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ETA
La persecución del espectro
08/10/2015 | Joseba Barriola

Los espectros, llámense espíritus, fantasmas, ánimas en pena o almas errantes, tienen una presencia abrumadora en todas las memorias orales de todos los pueblos del mundo; también en lo que llamamos Occidente. Los pueblos que han decidido y/o han podido transcribir en letras esa memoria oral tienen, también, una amplia literatura popular donde pululan los espectros.

En la literatura más intelectual son referenciales las obras en las que los espectros juegan un papel vital. Tenemos el caso del espectro del Mío Cid el Campeador, del que se dice que ganaba victorias después de muerto. No las ganaba el muerto, sino el espectro del muerto. En el otro extremo de la producción literaria occidental contamos con la increíble novela “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, donde vivos y fantasmas de muertos hablan y se prestan mutua ayuda y memoria. Entre medio de ambos, recordamos a Dante guiado al Cielo por el espectro de Beatriz, que ya estaba muerta. A comienzos del siglo XX, Nietzche afirma la muerte de Dios. Aclaremos que no afirmó la muerte de los que pretenden ser la voz de Dios, las estructuras eclesiales. Pero tras Nietzche, lo que queda, ¿el espectro de Dios?, sigue actuando en formas espectaculares, entre las cuales destacaré solamente la teología de la liberación, que ella misma parece un espectro de si misma, que aparece y desaparece en forma de Movimiento de los Sin Tierra, y otros, con millones de implicados.

Pero en este momento, de todos los famosos espectros de la literatura quiero hacer mención a dos de los más famosos. Por un lado, el espectro del Rey de Dinamarca, padre de Hamlet, asesinado por su hermano, tío de Hamlet, con la complicidad de su esposa, madre de Hamlet, que tras el asesinato de su esposo el Rey, se casa con su amante, (cuñado suyo, hermano de su esposo y tío de Hamlet), que es proclamado nuevo Rey de Dinamarca. Y por otro lado el famoso fantasma “que recorre Europa: es el fantasma del comunismo Todas las potencias de la vieja Europa se han aliado en una sacrosanta cacería de este fantasma.” (Carlos Marx).

El espectro del Rey de Dinamarca, es y no es, aparece y desaparece. Y solamente hace una cosa: decir la verdad. Espera que la verdad que anuncia florezca. Pero sólo hace una cosa: hablar la verdad. ¿Qué es lo que dice? Lleva aparte a Hamlet y le dice dos cosas: 1.- “Soy el espíritu de tu padre, condenado por cierto plazo… hasta que se quemen y purifiquen los turbios delitos que cometí en mis días naturales” Esto es, reconoce los turbios delitos, reconoce su parte en la generación de dolor, pero no reniega de su condición de Rey de Dinamarca. 2.- “Escucha ahora, Hamlet: se ha dicho que una serpiente me mordió cuando dormía en mi jardín: así se ha engañado pútridamente todo oído de Dinamarca con un falso relato de mi muerte, pero has de saber, noble joven, que la serpiente que mordió la vida de tu padre, lleva ahora su corona”. Es decir, tiene una verdad que afirmar (el asesinato de que ha sido víctima) y una mentira que denunciar (el falso relato que engaña pútridamente todo oído de Dinamarca).

El fantasma del comunismo comunica una verdad, que es el propio Manifiesto Comunista, y señala un falso relato mentiroso y calumnioso: “Todas las potencias de la vieja Europa se han aliado en una sacrosanta cacería de este fantasma… ¿Dónde está el partido opositor al cual sus adversarios en el gobierno no hayan tildado de comunistas? ¿…que no haya lanzado de retorno la estigmatizadora acusación de comunismo…? El fantasma del comunismo habla dice una verdad y denuncia una mentira: sacrosanta cacería, tildados de comunistas, estigmatizadora acusación.

El espectro o fantasma pues, es y no es. Es espectro de un muerto, pero está vivo: habla y dice una verdad y su palabra florece en acción. El espectro del Rey de Dinamarca no blande la espada, no hace atentados, simplemente habla la verdad y desvela la mentira. El fantasma del comunismo, es el fantasma de un muerto que habla, manifiesta la verdad de la explotación de los últimos milenios, y denuncia falsos relatos. Luego vive, sólo habla y su palabra florece en acción. Por ello el espectro o el fantasma, es, por sus características, invencible. El Rey de Dinamarca puede ser vencido. Los comunistas de la revolución francesa, los niveladores de la revolución inglesa, los campesinos de Munster, los pobladores de la revuelta de Massinelo en Nápoles, pueden ser derrotados. El fantasma del comunismo resulta no vencible. Este tipo de fantasmas sólo desaparecen cuando la verdad que manifiestan florece y la mentira que desvelan fenece.

