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Tras las elecciones en Grecia
"Nos enfrentamos al reto de reconstruir el movimiento y la confianza del mismo en la posibilidad de ganar"
26/09/2015 | Panagiotis Sotiris

Panagiotis Sotiris

No ha sido una buena noche electoral. Y no hablo sólo del hecho de que la Unidad Popular no consiguiera superar el límite mínimo del tres por ciento necesario para obtener representación parlamentaria, sino de que los resultados parecen una reivindicación de Syriza y su capitulación ante la Unión Europea con la firma del último memorándum. El nuevo acuerdo significará recortes devastadores y reformas neoliberales, y como ahora tenemos un parlamento dominado por completo por las formaciones pro-memorándum, vamos a asistir a su completa aplicación.

Todo esto contraste fuertemente con el referéndum del pasado julio, en el que millones de personas rechazaron la austeridad impuesta por la Troika y, con ella, toda la descomposición social que podía acarrear.

El cínico juego de Tsipras fue conseguir transformar las elecciones en un debate sobre qué partido (y qué primer ministro) debían implementar el memorándum que ya había sido aprobado por Syriza y los partidos del sistema el 14 de agosto. Su estrategia fue presentar el memorándum como algo inexorable, inevitable. Tsipras evitó todo lo que pudo hacer referencia al acuerdo, presentando como única alternativa elegir entre él y Vangelis Meimarakis, el líder del partido de centro derecha Nueva Democracia.

Al final, los votantes optaron por darle una segunda oportunidad a Syriza, en lugar de a los otros partidos pro-memorándum. No fue un voto de esperanza, fue un voto por “el mal menor”.

El hecho de que Griegos Independientes consiguiera entrar en el parlamento le ofreció a Tsipras una nueva oportunidad de formar coalición de gobierno con ellos.

Al igual que los otros partidos sistémicos pro-memorándum, Nueva Democracia no fue capaz de desafiar seriamente a Syriza, máxime teniendo en cuenta de que todavía se les considera responsables de liderar las coaliciones pro-memorándum desde 2011. El Pasok consiguió mejorar sus resultados de los comicios de enero, pero al conseguir entrar en el parlamento Griegos Independientes, Syriza no necesitó en absoluto de su apoyo. To Potami (El Río), un partido abiertamente neoliberal (el representante del “extremo centro” de la política griega) perdió un tercio de los votos conseguidos anteriormente.

Al mismo tiempo, el enorme crecimiento de la abstención, con 773 000 votantes menos que en las elecciones de enero, es la expresión de la crisis política y en particular del extendido sentido de derrota entre los trabajadores y trabajadoras griegos.

Otra expresión de esta desilusión con el panorama político general fue el 3,4 por ciento de voto a favor de la Unión de Centro. El líder de este partido, Vasilis Leventis, es bien conocido por sus “análisis políticos” en los años noventa en un canal de televisión de poca monta. Su trabajo se veía como una forma de comedia, nada más que eso, pero ahora la Unión de Centro ha emergido como una de las válvulas de escape del voto de protesta “anti política”.

Igualmente, los neonazis de Amanecer Dorado, cuyo líder admitió cínicamente su responsabilidad política por el asesinato del artista antifascista Pavlos Fyssas, aumentó su porcentaje de voto, aunque debido a la baja participación, el partido apenas recibió algunos votos más que en enero.

Es obvio queUnidad Popular no tuvo un buen resultado el domingo. Con el 2,86 por ciento no consiguió representación parlamentaria. Evidente fracaso político, sobre todo considerando que comenzó como gran escisión de Syriza y fue una de las principales fuerzas políticas que insistió en la importancia del voto del “no”. Por su parte, Antarsya creció tanto en voto como en porcentaje, alcanzando el 0.85 por ciento.

¿Cuáles son las razones que explican el resultado de Unidad Popular? He aquí algunas reflexiones rápidas, ya que la discusión no ha hecho más que comenzar.

Unidad Popular subestimó que una gran parte de las vencidas y traicionadas “gentes del No” no votaran No como continuación de la resistencia, sino dentro de los límites de la mentalidad del “realmente nada se puede cambiar”, aceptando la petición de Tsipras de una “segunda oportunidad” y dejando a Syriza y no a Nueva Democracia gestionar el nuevo memorándum.

Unidad Popular pensó que la división en el partido también habría creado una división proporcional en el voto. Pero en realidad, las relaciones de representación han demostrado ser mucho más complejas. Tampoco las varias marchas atrás y el retraso en abandonar Syriza han ayudado en absoluto.

Unidad Popular también fracasó a la hora de capitalizar la rabia de la gente joven sin futuro y al mudo sentimiento de desesperación y decepción que llevó a muchos votantes a la abstención o a opciones como la Unión de Centro.

No conseguimos transformar Unidad Popular en el necesario nuevo frente, el tipo de frente que se comprometería en debate in acción con los problemas heredados de Syriza. Más que eso, parecíamos una variante de Syriza que había sido fiel a sus principios, en lugar de un nuevo frente nacido orgánicamente del movimiento y de las dinámicas del antagonismo social. La falta de autocrítica en lo que respecta a los miembros de la Plataforma de Izquierdas en el gobierno de Syriza también contribuyeron a crear esta imagen.

Durante la campaña, no fuimos capaces de insistir en el que era probablemente nuestro punto fuerte, el hecho de tener una narrativa alternativa sobre la anulación de la deuda y la salida de la eurozona. La gente quería oír un programa completo y una hoja de ruta para la salida de la erurozona, no solamente retórica antiausteridad y antimemorándum.

Unidad Popular con consiguió abrirse a todas las formas de radicalismo que emergen de la crisis de Syriza y de las experiencias del movimiento. Además, los problemas de comunicación entre las diferentes sensibilidades de la izquierda radical, dentro y fuera de Syriza, se mantuvieron, incluyendo las suspicacias de la dirección de la Plataforma de Izquierdashacia otras tendencias, no siendo capaz de entender la necesidad de un llamamiento abierto a todos los potenciales participantes en la Unidad Popular. Es más, la formación no supo dar suficientes garantías de que sería abierta y democrática, libre de las lógicas burocráticas de las que está plagada Syriza.

En cualquier caso, las elecciones ya han pasado. Frente a nosotros tenemos la aplicación del tercer memorándum y una nueva ronda de reformas austeritarias y neoliberales. Nos enfrentamos al reto de reconstruir el movimiento y la confianza del mismo en la posibilidad de ganar.

Al mismo tiempo, Unidad Popular y toda la izquierda radical (lo que incluye también Antarsya, gente que dejó Syriza pero se mantuvo fuera de Unidad Popular, voces críticas del entorno del Partido Comunista, y gente de los movimientos sociales) deben caminar hacia el proceso, necesariamente doloroso, de autocrítica, y de relectura de la coyuntura, en un intento de reinventar la izquierda radical como proyecto contra hegemónico.

Va a ser una tarea difícil, pero en absoluto nueva: la política de izquierdas trata siempre de construir un barco mientras se está en aguas turbulentas.

22/9/2015

https://www.jacobinmag.com/2015/09/tsipras-syriza-austerity-september-20-election-anel/

Traducción: VIENTO SUR



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