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Líbano
Despertar ciudadano en Beirut
31/08/2015 | Benjamin Barthe

El sábado 29 de agosto una marea de banderas rojas y blancas invadió la Plaza de los Mártires en el centro de Beirut. Varias decenas de miles de libaneses y libanesas, venidos de todo el país, de confesiones y orígenes sociales variados, manifestaron su asco por un sistema político, tan paralizado y viciado desde el interior, que parece estar en fase terminal. Organizada por el colectivo "Tala´at Rihatkum" ("Apestáis" en árabe) como reacción a la crisis de la recogida de basuras que envenena la vida de los beirutís desde hace un mes, el acontecimiento hace que silben las orejas de la clase dirigente libanesa, juzgada en gran medida como corrupta e incompetente. Al pie de los esbeltos minaretes de la mezquita Mohamed Al-Amin, la pancarta de un joven manifestante con la imagen de Mia Khalifa, una estrella del porno americano, de nacionalidad libanesa, resumía la opinión general: "Esta damisela hace un trabajo más honorable que vosotros", se leía en la pancarta.

La capital de Líbano no había conocido una concentración tan importante desde la megamanifestación del 14 de marzo de 2005, tras el asesinato de Rafik Hariri, para reclamar la salida de las tropas de ocupación sirias. Si la afluencia registrada sigue siendo evidentemente modesta comparada con los centenares de miles de libaneses que se movilizaron aquel día histórico, la fuerza de la manifestación del sábado está en que respondía a un llamamiento de la sociedad civil y no de partidos políticos, como ocurre generalmente en Líbano. "Es la primera vez desde hace décadas que salimos a la calle en masa y por iniciativa propia, se entusiasma Léa, una joven diseñadora gráfica, de morenos rizos. Esta reacción ciudadana da esperanzas". "Todas las confesiones están representadas, añade Hadi, un estudiante de finanzas públicas, mientras que en 2005, con lo de Hariri, los chiítas como yo permanecimos mayoritariamente al margen".

El otro éxito de los organizadores, criticados por una parte de la prensa debido a las violencias producidas en las manifestaciones precedentes, reside en que esta nueva concentración, aunque más masiva, se desarrolló en calma, dejando aparte algunos enfrentamientos que finalmente no fueron graves. Instruidos por sus pasados sinsabores, los militantes de "Apestáis" habían reclutado 500 voluntarios para asegurar un servicio de orden, coordinados con la policía antidisturbios.

"Hemos venido porque hemos comprendido que esta manifestación estaría mejor organizada", cuenta Alya, una estudiante chiíta, con el rostro velado, que pasa revista a sus quejas: "El paro, la corrupción, el racionamiento del agua y de la electricidad, el clientelismo... La lista no acaba. Daros cuenta: desde el fin de la guerra civil [en 1990], nuestros dirigentes no se han dignado en proporcionarnos 24 horas de corriente al día. Es como si estuviéramos en Somalia".

La abolición del confesionalismo se repite como un leitmotiv

En las palabras de la mayor parte de los manifestantes, la abolición del confesionalismo se repite como un leitmotiv. Originarios de un pueblo chiíta del sur de Líbano, Hadi y sus amigos, que deambulan entre la multitud en la plaza Riad Al-Solh, frente a las oficinas del primer ministro, conocen los defectos de este sistema de memoria. "La gente de nuestro pueblo es o bien de Hezb [Hezbolá, dirigido por Hassan Nasralá], o bien Harakat [el partido Amal, de Nabih Berri]. Siguen a uno u otro por tradición familiar, sin discutir. Nadie quiere darse cuenta de que Berri les roba". Miembro de esta pequeña cuadrilla, Hussein, 24 años, con el rostro comido por una enorme barba negra, se dispone a partir a Paris para seguir un master en ciencias ópticas. "Pero luego no volveré a Líbano. Iré a Abidjan. Sencillamente, aquí no se puede vivir. Los 128 ladrones del Parlamento nos quitan todo".

"Es el reino del enchufe"

En una calleja adyacente, al abrigo de la megafonía que grita "Horeyya" (Libertad) y "Thawra" (Revolución), un grupo de mujeres fuman la narguila, sentadas en un café. Vienen de Kesruan, una región montañosa al norte de Beirut. "Somos cristianas orgullosas de serlo, dice Dolly, que roza la cuarentena, en pantalón negro y zapatillas de deporte. Pero no queremos este sistema confesional. Es el reino de la wasta (enchufe). Si tienes relaciones bien situadas, haces lo que quieres. Si no las tienes, te hundes. ¿Por qué no votar por un no cristiano, si es serio?" Su amiga Jihan, con un peinado impecable, aprueba. "No tengo agua, ni electricidad, ni recogida de basuras, ni seguridad social. Por no tener, no tengo ni un noviete", dice desencadenando una carcajada general.

Al comienzo del anochecer, mientras la Plaza de los Mártires comienza a vaciarse, los rebeldes de "Apestáis" detallan sus exigencias: dimisión del Ministro del Medio Ambiente Mohammad Machnouk, transferencia de la recogida de basuras a las municipalidades, juicio a los responsables de la violencia del fin de semana pasado, entre ellos el Ministro del Interior Nuhad Machnuk, y celebración de elecciones legislativas y presidenciales. "Damos al gobierno 72 horas. El martes por la noche, si nuestras demandas no son satisfechas, iremos hacia una escalada", afirma ante la multitud uno de los organizadores, sin decir a qué se refiere. Un poco más arriba, en un café de Achrafieh, el barrio elegante de Beirut, algunos clientes siguen los últimos avatares de la manifestación en una pantalla de televisión. "La mayor parte de los jefes de los partidos están en sus puestos desde hace más de treinta años, dice un hombre que bebe un vaso de Martini. Son antiguos señores de la guerra. Han matado para llegar a los puestos en que están hoy. No se van a dejar derrotar tan fácilmente".

30/08/2015

http://www.lemonde.fr/proche-orient/article/2015/08/30/a-beyrouth-le-reveil-citoyen_4740387_3218.html#yyokM5TcTsMrvHrb.99

Traducción de Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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