Cualquier comparación con el presente político de Euskal Herria y de los gobiernos de los Estados español y francés, no es casualidad, sino totalmente pertinente. Estos Gobiernos han establecido una santa coalición entre los poderes de la República francesa y los poderes de la Monarquía española. A esa coalición se han sumado todos los constructores y defensores del régimen del 78 (PP-PSOE, Convergencia y Unión, UPN, PNV, la jerarquía de Rouco Varela, la flor y nata de los doctores de Universidad…). Esta coalición persigue un fantasma, un fantasma que sólo habla, un fantasma que aparece y desaparece en sus ocasionales comunicados y que es aparecido por detenciones calculadas en el tiempo, de militantes de una organización armada que ya no existe. Que decidió hace más de tres años, acabar con una de sus señas de identidad, la inevitabilidad de la lucha armada para lograr la autodeterminación de Euskal Herria. Desde esa fecha no hay organización armada llamada ETA. Y los repetidos comunicados, gusten más o menos, reafirman una y otra vez su decisión de abandonar la lucha armada. Es el fantasma de ETA. Sólo existe una coalición de la vieja España y de la vieja Francia, que se empeña en la cacería imposible de un fantasma, que ya no existe pero habla.

Ya no existe, porque decidió acabar, morir como organización armada. Y fue decisión difícil para ETA, tomada, seguramente, muy tarde y tras fuertes debates, en condiciones realmente difíciles de acoso y dificultad cada vez mayor no solo en el plano de la lucha armada sino de acoso y cercamiento en los terrenos políticos, mediáticos y financieros. Pero la decisión fue de ETA. Lo mismo que la decisión y realización de atentados fue decisión de ETA, la decisión de acabar con la “inevitabilidad de la lucha armada” fue decisión suya. Así lo hizo público y así lo ha reafirmado desde entonces. Esa decisión convierte a ETA en un fantasma que habla, que sólo avisa de la maniobra de un falso relato y anuncia una verdad: Euskal Herria sigue siendo una nación oprimida.

Y es cierto que Euskal Herria sigue siendo una nación a la que se le prohíbe incluso hacer una consulta. Una nación que contra su manifestación expresa en referendum organizado por el estado español, es forzada a ser parte de la OTAN. Una nación a la que se le cierra el primer y único periódico diario euskaldún, en un juicio que a los años declara la inocencia de todos los detenidos y torturados.

Y es cierto que la Santa Coalición de estas seudo-democracias (“lo llaman democracia y no lo es”, afirmaba todo el M-15 en Madrid) francesa y española exigen al fantasma un relato, disfrazado de ética universal y profundamente inmoral: exigen el reconocimiento de que España es una democracia; los que ejercen violencia extrema (guerra de Irak, guerra de Afganistán, golpe de estado contra Chávez, participación en todas las guerras de la OTAN…) para conseguir objetivos políticos (derrocar al chavismo-¿-, implantar la democracia en Irak -¿-…) esos mismos exigen al fantasma que diga que toda violencia, venga de donde venga y sea cuando sea es ilegítima; los mismos que sin condena (sino con amnistías) y sin pedir perdón por los crímenes del franquismo, fueron bautizados de demócratas, exigen al fantasma el arrepentimiento y a todos la condena. Los defensores de la ética universal, recurren a la ética inquisitorial. Las brujas eran condenadas a la hoguera, hicieran o dijeran lo que hicieran o dijeran. Si reconocían su brujería, iban a la hoguera; si no la reconocían, iban a la hoguera por mentirosas.

Finalmente, al igual que el espectro del Rey de Dinamarca, que reconocía que estaba “condenado por cierto plazo… hasta que se quemen y purifiquen los turbios delitos que cometí en mis días naturales”, el fantasma de ETA ha reconocido públicamente que su lucha armada ha ocasionado sufrimiento y en ocasiones sufrimiento radicalmente innecesario en ambas partes del enfrentamiento; ha reconocido que ha habido efectos colaterales, que lamenta ese sufrimiento y que todo él habría sido evitado si los derechos mínimos del pueblo vasco hubieran sido reconocidos en el año 78, en vez de ser sacrificados en el altar de los poderes franquistas.

Podrán detener a uno y otro militante actual de ETA, podrán erradicar toda su dirección (ya no dirección militar, sino dirección política deseando entregar las armas que les quedan) y sin militantes y sin dirección el fantasma de ETA, el que habla, no el que practica lucha armada, seguirá apareciendo y desapareciendo hasta que su afirmación verdadera y su denuncia de la falsa ética del relato que se quiere imponer florezcan en una verdadera fiesta de la libertad, del pueblo vasco y de todos los pueblos sometidos al estado español, especialmente la libertad del pueblo español y el fin de sus cadenas: la herencia del imperio colonial español, la herencia del caciquismo, la herencia del franquismo, la herencia del juancarlismo. Herencia que hay que conocer para construir otro camino, radicalmente distinto, hacia el futuro.

08/10/2015



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