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China
Es hora de que las lesbianas hablen por ellas mismas
14/09/2015 | Yujie Guo

Entre 2012 y 2013, la ONG de lesbianas NVAI de Shanghai publicó el “Mapa de activismo de ‘Lesbianas de China’”. En el curso de un año se había duplicado el número de organizaciones lesbianas en la China continental, de 20 a 40, en su mayoría ONG independientes. De presupuesto escaso, no recibían ayudas del Estado y funcionaban exclusivamente a base de voluntarias, pero esas dificultades no frenaron el desarrollo radical de las asociaciones lesbianas chinas. La comunidad LGBT china nunca podía haber imaginado semejante crecimiento 20 años antes, especialmente cuando las lesbianas gozaban de una menor visibilidad social que los hombres gays. Hasta la década de 1990, incluso dos décadas después de la Reforma y Apertura al mundo exterior, la homosexualidad todavía era tabú y poca gente había oído hablar del movimiento por los derechos de los gays, que se centraba en la resistencia y el cambio en el terreno de los derechos humanos y de la cultura.

En 2006 me reuní con Xiaopei He en el Lala’s Salon de Pekín. Todavía recordaba perfectamente una fiesta de cumpleaños memorable: al anochecer de un día de junio de 1996, varios amigos y ella entraron en el bar “Half and Half” en el poblado de Sanlitun para celebrar el “Stonewall”. En aquella época, las actividades de los homosexuales solían verse perturbadas por la intervención de la policía. Aquel día, otros bares les denegaron la admisión cuando decían que era la fiesta de un grupo LGBT. Así, para mayor seguridad decidieron presentarse como una fiesta de cumpleaños. Esa noche acudieron más de 60 personas, incluidos algunos extranjeros y ocho “lalas” (lesbianas en lenguaje popular). He estaba encantada porque nunca había visto a tantas lesbianas juntas en el mismo lugar. Chunsheng Wu, el presentador que ya había sido detenido y encarcelado una vez por organizar una fiesta gay, contó a He que había policías secretos entre la gente y que él no podía arriesgarse, de modo que He le sustituyó en su función. Cantaron canciones de cumpleaños, compartieron el pastel y se susurraron al oído que aquel día era el aniversario del movimiento por los derechos de los gays en EE UU.

Esto me recordó el periodo inicial del movimiento gay, cuando se enfrentaba a riesgos “reales”. Tuvieron que luchar por su libertad con sabiduría y coraje. Pero su deseo de una vida libre era muy fuerte. Susie Jolly, una mujer bisexual procedente del Reino Unido que había participado en el movimiento feminista y por los derechos LGBT en la Unión Europea y había estudiado chino mandarín en Wuhan, también estaba allí. Llegó a Pekín en 1994, el año antes de la celebración de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, con el propósito de hacer algo importante y especial, pese a que le avisaron de que podía ser peligroso. Organizó una fiesta familiar para gays y lesbianas. En aquella época no había grupos LGBT ni contactos por Internet, de manera que encontrar a un hombre o una mujer homosexuales era muy difícil. Con el tiempo, las fiestas familiares homosexuales de Susie se convirtieron en uno de los lugares fundacionales del movimiento por los derechos de los gays en China.

Este fue el punto de partida de Xiaopei He y de la artista lesbiana Shitou, dos conocidas activistas lesbianas chinas de aquellos días tempranos. En 1995, Susie y otras militantes comenzaron a trasladar las actividades de sus casas particulares al espacio público, como bares y parques. Susie tuvo que replantearse las ideas en que se basaba la relación entre el movimiento por los derechos de los gays en China y ella misma; había que reunir a más voluntarios y activistas LGBT, y el liderazgo del movimiento debía recaer en personas chinas. No era fácil encontrar a nuevos dirigentes, porque la tradición y la cultura social habían enseñado a los chinos que era más fácil ser un seguidor que un líder, especialmente cuando la homosexualidad y la comunidad LGBT estaban prohibidas en China. Sin embargo, la chispa había prendido y la llama fue creciendo con cada vez más fiestas y salones.

