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Líbano
Última entrevista con Bassem Chit sobre Líbano y Medio Oriente
09/09/2015 | Turkey Agenda

Bassem Chit socialista libanés, militante y revolucionario fiel a sus compromisos, luchó sin descanso por los derechos sociales, económicos y políticos en Líbano y en esta región agitada. Bassem Chit que había jugado un papel esencial en la creación y desarrollo de un cierto número de organizaciones de activistas y de investigación en Líbano como Helem (Sueño), Liban Support y el Foro Socialista falleció prematuramente, el 1 de octubre de 2014, de una crisis cardíaca a los 34 años.

En esta entrevista en exclusiva dada a Turkey Agenda, que es también la última que realizó, respondió abiertamente a nuestras preguntas sobre Líbano, sobre el sectarismo, Turquía, la izquierda turca y de la región en general. Durante la entrevista hizo análisis muy útiles sobre los acontecimientos que se desarrollan en Medio Oriente y habló de ciertos militantes de izquierdas islamofobos turcos. También explicó la situación política en Líbano elaborando un análisis de clase y no en términos sectarios clásicos.

A la vez que expresamos nuestra tristeza por la pérdida prematura de este notable militante, deseamos que esta reveladora entrevista ayude a nuestros lectores a comprender las caóticas situaciones de Líbano en particular y Medio Oriente en general.

Turkey Agenda: En primer lugar, ¿podrías hablarnos brevemente de ti mismo y del Foro Socialista?

Bassem Chit: El Foro Socialista es una organización socialista revolucionaria de Líbano. Es el resultado de la fusión de dos grupos trotskistas en 2010, cada uno de ellos con su propia historia. Uno de ellos comenzó en 2000 y el otro en 1970. En el Foro Socialista, tenemos en principio dos publicaciones. Una de ellas es Al-Manchour, una edición en línea. La otra es una revista periódica en árabe, Al-Thawra ad-Dayma (Revolución permanente). Ésta es publicada dos veces al año bajo forma de un cuaderno, en colaboración con otros grupos de la región, en particular de Egipto, Siria, Túnez, Marruecos e Irak.

Nuestro grupo apoya las revoluciones árabes y a todas las revoluciones que se dan en el mundo. Consideramos que la situación actual exige una posición que alía la resistencia al capitalismo y contra las dictaduras con la lucha por la democracia progresiva.

El eje fuerte de nuestra estrategia es en la formación de un partido político, un partido revolucionario en Líbano.

En el sistema político libanés, en el que los partidos basados en el sistema de "zuama" (clientelismo), dominan la política, ¿cuáles son las dificultades de ser socialista?

En primer lugar, el sistema electoral libanés está fundado en el sectarismo. Pero esto no significa que todos los partidos políticos estén, por defecto, basados en el sectarismo. Los partidos políticos dominantes en Líbano son partidos sectarios. Pero tenemos también partidos políticos que están fuera del poder, muchos de los cuales son partidos laicos o no confesionales. Tenemos una larga tradición de movimientos de izquierdas en el país. Incluso en los años 1960 y 1970, y también en 1997, hemos tenido grandes manifestaciones en el país en las que a las personas del este y del oeste de Beirut se les sumaba el movimiento sindical.

A partir de los años 1990 y más tarde, tuvimos constantemente movimientos antisectarios. En 2011, hemos tenido una gran movilización contra el sectarismo en el país. Pero esto no significa que no sea difícil hacer política. Es muy difícil. Pero no es verdaderamente a causa del sectarismo. Es un problema en sí, pero las dificultades son principalmente causadas por los aparatos de seguridad de los partidos políticos y del Estado. Esto significa pues que los márgenes de acción militante son reducidos, algunas regiones están controladas por ciertos partidos políticos. Están controladas con armas. Tal es el problema. Hay que tener en consideración que Líbano es un país muy pequeño.

No vemos una revolución en Líbano sin un movimiento revolucionario en la región. Es la razón por la que consideramos que el cambio en Líbano está muy ligado a un cambio en Siria y viceversa. A causa de la forma en que las potencias coloniales han creado las fronteras, una de las tareas de la revolución consiste en la destrucción efectiva de estas fronteras. Es una tarea muy ardua puesto que hablamos de un pequeño país de tres millones de habitantes y de un régimen o un Estado que no tiene miedo de desencadenar una guerra civil para preservar su poder. Por estas razones, la izquierda revolucionaria debe organizarse y armarse con una sólida estrategia sobre la forma de gestionar el Estado, el sectarismo y todas las demás cuestiones.

¿Consideras por tanto los levantamientos en la región como una oportunidad para Líbano?

