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Catalunya
11S: otra impresionante manifestación por la independencia
13/09/2015 | Martí Caussa

La Via Lliure a la República Catalana ha sido la cuarta gran manifestación multitudinaria a favor de la independencia, lo que supone una continuidad de manifestaciones masivas sin precedentes en Europa y en el mundo. Los organizadores han seguido con la tradición de no dar cifras, pero basta con ver cualquiera de los vídeos de la concentración para captar la magnitud de la concentración.

Como en años anteriores esta manifestación ha sido la expresión de un movimiento de masas potentísimo cuyo eje vertebrador es la independencia y la voluntad de conquistarla incluso desobedeciendo la legalidad española, en particular las sentencias del Tribunal Constitucional. Las principales organizaciones vertebradoras son la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Omnium Cultural.

Las afirmaciones de los dos párrafos anteriores son una simple constatación de hechos, de realidades que deberían ser evidentes para cualquiera que hubiera hecho un mínimo esfuerzo para informarse e intentar entender lo que está ocurriendo en Catalunya desde hace años. Por eso descripciones como la que hizo el editorial de El País de ayer solo pueden achacarse a una voluntad deliberada de desinformación: “Gracias a lo que es un perfecto dominio de lo que es el espectáculo audiovisual y las técnicas de escenografía de masas, la sensación de gran movilización popular a favor de la independencia de Catalunya pretende compensar el cambio de naturaleza de la Diada”. Totalmente falso. No fue una sensación de movilización, sino una movilización real; y ningún reportaje audiovisual que yo haya visto ha conseguido transmitir ni la mitad de su potencia. Tampoco es verdad que haya habido un cambio de naturaleza de la Diada, al menos desde la de 2012, cuando Artur Mas pretendió que fuera una manifestación de apoyo al pacto fiscal y los organizadores le aclararon pública y repetidamente que iba a ser una manifestación por la independencia.

Lo que sí ha habido es un cambio en la situación política catalana después del 9N de 2014, y ello ha repercutido en el 11S de este año. El pasado 9N 2,3 millones personas de Catalunya desobedecieron la prohibición del Tribunal Constitucional y fueron a votar en la consulta sobre si querían que Catalunya tuviera un Estado propio y si querían que éste fuera independiente; y 1,9 millones de personas votaron Sí-Sí, a favor de las dos cosas. Pero ese día también quedó claro que no era posible ningún tipo de consulta legal a los ciudadanos de Catalunya sobre la relación que deseaban mantener con el Estado español. Se había cerrado la vía no sólo a un referéndum a la escocesa, sino a cualquier tipo de consulta, aunque no fuera vinculante.

Entonces las organizaciones del movimiento (ANC y Omnium) propusieron que en el plazo máximo de tres meses se pusiera en marcha el plan B previsto desde hacía tiempo en el Llibre blanc de la transició nacional de Catalunya: convocar elecciones autonómicas y convertirlas en “plebiscitarias”, es decir, en un modo legal de conocer la opinión de los ciudadanos sobre la independencia de Catalunya, a través de los resultados de las candidaturas que defendieran clara y explícitamente esta opción. Finalmente, después de muchas vicisitudes, el 27S hay dos candidaturas que defienden claramente la independencia: Junts pel Sí y CUP-Crida Constituent. La primera agrupa fundamentalmente a CDC (con Artur Mas en el cuarto puesto), ERC y las antiguas presidentas de la ANC (Carme Forcadell) y Omnium (Muriel Casals). Dado que la CUP es una organización independentista y anticapitalista, no es muy exagerado decir que el único punto en común de las dos candidaturas es la independencia. Pero los votos de las dos podrán contarse legítimamente como votos favorables a esta reivindicación. Por otra parte ninguna otra candidatura apoya clara y explícitamente la independencia.

