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Unión Europea
Eurogrupo, ¿por qué tanto odio?
02/10/2015 | Cécile Ducourtieux

La reunión del Eurogrupo del sábado 12 de septiembre en Luxemburgo se anuncia menos apasionada, menos crucial y, reconozcámoslo, mucho menos excitante que las que se han sucedido a un ritmo infernal entre febrero y julio para tratar de resolver la crisis griega. Ahora que Atenas ha evitado la “grexit” y arrancado un nuevo plan de ayuda –el tercero, de 86 000 millones de euros–, los 19 ministros de Hacienda de la zonadel euro han recuperado su ritmo habitual: una reunión cada mes aproximadamente con un orden del día consensuado. En esta ocasión, mañana sábado, un debate sobre el estado de la economía en la zona del euro y un “balance de situación” sobre Grecia y Chipre…

En la reunión participará el muy discreto y competente George Chuliarakis, ministro griego de Hacienda en funciones. Se acabaron las conferencias de prensa improvisadas de su brillante predecesor, YanisVarufakis, o las declaraciones asesinas de sus colegas alemán, finlandés, austriaco y también eslovaco, superadas por la locuacidad y los posicionamientos radicales de aquel. Pese a haber dimitido a comienzos de julio, Varufakis sigue leyéndoles la cartilla desde la distancia. Estas últimas semanas ha venido multiplicando las críticas al Eurogrupo, afirmando por ejemplo que este embrión de gobierno de la zona del euro es un “monstruo” opaco que adolece de un grave déficit democrático y está siendo vampirizado por Wolfgang Schäuble, el ministro de Hacienda alemán. En uno de sus últimos comentarios en su blog, Varufakis se atreve incluso a compararlo con el gobierno chino, al que considera más eficaz y no necesariamente menos democrático.

Cualquier cosa”,“reescribe la historia”, “nos ha hecho perder seis meses”, contestan irritados los participantes delEurogrupo interrogados por Le Monde, rechazando algunas de las críticas. Sin embargo, las hay que sí dan en el blanco. ¿Cuáles? Es cierto que el Eurogrupo es un “bicho raro”, un organismo híbrido, a mitad de camino entre el Consejo Europeo (la reunión de los Estados miembros) y la Comisión Europea. Formalmente no existe, pues se ampara en apenas unas líneas del Tratado de Lisboa que estipula que “los ministros de los Estados miembros cuya moneda es el euro mantendrán reuniones de carácter informal. Dichas reuniones se celebrarán, siempre que sea necesario, para examinar cuestiones vinculadas a las responsabilidades específicas que comparten en lo relativo a la moneda única”. Tampoco cuenta con un reglamento interno para sus miembros. Una anécdota: cuando Varufakis confesó en primavera que había grabado algunas de las reuniones a puerta cerrada de los ministros, estos últimos pusieron el grito en el cielo, pero “en ninguna parte está escrito que esto esté prohibido”, reconoce una fuente del Consejo Europeo.

Un presidente a tiempo parcial

Desde luego que cuenta con un presidente, Jeroen Dijsselbloem, quien acaba de ser reelegido al término de un primer mandato (2013-2015). Sin embargo, desempeña este cargo junto con el de ministro de Hacienda de los Países Bajos. Dispone de un equipo diminuto, un puñado de colaboradores en La Haya. Para apoyarle, un antiguo responsable del Tesoro austriaco: Thomas Wieser. Este brillante alto funcionario preside una instancia totalmente desconocida para el público en general, pero crucial: el Grupo de Trabajo del Eurogrupo. Instalado en Bruselas, Wieser reúne a los directores de los Tesoros de los 19 países de la zona del euro antes de cada reunión de los ministros del Eurogrupo con el fin de concretar el orden del día y avanzar en los asuntos más técnicos para que los ministros puedan centrarse en los temas más políticos.

El grueso de los expertos son funcionarios de la Comisión Europea y se encargan de elaborar los documentos de trabajo. Dependen de la poderosa dirección general Ecofin, cuyo titular, el comisario de Economía Pierre Moscovici, también asiste a las reuniones del Eurogrupo. Para remediar este déficit de competencias, Schäuble, quien fue candidato a la presidencia del Eurogrupo en 2012, tenía previsto rodearse de un equipo de una veintena de colaboradores.

Lo cierto es que por informal que sea, el Eurogrupo dispone de un inmenso poder. Teóricamente no puede tomar decisiones ni, por ejemplo, conceder una ayuda financiera a un país en grave dificultad, ni imponer una sanción a otro por incumplir los objetivos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Corresponde al Consejo de ministros de Hacienda de los 28 Estados miembros (el Ecofin) o al Consejo de jefes de Estado y de gobierno tomar las decisiones, pero de hecho sus conclusiones van a misa. En el caso de las ayudas de urgencia a un país (Grecia, por ejemplo), quien decide es el Consejo de gobernadores del Mecanismo Europeo de Estabilidad. Claro que estos últimos no son otros que los 19 ministros de la zona del euro…

Lo que resulta innegable es que Schäuble goza en el Eurogrupo de un aura particular. “Es el más antiguo, lleva allí desde el año 2009. Tiene carisma, opiniones firmes y le respetan en la medida en que Alemania es la primera economía de la zona”, señala una fuente diplomática. Sin embargo, de ahí a decir que este europeo convencido tira de todos los hilos hay un paso que ninguno de los interlocutores de Le Monde ha dado. Si este fuera el caso, Francia debería haber sido sancionada por su proyecto de presupuesto de 2015 (no respetaba el objetivo de déficit inferior al 3 % del PIB) y Grecia, expulsada de la zona del euro… “Lo que no entendió Varufakises fue que todo el mundo se oponía a su estrategia de cambiar las reglas de Europa. Y Schäuble no era el más duro”, explica un conocedor de los debates.

Otra crítica que no carece de fundamento: el control democrático del Eurogrupo. Sus decisiones se consultan sistemáticamente con algunos parlamentos nacionales (como el Bundestag alemán, el parlamento finlandés, etc.), pero no con otros (el francés, el italiano, el español, etc.). “Esto genera una desigualdad entre los ciudadanos de los distintos países de la eurozona”, subraya una fuente diplomática. El Eurogrupotampoco brilla por su transparencia. Hasta el orden del día permanece a menudo en el limbo. “La transparencia es la muerte de la democracia, es imposible tomar una decisión política a la vista de todo el mundo”, responden varios participantes a Le Monde. Destacan además la existencia de una “rueda de prensa previa” a cargo de Thomas Wieser, una cita muy seguida y apreciada que permite a los medios bruselenses formarse una idea de lo que estará en juego, algunos días más tarde, en el cónclave ministerial.

Las filtraciones, por cierto, son frecuentes (en particular estos últimos meses, pues algunos de los participantes querían dejar claro hasta qué punto desaprobaban a Varufakis). Para evitar un intercambio delicado en público, el Banco Central Europeo, la Comisión y los ministros de los “países grandes” (Francia, Alemania) se reúnen a menudo al margen del Eurogrupo, según una fuente diplomática bien informada.

Ausencia de debates de fondo

También es cierto que el Eurogrupono ha sido eficaz durante la crisis griega. Tuvo que reunirse unas quince veces, en algunas ocasiones sin necesidad alguna, para hallar una solución. “Se ha perdido mucho tiempo. Hemos batido muchos récords de los que no podemos estar orgullosos”, dice el comisario Moscovici. “Las decisiones han de tomarse por consenso, lo que enlentece el proceso, y eso realmente no es lo ideal en tiempos de crisis”, añade un participante, quien destaca asimismo el carácter “excesivamente intergubernamental” del Eurogrupo: “El interés general europeo no está suficientemente representado”. El ministro de Hacienda francés, Michel Sapin, lamenta a su vez la ausencia de debates de fondo en las reuniones. “En ocasiones podría haberlos en mayor medida: sobre la orientación de la política económica europea, etc. Para el próximo Ecofin, la presidencia luxemburguesa ha incluido en el orden del día un debate sobre la financiación de la COP21, y eso está bien.”

¿Aprenderán los dirigentes europeos las lecciones de la crisis griega y corregirán todos estos fallos? Dijsselbloem apuesta por una mayor transparencia y por la distribución a los medios de comunicación de más documentos. El presidente francés, François Hollande, reclamó el 14 de julio pasado un “gobierno de la zona del euro”con “un presupuesto específico, además de un parlamento para asegurar su control democrático”. Una propuesta que ha retomado luego el ministro francés de Economía, Emmanuel Macron, que sugiere que sea un supercomisario europeo quien presida ese gobierno. Benoît Cœuré, miembro del directorio del Banco Central Europeo (BCE), también ha propuesto crear un puesto de ministro de Hacienda de la zona del euro, al igual que Moscovici, quien no descarta cambiar para ello los tratados: “La democracia europea bien lo vale”, asegura.

En Bruselas, un grupo de comisarios, encabezados por el vicepresidente Valdis Dombrovskis, trabaja en “la profundización de la zona del euro”, pero ¿bastará la voluntad política? Europa avanza a golpes de crisis, y la griega ya ha cedido el puesto a la de los refugiados. “La migración es como lo que hemos visto con la crisis de la zona del euro, tendremos para años”, pronostica el eurodiputado conservador Alain Lamassoure. El Eurogrupo tal vez tenga que esperar un poco…

11/09/2015

Cécile Ducourtieux es corresponsal en Bruselas del diario Le Monde.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35952

Traducción: VIENTO SUR



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