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Reino Unido. Nuevo líder en el Partido Laborista
¿Cómo puede ganar Jeremy Corbyn?
16/09/2015 | Richard Seymour

Corbyn dijo que su campaña era para convertir al Partido Laborista en un movimiento social. No le queda otra alternativa.

Jeremy Corbyn, el parlamentario izquierdista de Islington, fue elegido miembro de la dirección del Partido Laborista en la primera vuelta con el 59,5 % de
los votos.

Del mismo modo excepcional, Liz Kendall, la dura blairista admirada por los medios de comunicación de derechas, no sobrepasó el 4,5 por ciento. El Partido
Laborista tiene ahora el líder más izquierdista desde George Lansbury/1 en la década de 1930.

Esto es mucho más de lo que podríamos haber esperado. En el primer discurso como líder, Corbyn tocó todas las teclas de la izquierda. Dio la bienvenida a
los nuevos miembros/2, así como a las y los antiguos miembros que se alejaron por el blairismo. Cargó contra todas las leyes
antisindicales de los tories, defendió el Estado de bienestar, atacó el imperio Murdoch [magante de los media], y defendió a las y los refugiados. Su
primer acto como líder fue sumarse a la manifestación a favor de las y los refugiados en el centro de Londres, donde tuvo una calurosa acogida.

Por el momento, gran parte de la reacción consistirá en tragarse las más que justificadas lágrimas del blairismo. Toda su intimidación, chantaje moral y
desdén no pueden ocultar su temor, y no podrá desanimar a una afiliación eufórica por una incomparable e inesperada oportunidad y totalmente harta del
discurso que le llegaba de la chusma antidemocrática situada en la cúpula del Partido Laborista.

Es un momento para celebrarlo. Es nuestro Oxi [referencia al éxito del "no" en el referéndum griego contra el Eurogrupo. NdT]. Oxi a la austeridad, Oxi al
blairismo, Oxi a la política de gestión, Oxi a unos media que alimentaron el miedo (Proyect Fear) de que un segundón como Corbyn tuviera una oportunidad,
Oxi al racismo y a los políticos que hacen que sea respetable y Oxi al consenso neoliberal.

Todo esto era impensable solo hace unos meses. Cuando Corbyn se presentó no tenía ninguna esperanza de ganar. En la dirección del partido, el sentido común
decía que los votantes habían rechazado a Ed Miliband [en las elecciones generales del pasado 5 de mayo] por ser demasiado izquierdista. Esa era el
consenso que el aparatero "Blue Labor" Jon Cruddas/3 intentó reforzar con algunas falsas investigaciones hace un mes.

¿Por qué, entonces, los parlamentarios laboristas apoyaron a Corbyn y facilitaron que se pudiera presentar? Por la existencia del Partido Nacionalista
Escocés y los Verdes. Por la amenaza de que Gran Bretaña pudiera tener su Syriza o su Podemos. Permitiendo que Corbyn participara en la campaña querían
demostrar que el Partido Laborista es aún suficientemente abierto como para que la izquierda tenga sitio dentro de él.

Como señalaba Paul Mason, subestimaron la rabia y la soterrada radicalización de las bases. También estaban muy creídos de su propia bazofia sobre la
inclinación del electorado hacia la derecha. La razón principal por la que Ed Miliband perdió en el 2015 fue porque sectores amplios de votantes jóvenes y
de la clase obrera que dijeron que votarían por los laboristas no lo hicieron.

Hasta el punto de votar por los Verdes, por Plaid Cymruy [partido político que lucha por la independencia de Gales. NdT] o por el SNP o alguno de los otros
partidos reformistas alternativos. Y después participaron en las masivas movilizaciones contra la austeridad a principios de año.

A menudo los marxistas asumen que la crisis polariza las situaciones. Lo que no siempre es necesariamente cierto. En el contexto británico el reflejo
dominante fue buscar un espacio tranquilizador, de centro, confiar en alguien que se situara a medio camino y que, al menos, fuera honesto y justo a la
hora de abordar la crisis.

Esa fue el fundamento del corto y lamentable "Cleggasm"/4. Pero, muy pronto, a medida que se iba imponiendo y agravando la austeridad, la
polarización se hizo más evidente: al principio con las movilizaciones estudiantiles de 2010 y, después, con el bandazo a la derecha tras los disturbios en
Inglaterra en el año 2011/5.