No solo para el Líbano, sino para la región en su conjunto. Realmente no es solo un levantamiento en la región. Hay una crisis económica internacional, la crisis del capitalismo. Si examinas las cifras económicas mundiales, descubres que esta crisis está profundizándose. Es también una crisis de la ideología neoliberal y una crisis de las políticas de reformas.

A escala mundial, los Estados no logran llevar a cabo reformas, ni siquiera reformas neoliberales. Como el nivel de las contradicciones y de las injusticias que atraviesan el sistema capitalista es bastante elevado, bastante complicado, cada reforma lleva a contradicciones aún más graves. Esto significa que las revoluciones actuales son el reflejo de una crisis internacional en la región árabe. Pero esto no significa que vayan a limitarse a Medio Oriente. Mira como en Grecia, en España o en Chile la totalidad de sus conquistas sociales están amenazadas, mientras que en los EEUU, se está dando una gigantesca batalla entre los demócratas y los conservadores sobre el tema de la sanidad. En esta perspectiva, lo que vemos es sencillamente la primera ola, como los primeros días de la revolución rusa, justo las primicias de las revoluciones que vienen.

Las contradicciones que han llevado a las revoluciones en el mundo árabe están lejos de haberse resuelto. Esto significa que es una primera tentativa de las masas populares árabes de combatir al Estado y al régimen. Gracias a este proceso, la gente comienza a aprender que tenemos necesidad de grupos revolucionarios más organizados y que tenemos necesidad de una clase obrera más organizada para vencer a estos regímenes, pero también a los movimientos reaccionarios.

En uno de tus discursos has sostenido que "el sectarismo no es una tradición tribal o feudal, sino que ha sido desarrollado por el capitalismo en el Líbano. Es más bien una historia moderna y no una historia tradicional. El sectarismo es de hecho una lucha de clases deformada, sin relación con la tradición". ¿Puedes decir algo más sobre la conciencia de clase en el seno de una sociedad pretendidamente sectaria?

Debemos establecer la distinción entre dos cuestiones: por una parte la lucha de clases como una existencia material, dicho de otra forma, como una realidad objetiva en el seno de todo sistema capitalista y, por otra parte, cómo la gente adquiere las ideas para comprender esta realidad. Si se mira el desarrollo de la economía en Líbano, descubrimos que Francia fue la primera en invertir en las regiones cristianas del Líbano durante la dominación del Imperio Otomano, gracias a algunos acuerdos. Esto significa que la nueva economía se desarrolló en una sola región y que las demás regiones permanecieron en la antigua economía. Fue entonces cuando fueron instaladas en las zonas cristianas de Monte Líbano fábricas de seda, dando lugar al desarrollo de una nueva mano de obra, al estrechamiento de la clase feudal, y a un aumento de la pequeña burguesía.

En 1860 tuvimos lo que llaman una guerra civil, que era de hecho un levantamiento campesino, que comprendía a campesinos maronitas, chiitas, sunitas y drusos, contra los señores feudales. Pero la nueva burguesía cristiana y los señores feudales cristianos se aliaron con los señores feudales drusos a fin de aplastar la revuelta campesina. No era por tanto una guerra civil, sino más bien un levantamiento campesino. Más tarde hubo un cambio de retórica sobre la protección de los cristianos. Pero debemos comprender que esta primera tentativa intentaba aplastar la revuelta y que era un deslizamiento hacia una posición sectaria de las clases dominantes de la época.

Así pues, en este sentido, debemos comprender que se han producido dos dinámicas. De una parte, está la emergencia de las condiciones de la lucha de clases que la gente comienza a percibir, aunque su percepción resulte de una tradición de pensamiento. Y más tarde, tras la independencia, se formó una muy poderosa élite política cristiana debido a la evolución del desarrollo económico. Al mismo tiempo, se creó una élite comercial muy poderosa el interior de Beirut, en el seno de la comunidad sunita. Mientras tanto, la estructura feudal se debilitaba considerablemente en las montañas de las regiones drusas y las zonas chiitas en el sur.

Al comienzo de la guerra civil en los años 1970, debido al deterioro de las estructuras feudales que significa también el deterioro de la economía campesina, la gente se desplazaba cada vez más hacia las ciudades. Es en las ciudades donde se podía constatar la injusticia en la estructura económica. Esto significaba que el Estado controlado por los kataeb (Falanges libanesas) /1 o el ala derecha de los partidos cristianos intentaba ganar su legitimidad utilizando prácticas sectarias. Haciendo disfrutar por ejemplo a los trabajadores cristianos de oportunidades de trabajo a la vez que ponían dificultades a los trabajadores chiitas para beneficiarse de ellas o viceversa.

