Grabar en formato PDF
Una evolución que inquieta a Egipto
Paulatino acercamiento entre Arabia Saudita y los Hermanos Musulmanes
07/10/2015 | Alain Gresh

Exhaustos los levantamientos árabes, la dinámica esencial de la región está marcada por las rivalidades entre Riad y Teherán. En este enfrentamiento, Arabia Saudí se ha acercado prudentemente a unos Hermanos Musulmanes a los que ha combatido ferozmente hasta ahora.

A comienzos de febrero de 2014, la prensa saudí publicaba un real decreto que castigaba con entre tres y veinte años de prisión “toda pertenencia a corrientes religiosas o intelectuales, a grupos o formaciones definidas como terroristas nacional, regional o internacionalmente; todo tipo de apoyo a su ideología o a sus puntos de vista, toda expresión de cualquier tipo de simpatía hacia ellos”. La principal formación en el punto de mira: los Hermanos Musulmanes. Además, el reino no había ahorrado apoyos al golpe de estado militar en Egipto del 3 de julio de 2013, que había derrocado al presidente electo Mohamed Morsi proveniente de los Hermanos Musulmanes y llevado al poder al jefe del ejército Abdel Fattah Al-Sissi. Dieciocho meses más tarde, el paisaje se ha transformado. Riad acoge delegaciones del Hamás palestino, de Ennahda tunecina o de Al-Islah yemenita, tres organizaciones ligadas a los Hermanos Musulmanes, mientras que la retórica de los medios saudís -al contrario que la de sus homólogos de los Emiratos Árabes Unidos- se ha vuelto más matizada y más sutil en lo que se refiere a los Hermanos Musulmanes.

El cambio saudí no tiene nada que ver con la religión, con lecturas divergentes de El Corán. Tiene que ver con la geopolítica y la forma en que los dirigentes de Riad perciben el contexto regional. En la historia reciente las relaciones con los Hermanos Musulmanes habían conocido ya altos y bajos. En los años 1950 y 1960, el reino sirvió de refugio a los cuadros del movimiento perseguidos en Egipto, Siria e Irak. A partir de 1979, la alianza -apadrinada por los Estados Unidos- se consolidó en el terreno afgano, en la lucha contra la Unión Soviética, “el imperio del mal”. Pero la primera guerra del Golfo de 1990-91 y el final de la guerra fría pusieron término a esta buena relación.

Han destruido el mundo árabe”

Fue en un diario kuwaití, Al-Seyassah, donde el poderoso Ministro del Interior Saudí de entonces, el príncipe Nayef, detallaba en 2002 sus críticas a la organización: “Los Hermanos Musulmanes son la causa de la mayor parte de los problemas del mundo árabe y han provocado grandes estragos en Arabia Saudí. Hemos apoyado demasiado a ese grupo y han destruido el mundo árabe /1. El príncipe recordaba que durante la crisis del Golfo de 1990-91, los Hermanos Musulmanes no les habían apoyado contra Saddam Hussein. El príncipe evitaba sin embargo mencionar otra causa de su furor, compartida por otros emires de la región: la implantación de los Hermanos Musulmanes en el seno de las sociedades del Golfo y su participación, desde la guerra de Kuwait, en las protestas que sacudieron al reino, a través del movimiento de los años 1990 en favor de una monarquía constitucional. Pues su visión política -un Estado islámico, cierto, pero basado en elecciones- diverge de la de la monarquía, fundada en la lealtad sin fisuras a la familia real saudí. Ésta, por otra parte, había preferido financiar las diferentes corrientes salafistas, cuya negativa a intervenir en el campo político y el llamamiento a apoyar a los poderes vigentes, cualesquiera que fuera -tanto la familia real como Hosni Mubarak-, la tranquilizaba.

Objetivo Teherán

Desde la debacle de los Hermanos Musulmanes en Egipto, la obsesión principal de los dirigentes saudís se ha focalizado en Irán. Su objetivo prioritario es contener esta “amenaza” en Irak, Siria, Líbano, Palestina y Yemen, llamando en particular a la edificación de un “frente sunita” contra los “herejes chiítas”. Esta opción se volvió aún más urgente con el acuerdo nuclear firmado entre los 5+1 [firmado en julio de 2015 entre Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania. NdT] e Irán y la perspectiva de una distensión entre Washington y Teherán.

La dinastía reinante ha explorado por tanto nuevos canales de discusión con los Hermanos Musulmanes, ciertamente de forma prudente, pero con determinación. Prudentemente, porque a medio plazo, los Hermanos siguen siendo un peligro, en particular en el interior del reino; con determinación, pues la amenaza iraní es prioritaria a corto y medio plazo. Según fuentes próximas a esta organización, estos contactos fueron esbozados en los últimos meses del reino del rey Abdalá, pero se han intensificado desde su muerte el 23 de enero de 2015, y el acceso al trono de su hermanastro Salman. Su política mucho más voluntarista en el plano regional, que confirma la intervención militar saudí contra Yemen, aérea primero y posteriormente terrestre, plantea al reino la necesidad de construir un “frente sunita”.

Ha sido en primer lugar en el terreno yemenita donde se ha realizado este acercamiento, facilitado por el apoyo de los Hermanos Musulmanes de diferentes países a la ofensiva militar dirigida por Riad. Al-Islah, la organización yemenita emparentada con los Hermanos Musulmanes, se ha enfrentado casi desde el comienzo a los hutíes y se ha encontrado por tanto de forma natural en el seno de la coalición apoyada por Riad en la que juega un papel militar no despreciable en la persona del general Ali Mohsen Al-Ahmar. Tras la toma de Adén por las fuerzas de la coalición en agosto, el gobierno “oficial” ha nombrado a Nayef Al-Bakri, un miembro de Al-Islah, gobernador de la ciudad de Adén, pero este nombramiento ha suscitado tensiones, así como el descontento de los Emiratos Árabes Unidos, muy presentes militarmente, y su situación está aún en suspenso. Uno de sus dirigentes, Abdel Majid Al-Zindani, así como otros cuadros, se han refugiado en Riad, donde todavía el año pasado tenían prohibida su estancia. Riad no duda en dejar más o menos el campo libre a Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) en el sudeste, en la región de Mouqallah, que la organización ya controla.