La prevención del sida y la entrada en escena de los “hombres gays”

Yanhai Wan no es tan solo un famoso activista en el terreno de la prevención del sida, sino también un destacado protagonista del movimiento por los derechos de los gays en China. Todavía recuerda el comienzo de sus investigaciones sobre el sida y los homosexuales. En 1991 estaba trabajando en el Instituto Nacional de Educación para la Salud, que lanzó un nuevo proyecto: “Estudio sobre los hombres gays y el conocimiento, la fe, la actitud y el comportamiento en relación con el sida, y estudios sobre la educación en torno al sida”. Wan era uno de los directores del proyecto.

El grupo de investigación organizó una reunión para ver cómo podían entrar en contacto con grupos gays. Uno de los miembros del grupo, un policía del Departamento de Seguridad Pública de Pekín, propuso que cuando detuvieran a un homosexual le hicieran rellenar un cuestionario y le tomaran una muestra de sangre antes de ponerlo en libertad. Dijo que los agentes de la subcomisaría de la zona de Dongjiaomin sabían tratar con los “conejos” (así llaman a los hombres gays los chinos tradicionales) y que serían capaces de detectar y detener a varias docenas de ellos en una noche. Wan se sintió turbado ante estas palabras, pues a su juicio este comportamiento era contrario a la ética de la investigación en ciencias sociales, pero quería asegurar la cooperación, de modo que no se opuso. El psicólogo social aprobó la idea y Wan aceptó entonces la propuesta, pero pidió a la policía que garantizara que los hombres fueran puestos en libertad después de las pruebas sin informar a sus familias ni a las empresas en que trabajaban. Así se acordó.

El periodo comprendido entre mayo y julio de 1991 trajo experiencias inolvidables para Wan. Cada semana estuvo trabajando durante tres noches en la subcomisaría de policía de Dongjiaomin. La primera noche se encontró con un hombre maduro y se puso tan nervioso que no logró articular palabra alguna cuando le miró a los ojos. Pese a esta incomodidad, persitió y el detenido respondió a sus preguntas con seriedad, aunque Wan no acabó de sentirse bien en esa situación. A lo largo de los dos meses siguientes, un total de 51 hombres gays se vieron forzados a facilitar información para el proyecto siguiendo un procedimiento específico: un interrogatorio, un análisis de sangre y un cuestionario. De este grupo, un hombre fue detenido por su “mal” comportamiento frente a la “investigación”, otro intentó suicidarse y no lo consiguió, y un hombre de edad avanzada se arrodilló ante los investigadores y los policías diciendo que ya no era un ser humano a causa de su homosexualidad y pidió perdón.

Wan se sintió sumamente culpable. “Nuestros actos no eran más que ligeramente diferentes de la manera en que habrían actuado los fascistas. Me sentí mal con todo esto porque yo formaba parte del proyecto, cuando de hecho nuestro propósito original era ayudar a la gente, no castigarla.” Sin embargo, gracias a este estudio ahora es muy fácil mostrar los apuros que pasaron los homosexuales en aquella época al sufrir la violencia gratuita por parte del sistema. Para esos primeros estudios, los grupos gays eran “pacientes” o “sujetos”. Wan dijo que “a los homosexuales los llamábamos ‘el otro/ellos’ y asumíamos que eran diferentes de la ‘gente normal’, marginados por la sociedad, potenciales alborotadores y difíciles de tratar”. Comentaban los detalles de los métodos de investigación, pero nunca pensaron que los gays podrían ser sus amigos ni los trataron como tales.

En la década de 1990, otro investigador, Beichuan Zhang, ejerció una influencia importante en los estudios sobre hombres gays. Galardonado con el premio Barry & Martin’s, es un conocido experto en estudios sobre la homosexualidad y un activista en el ámbito del sida que trabaja en un hospital afiliado a la Universidad de Qingdao. Zhang participó en una campaña por los derechos de los hombres y mujeres homosexuales después de ver a su antiguo colega y profesor, Shide Qin, denunciado y perseguido en su trabajo por su homosexualidad. En 1994 publicó un texto gay seminal: Homosexualidad, que provocó una avalancha de mensajes de personas homosexuales que deseaban relatar su propio sufrimiento y sus experiencias personales. En 1998, Zhang fundó el Proyecto Amigo y publicó la revista gay Intercambio Amigo para mejorar el conocimiento sobre la homosexualidad, la atención sanitaria de este grupo de personas y la prevención del sida. Sus trabajos desempeñaron un papel importante en la educación homosexual entre los gays.