Así pues, el sectarismo es una política; una política de segregación de la clase obrera. El gran error de la izquierda en la guerra civil era que consideraba la propia secta como clase. Entonces, argumentaron que los cristianos son todos burgueses y los musulmanes son la clase obrera, pero todo eso es absolutamente falso. Han intentado utilizar la clase como un medio de movilizar en plan sectario más que un medio para desintegrar el discurso sectario. Esa es la razón por la que hablamos de conciencia, que no es algo que se desarrolla libremente. Es algo que se desarrolla en la lucha política en curso y en la lucha ideológica. Al mismo tiempo, las ideas dominantes en el seno de la sociedad intentan modular la conciencia de masas de forma que sirva a la economía capitalista y la dominación de clase. Uno de los métodos utilizados es el sectarismo.

En paralelo, está la experiencia humana de las multitudes que viven juntas y trabajan juntas, que presenta efectivamente una amenaza para esta ideología. El papel de la izquierda revolucionaria es empujar esta experiencia humana aún más lejos y teorizarla así como desarrollar la ideología de la clase trabajadora. Como ejemplo, hemos tenido hace algunos años en el Líbano una huelga de trabajadores de la electricidad. Duró alrededor de 90 días. Reivindicaban contratos de trabajo indefinidos. El Estado les atacó por ser en su mayoría trabajadores musulmanes. Fue entonces cuando los demás trabajadores se levantaron, y los trabajadores cristianos con ellos, se pusieron a la vanguardia para defender a sus colegas musulmanes contra la milicia cristiana que les atacaba. Hemos tenido también una huelga en la central eléctrica de Junieh en apoyo a una huelga en otra central eléctrica situada en zona musulmana.

Si las cosas permanecen en este estadio, no es seguro que se pueda sacar algo. Para ello hay que llevar la batalla a su justo lugar, ahí donde no es solo cuestión de estrategia defensiva, sino de estrategia ofensiva contra el Estado. Esto quiere decir que hay que luchar contra el sistema del sectarismo hasta su destrucción total. En la lucha de clases, tenemos la costumbre de recurrir a ideas y mecanismos defensivos. Sin embargo es precisa una comprensión de la historia y de todas las contradicciones no solo a través de una batalla específica, sino a través de la lucha general contra el sectarismo ligando todas estas experiencias. Porque juntando estas experiencias podemos desarrollar una nueva forma ideológica de resistencia contra el Estado y el sectarismo.

En ausencia de esta nueva forma de resistencia ideológica nuestra conciencia de clase está a punto de ser desviada hacia el campo de la conciencia sectaria. ¿Cómo se hace en la práctica? Volvamos a la huelga de los trabajadores de la electricidad. La Corriente Patriótica Libre (CPL) /2 decía que la existencia de una mayoría de trabajadores musulmanes acabaría por desestabilizar la cuota sectaria en el seno de la empresa. Pero lo que intentaba realmente, era socavar la unidad de los trabajadores y crear relaciones sectarias. Quería atacar la solidaridad y la unidad entre los trabajadores. Es lo que hace también Nabih Berri /3, por ejemplo, con ciertos dirigentes sindicalistas contra los trabajadores. Han intentado desviar la lucha de clases a partir de su base unitaria hacia una base sectaria.

Tomemos otro ejemplo para mejor clarificar las cosas, el movimiento Amal y Hezbolá, que son partidos políticos chiitas, han adoptado un método singular para interactuar con el descontento y las rebeliones populares en el extrarradio sur. Si por ejemplo un movimiento de protesta se desencadena contra los cortes de electricidad o contra el paro, lo que más temen estos partidos es que los manifestantes o los huelguistas puedan encontrarse y tejer lazos con gentes de otras regiones. En lugar de desarrollar la movilización para la mejora de la cobertura eléctrica en el Líbano, compran generadores eléctricos y proporcionan fondos a las estaciones de gasolina.

Por ejemplo, en el Akkar /4, Saad Hariri /5 da dinero a ciertos organismos de beneficencia y a algunos desfavorecidos para calmar las contradicciones de clase y reforzar la dependencia económica de los trabajadores respecto a los capitalistas. Esto significa también que el dinero proveniente de los regímenes más crueles del mundo como Arabia Saudita, Irán o los Estados Unidos hace su camino hasta aquí para crear una relación de dependencia de los trabajadores musulmanes o cristianos respecto a la burguesía musulmana o cristiana. Esta dependencia crea una ilusión de protección. Es un mito ideológico. En lugar de decir que nuestro problema es la burguesía, encuentran que es más fácil decir que el problema de los trabajadores musulmanes es la burguesía cristiana. Así el problema para los trabajadores cristianos se convierte en la burguesía... musulmana, y la rivalidad acaba por instalarse entre los trabajadores. Mientras tanto, los medios encuentran realmente popular decirle a la gente que ¡los musulmanes cogen los empleos de los cristianos o los cristianos cogen los empleos de los musulmanes!

