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TRIBUNA VIENTO SUR
¡Bienvenidos refugiados! De nuevo en Alemania
11/09/2015 | Manuel Kellner

Estas últimas semanas la llegada de refugiados y refugiadas ha suscitado en Alemania un masivo movimiento de acogida, apoyo y solidaridad. Las portadas de los diarios y los media alemanes e internacionales se hacen eco de la nueva cultura de "bienvenida" alemana. En las estaciones de Múnich, Frankfurt, Colonia y muchas otras ciudades se concentran cientos de personas para recibir con aplausos a los refugiados que llegan en tren. Se les ofrecen flores, bebida y avituallamiento. También se les ofrece apoyo económico. Una multitud de gente se presta voluntarias para distribuir ropa, ocuparse de las niñas y niños, ofrecerles cursos de alemán o dispensarles lo que fuera necesario.

Un movimiento que crece día a día. Clubs de futbol organizan equipos internacionales compuestos entre refugiados y quienes juegan en la liga a diferentes niveles. Miles de personas, no vinculadas a asociaciones o a partidos políticos, se organizan espontáneamente para prestar ayudar a las y los refugiados. Es mucha la gente joven (entre la que se encuentran gente inmigrante o de origen no alemán) la que se compromete en este movimiento de solidaridad de forma muy concreta, basada en la ayuda práctica a las y los refugiados, codo a codo con los militantes antifascistas, radicales de izquierda, revolucionarios, mucha gente joven se compromete

En los programas de la televisión pública así como en las grandes cadenas privadas, se multiplican los reportajes, los debates y las emisiones de todo tipo a favor de las y los refugiados y de su integración y lo que prima siempre es el entusiasmo por la integración. Las discusiones giran en torno a la cuestión de cómo poder hacer aún mejor para aliviar la suerte de las y los refugiados, cómo hacer para vivir juntos y cómo podría imponer el gobierno alemán, en el seno de la UE, la generalización del recibimiento generoso, la ayuda inmediata y eficaz y la integración de la gente refugiada. "Bienvenidos refugiados" es el lema que, hasta nueva orden, acapara el debate público en Alemania.

Esto contrasta vivamente con las movilizaciones xenófobas y antimusulmanas de Pegida [extrema-derecha] y la oleadas de actos violentos organizadas por los neonazis de todo tipo contra los centros de acogida de refugiados y contra la gente inmigrante, muy a menudo apoyadas por "ciudadanos cabreados", que llegan con sus hijos para vociferar su odio, incluso con amenazas de muerte contra los políticos que organizan los centros de acogida y de alojamiento. Esto contrasta también con lo que ocurrió la primera mitad de los años 1990, en la que los atentados y las manifestaciones violentas contra los refugiados de guerra de Yugoslavia llevaron no solo a que la ideología oficial concluyera con el lema "el barco (alemán) está lleno" sino, también, a una modificación en la constitución alemana en 1993 que convertía el derecho de asilo en un residuo más que restrictivo.

Así pues, ahora nos encontramos ante una polarización extrema de sentimientos en la población alemana y son los sentimientos de solidaridad los que son hegemónicos. Imagínense a todos esos filo-nazis, a las derechas de todo tipo, envenenados por la agitación "populista" nacionalista, viendo en la tele las orgías de "bienvenida" y el discurso oficial de la "cultura de bienvenida", apoyada incluso por la patronal que habla de las opciones para la economía alemana que supone la integración de centenares de miles de personas capaces de vender su fuerza de trabajo; a veces con una cualificación alta (sobre todos los que provienen de Siria). Las y los refugiados que llegan de Hungría han gritado: "¡Alemania! ¡Queremos ir a Alemania! ¡Amamos a mamá Merkel!" Estos refugiados ven las flores que se agitan en las estaciones alemanas, los aplausos con los que se recibe a los trenes llenos de gente refugiada y se enteran de que Alemania recauda miles de millones de Euros para acoger como es debido a los refugiados… "¡Venid! ¡Venid todos! ¡Aún habrá muchos más porque se les ofrecen flores y miles de millones de euros!" Todo ello constituye una verdadera pesadilla para los filo-nazis, los nacionalistas y los predicadores del odio occidentales.

Para el gobierno de Merkel, y para su prestigio, constituye un triunfo importante. Aún ayer, en las caricaturas, Merkel y Schauble aparecían con el bigote de Hitler y el casco de hierro de la Werhmacht por su actitud ultra-dura contra el pueblo griego. Ahora, se les cita como la encarnación del principio humanitario y del humanismo, como el buen ejemplo frente Hungría, Dinamarca y el resto de brutos.

No soy de los que no dejan de refunfuñar y aguar la fiesta a todo el mundo. Es preciso felicitarse del giro de la opinión pública en Alemania y para la izquierda radical y revolucionaria cooperar con toda esa gente -a menudo poco politizada- que se pone en movimiento de forma solidaria y entrar en diálogo con ellos constituye toda una oportunidad. Sin embargo, conviene analizar con sobriedad lo que está ocurriendo.

