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Insurrección ciudadana en Irak
Contra la corrupción y el dominio iraní
28/08/2015 | Feurat Alani

A pesar de una guerra, que se está estancando, contra la organización del Estado Islámico (OEI), a pesar de las tensiones atizadas para dividir a sunitas, chiítas y kurdos, ha aparecido en Irak un movimiento para acabar con un poder corrupto y confesional. Expresa, de forma frágil, una voluntad de reconstruir una nación iraquí independiente, lejos de injerencias extranjeras, incluidas las de Irán.

"A esta revolución se la podría llamar la revolución del termómetro", ironiza Faysal, 38 años, uno de los primeros manifestantes de la plaza Tahrir en Bagdad. A Faysal le gusta presentarse como laico y liberal, una corriente en su opinión mayoritaria entre los manifestantes de la plaza Tahrir. "Aquí solo hay jóvenes que no quieren que se mezcle la religión y la política y personas de más edad que han militado en partidos de izquierda durante años", explica. "En el sur, en Nadjaf y en Bassora, es diferente, están más a lo que dicen los partidos religiosos, pero lo que nos agrupa a todos, laicos, religiosos, apolíticos, no es solo la lucha contra la corrupción y contra las carencias de los servicios públicos sino sobre todo una necesidad de cambio de sistema". "El calor ha tenido algo bueno en Irak, ha mostrado que la sociedad civil iraquí sigue ahí. Ya no se habla de la Organización del Estado Islámico sino del pueblo iraquí" se alegra Mazen, 25 años, que también ha venido a manifestarse en la plaza Tahrir.

La concentración, espontánea, ha sido provocada por una ola de calor insoportable, que ha pillado a la población sin la electricidad que los sucesivos gobiernos iraquíes desde 2003 habían prometido restablecer. Sin embargo, 12 años después de la invasión americana, no tiene de media más que 3 horas al día de electricidad, "salvo en casa de los ministros", señala Mazen, un comerciante del barrio central de Karrada, que ha cerrado su tienda para ir a gritar consignas como "No a los ladrones, no al gobierno, si a Irak".

Bajo la presión de la calle, el primer ministro actual Haider Al-Abadi ha propuesto reformas sin precedentes. Comenzando por la supresión de los puestos inútiles y del derroche del estado. Se dedica así a reemplazar altos funcionarios de la administración central y de las provincias, a la vez que "olvida" voluntariamente las cuotas confesionales y partidarias usuales. La competencia será en adelante lo principal a la hora de designar cargos.

El "nuevo emperador"

"¿Porqué había que esperar 12 años para priorizar la capacidad y no el clientelismo? Los iraquíes han sido engañados durante años, y ahora quieren que eso acabe", exclama el periodista y escritor Sarmad Al-Taie en Bagdad. Para él, esta crisis es mucho más profunda que un levantamiento contra la incompetencia de los servicios públicos. Afirma que lo que está en juego actualmente tiene que ver con una lucha interna entre dos corrientes contradictorias en el seno de los movimientos chiítas: los nacionalistas y los partidarios de Irán. Si bien los manifestantes han salido voluntariamente a la calle, algunas organizaciones se han aprovechado de ello para intentar instrumentalizarles. Como hace Hachd al-chaabi ("unidades de movilización popular"), la milicia apoyada militarmente por Irán en la persona del general Ghassem Souleimani para luchar contra la Organización del Estado Islámico". En su opinión, "esta milicia ha ganado mucho poder y se siente hoy mucho más legítima y fuerte que los dirigentes actuales. Intenta ya buscar una representación política y ha intentado utilizar estas manifestaciones para derrocar el poder representado por su rival, el primer ministro Haider Al-Abadi", análiza. El periodista va aún más lejos. En su opinión, esta lucha se lleva a cabo directamente entre el poder iraní y el clero chiíta iraquí. "De un lado el primer ministro Abadi ha logrado que se le una la más alta autoridad chiíta, Ali Al-Sistani, del otro el general Soleimani es apoyado por las corrientes islamistas y por Nouri Al-Maliki. Un cambio de dirección sin precedentes está llevándose a cabo", afirma el periodista, especialista en los movimientos chiítas.

El analista político Wathak Al-Kader abunda en el mismo sentido. "Abadi ha hecho concesiones. Ha logrado un golpe político exitoso, el de transformar estas manifestaciones en combate patriótico y no sectario. Esto ha aumentado su popularidad. La cuestión que se plantea ya es la de la respuesta de Irán y de la corriente islamista de su partido, que ve con malos ojos su planteamiento patriótico", se inquieta. Altos mandos del ejército iraquí, a los que he entrevistado por teléfono y que desean permanecer en el anonimato confirman la implicación no solo militar sino también política de quien es llamado "el nuevo emperador de Irak": Ghassem Souleimani. Éste se sentiría directamente amenazado por Haider Al-Abadi que, en detrimento de su predecesor Nouri Al-Maliki, está ganando la calle.

¿Es el final del Irak que hemos conocido desde 2003? Por primera vez desde el cambio de gobierno, los iraquíes protestan directamente por lo que consideran como el obstáculo mayor al desarrollo: el sistema político puesto en pie por los americanos, con su paradigma arbitrario de cuotas, de separación de los poderes en función de las confesiones, impulsando así un sectarismo perpetuo y sin otra alternativa a largo plazo. Y el control de Irán sobre los asuntos interiores de Irak desde la partida de los GI americanos. Incluso en Kerbala, feudo chiíta, los manifestantes gritan ya esta consigna: "¡Fuera Irán, Bagdad es ya libre!".

Rivalidad entre Maliki y Abadi

Pero hay que tomar en serio otra amenaza. Nouri Al-Maliki, ex primer ministro, reaccionó a las manifestaciones en un discurso el pasado 9 de agosto. Las comparó al levantamiento de Faluya y de Ramadi en el departamento de Al-Anbar. "Estas manifestaciones no deben transformarse en concentraciones prolongadas como ocurrió en la región de Al-Anbar. Estas manifestaciones no deben demandar la caída del gobierno. Hay que reconciliar a este gobierno, no hacerle caer. Si este gobierno cae, nada impedirá hacer caer al próximo, y ¿qué ganará Irak? Se echarán en falta los tiempos actuales y se lamentará el baño de sangre causado por esta caída" declaraba ante centenares de militantes. Un discurso percibido como un ultimátum hacia los manifestantes de Tahrir. "Debemos hacer salir a Hachd al-chaabi del terreno político" ha respondido el primer ministro actual, con la fuerza de su nueva popularidad. Ha insistido en que "es necesario que haya una barrera de separación. No podemos implicar a combatientes en una rivalidad política".

Precisamente como reacción al discurso de Al-Maliki el ayatolá Ali Al-Sistani, la principal figura religiosa del país, ha pedido oficialmente a Abadi "tener la valentía de echar a los hombres que participan en la corrupción y el derroche del Estado". El Parlamento ha apoyado luego a Abadi votando las reformas que proponía. Al día siguiente, los manifestantes no pedían ya la caída del gobierno, sino el mantenimiento del primer ministro actual. Maliki ha perdido así la batalla política. Pero lo que sigue siendo cierto es que en el plano militar, Haider Al-Abadi está en desventaja en relación a Nouri Al-Maliki que goza del apoyo del ejército y de fuerzas paramilitares como el Hachd al-chaabi y que acaba de acudir a Teherán, sin duda para buscar apoyos. Si oficialmente ha apoyado a Abadi en sus reformas, la primera de las cuales es suprimir su puesto de vicepresidente, nada dice que apoye a su rival en el terreno militar. En paralelo, una comisión parlamentaria ha designado al antiguo primer ministro Nouri Al-Maliki y a otras 35 personas como responsables de la caída de Mosul, la segunda ciudad del país, en manos de la Organización del Estado Islámico en junio de 2014. Una herramienta más para descartar al exprimer ministro.

¿El fin de un sistema?

¿Y qué hay de los kurdos y los sunitas? Si estos últimos apoyan de facto las reformas, es también para volver a tener un papel de actores en Bagdad y para contrarrestar la influencia de Irán. En cuanto a los kurdos, como de costumbre, seguirán siendo quienes decidan en última instancia y elegirán el campo que proteja sus intereses. Para Sarmad Al-Taie, es probablemente el final de un sistema. "Se dice en los pasillos del Parlamento que se va a organizar un comité del partido Daawa para apoyar a Abadi y alejar a la corriente pro-Maliki y así tomar un poco de distancia respecto a Irán. Se habla incluso de modificar la Constitución", se extraña el periodista.

Ciertamente, las manifestaciones actuales ocultan una lucha interna entre las facciones chiítas, pero determinarán también el lugar de las demás confesiones y etnias en el tablero político. Y en adelante pueden acabar estando exclusivamente marcadas por lo que tienen en común: la ciudadanía iraquí. Queda una pregunta en suspenso: ¿cuál será la reacción del "nuevo emperador", Ghassem Souleimani?

Feurat Alani. Periodista y productor en Baozi Production, ha vivido cuatro años en Bagdad, donde era corresponsal en particular de I>Télé, Ouest France, La Croix y Le Point. Colabora con las emisiiones L´Effet Papillon y Spécial investigation (Canal+) así como en Arte Tv (Arte).

24/8/2015

http://orientxxi.info/magazine/insurrection-citoyenne-en-irak,0991

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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