Finalmente se crea un entorno de competencia. Se trata de hecho de una lucha en la cúspide de las fuerzas burguesas por el poder que es reflejada como una cultura popular en el fondo de la clase obrera. La cuestión principal aquí es luchar contra la estrategia del Estado, la estrategia de la burguesía y sus métodos para vencer la lucha de clases. Debemos comprender que luchando contra el Estado, no llevamos la lucha de clases únicamente al plano económico sino también a los planos político e ideológico. Esto significa que nuestra resistencia debe ser económica, política e ideológica, lo que, muy desgraciadamente, la izquierda en la región no toma en consideración. No ataca en el frente ideológico. Milita solo en los planos económico y político. Pero cuando se trata de ideología, qué tipo de Estado queremos, qué ideología revolucionaria debemos adoptar, este tema no es discutido. Debemos tener la ideología de la contrahegemonía, debemos crear verdaderas organizaciones para destruir su hegemonía y crear contra-hegemonías que reflejen los intereses de la clase obrera.

Así pues, podemos decir que la conciencia de clase en la sociedad es una válvula de seguridad contra el sectarismo y la amenaza de una guerra civil

La conciencia de clase no se limita a la conciencia económica. Ni en Marx y Engels se trata de la conciencia económica. Pero hay una tradición en el seno de la izquierda de comprender a la clase solo desde el punto de vista económico. La forma más alta de la lucha de clases es la lucha política. Al mismo tiempo, se deben combinar los aspectos económicos, políticos e ideológicos en el curso de la lucha. La parte importante en todo esto es la organización de la lucha de clases. Pues no hay que contar únicamente con reacciones espontáneas o acciones no organizadas. Son importantes, pero debemos organizarlas más. Por esto es muy importante que la izquierda revolucionaria en la región árabe esté organizada. Como el Estado y los partidos políticos están eficazmente organizados, tienen múltiples fuentes de financiación y una tradición política, son capaces de poder responder. Esto significa que, si quieres combatirles, debes estar tan organizado y ser tan eficaz como ellos. Pero no debes comprometer tu política o tus métodos de organización o tus prácticas y mecanismos democráticos. Esto es una cuestión muy difícil pero muy importante. La lucha de clase y la conciencia de clase son cuestiones centrales pues sin ellas, no serás capaz de construir puentes entre los trabajadores cristianos, sunitas y chiitas. Y tenemos necesidad de ese vínculo de solidaridad y de afinidades para luchar contra la clase dirigente. En mi opinión, la conciencia de clase no es solo una conciencia económica. La conciencia de clase es necesaria para comprender el papel de la clase en la determinación de los parámetros económicos, políticos e ideológicos a la vez.

¿Piensas que el principal error de los recientes levantamientos en la región es que se han transformado en una lucha sectaria?

Las revoluciones no se desencadenan en condiciones que elijamos por adelantado. Así, las revoluciones han tenido lugar en la región árabe tras un retroceso total de la izquierda debido a numerosas razones. Entre ellas, la colaboración activa de la mayor parte de la izquierda estalinista y de la izquierda nacionalista con los regímenes. Hay evidentemente estructuras sindicales en Egipto, en Siria, en Líbano y en el resto de la región. Pero hay un gran retroceso de la acción política desde los años 1980. Es en estas condiciones en las que han estallado las revoluciones. Sin embargo aparecen dos realidades: la necesidad y la prioridad de organizar a la clase obrera. Son las tareas revolucionarias que hay que llevar a cabo.

La historia no comete errores, sencillamente se produce. La izquierda tradicional ha cometido muchos errores. Los veinte últimos años han registrado una progresión de la izquierda revolucionaria en diferentes países, en particular en Egipto y Líbano. A lo largo del tiempo estos grupos se han reducido en una cierta medida, pero siguen siendo más eficaces que las organizaciones de la izquierda tradicional. Es por tanto importante desarrollar estas organizaciones.

Luego, ha corrido mucha agua debajo de los puentes. Si se compara a nivel del Líbano por ejemplo, el Partido Comunista que había reivindicado 10 000 miembros, cuenta ahora 3 000 o incluso menos. En Beirut nosotros movilizamos más gente que ellos. En Egipto, los Socialistas Revolucionarios, parecidos a nuestra corriente en Líbano, se hacen oír más en la izquierda que el resto de la izquierda tradicional, sin embargo más numerosa. Hemos podido pues mejorar cualitativamente, pero no cuantitativamente en términos de ampliación de nuestra base. La gente ha comprendido la importancia del partido político en la revolución, sobre todo después de la derrota de la primera fase de la revolución. Esto es muy importante pues la gente ha comprendido que un movimiento no puede ganar sus batallas contando solo con sus propios esfuerzos y las reacciones espontáneas. Este tipo de populismos se ha desintegrado con el ascenso de las fuerzas contrarrevolucionarias. Es una oportunidad para la izquierda revolucionaria. Sin embargo no puedes basarte ya en la hipótesis de un posible frente popular. Esa era la lógica de la izquierda tradicional en los años 1960 y 1970. Se basaba en los movimientos populares, lo que significaba aliarse con todo el mundo. Ahora bien, los recientes acontecimientos han probado que esta estrategia es totalmente falsa. Tenemos necesidad de un frente único, de un frente revolucionario, pero no de un frente popular. Esto significa que hay que luchar contra la clase dirigente y al mismo tiempo contra las fuerzas reaccionarias, como Daesh por ejemplo o grupos similares. Pero también defender a organizaciones reformistas, como los Hermanos Musulmanes, contra la represión del poder. Por otra parte, está la experiencia del movimiento Ennahdha en Túnez, que, tras haber comprendido la suerte reservada a los Hermanos Musulmanes en Egipto, ha maniobrado inteligentemente, permitiendo a la izquierda entrar en juego. Y tomar parte en la batalla institucional liberal. Es una crisis de la izquierda. En Túnez, por ejemplo, llevan a buen puerto reivindicaciones democráticas, pero es en el marco de una nueva política liberal con el aval del imperialismo capitalista. Son las condiciones en las que debemos trabajar. Hay dos tareas principales que son la construcción de una organización revolucionaria y al mismo tiempo dirigirse hacia los trabajadores.

La burocracia sindical está en crisis. Mira cómo las burocracias sindicales en Egipto –incluso las que están a la cabeza de los sindicatos llamados independientes– han apoyado todas a Sisi y el régimen militar. No es difícil concluir que esas direcciones son ineficaces e inútiles para la revolución. En cuanto al movimiento sindical en Líbano, no deja de hacer concesiones hasta tal punto que no llega a movilizar a masas de trabajadores, como lo hacía antes. Actualmente moviliza a penas a treinta o cincuenta personas /6. La izquierda debe trabajar en la base para concienciar a los trabajadores y llevarles a adoptar una ideología y una línea política revolucionarias pero también para instalar y dinamizar una tradición en el seno de la clase obrera, la de la necesidad de organizarse más.

La reconstrucción de las organizaciones de la clase obrera para desafiar al Estado es una situación completamente diferente de la que teníamos en los años 1960. Entonces teníamos una pequeña clase obrera, una amplia capa de campesinos y la cuestión de la liberación nacional, que era el elemento principal en toda la lucha. Hoy, no se trata de liberación nacional en el sentido de liberar un territorio ocupado, sino de una liberación nacional del yugo del imperialismo. Hay pues que poner fin a la injerencia de los Estados Unidos, de Europa, de Arabia Saudita y de los capitales extranjeros en la región. Esto significa que tenemos necesidad de una situación revolucionaria. Lo que llamamos la revolución permanente. Esto implica que tenemos las condiciones no solo de realizar la liberación nacional o las reformas democráticas, sino también la oportunidad de profundizar esta revolución y de transformarla en una revolución socialista.

Es necesario grabar en los espíritus la importante distinción entre liberación nacional y Estado capitalista. En los años 1960, el pueblo había apoyado a la burguesía nacional contra la burguesía internacional. Hoy la burguesía nacional, aunque pretenda ser antiimperialista, es indisociable del liberalismo. Hacen negocios y cooperan. Por ejemplo, Hezbolá recibe dinero de burgueses libaneses instalados en África, que explotan a trabajadores africanos. Recibe también dinero de Irán, el Estado que explota a los trabajadores iraníes. Saad Hariri recibe dinero de Arabia Saudita que explota también a los trabajadores. El entrecruzamiento de las relaciones capitalistas es evidente. Así pues, estos movimientos de “resistencia” no pueden luchar contra el imperialismo. Todo lo que pueden esperar, es una especie de liberación física, a imagen de lo que ocurre en Líbano. Pero se detendrán allí donde comiencen a perjudicar a las relaciones capitalistas en las que están implicados. Es lo ocurrido cuando la revolución ha estallado en Siria. Hezbolá ha ido a Siria para proteger al régimen de Assad, bajo el mando de Irán, que quiere también proteger sus propios intereses. Este movimiento de resistencia se ha transformado en un ejército que combate para servir a los intereses de los capitalistas en Siria. Esto es una contradicción porque no se trata de un pequeño ejército, sino de un ejército enorme en el Estado. Cuando se quiere contrarrestar, no basta con explicar lo que está haciendo Hezbolá, sino que hay que ser capaz de ganar a la gente que le apoya a una posición revolucionaria diferente. Tal es la cuestión más importante.

En comparación con otras organizaciones “de izquierda”, habéis apoyado la revolución popular en Siria. ¿Cómo explicas el alejamiento entre las organizaciones de izquierdas?

En Líbano, tenemos la izquierda nacionalista que comprende a los nacionalistas árabes y la izquierda estalinista como el Partido Comunista. Estos grupos han adoptado una vieja estrategia que considera la liberación nacional como una condición sine qua non de la revolución. Han adoptado también una estrategia de cambio democrático. Esto significa dos cosas: la primera, si hay un conflicto entre la burguesía nacional y la burguesía internacional, se pondrán del lado de la burguesía nacional; la segunda, no buscan desafiar al Estado, sino que intentan ganar en las elecciones y acceder al poder. Esta concepción de las cosas les pone en una posición de no confrontación, ni contra la burguesía internacional, ni contra la burguesía nacional; ahora bien, la confrontación de estas dos burguesías es un elemento importante para ser un grupo revolucionario. En Siria por tanto, según esta lógica, apoyar al régimen significa apoyar al antiimperialismo en la región del que éste se reclama, cuando es completamente falso.

Hemos podido constatar como la revolución siria ha causado una derrota, al menos moral, del imperialismo. La creciente crisis económica es una oportunidad en el sentido de que fuerza a numerosas potencias imperialistas a retirarse. Esto no quiere decir que no tengan ninguna presencia, pero se han debilitado. En lugar de explotar esta situación para empujar hacia una situación revolucionaria contra la burguesía árabe y el imperialismo, algunas de estas organizaciones de izquierda se alían con los regímenes por varias razones. Una de las principales razones es que están preocupadas por saber cómo ganar una representación en el poder o como acceder al poder sin deber probar su credibilidad o legitimidad. Es el error de los partidos reformistas cuya ideología está en crisis. La ideología nacionalista misma está en crisis. Constatamos un debilitamiento de la identidad nacional y la emergencia de una perspectiva para desarrollar una ideología revolucionaria que transcienda la ilusión de una separación entre Líbano, Siria, Egipto y Palestina.

Pues resulta imposible revolucionar la región sin la destrucción de las fronteras que han sido fijadas por el colonialismo, luego consolidadas por los regímenes árabes que han sido obligados ellos también, a separar la lucha palestina y las luchas libanesa, siria, iraquí, egipcia y de los países del Golfo. Estas fronteras han ayudado a los regímenes árabes a aplastar a los movimientos populares que se desarrollaron en los años 1960 e incluso antes. Pero los partidos reformistas no pueden concebir su existencia al margen del Estado nación. Tienen necesidad de las fronteras nacionales para existir. Por otra parte, no tienen estrategia para cambiar el carácter capitalista del Estado y tienen una comprensión mecánica de la historia. Para ellos, una revolución no es una revolución mientras la gente no haya reivindicado el socialismo desde el primer día.

Sin embargo, ni durante la revolución rusa ni durante la revolución francesa la gente reclamó el socialismo desde el primer día. Durante la revolución rusa, ¡una manifestación fue dirigida por un cura, y numerosos campesinos fueron asesinados durante las protestas! Después de numerosos años la gente comprendió que no se puede negociar con el Estado. Es lo que ha aprendido el pueblo árabe. No se puede negociar con los Estados árabes. Sin embargo el Partido Comunista y los partidos estalinistas han optado por ponerse del lado de los regímenes árabes. Esto implica que no pertenecen ya a la izquierda. Forman parte del aparato del Estado… el aparato del estado burgués que se defiende contra los movimientos populares.

Por otra parte esto se parece a lo que hizo la izquierda reformista en Alemania cuando el ascenso de Hitler. Esta posición de la izquierda ha permitido o al menos era favorable al auge de Daesch y grupos similares. El laicismo se ha vuelto sinónimo de alianza con los regímenes árabes despóticos. Por ello hay que hacer la distinción entre estos Estados pretendidamente laicos que no tienen nada que ver con el laicismo y que consagran el sectarismo, y el laicismo revolucionario basado en la justicia social y la igualdad.

Algunos partidos políticos además del Foro Socialista tienen también un discurso antiimperialista y “resistente”. ¿Cuáles son vuestras similitudes y diferencias? ¿Cuáles son las diferencias entre las definiciones del término “resistencia”?

Cuando Hezbolá luchaba contra Israel, apoyamos la resistencia. Apoyamos a cualquiera que resista contra el imperialismo. Pero cuando Hezbolá va a Siria para combatir contra la revolución popular, eso ya no es resistencia. Se ha convertido en una milicia del régimen autoritario y de la potencia regional que es Irán.