Siria es el único país árabe en el que Arabia Saudí, tras varios meses de dudas, se ha implicado a favor de la caída del régimen. A pesar de las evoluciones de la política americana e incluso francesa, el régimen saudí, igual que el gobierno turco, sigue pareciendo determinado a derrocar a Bachar Al-Assad. Bajo la dirección de Ankara, con la ayuda de Qatar, se ha emprendido un movimiento de unificación de las fuerzas islamistas en el seno del Ejército de la Conquista, una coalición en la que participan no solo los Hermanos Musulmanes, sino también el Frente Al-Nusra, el ala siria de Al Qaeda.

Sumar a Hamás

Último ejemplo de estas inflexiones saudís, Hamás, durante mucho tiempo cercano a Irán, pero cuya dirección abandonó Damasco en 2012 y oscila entre la solidaridad con los Hermanos Musulmanes en Siria y otras partes, e Irán, que le ha proporcionado una ayuda militar no despreciable. Si bien en numerosas ocasiones el año pasado había sido anunciada la visita de Khaled Mechaal, jefe del Secretariado Político de la organización a Irán, ha sido finalmente a Arabia a donde ha ido en julio de 2015. Ha podido reunirse con el rey, el príncipe heredero y el vice príncipe heredero, y poner fin así a unos roces de varios años. Ha obtenido la liberación de los presos de Hamás en el reino y provocado la ira de los iraníes. “No es el primer error de Hamás (…). Ya se le ha prevenido, pero no ha comprendido (…). Si Hamás no corrige su línea, no podrá seguir utilizando el poder de la República Islámica de Irán”, ha declarado Mansur Haqiqatpur, vicepresidente de la Comisión para la Seguridad Nacional y la Política Exterior del Parlamento /2.

La ira de El Cairo

Este acercamiento ha indispuesto también, incluso más, a Egipto, cuando éste prosigue su bloqueo a Gaza y contempla, tras haber destruido más de 3000 edificios en la frontera, inundar los túneles. Y oír al dirigente de Ennahda Rached Ghannuchi plantear, con ocasión de su viaje a Riad en junio de 2015, una reconciliación entre El Cairo y los Hermanos Musulmanes ha añadido motivos de malestar. Para El Cairo, no existe ninguna diferencia entre los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda y la Organización del Estado Islámico (OEI) -el mismo paralelo es planteado por el gobierno israelí a propósito de Hamás. Una gran parte de la legitimidad del poder está fundada en el hecho de que habría “salvado” al país de los Hermanos Musulmanes.

Si los medios oficiales niegan toda degradación de las relaciones entre las dos capitales, si éstas tienen demasiados intereses en común para enfrentarse, la lectura de los medios egipcios, cuyo grado de independencia respecto al poder no ha sido nunca tan reducido desde el reinado de Gamal Abdel Nasser, constituye un buen barómetro de las inquietudes egipcias. Así, el semanario gubernamental Roz El-Youssef ha publicado a fines de julio, con ocasión de la visita del Mariscal a Riad, un texto del periodista Ahmad Shawqi Al-Atta afirmando que “Arabia Saudí había vendido a Egipto” y llamando a la recuperación de las relaciones diplomáticas con Irán, una demanda apoyada al mismo tiempo por el célebre periodista Mohamed Hassanein Heikal, antiguo consejero de Nasser, en el diario libanés Al Safir /3.

Si, en el tema yemení, Egipto ha apoyado la intervención saudí -pero se sigue negando a enviar tropas sobre el terreno-, en el asunto sirio El Cairo sigue muy reticente respecto a las estrategias que tienen por objetivo la caída del régimen. Sin embargo, el diario gubernamental Al-Ahram ha traspasado una línea publicando el 9 de septiembre un artículo de un importante periodista, antiguo presidente del sindicato de periodistas bajo Mubarak, Makram Mohammed Ahmed, denunciado a quienes “habían apoyado el plan americano de reparto del Próximo Oriente” y saludando al ejército sirio que defendía la soberanía del país. Añadía que los refugiados no huyen de Bachar Al-Assad, sino de la Organización del Estado Islámico y denunciaba a quienes apoyan al Ejército Sirio Libre, compuesto, en su opinión, por los Hermanos Musulmanes. Y su conclusión confirmaba el tono general del artículo: “Cualesquiera que sean los crímenes cometidos por Assad, son pequeños en relación a los perpetrados por los terroristas”.

Como se ve, la amistad sin fisuras entre Arabia Saudí y Egipto es un mito. Y , a pesar de su convergencia estratégica, los dos países deberán contemporizar con sus divergencias, a la sombra -siempre terrorífica para El Cairo- de los Hermanos Musulmanes.

29/09/2015

http://orientxxi.info/magazine/rapprochement-a-petits-pas-entre-l-arabie-saoudite-et-les-freres-musulmans,1032

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Alain Gresh, “Les islamistes à l’épreuve du pouvoir”, Le Monde diplomatique, novembre 2012. http://www.monde-diplomatique.fr/2012/11/GRESH/48337

2/ “Can Saudi Arabia outbid Iran on Hamás?”, BBC Monitoring, 29/07/2015.

3/ “Calls in Egypt media to mend ties with Iran, amid perceived tension with Saudis”, BBC Monitoring 19/08/2015.



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons