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Elecciones del 27-S en Catalunya
Gana el Sí a la independencia,... pero el camino será difícil
29/09/2015 | Martí Caussa

El triunfo de las posiciones favorables a la independencia en las elecciones del 27S ha sido rotundo, el mayor de los registrados hasta la fecha. El mandato popular de avanzar hacia la independencia es claro, pero el hecho de que hayan faltado unos miles de votos (92 591) para alcanzar el 50 % le resta fuerza. Y dado que la agresividad demostrada hasta ahora por el Estado español no da señales de disminuir, hay que esperar que el camino hacia la independencia sea más largo y difícil que el previsto por la candidatura ganadora.

Las candidaturas favorables a la independencia, Junts pel Sí y CUP, plantearon estas elecciones como “plebiscitarias”, como la única manera legalmente disponible de saber si había o no un mandato popular para la independencia. El PP y el gobierno español, que inicialmente habían negado esta posibilidad, han hecho todo lo posible para confirmarla en la práctica: concentrando sus argumentos en los males de la independencia y reclamando toda la ayuda posible de empresarios, banqueros y gobernantes extranjeros. Ciutadans (C’s) y PSC-PSOE han hecho compañía al PP defendiendo el No a la independencia como argumento central de la campaña. Lluís Rabell, cabeza de lista de Catalunya sí que es Pot (CsqPot), ha reconocido que su coalición no ha podido modificar este carácter “plebiscitario”.

Las cifras de las elecciones son elocuentes para mostrar quién ha ganado este “plebiscito”.

El triunfo del Sí

Con el 100 % de los votos escrutados y con una participación record del 77,44 % (4 099 875 votos válidos, 464 705 más que en las anteriores elecciones de 2012) los partidarios del Sí han sumado 1 957 348, aumentando los registros anteriores: 1 740 818 de CiU, ERC y CUP en 2012 y 1 861 753 del 9N (donde podía votar los inmigrantes y los jóvenes desde los 16 años). El porcentaje de votos obtenido por el Sí es del 47,74 %, o sea, menor del umbral del 50% exigible para ganar un verdadero referéndum (faltaron 92 591 votos). Pero hay que recordar que cuando Cameron aceptó convocar un referéndum en Escocia, el SNP había ganado las elecciones de 2011 con un porcentaje menor: el 44,04%. Y que en Quebec, antes del referéndum de 1980, el PQ había ganado las elecciones de 1976 con un porcentaje también más bajo, el 41,37%; y obtuvo el 44,75% en las elecciones de1994, antes del segundo referéndum celebrado en 1995.

Además, Junts pel Sí ha ganado en las 4 circunscripciones (Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona), en las 42 comarcas y en 906 de los 942 municipios de Catalunya (y la CUP en uno); y ha ganado también en 9 de los 10 distritos de Barcelona (C’s ha ganado en Nou Barris).

¿Qué independentismo ha crecido?

Si comparamos los votos actuales de Junts pel Sí con la suma de los de CiU y ERC en las autonómicas de 2012, observamos que son casi los mismos; es decir, esta coalición ha superado la ruptura sufrida por CiU y ha convertido sus votantes en claramente independentistas, pero no ha sumado nuevos votos a la independencia. Quien sí los ha sumado ha sido la CUP, que ha aumentado más de 200 000 votos y ha pasado de representar un escaso 8 % del independentismo a ser un 21 %. Es decir, quien más ha crecido y más votos nuevos ha aportado ha sido el independentismo anticapitalista.

Mi interpretación, por supuesto discutible, es que el independentismo moderado (“primero la independencia y el resto ya se verá después”) ha llegado a su techo. Para seguir aumentando las personas favorables a la independencia sería necesario que, además de la CUP, se manifestaran públicamente las posiciones de izquierda que existen en Junts pel Sí, ERC y la ANC, y dejaran de estar subordinadas al independentismo neoliberal de Mas.

Cambios en el anti-independentismo

La formación en ascenso en el campo del anti-independentismo es claramente Ciutadans (C’s), que ha aumentado más de 450 000 votos respecto a la elecciones de 2012 y se ha situado como segunda fuerza destacada, tanto en votos como en escaños. El aumento de votos de C’s no se explica solo por el hundimiento del PP, que ha perdido 8 escaños y más de 120 000 votos, sino que los ha ganado también de otras formaciones y de nuevos votantes. Merece la pena señalar su crecimiento en barrios populares de Barcelona (Nou Barris) y en las ciudades de lo que El País ha llamado el “cinturón naranja”, para subrayar la transformación de lo que antes se había llamado el “cinturón rojo”. En 14 ciudades con un censo electoral superior a 20 000 personas, situadas en las comarcas del Barcelonés, Baix Llobregat y Vallés, C’s es la primera fuerza o la segunda a muy escasa distancia de la primera (Junts pel Sí o PSC); esto es algo que nunca había conseguido el PP.

Ciutadans ha roto el techo del PP a pesar de ser tan anticatalanista y neoliberal como él; pero utiliza un lenguaje democrático, no está manchado por la corrupción y no ha protagonizado los recortes; tiene una imagen joven y moderna, y es el caballo por el que apuestan los poderes económicos y mediáticos para compensar la parálisis y caída del PP en las próximas elecciones generales.

El otro componente del frente anti-independentista ha sido PSC-PSOE, que ha perdido 4 diputados y ha pasado a ser tercera fuerza, pero ha conseguido mantener casi los mismos votos tras la salida de su sector catalanista.

El fracaso de Catalunya sí que es Pot (CsqPot)

Esta coalición de Podemos, ICV y EUiA ha conseguido casi exactamente los mismos votos y 2 diputados menos que las dos últimas fuerzas en 2012, y se sitúa como cuarta fuerza del parlamento, a muy poca distancia de las dos siguientes (PP y CUP).

Esta candidatura pretendía aparecer como una posición de izquierda que defendía una posición intermedia entre el Sí y el No, basada en el derecho a decidir y la promesa de un referéndum si Podemos ganaba las próximas elecciones generales. También pretendía emular el éxito de algunas candidaturas municipales, como Barcelona en Comú, colocando a un independiente como Lluís Rabell de cabeza de lista. Pero Barcelona en Comú había ganado las elecciones municipales de Barcelona con 176 337 votos y CsqPot no ha conseguido ni la mitad (85 519).

Creo que el fracaso se debe a varias razones combinadas: la defensa del derecho a decidir ya no basta en Catalunya, hay que precisar cómo se quiere ejercer; la defensa del referéndum ha aparecido lejana y con muchos inconvenientes (no sólo esperar que Iglesias lo convoque, sino tener que pelear contra su No a la independencia); la insistencia en un programa social y la necesidad de echar a Mas y Rajoy no ha conseguido el protagonismo esperado; la candidatura ha sido vista como un acuerdo entre cúpulas y no como una expresión de unidad popular construida desde abajo; y el protagonismo de Iglesias y Errejón ha dado la imagen de un ensayo general de las elecciones españolas.

La hoja de ruta de Junts pel Sí

La candidatura ganadora, Junts pel Sí, se ha presentado con una hoja de ruta hacia la independencia que contempla dos fases bien diferenciadas. La primera, que es la única que analizaré, tiene una duración prevista de 18 meses, se inicia el día siguiente de las elecciones y los principales pasos previstos son los siguientes.

En primer lugar, el Parlament, después de su constitución, debería hacer una declaración solemne de inicio del proceso de independencia en virtud del mandato ciudadano recibido.

En segundo lugar, habrá que elegir el nuevo presidente de la Generalitat; el 9 de noviembre es la fecha límite. Está previsto que Junts pel Sí presente a Artur Mas y para investirlo necesitará el apoyo de la mayoría absoluta: 68 diputados. Como sólo dispone de 62 necesitaría el apoyo de la CUP, pero ésta ha afirmado que no se lo dará. En una segunda votación Mas necesitaría sólo la mayoría simple, o sea, más votos a favor que en contra, 64 diputados; pero seguiría necesitando el apoyo de la CUP. Si no consigue la investidura deberán presentarse nuevos candidatos y repetir el proceso. La posibilidad de un candidato distinto de Artur Mas es difícil pero no imposible, no sólo por la posición de la CUP, sino porque Junts pel Sí no es “el partido de Mas”; según las cuentas de Vicent Partal, director de VilaWeb, agrupa 29 diputados de CDC, 18 de ERC, 11 independientes, 3 socialistas y 1 de la antigua UDC.

En tercer lugar, la voluntad de Junts pel Sí es la creación de un gobierno de concentración, pero en la práctica sólo puede ser un gobierno de la propia coalición. Las 4 grandes tareas que tiene fijadas son:

1) La creación de las estructuras de Estado necesarias para que la independencia pueda funcionar (seguridad social, hacienda pública, banco central, sistema judicial, relaciones exteriores, etc.).

2) El inicio de un proceso constituyente de base social y popular, gestionado por la sociedad civil y no regulado jurídicamente en esta fase.

3) Realizar la acción de gobierno con la voluntad de ejercer la soberanía, particularmente en una serie de leyes, decretos y normas que ha sido recurridos, suspendidos o anulados por el Estado, en particular sobre: pobreza energética, dación en pago de la vivienda, prohibición del fracking, impuestos sobre depósitos bancarios, energía nuclear y emisiones contaminantes, y ley de horarios comerciales.

4) Iniciar la negociación con el Estado para acordar la independencia o estudiar la propuesta de un referéndum vinculante. Ofensiva diplomática para preparar el reconocimiento internacional.

En cuarto lugar y como último paso de esta fase de 18 meses está prevista la proclamación de la independencia y la convocatoria de las elecciones constituyentes de la República Catalana.

Está claro que tanto el contenido como la duración de esta primera fase de la hoja de ruta de Junts pel Sí deberá modularse en función del número de votos obtenidos, de los obstáculos que interponga el gobierno español, de la necesaria negociación con la CUP (que pone el acento en el proceso constituyente y un plan de medidas sociales para rescatar a las y los ciudadanos de la crisis) y de la actividad de los movimientos populares. Finalmente los resultados de las elecciones españolas, probablemente antes de final de año, pueden influir también en la hoja de ruta, aunque de momento no se vean cambios de actitud en los partidos que pueden ser determinantes.

¿Cómo se orientarán los movimientos populares?

El pasado 10 de septiembre, en un acto sindical, un portavoz de la ILP sobre la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC) dijo: “Vamos a exigir que la primera ley aprobada por el nuevo parlamento sea la RGC”. Me pareció una buena orientación: plantear al parlamento y al gobierno soluciones a las necesidades populares más urgentes, pedir que se ejerza la soberanía de las instituciones catalanas para darles satisfacción y que, si entran en conflicto con el Estado español, se actúe según la legalidad catalana. Hay muchos campos en que se podría actuar de forma similar: en la sanidad, exigiendo la derogación de todos los recortes y privatizaciones tras el RDL 16/2012; en la educación, con los recortes y la ley Wert; etc.

Como he dicho antes, el inicio de un proceso constituyente de base social y popular está previsto en la hoja de ruta de Junts pel Sí, pero su desarrollo y vitalidad solo puede venir de iniciativas de las y los ciudadanos, porque son quienes están verdaderamente interesados en “decidirlo todo”, en someter a debate público temas de gran calado como la auditoría de la deuda y el impago de la parte ilegítima, la permanencia en la OTAN o la creación de un nuevo ejército, la firma de tratados que ceden la soberanía a las transnacionales (como el TTIP), etc.

Por último, aunque algunas voces fuera de Catalunya empiezan a hablar de la posibilidad de negociar un referéndum a la escocesa, son todavía muy pocas y débiles. Y es probable que el Estado español no se limite a poner obstáculos al proceso independentista , sino que recurra a formas variadas de represión legal (para esto se ha planteado la última reforma del Tribunal Constitucional) o incluso policial; que en lugar de respeto a la voluntad popular expresada a través de las elecciones y de diálogo, prosiga la cerrazón y se vaya al enfrentamiento. En este caso la respuesta debería ser la más amplia y unitaria posible.

En definitiva, la situación es difícil pero también esperanzadora: la vía de unir los derechos nacionales con los sociales y la defensa de la democracia es posible.

29/09/2015



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