La pregunta se plantea así: ¿pueden grupos como Hezbolá o Hamas liberar Palestina o aplastar al imperialismo? La respuesta es no, no pueden. Pero al mismo tiempo, en ausencia de organizaciones capaces de resistir a la ofensiva israelí cada vez que Israel ataca, apoyamos a cualquiera que tome las armas y combata a la entidad sionista. Pero esto no significa que apoyemos su política. Es la diferencia más importante entre nosotros y los demás segmentos de la izquierda. Ellos apoyan a Hezbolá en todo lo que hace. Es el principal problema. Están de acuerdo con la política interior de Hezbolá totalmente neoliberal, económicamente hablando. Aplican una política contra los intereses de la clase obrera debido a su alineamiento con las políticas sectarias. Es lo que explica su silencio sobre todas las cuestiones. Absteniéndose de criticar a Hezbolá a propósito de estas cuestiones, han contribuido a profundizar la conciencia sectaria en el seno de la clase obrera. Es lo que ha debilitado su posición en el seno de la clase obrera y en la lucha de clases en en general.

Estamos concibiendo una comprensión alternativa de la resistencia. Llamamos a una resistencia laica y no a una resistencia nacional sectaria. Sin embargo no está basada únicamente en la resistencia armada, sino también en la resistencia política contra el capitalismo. Porque vimos, en 2006, cómo algunos se beneficiaron de la miseria de los demás durante la guerra. ¿Se puede considerar esto como un acto de resistencia? ¿Era una acción antiimperialista? Hezbolá y Hamas no son antiimperialistas. El antiimperialismo significa también hacer frente a todos los Estados, posicionarse contra la intervención de las milicias en Siria y contra la intervención de Arabia Saudita en otros países. No podemos por ejemplo apoyar la intervención de Rusia en Ucrania. Eso es el imperialismo, como sabes.

La izquierda nacionalista opta por apoyar a unos segmentos de la burguesía contra otros. Esta actitud podría ser una estrategia interesante al comienzo del siglo pasado, cuando se producía el nacimiento del capitalismo, con la existencia de la burguesía nacional. Al mismo tiempo, hay una gran ilusión en cuanto al estatismo de los que dicen: cuando alcancemos la economía industrial, tendremos el socialismo. La economía capitalista es una economía mundial y no una economía nacional. La burguesía nacional no realizará jamás las reformas democráticas en los países en los que domina porque se beneficia de la ausencia de democracia. Por esta razón, todas las reivindicaciones democráticas y socialistas y antiimperialistas deben ser comprendidas en una misma estrategia. Esa es la diferencia entre ellos y nosotros. Nosotros consideramos la resistencia como un elemento de la lucha revolucionaria, y no una fase aparte antes de la revolución.

Algunos grupos de izquierda en Turquía han tomado una posición de sospecha sobre las revoluciones populares en Medio Oriente, en particular en Siria. ¿Cómo lo explicas?

La mayoría de esos grupos de izquierda son o bien nacionalistas o bien estalinistas fascinados por el fetichismo del Estado. Las revoluciones no son algo bonito. Son muy feas. Si revisamos la historia, la revolución francesa y la revolución rusa no eran en absoluto bonitas. Porque la sociedad misma es fea. Y para librarse de esta fealdad, debemos hacerle frente. Pienso que esta posición negativa de la izquierda turca deriva de la ideología nacionalista. Es en parte reflejo de la ideología nacionalista en el seno de la izquierda turca, alimentada de las ideas de Mustafa Kemal, y que apoya el ejército.

Al mismo tiempo, si tienes una alta dosis de islamofobia, no apoyarás a los Hermanos Musulmanes. Sin embargo hay que comprender las contradicciones de los Hermanos Musulmanes que hacen constantemente cosas tanto a derecha como a izquierda. Su movimiento está lejos de ser un ejército organizado. Esto no significa que tengas que apoyar a los Hermanos Musulmanes contra el ejército. Tienes que mantener tus puntos de referencia y considerar que el ejército turco, egipcio o sirio puede potencialmente desarrollarse hacia un régimen fascista. Esto ha ocurrido anteriormente en Turquía y ocurre ahora con Assad en Siria y Sisi en Egipto.

Los Hermanos Musulmanes, a causa de sus múltiples contradicciones, no son capaces de permanecer en el poder. Es un signo de su gran debilidad. Puedes criticarles, puedes movilizar en su contra, pero no puedes calificarles de fascistas. Porque no son una organización fascista. Y no pueden destruir todas las conquistas democráticas cuando llegan al poder. En realidad las utilizan en su propio beneficio. El ejército, en cambio, destruirá todas las conquistas democráticas. En mi opinión, la izquierda nacionalista en Turquía sostiene al fascismo contra el reformismo islámico, y esto, a causa de la palabra islam. Todo esto tiene un nombre: islamofobia. Hay que mirar los últimos 20 o 30 años para comprender los enormes errores de izquierda nacionalista y estalinista. Para comprender lo que ha llevado a la gente a ir a buscar algo diferente. Algunos lo han encontrado en los movimientos islámicos. Así pues para vencerles, es preciso en primer lugar anular un tipo de conciencia actuando a dos niveles. El primero fue la derrota del movimiento nacionalista, lo que significa que el nacionalismo en si no es un arma contra el islamismo. El segundo se produce a la luz de la derrota en curso del proyecto islámico, que era presentado como alternativa.