A diferencia de Zhang y otros investigadores sobre grupos gays, Yanhai Wan se implicó más a fondo en cuestiones políticas. Hizo extensivo su discurso a la prevención del sida y lo relacionó con el movimiento por los derechos de los homosexuales. Llegó a tener un profundo conocimiento de ambos aspectos porque había estudiado medicina y trabajado en la sanidad pública y más tarde se adhirió al movimiento por los derechos de los homosexuales. Partiendo de su experiencia y sus investigaciones, defendió una opinión clara: la educación en torno al sida debía combinar los derechos de las minorías y el movimiento de liberación.

El Instituto Nacional de Educación para la Salud, donde trabajaba Wan, creó en 1992 el salón cultural “Mundo de hombres” para los gays, pero el ministerio de Sanidad lo prohibió al año siguiente. La situación de Wan en el organismo se deterioró, de manera que decidió establecer el Instituto de Acción Aizhixing, que llegaría a ser el mayor grupo no lucrativo de prevención del sida de China y que posteriormente le costaría su puesto de trabajo. Mediante este proyecto impulsó acciones alternativas para mejorar el conocimiento por parte del público en materia de prevención del sida y defendió los derechos de los enfermos de sida y los grupos homosexuales. Debido a esta impresionante labor entre los homosexuales, su grupo se convirtió en el factor políticamente más peligroso de China.

En la noche del 24 de agosto de 2002, cuando volvía a casa después de asistir a la exhibición de una película sobre gays, Wan fue detenido por el Departamente Nacional de Seguridad de Pekín. El gobierno le acusó de haber filtrado un documento confidencial sobre la prevención del sida en la provincia de Henan, donce varias aldeas aisladas habían estado implicadas en un comercio ilegal de sangre y eran conocidas por el sobrenombre de “aldeas del sida”. Torturado durante la primera semana, Wan fue puesto finalmente en libertad al cabo de un mes de detención gracias a la presión internacional. Entonces le dijeron que podía registrar su organización como una ONG legal. Wan llegó a ser muy conocido a escala internacional por sus trabajos y su dura experiencia y logró reunir una cantidad sustancial de dinero procedente del extranjero, que empleó en apoyar a grupos de hombres gays y acciones a favor de los gays. El conocimiento y el reconocimiento de los derechos de los gays al comienzo del nuevo milenio fueron en buena parte el fruto del proyecto de acción Aizhixing Action y de la obra de Wan.

Esta nueva conciencia quedó reflejada en las iniciativas del gobierno chino en materia de prevención del sida y en asuntos relativos a los hombres gays en la sociedad, como la creación del Centro de Prevención de la Enfermedad, que ayudó a crear ONG. En 2010, según el conocimiento y primeras estimaciones de Beichuan Zhang, China tenía más de 300 grupos de voluntarios dedicados a la campaña de prevención del sida. Además, se podía disponer de fondos aportados por grupos internacionales con este fin, aunque el gobierno asumió la responsabilidad de la gestión y distribución de estos nuevos presupuestos. Sin embargo, esta gestión estatal de las donaciones internacionales requiere una fiscalización muy estricta y exige indagar en los grupos y actividades que se financian con ellas. ¿Cómo gestionan sus presupuestos? ¿Qué efectividad tiene su labor? Zhang criticó a alguno de los grupos, que según él carecen de sensibilidad por los derechos humanos y de conciencia del género social y por otro lado están inmersos en batallas políticas internas, agotando a menudo sus recursos sin cumplir con su misión primordial. Otros se preocupan por la postura política de estas ONG, pues están controladas por un gobierno poderoso. Les resulta muy difícil oponerse al sistema político para seguir bregando por los derechos de la gente vulnerable.

Pese a que la vida de los gays seguía siendo muy problemática en aquellos tiempos, contaban ya con el apoyo de organismos internacionales e incluso del gobierno, y además se beneficiaron mucho del discurso sobre el sida y del movimiento de prevención. Como parte de la comunidad LGBT, los grupos de lesbianas sacaron mucho menos provecho de esa irrupción de la conciencia de los derechos de los homosexuales provocada por el sida.

Divisiones en la comunidad LGBT: ¿grandes diferencias entre gays y lesbianas?