Llegaron años duros para la izquierda, con sucesivos momentos de pánico moral, y de una rápida acumulación y cobertura mediática para la formación racista
UKIP (UK Indepedence Party). Sólo ahora, ocho años después del estallido de la crisis, tras la mayor caída del nivel de vida de la gente desde la Segunda
Guerra Mundial, después de años de recortes de las prestaciones, en particular para las y los jóvenes, y las que están por llegar, la polarización ha
resultado ventajosa para la izquierda.

Esta ventaja dependía de que la derecha del laborismo subestimara su propia fragilidad, a veces coyuntural (la caída en Escocia les debilitó seriamente) y
estructural (las estructuras tradicionales del liderazgo político están erosionadas en todas las democracias capitalistas). Esta fragilidad explica por qué
una pequeña grieta en la coraza de la derecha fue suficiente para permitir que Corbyn se propulsara a la victoria.

No se trata de que la izquierda esté fuerte, se trata de que la derecha laborista es ideológicamente superficial e históricamente inútil. Hubo un tiempo en
el que el blairismo parecía una fuerza dinámica en el Partido Laborista y que algunas de sus discursos sobre la democratización y la reforma del partido
parecían abordar un problema real. Ahora resulta arrogante y repetitivo.

Cualquiera que haya visto los debates entre los candidatos al liderazgo habría visto hasta qué punto el ala derecha del Partido Laborista carecía de
inspiración y era lúgubre e insustancial.

Otro factor es el propio Corbyn, cuya singular combinación de virtudes ha trabajado a su favor en estas elecciones. No es el más carismático de los
oradores, pero está libre de ego, lo que le hace encantador. Su carácter discreto lleva a los entrevistadores a subestimarlo, pero tiene décadas de
experiencia como parlamentario y esto quedó claro en sus apariciones en los medios de comunicación.

Décadas de activismo hacían de él alguien "inelegible" a los ojos de los parlamentarios de Westminster (Westminster village), pero eso significa que es un
experto en política popular, lo que las viejas elites de los partidos dirigidos por profesionales y mercenarios políticos habían abandonado.

Sin embargo, tras la victoria de Corbyn ya ha comenzado el contraataque blairista. Un montón de ex ministros ya ha dimitido o dejado claro que no van a
formar parte del equipo de Corbyn. Los burócratas del Partido y los expertos lamentan esta fatalidad [la elección de Corbyn] desde sus tribunas públicas.

Así es como Andy McSmith, periodista cercano a la jerarquía del Partido, explica su punto de vista:


"Hasta ahora, los críticos laboristas de Corbyn han estado relativamente contenidos. Dicen que no tienen nada personal en contra de Jeremy, que es un
buen tipo y que solo se oponen a su política. Quienes lo dicen no son de los que pagan 3 £ y cuya idea de la participación política es conectarse a un
ordenador, votar Corbyn, y transmitirlo a sus compañeros a través de Facebook: son profesionales que han dedicado su vida laboral al Partido Laborista.
Ellos quieren volver de nuevo al gobierno."

Es decir, las personas que idearon el sistema por el que la gente se podía inscribir como "simpatizante" y votar, ahora se burlan y mofan de estos
electores y electoras como simples activistas del "clic".

De hecho, lo que les cabrea es que estos votantes no son meros activistas del "clic". No sólo votan, "les gusta", "retuitean," y "comparten". Su actividad
a través de internet ha alimentado a nivel nacional una campaña de mítines masivos y de agitación que, a veces, se asemejaban a una movilización social.

Y es ahí donde está el problema: a los "profesionales" que tienen secuestrado el partido laborista no les gustan los miembros activos; ellos quieren una
base que ancle con firmeza las posiciones del laborismo a la derecha, que funcione tanto como la gallina de los huevos de oro [la inscripción para votar
costaba 3 £] y carnaza para la maquinaria electoral. Por ello su forma de hacer política se ve amenazada y van a luchar duro para conservar el control.