Para nosotros, no hay más que una alternativa: el socialismo. El proyecto nacionalista y el proyecto islámico son dos proyectos burgueses. Y la izquierda debe tomar posición contra los proyectos burgueses. Es así como veo este enorme problema. Es a causa de todo esto que las revoluciones árabes son vistas con tanta sospecha. Ahora con la profundización de la crisis del nacionalismo pero también la profundización de la crisis de los proyectos islámicos, intentan salvar el nacionalismo intentando hacer frente al islamismo. Daesh, por ejemplo, se sirve de la crisis profunda de los partidos islámicos reformistas. Desde la derrota de los Hermanos Musulmanes en Egipto, la de Ennahdha en Túnez, y la crisis de los Hermanos Musulmanes en Siria, Daesh representa un modelo realista para la gente que es potencialmente movilizable. Esta organización terrorista intenta entonces reclutar entre las bases de los partidos islámicos reformistas sobre la base de posiciones más radicales. Su presencia es una prueba de la crisis del islamismo reformador.

Lo que hace la izquierda nacionalista es meter a todos esos movimientos en el mismo saco. Pero este delirio va acompañado también de una fuerte dosis de hipocresía. Para la izquierda nacionalista en Líbano por ejemplo –que hace sin embargo la misma lectura de los movimientos islamistas– Hezbolá no es ya una fuerza islamista. Por su parte, la izquierda turca, que apoya a Bachar Al-Assad, el aliado de Irán y de Hezbolá, se abstiene de toda crítica hacia Irán o Hezbolá. Entonces apoya a los chiitas contra los sunitas. Es la verdadera naturaleza del nacionalismo. El nacionalismo en el mundo árabe, como en Turquía, ha sido siempre sectario en el sentido en que ha manipulado constantemente la religión. No se ha disociado de la religión. Ataturk hizo del islam una religión turca. Gamal Abdel Nasser se sirvió de la mezquita Al-Azhar (la más alta autoridad del islam en el país ndt) para enfrentarse a los Hermanos Musulmanes. Bachar Al-Assad ha construido más mezquitas en Siria que la hermandad de los Hermanos Musulmanes en la región. Todos han utilizado la religión para vencer a la oposición. Así pues, de hecho, jamás fueron laicos. Utilizaron la religión oficial o institucional para aparecer como laicos, pero jamás instauraron una separación entre la religión y el Estado.

16/10/2014

Publicado en inglés en http://www.turkeyagenda.com/interview-with-the-late-bassem-chit-on-the-politics-and-culture-in-lebanon-and-the-middle-east-1302.html. Traducido de la versión publicada en francés en http://www.lcr-lagauche.org/le-dernier-entretien-avec-bassem-chit-sur-la-politique-et-la-culture-au-liban-et-au-moyen-orient/ de la cual provienen las notas que siguen.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Los Kataeb o Falanges libanesas son un partido político nacionalista y militarizado, esencialmente cristiano, fundado en 1936 (ndt).

2/ La Corriente Patriótica Libre (CPL) es un partido político de la oposición cristiana libanesa fundado en 1992 por el general Michel Aoun. El CPL está representado en el parlamento libanés con el nombre de “Bloque del cambio y de la reforma” y se ha convertido en el más fuerte de los partidos cristianos en Líbano (ndt).

3/ Nabih Berri es un político libanés. Es el presidente del Parlamento libanés desde 1992 y el jefe del movimiento chiíta Amal (fundado en 1975 y que se convirtió en una de las más importantes milicias musulmanas durante la guerra civil libanesa). El movimiento Amal también está representado en el Parlamento (ndt).

4/ Distrito montañoso del norte de Líbano y una de las regiones más pobres del país (ndt).

5/ Político y hombre de negocios, Saad Hariri es un antiguo Primer Ministro. Es el hijo de Rafiq Hariri, antiguo Primer Ministro, asesinado el 14 de febrero de 2005. Saad Hariri es el jefe del partido político Corriente del Futuro, sunita (pero oficialmente laico) y el jefe de la mayoría en el Parlamento libanés. Vive actualmente entre París y Ryad. (ndt).

6/ Referencia a la Confederación General de Trabajadores de Líbano (CGTL) (ndt).



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