A partir de lo anterior se puede entender que la Diada no ha cambiado de naturaleza y, al menos desde 2012, sigue siendo una reivindicación masiva a favor de la independencia. Pero sí ha cambiado la relación de algunas personas y partidos hacia esta reivindicación. El caso más notable es el de UDC de Duran i Lleida, que ha pasado a combatirla, pagando el precio de romper su coalición con CDC y de partirse por la mitad. No es menos importante la evolución de las personas: Raul Romeva, antiguo europarlamentario de ICV, es ahora el cabeza de lista de Junts pel Sí; Lluís Rabell, que votó Sí-Sí el 9N, es ahora el cabeza de lista de la coalición Catalunya Sí que es Pot (Podemos, ICV, EUiA y Equo), que no defiende la independencia.

En este contexto, un sector significativo de personas de izquierda han argumentado que acudir a la Via Lliure el 11S significaba apoyar a Artur Mas. Creo que no es cierto, que no es un razonamiento correcto y que, sobre todo, no respeta la diversidad de gente y de sentimientos políticos que estaban presentes en la Via Lliure. En mi opinión acudir a la concentración significaba apoyar la independencia, una reivindicación de ruptura con el régimen del 78, en relación con la cual se niega cualquier tipo de consulta popular y que cuenta con impresionante apoyo de masas. Compartiendo esta reivindicación había una gran diversidad de posiciones políticas: desde los que apoyan a Artur Mas, a los que apoyan a Junts pel Sí pero no a Mas, y a los que son luchadores activos contra las políticas que han desarrollado Artur Mas y sus gobiernos (como la CUP, Procés Constituent y muchos activistas de movimientos sociales). Pienso que todos los que se esfuerzan en identificar la participación en la Via Lliure con el apoyo a Artur Mas en realidad le hacen un favor involuntario, porque esto es precisamente lo que él pretende, aunque esta pretensión no tenga nada que ver con la pluralidad política de la gente que quiere luchar por la independencia.

El éxito del 11S beneficiará sin duda a las candidaturas de Junts pel Sí y CUP-Crida Constituent y, más particularmente, a las posibilidades de que Mas sea el futuro presidente. Tanto el haber conseguido la lista Junts pel Sí (a base de chantajear con no convocar elecciones) como hacer coincidir el inicio de campaña con el 11S pueden verse sin duda como astucias de Mas, que es un político muy inteligente en una situación muy difícil. Pero estas astucias tendrán más posibilidades de triunfar mientras un sector importante de la izquierda siga sin comprender las potencialidades rupturistas de la reivindicación de la independencia y siga limitándose a la defensa del derecho a decidir sin ser capaz de ofrecer ninguna vía alternativa creíble para hacerlo realidad.

Finalmente el 11S ha reforzado el carácter plebiscitario del 27S, es decir, el de instrumento para contar el apoyo popular a la independencia. Josep Ramoneda ya lo veía claro el día antes de la Diada: “Con esta estrategia, el PP ha validado la pretensión del independentismo de dar carácter plebiscitario a las elecciones autonómicas del 27-S. El envite queda reducido a independentismo, sí; independentismo, no. Como los sondeos empiezan ya a insinuar, los partidos que buscan posiciones intermedias cada vez tienen más dificultades para hacerse un hueco. Y a la hora del recuento quedarán alineados en el No. La campaña está en el terreno que querían los independentistas”. Se podría añadir que el PSOE, Felipe González, numerosos medios de comunicación, y otros muchos actores han ayudado muchísimo. Pero la conclusión seguiría siendo la misma.

Reconocer el carácter “plebiscitario” del 27S y favorecer el triunfo del Sí a la independencia no equivale a considerar que es lo único que se juega en las próximas elecciones ni a poner sordina a las reivindicaciones sociales. Significa solamente que el triunfo de la independencia, en escaños y votos, significaría abrir una brecha muy importante en el régimen del 78, no sólo en Catalunya, sino en todo el Estado. Pero es necesario, al mismo tiempo, reforzar la lucha por todas las reivindicaciones sociales pendientes y acabar con la política de austeridad y recortes que ha desarrollado el gobierno de Artur Mas. Por mucho que algunos lo pretendan el cambio social y el nacional no son excluyentes, ni deben sucederse uno después del otro. Los dos son necesarios, los dos están presentes en las luchas actuales y pueden reforzarse mutuamente.

13/09/2915



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