Incluso con la abrumadora victoria de Corbyn en todas las secciones del Partido Laborista, la situación es muy frágil. Es cierto que el resultado rotundo y
el horrible resultado de Kendall significan que en lo inmediato no pueden darse
movimientos para tumbar a Corbyn. La maquinaria del partido querrá estabilidad y legitimidad en el proceso y no una caótica pelea postelectoral. Y parece
poco probable que con el penoso resultado que obtuvieron los blairistas quieran largarse, que para ellos no sería más que atravesar la pasarela.

Los blairistas y sus aliados van a esperar. Van a restañar sus heridas y mantener a su gente alerta para atacar cuando se presente la ocasión. Así pues
ahora es el momento, pero no por mucho tiempo, en el que Corbyn y sus seguidores pueden prepararse para la guerra de trincheras que se avecina, logrando
que sus seguidores sean nominados y votados en las instancias del partido, comenzando a redactar propuestas para un cambio democrático en el partido y
preparándose e para la selección de las y los candidatos parlamentarios y locales.

Porque habrá guerra en el Partido Laborista. El Proyecto del miedo/6 no fue mas que un reflejo inmediato de pánico, totalmente ineficaz. Y
en esta guerra, el ala derecha, cuanta con el apoyo de los media, de los quintacolumnistas, de la administración pública y una buena parte de la
afiliación.

Aparte de los combates cara a cara, también habrá ataques más sutiles, orientados a presionar a Corbyn para que abandone, uno tras otro, sus compromisos
fundamentales a fin de encontrar un compromiso viable, hasta el punto de hacerle perder su apoyo popular debilitarlo de forma contundente.

No hay duda de que tendrá que transigir en algunos aspectos de su agenda; simplemente, porque tiene que trabajar con un grupo parlamentario laborista que
continua reflejando una relación de fuerzas establecida hace años y que, por lo tanto, es abrumadoramente de derechas.

Pero si transige en tema clave, como el de los Trident, perderá apoyos y deberá renunciar a que el laborismo recupere terreno en Escocia. Por lo tanto, el
Partido Laborista de Corbyn es ahora mismo un campo de batalla.

Corbyn ha dicho que su campaña estaba orientada a convertir el Partido Laborista en un movimiento social. Esa es la única opción que tienen él y sus
seguidores.

La era de las lealtades tribales en el partido, en el que las burocracias poderosas se articulaban con las masas organizadas, ha pasado a mejor vida. La
base social para el laborismo, si se quiere revitalizar, será políglota, y sus partidarios será políticamente poliamorosos. Esto es lo que no entendieron
los depuradores del Partido Laborista.

De ahora en adelante, los simpatizantes del Laborismo habrán tenido distintas lealtades políticas en el pasado inmediato, ya sea con los Verdes, los
nacionalistas, los trotskistas o con alguna campaña independiente. La gente trabaja donde es útil hacerlo y se alinea con quien quiera ser útil para
trabajar. El concepto de Partido como movimiento social inclusivo, ecuménico, implica tener conciencia de eso.

Ese sería el único contrapeso posible al arraigado poder institucional del ala derecha.

Richard Seymour. Activista y escritor británico. Ha publicado, entre otros libros, Against Austerity: How We Can Fix the Crisis They Made.

13/09/2015



https://www.jacobinmag.com/2015/09/jeremy-corbyn-labour-benn-kendall-blair-leadership/

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/
Ver https://en.wikipedia.org/wiki/George_Lansbury

2/
Se refiere a quienes adhirieron masivamente al Partido Laborista para participar en las elecciones internas.

3/ Ver https://en.wikipedia.org/wiki/Blue_Labour y https://en.wikipedia.org/wiki/Jon_Cruddas

4/
Ref. a Clegg, líder de los liberal demócratas que llevó a los liberales a un gobierno de coalición en el año 2010 con el conservador David Cameron, en cuyo
gobierno ocupó el cargo de Viceprimer ministro, y que dimitió tras la estrepitosa derrota en 2015.

5/
Se refiere a la ola de disturbios que se iniciaron en Tottenham el 6 de agosto de 2011 tras asesinato por la policía británica del joven de origen africano
Mark Duggan (ndt)

6/
Ver https://www.jacobinmag.com/2015/07/jeremy-corbyn-labour-left/ (ndt)



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