Antes de la primera conferencia de grupos LGBT celebrada en 2012, la comunidad se había desarrollado con gran rapidez gracias a Internet, a través de la cual se pusieron en contacto grandes asociaciones virtuales gays y construyeron redes de grupos y personas homosexuales, que expresaban sus opiniones y preferencias en foros de conversación, páginas web y a través de las redes sociales.

En junio de 2012, el Instituto de Educación Sanitaria de Género de Pekín acogió la primera “Conferencia Nacional del Liderazgo de la Comunidad LGBT”, a la que asistieron 80 activistas LGBT chinos en representación de 53 organizaciones de más de 23 regiones. El propósito de la conferencia era impulsar “la cooperación y el desarrollo de las organizaciones LGBT chinas”, aunque llamó mucho la atención el debate entre gays y lesbianas. Para muchos representantes de la comunidad LGBT, esta fue la primera vez que se airearon en público los desacuerdos y claras divergencias entre gays y lesbianas.

El año siguiente tuvo lugar en Pekín, los días 17 y 18 de agosto, la segunda “Conferencia Nacional del Liderazgo de la Comunidad LGBT”. Asistieron más de 140 activistas LGBT, que representaban a 70 organizaciones de más de 20 regiones de China. Además de las delegaciones de China continental, también acudieron representantes de algunos grupos internacionales. Los asistentes participaron activamente en la conferencia, que supuso un crecimiento de más del 50 % en comparación con la primera conferencia. A mí me invitaron como representante de la Alianza Lala. A diferencia del año anterior, no hubo ningún “arduo debate” entre gays y lesbianas. Sin embargo, cundía la sensación de que se intentaba amortiguar la voz de las lesbianas: solamente dos talleres, de un total de nueve, corrieron a cargo de organizaciones lesbianas; durante toda la conferencia solo intervinieron once lalas como presentadoras o moderadoras; además, en la conferencia solo participaron cinco grupos de lesbianas. ¿Por qué? A mi juicio, esto se debe a que existen algunos problemas estructurales e ideológicos profundos en la comunidad LGBT que no se han abordado, por lo que nada ha cambiado. Por ejemplo, ¿sería posible crear un grupo de “camaradas” (así suelen denominarse conjuntamente los gays y lesbianas en China) rurales, o de camaradas pobres o discapacitados? ¿Tienen tiempo o dinero suficiente para viajar a Pekín para asistir a la conferencia? ¿Están suficientemente organizados para hablar por sí mismos en esos actos de alto nivel?

Últimamente, la división y las diferentes reivindicaciones entre los grupos de gays y lesbianas se han puesto más de manifiesto, pese a que algunas personas le han restado importancia, diciendo que “el discurso de las lesbianas es mucho más sólido que el de los hombres gays”, queriendo señalar que los gays no pueden imponerse en ningún debate porque las lesbianas han aprendido a emplear más palabras y teorías occidentales. Sin embargo, este comentario deja de lado el problema real, que es que algunos grupos gays (de hombres) han monopolizado la voz de la comunidad LGBT china durante demasiado tiempo y que las compañeras lesbianas tienen derecho a intervenir y hablar en pie de igualdad en las cuestiones que afectan a dicha comunidad. Especialmente cuando el debate se refiere a la existencia de los grupos y a la calidad de los recursos externos, nadie debería olvidar el poder del discurso.

Algunos grupos gays se autodenominan grupos LGBT porque está de moda, dada la demanda internacional o para ser políticamente correctos. En realidad no comprenden el verdadero significado de LGBT: reconocer y comprender las diferencias en el seno del grupo. Para citar otro ejemplo, algunas personas que no comparten la teoría queer pronuncian conferencias en EE UU sobre asociaciones queer chinas. ¿Se trata de una confusión mental o de oportunismno político?

Uno de los motivos por lo que las lalas chinas crean grupos de “lesbianas feministas” es que de este modo responden a los hombres gays que dominan el movimiento LGBT. Por ejemplo, una revista en línea para hombres gays, Togayther, creada en enero de 2013, se presenta como “la primera revista de estilo de vida para gente gay en China”. En realidad, en el mercado de los medios LGBT existen dos revistas de estilo de vida para lesbianas que aparecieron mucho antes: Les+ y Chinese Gay Story, pero que los “medios gays” han decidido ignorar. Para los editores de Togayther, “gay” solo se refiere a hombres homosexuales.

