveló en los Estados Unidos que el copago por
la atención médica en pacientes mayores de 65 años redujo la atención ambulatòria (20%), pero que en cambio aumentó las hospitalizaciones (2,2%) y la
duración de las estancias hospitalarias (13,4%), sobre todo de quienes estaban en peor situación económica y con enfermedades crónicas. Otra investigación
en el mismo país mostró que el copago reducía la utilización de la atención sanitaria entre los niños y niñas más pobres. En Cataluña, durante los meses en
qué funcionó el denominado “euro por receta”, se dieron casos como el hecho de que algunas personas enfermas y con graves dificultades económicas hicieron
“huelga de medicamentos” porque no tenían bastante dinero para sufragar su coste.

Pagar por los servicios sanitarios comporta más desigualdades en salud

Joan Benach, profesor de la UPF y director del GREDS-EMCONET, alerta que “la mercantilitzación es un proceso general del capitalismo neoliberal de los
últimos treinta años ya planeado en los ochenta por instituciones como el Banco Mundial, pero que se ha agudizado cada vez más los últimos años con la
excusa de la crisis, y hay grupos económicos, además de políticos, gestores e ideólogos, que son responsables”. Y asegura que los estudios científicos
llevan a concluir de forma contundente que “la atención sanitaria pública se asocia con una menor mortalidad y con menos desigualdades en salud según la
clase social, el género, la etnia y la situación migratoria”. Añade que los resultados sanitarios de los sistemas de salud son mejores cuando se basan en
la atención primaria de la salud, priorizan actuaciones locales, con un equilibrio entre las intervenciones curativas, la prevención y la promoción de la
salud, y evitan la medicalización de la salud. Y que, por el contrario, pagar por los servicios sanitarios tiene como resultado reducir el uso y empeorar
los resultados de salud, y aumentar las desigualdades.

La correlación entre la creciente mercantilización de la sanidad y la generación de desigualdades en salud se puede constatar en todo el mundo. En los EE
UU, el modelo sanitario privado ofrece la mejor calidad de atención a quienes la pueden pagar, mientras decenas de millones de personas no tienen acceso a
la sanidad. En Cataluña, según han denunciado algunos colectivos como la Plataforma por una Atención Sanitaria Universal, todavía hay miles de personas
excluidas del sistema sanitario.

En los países empobrecidos la situación es mucho peor. Por ejemplo, en el caso de Etiopía, hay más médicos autóctonos que han marchado a trabajar en
Chicago que aquellos que permanecen en el propio país. En Mozambique, la gran mayoría de la población no dispone de un servicio público de atención
primaria de una mínima calidad, mientras que la clase alta a menudo es atendida en los hospitales privados de Maputo, la capital, o de Sudáfrica cuando
sufre enfermedades graves. Mientras ocurre todo esto, los accionistas de Johnson & Johnson, Pfizer, Novartis o United Health Group miran los balances
económicos a finales de mes y evalúan si pueden presionar a este o aquel otro gobierno para que emprenda medidas que todavía los sean más ventajosas para
seguir ganando dinero y continuar engrosando sus bolsillos.


Laia Altarriba, periodista, forma part de la junta del Grup de Periodistes Ramon Barnils. Con el asesoramiento de Joan Benach, Joan Benach es profesor
e investigador de salud pública y director de GREDS-EMCONET (Dpto. Ciencias Políticas y Sociales, UPF)

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9/9/2015

Traducción: VIENTO SUR

http://www.elcritic.cat/blogs/lapitjorepidemia/2015/09/09/vols-guanyar-diners-inverteix-en-sanitat/



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