Schauble [Ministro de finanzas alemán] viene de presentar unos Presupuestos, en los que a la vez que incluye miles de millones para la acogida y la integración de las y los refugiados exige reducir los gastos a todos los ministerios: se trata del dogma de la disciplina presupuestaria, del culto al "endeudamiento cero". Y eso significa que la política de austeridad se impone por doquier, lo que alimenta el contragolpe: cuando la ayuda a la gente refugiada se asocie al empeoramiento de la situación social de la población alemana pobre y con salarios bajos, se corre el riesgo de que el sentimiento cambie de campo a nivel de masas. Para evitarlo, será necesario que los sentimientos de solidaridad se extiendan al conjunto de las relaciones sociales con el fin de exigir un reparto equitativo de la riqueza, reducir las desigualdades y reivindicar el derecho a una vida digna para todo el mundo.

La izquierda en Alemana no está, ni mucho menos, a la altura de las circunstancias. Es cierto que en el debate en el Bundestag (Parlamento federal alemán) Gregor Gysi [de Die Linke] evocó, sensatamente, las razones por la que la gente huía de sus países y la relacionó con lo que hace Alemania cuando participa en las guerras de intervención y como campeona en la exportación de armas. Ángela Merkel se guardó bien de responderle directamente. Ahora bien, Gysi no relacionó la cuestión de la solidaridad con los refugiados con la de la solidaridad con las poblaciones machacadas por las dictaduras o, incluso, con la solidaridad de clase en la lucha contra el gran capital en Alemania, cuyos intereses de clase condenan a una parte creciente de la población a una vida cada vez más alejada del ideal "paraíso alemán" que, sin embargo, atrae a la gente que solicita refugio (y que sólo una pequeña parte lo logrará).

También hay que decir que la izquierda del partido Die Linke así como la izquierda radical alemana en su conjunto no se encuentra en una buena posición para responder a la cuestión de las razones del éxodo, sobre todo de Siria. En efecto, Sahra Wagenknecht, copresidenta del grupo parlamentario en el Bundestag, logró hacer una declaración sobre el tema de los refugiados proveniente de Siria -que constituyen la mayoría de quienes llegan a Alemania desde 2014- sin ni siquiera mencionar al dictador Assad y la guerra devastadora que desarrolla contra su propio pueblo. Porque ("campismo" obliga) son EE UU, la UE y el "oeste" en su conjunto los responsables de la catástrofe siria. No es así como la izquierda radical alemana podrá establecer un diálogo con los refugiados sirios que pertenecen o simpatizan con la oposición democrática contra el régimen de Assad -visto sobre todo que la izquierda radical alemana (salvo honrosas excepciones) jamás se ha solidarizado con la revolución siria que, en sus inicios, no tenía nada en común con la contrarrevolución islamista.

Otra cuestión importante, es la clasificación, la diferenciación, entre los "buenos" y los "malos" refugiados. Por ejemplo, las y los refugiados provenientes de Siria, incluso si no entran en los criterios restrictivos del derecho de asilo alemán aprobado en 1993, pueden esperar obtener el estatuto de refugiado porque la opinión pública y la política oficial reconocen la situación de guerra y terror sangriento e insostenible en Siria como una razón legítima para huir del país. Pero las y los refugiados de los Balcanes son mayoritariamente calificados como “refugiados sociales”, o mejor dicho inmigrantes, que llegan a Europa occidental y a Alemania para huir de la pobreza. Es cierto que actualmente los media alemanes hablan de la situación de los gitanos discriminados o de los albaneses amenazados por venganzas de sangre, pero la política oficial del gobierno de la gran coalición (CDU/CSU, cristiano-conservadores y el SPD socialdemócrata), trata de establecer una lista de países de origen "seguros" para poder repatriar más fácilmente a la gente proveniente de ellos.

Ante esto, es preciso responder que las razones "económicas" o sociales para huir de un país tienen la misma legitimidad que la huida por motivos políticos, de guerra o de guerra civil. Vivimos en un mundo que genera desigualdades terribles y miseria para al menos dos mil millones de seres humanos. Las poblaciones de los países industrializados dominantes sólo podrán emanciparse, liberarse de toda explotación y de toda opresión, cuando hagan frente, de forma directa, a esta situación e integren a las y los refugiados; en ningún caso, aislándolos mediante fronteras asesinas y protegiéndose tras muros. Es lo que Marx y Engels plantearon a la clase obrera inglesa: Jamás podréis liberaros mientras seáis cómplices de la sobreexplotación y de la discriminación de vuestros colegas irlandeses.

10/09/2015

Manuel Kellner es redactor de Sozialistische Zeitung



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