De hecho, tanto en la esfera pública como dentro de las agrupaciones LGBT, se da por supuesto que “camarada significa camarada gay” y que “gay significa hombre gay”. Bajo el paraguas del movimiento antisida, en China se crearon numerosos grupos de gays, mientras que los grupos de lesbianas no representaban más que una parte del movimiento gay por los derechos de los homosexuales, integrando el título de “camaradas” y después ignorados por otros. Así, muchas lalas han pasado por momentos difíciles al cooperar con hombres gays porque no tenían voz en los debates y sus opiniones eran ninguneadas por sus interlocutores. Durante mucho tiempo, las lesbianas sintieron inevitablemente ansiedad y desconfianza hasta que descubrieron el “feminismo”: era una oportunidad para dotarse de voz propia, diferente de la de los hombres gays.

La relación entre las lalas y el feminismo

En los últimos años, la joven generación de activistas feministas chinas ha llevado a cabo actos llamativos y sugerentes en el espacio público. Es interesante saber que muchas de las activistas feministas conocidas son lesbianas o tienen una sexualidad desconocida. Desde Guangzhou se extendieron muy rápidamente grupos de feministas lesbianas a otras ciudades y empezaron a formular preguntas como “¿cuál es la relación entre lesbianismo y feminismo?” y “¿cuál es la relación entre el movimiento por los derechos de las lesbianas y el movimiento feminista?”

Una joven activista feminista respondió a estas preguntas a su manera: cuantos más temas marginados y cuestiones controvertidas figuren en el orden del día de los debates, tanto más fácil resulta celebrar reuniones y actos con cierta participación de lesbianas. Esto es así porque normalmente son los grupos marginados los que plantean cuestiones marginadas en la esfera pública. Su identidad marginada y su situación ofrece a los grupos queer la oportunidad de hacer que se oigan voces y se realicen actos más radicales y de reforzar el desafío a los sistemas de poder patriarcal. Sin embargo, esta cooperación no es fácil, pues hay momentos y argumentos complicados.

Por ejemplo, hay personas que hacen comentarios irónicos sobre la cooperación diciendo que “las lesbianas se han montado al carro del feminismo”. La otra cara de la ironía podría ser que “los hombres gays se han montado al carro del movimiento de prevención del sida”. Estos comentarios indican que tanto el movimiento gay como el de las lesbianas carecen de un arraigo político y teórico y han de “tomar prestado” un discurso, recursos financieros y legitimidad de otros grupos y movimientos.

¿Por qué las lesbianas chinas han de participar en el movimiento feminista y compartir el discurso feminista?

Según el discurso oficial de género en China, que también secundan los académicos continentales, la igualdad de género es una política fundamental del Estado desde 1949, el año de la fundación de la Nueva China. En aquella época, los derechos de las mujeres chinas parecían más avanzados que en la mayoría de los países del mundo, al menos si se comparaban las políticas públicas. Sin embargo, en el sistema patriarcal tradicional, las mujeres son inferiores y la cultura y las tradiciones masculinas han dominados en China desde hace más de un milenio.

Actualmente, la ideología patriarcal se ha reforzado y las lesbianas sufren la misma desigualdad de género que las mujeres en general: abusos en la familia, discriminación en su profesión y en el mercado de trabajo, falta de baños públicos para mujeres y presiones sobre las mujeres adultas solteras. No veo ninguna razón para que las lesbianas no se unan a los movimientos por la igualdad de género que suelen impulsar las feministas. No obstante, las lesbianas se enfrentan a un doble problema de marginación después de unirse al movimiento feminista. Parecen convertirse en mujeres “normales” desde que su identidad sexual ya no tiene importancia. El caso es que el género y la sexualidad no pueden ser lo mismo en la experiencia personal de una lesbiana y en su defensa política. Aunque a través de las actividades feministas aumenta el número de lesbianas que se tornan visibles, hemos de proteger nuestra identidad marginal dentro de este grupo marginal. Y hemos de creer que la identidad marginal es fuerte y poderosa y que esto puede suponer un serio desafío y un gran cambio en el sistema patriarcal.

08/08/2015

http://www.e-ir.info/2015/08/18/its-time-for-chinas-lesbians-to-speak-for-themselves/

Traducción: VIENTO SUR



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